¿ Quienes son los Korn? ¿ De donde vinieron? ¿ Que es lo que hicieron? ¿ Adonde vivieron? ¿ Y los Villafañe? Deben saber, mis queridos nietos y nietas, que todos ustedes llevan, aunque sean un poquito, de la sangre de estas dos familias, y también de los Rodriguez, una familia que habita en esta tierra desde bastante antes de la Revolución de Mayo: las familias de mi madre, "Brunita", o "Bruna" para sus amigas o "Bruni" para mis hijos, a quien ninguno de ustedes pudo conocer porque murió en el año 1991, cuando tenía 68 años, y cuyo nombre oficial era María Celina, que estaba muy orgullosa de su apellido Korn Villafañe de su padre, como del Rodriguez de su madre, Lía, que muriera cuando mamá tenía 17 años y que por lo tanto, yo no conocí
La familia de mi abuelo materno, Adolfo, para nosotros " Tata " (que era como le decía mamá) era de origen alemán, más bien prusiano, vale decir oriundos del reino de Prusia que se expandía por el territorio del centro y norte de lo que es la Alemania actual. El abuelo del mío, también Adolfo ," Adolf ", había sido un militar del ejercito prusiano, del cual desertó porque estaba en desacuerdo con el militarismo que había ido transformando a Prusia en una potencia prepotente que quería imponer sus ideas a toda Europa, pero por la fuerza, y se tuvo que escapar una vez que le ordenaron fusilar a unos obreros que estaban en huelga, y lo desobedeció.
Como fuera condenado a muerte por un tribunal militar, se ocultó en Suiza, adonde estudio, se recibió de médico y la conoció a quien sería toda la vida su compañera, Verena Mayer. Con ella viajaron en las primeras décadas del siglo XIX a la Argentina, instalándose en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires -San Vicente- cercano al lugar en que años más tarde se fundaría la ciudad de La Plata. Allí, en San Vicente ejerció hasta el final de sus días su profesión, con gran dedicación y sobre todo, brindándose gratuitamente a los más pobres.
En el año 1871 se desató sobre la ciudad de Buenos Aires una epidemia de Fiebre Amarilla, una enfermedad mortal originada por la falta de higiene y que transmitieron los soldados que regresaban -con ella- de la Guerra contra el Paraguay. Tal fue el desastre que la ciudad perdió aproximadamente un tercio de la población, entre muertos y exiliados, y allá se vino don Adolfo, a colaborar en la atención de los enfermos. Tuvo Adolfo entonces una actuación tan destacada que cuando todo pasó recibió una condecoración a la manera como se premia a las grandes actuaciones militares, con una "Cruz de Hierro".
" La fiebre amarilla" - cuadro de Blanes - Museo Histórico
Esa Cruz, que a su muerte fue pasando a sus hijos, y luego a mi madre, hoy la tengo en mi poder, en la biblioteca de mi casa y resguardada por un cristal, y algún día ella pasará a algún hijo o nieta, preferentemente médico o al menos, ligado o vinculado con la medicina. Al terminar aquella epidemia Adolfo -el Dr. Korn como se le llsmaba en el pueblo- continuó brindando su atención médica en San Vicente hasta el día de su muerte, como lo recuerda un poema, el "Romance del Dr. Korn " muy emotivo que escribió alguien de por allá en su honor y como homenaje, en el que se narra como murió, al tener que salir en una fría noche de invierno, cuando ya estaba muy enfermo, a atender a una parturienta.
La " Cruz de Hierro"
De Verena, su esposa, no sabemos nada, ni cuantos hijos tuvieron, pero sé que fueron varios y todos los Korn que actualmente andamos por este país venimos de esa pareja. Nuestra rama es la de Alejandro, mi bisabuelo, médico psiquiatra que, al jubilarse, se dedicó al estudio de la Filosofía, llegando a ser uno de los filósofos más grandes que tuvo la Argentina durante la primera parte del siglo XX.
Había nacido en la quinta que sus padres tenían cerca de la estación del Ferrocarril llamada "Empalme San Vicente" en el sur del Gran Buenos Aires, y que hoy lleva su nombre "Alejandro Korn"; escribió muchos libros; fue profesor universitario y Decano de la Facultad de Filosofía, en donde reemplazó -después de la Reforma Universitaria de 1918, a quien con los años también sería bisabuelo mío: Rodolfo Rivarola, de ideas positivistas contrarias a las de Korn. También fue Diputado en la provincia, por el Partido Socialista y tengo el orgullo enorme de llevar su nombre entre los míos, así como de adherir -en parte- a su ideario socialista, sin descuidar el liberalismo de Rodolfo, como una buena mezcla, ya que pienso que cada uno de esas ideas debe servir de adecuado contrapeso a las otras.
Alejandro Korn
Si algún día andan por La Plata, en un gran parque que hay frente al Museo Arqueológico van a poder ver -hechas estatuas- las cabezas de cinco platenses ilustres, una de las cuales es la de Alejandro Korn. Este se había casado con María Villafañe, descendiente de una las primeras familias llegadas al país durante la Colonia y arraigada en el interior del país, en Tucumán primero y luego en La Rioja, en donde el padre de María fue un General de los que acompañaba a Facundo Quiroga, y a quien mataron un poco antes que al caudillo riojano.
Por esas razones, la viuda de Francisco Villafañe -que así se llamaba- con sus hijos pequeños, logró ser trasladada con la ayuda de Rosas a un perdido pueblito de la provincia de Buenos Aires, que se llamaba -y se llama- Ranchos, y ahí permanecieron ocultos, sin poder reivindicar su pertenencia a aquella familia porque ponían en serio riesgo sus vidas. Y sí....así se vivía por aquellos años de mediados del siglo XIX.
No es mucho más lo que sé de esta bisabuela mía, solamente que vivía en ese pueblo cercano a San Vicente, adonde vivían los Korn tenía una gran formación religiosa, que pudo líbremente transmitir a sus hijos, a pesar de las ideas socialistas de su marido, con resultado variado ya que algunos de sus hijos adhierieron a estas últimas y otros -como mi abuelo Adolfo- más a las de su madre, pero con el sesgo social tan propio de la Iglesia de comienzos del siglo XX con el papado de León XIII. Como ustedes recordarán,
Adolfo Korn Villafañe, mi abuelo, "Tata", que siempre firmó así, con sus dos apellidos -quizás como homenaje a su madre a quien adoraba- vivió y murió en La Plata adonde también había nacido. Fue abogado pero nunca ejerció su profesión ya que su vocación fue la docencia universitaria, algo semejante a lo que le ocurriera a mi hijo Rodolfo y su profesión de psicólogo. Contaba mamá que su padre tenía un carácter fuertísimo y que constantemente discutía con quienes llevaban una vida de gran desahogo económico y poco compromiso social, como más o menos eran los hermanos de Lía Rodriguez, su esposa, una finísima música que llegó a dar conciertos de arpa como solista, en el Teatro Colón.
la única foto que tengo de mi abuelo Adolfo ("Tata"), es de un libro: todo un símbolo
Esas diferentes modalidades familiares, la austeridad alemana de los Korn y el despilfarro típico de los porteños adinerados como los Rodriguez, terminaron dividiendo al matrimonio y mamá y su madre pasaron a vivir con los abuelos Rodriguez, Celina y Victoriano; esa, quizás, pudo haber sidor la semilla de la enfermedad que, poco después, se la llevara a Lía, mi abuela, cuando mamá tenía 17 años, y se quedó viviendo con ellos en una vieja casona de la calle Juncal, a metros de Ugarteche , que todavía sigue en pie
la casona de la calle Juncal
El abuelo era el General de División Victoriano Rodriguez, que ocupara el grado mayor que por entonces había en el Ejercito, había nacido en La Carlota, al sur de Córdoba y en épocas de malones y cautivas porque el pueblo se había formado en torno a un Fuerte de la Frontera, y allí de muy chico, se enganchó con la milicia a los 14 años y se fue a pelar a la indiada. Por algunos relatos que escuché de chico en casa de mis tías -sus hijas- creía que la madre de Victoriano había sido una cautiva de los indios, pero conversando ya de grande del tema en la misma ciudad de La Carlota me explicaron que la cautiva se llamaba Fermina Zárate y que otra mujer, de apellido Burgos era quien había escondido a su hijita debajo de una mesita vestida con un mantel hasta el suelo, y de la madre no se supo nada más.
No hace a la historia familia pero sí es importante para conocer como se vivía entonces, que veinte años después del rapto una patrulla militar llegó hasta las tolderias y le ofrecieron a Fermina rescatarla, quien se lamentó que hubiesen tardado tanto tiempo en ir a buscarla y no pudo volver porque Ramón, el platero, el cacique que la había secuestrado, no la dejó regresar con sus tres hijos, y se quedó con ellos; pero cuando el cacique murió y pudo regresar al pueblo, como estaba embarazada de aquel su familia fue la que la rechazó esta vez, habiendo sido la familia de la otra cautiva -los Burgos- quienes no solo le dieron refugio sino que le pusieron su apellido al pequeño cuando nació, de quien hoy día aun hay descendientes en La Carlota.
Las cautivas
Como pueden ver, queridos chicos, las historias que han tenido que vivir nuestros antepasados de sangre, y las serias dificultades con las que se enfrentaban día a día, que cotidianamente ponían en riesgo sus vidas . La historia de Avelina Basualdo Cabrera, que así se llamaba la madre de Victoriano, no está vinculada a la lucha contra el indio sino a la que se suscitó entre unitarios y federales. Un tío de Avelina era unitario, y peleaba a las órdenes del Gral Paz -"el Manco"- mientras que las fuerzas federales de Córdoba, al mando del propio Gobernador "Quebracho" López que era el otro tío de Avelina, en una emboscada mataron a todo aquel grupo, integrado por hombres jóvenes de La Carlota, y cuyos cuerpos quedaron desparramados junto al camino.
Por aquellos días no se podía darle ninguna ayuda a los unitarios, aun después de muertos, porque quienes gobernaban la provincia eran federales, pero Avelina, con 15 años, se puso al frente de un grupo de hijas de aquellos pobres desgraciados que había dejado tirados, y con una carreta que ellas mismas se buscaron, fueron solas en busca de esos cuerpos -desafiando al poder- y los trajeron y los enterraron en el cementerio junto a la iglesia. Esta historia me la contaron allí, en el mismo pueblo, y me impactó, pero cuando quise ir a rendirles mi homenaje a esas víctimas, el progreso me lo impidió ya que tanto la iglesia como el cementerio fueron trasladados y en aquel lugar ahora había casas y otras construcciones.
Pero ¿ cuantas historias cruzadas no ? Y en las propias familias porque quien gobernaba Córdoba en aquella oportunidad también era un tío de Avelina, casado con una hermana de su madre y por lo tanto concuñado de su víctima. Aquí civilización e indiada; en La Rioja -y también en Córdoba- unitarios y federales, y nuestros antepasados de un lado y del otro, hombres y mujeres, grandes y chicos, jugándose el pellejo. Por allá un alemán medio loco condenado a muerte por no quererle disparar a un grupo de obreros huelguistas, pero después salvando vidas en una epidemia mortal, en la que también se jugó la suya; las cautivas; los fusilamientos; los exilios obligados; en fin, todo lo que fueron esas luchas interiores que forjaron a este país, y al mismo tiempo a nuestros familiares antepasados, de todos los cuales somos hoy su resultado.
Y también creo cuadra recordar en este repaso histórico familia, el triste final de don Victorino Rodriguez, abuelo de mi bisabuelo, fusilado junto a Liniers, el héroe de las Invasiones Inglesas, por órdenes de Mariano Moreno ejecutada por Castelli, porque aquellos habían conformado un grupo de sublevados cordobeses que al mando de aquel se venían para Buenos Aires con la intención de "deponer a esos porteños que se habían adueñado del poder" y que fueron detenidos en cercanías de lo que hoy es la ciudad
de Arequito y muertos en el lugar, pudiendo salvar su vida únicamente el obispo Orellana.
el fusilamiento de Liniers y de Rodriguez
Tengo en mi poder -como recuerdo- unas cuantas puntas de flecha que el bisabuelo trajo cuando finalmente volvió después de haber terminado sus campañas por el desierto. También obtuvo en esa campaña el derecho de comprar una extensa fracción de tierra en cercanías de la ciudad de Puan, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, que fue como se recompensó económicamente a los militares que durante tres largos y duros años de campaña no habían recibido sus sueldos, ni uniformes, ni ropas ni abrigos, nada.
Pero Victoriano no se interesó por esas tierras que vendió y se compró un par de buenos campos cerca de La Carlota, en donde había nacido, que con los años debieron ser vendidos para atender a los numerosos gastos de una familia que vivía completa a sus expensas, y no lo digo por mi madre y mi abuela que allí encontraron refugio, sino más bien por los tres hijos varones del General, que nunca hicieron nada y se dedicaron a la buena vida.
Victoriano estaba casado con Celina Plot, mi bisabuela y madrina de bautismo, pero de quien no sé prácticamente nada, ni de ella, ni de los Plot -su familia que creo era irlandesa, o donde vivían y si existen descendientes. Sí se que mamá la quería muchísimo a esa abuela suya que la cuidó y junto a la cual creció, y que al quedar huérfana le brindo todo su cariño, razón por la cual puedo llegar a entender que la eligiera para ser mi madrina aunque claro, al ser una mujer ya muy grande, se sabía que yo no tendría nunca una madrina.
Con mi bisabuela, Celina Plot de Rodriguez, mi madrina
Así es como tengo una madrina a la que nunca conocí y de la cual guardo esa vieja foto. Eso puede llegar a explicar que mis pobres ahijados -que tengo varios- son los que han debido pagar las consecuencias porque, a decir verdad, por aquella ausencia de "madrinazgo" (unido a que mi padrino era mi abuelo Horacio, vale más abuelo genérico que padrino individual), lo cierto es que nunca le asigné al tema de los padrinos una importancia como se merece, y que para mí siempre fue muy relativa.
De mi abuela Lía tampoco puedo tener recuerdos ya que murió aun antes de que yo naciera, como Brunita, mi madre, que no alcanzó a conocer -como bisabuela- a ninguno de ustedes. Sé que Lía era una persona tremendamente linda y muy alegre; que le encantaba divertirse y vestirse bien; y que habiendo estudiado música -el arpa- lo hacía muy bien y dulcemente. Guardaba mamá -y ahora la tengo yo- una medalla de oro que se ganó en un concurso que se hizo en el Teatro Colón, y también recuerdo que su arpa estuvo un tiempo en el living de nuestra casa, siendo soltero, en un rincón junto a la puerta que daba al balcón.
Mi abuela Lía Rodriguez
También sé por relatos que sufrió muchísimo al tener que separarse de Tata, mi abuelo, debido a su mal carácter que hacía imposible la convivencia y que lo había llevado a enfrentarse con la familia Rodriguez a los que no quería nada; según me contaron Lía igual lo siguió queriendo siempre y esperando que la relación mejorase, pero se enfermó y se murió, desde el ahora mío pienso que de tristeza. Después que se separaron Tata se quedó muy sólo y muy mal, empezando a hundirse cada vez más hasta que tuvieron que internarlo porque estaba al borde de la locura como consecuencia de una sífilis que se había agarrado y de la cual, con el tiempo, se pudo recuperar.
Sin embargo, para el tiempo del casamiento de mis padres, todos temían que pudiera hacer algo para impedirlo -ya que mamá era menor de edad-, y tenían todo preparado para evitar lo que fuera, hasta con ayuda policial conseguida por mi abuelo Horacio que era un personaje político importante, pero por suerte no pasó nada y sabemos que Tata estaba contento con que mamá se casara con un Rivarola, a los que respetaba, y así se alejara de la influencia de los Rodriguez.
Casamiento de mis padres
Mi madre se casó, así, sin estar junto a ninguno de sus padres, y quien la entró en la iglesia fue mi otro abuelo -Horacio- como muestra de la protección que su familia le dispensaría desde entonces. Pero a partir de entonces los embates de Tata se fueron tranquilizando aunque igual a mamá nunca se le pasó esa sensación de miedo que la presencia de su padre le producía penando que en cualquier momento se podía aparecer y hacer un escándalo, pero esto nunca pasó, y tampoco pudo olvidar mamá la tristeza de no haber podido estar junto a él, en el día más feliz de su vida, en ese largo camino hacia el altar que hacen todas las novias.
Yo en cambio siempre tuve de él el mejor de los conceptos, como abuelo, claro, cuando venía desde La Plata a visitarnos, en que nos traía alguna cosita y jugaba un rato con nosotros; o cuando íbamos con mamá en tren a visitarlo. Tengo muy presente la última vez que lo ví, en su pequeña casita de la calle 2 No. 315, en que fuimos a despedirnos porque partíamos de vacaciones a Miramar. La casa tenía sólo un estar-comedor, unido a una cocina en donde nos sentábamos junto a una mesa, y atras su dormitorio, repleto de libros, un ropero y casi siempre como a media luz
Nos quedamos allí toda la tarde y al final, cuando nos estábamos despidiendo nos acompañó hasta la puerta; le dimos un beso y, al alejarnos le escuché decir "¿estas alto eh?", y nos fuimos caminando por la vereda hacia la estación mientras de tanto en tanto daba vuelta mi cabeza para mirarlo y allá lo veía que nos seguía con la mirada como nos alejábamos......por última vez.
Con el tiempo comprendí porque mamá estuvo siempre tan preocupada con mi carácter, también fuerte y a veces violento. Lo que quizás mamá no alcanzó a comprender nunca a su padre, no para justificarle esos ataques de violencia, sino para tratar de entender que a veces, frente a situaciones que algunos no podemos manejar y que nos producen una enorme parálisis e impotencia, cuando no lo podemos volcar en palabras -porque la parálisis es total- todo ello nos hace tender a la explosión, que lógicamente produce miedo y temor en los demás, cuando en realidad nuestra intención inconsciente no es la de obtener lo que queremos por la fuerza sino que no es más que una demostración de violencia que muestre nuestro desacuerdo por tener que aceptar lo que no queremos aceptar.
¿ Se entiende? Espero que sí, porque también es importante que nos comprendan a quienes muchas veces actuamos así, y no siempre lo podemos explicar. No quiero decirles con esto como una justificación de las violentas conductas que arrastro, sino de una explicación del porqué, gracias a la piscología, hoy podemos conocer las razones de algunas de nuestras reacciones, y al saberlo, poder buscar otros caminos menos violentos para decir lo que pensamos, o para no hacer lo que no queremos hacer. Pero mamá no pudo disfrutar de su padre, y Tata se quedó muy joven sin familia.
Sin embargo y asumiendo a la distancia el rol de semejanza para con él que siempre se me asignó -ya desde chico- creo que él debió ser quien más padeciera de ese carácter violento, que seguramente no quiso tener ni pudo manejarlo, y a quien por eso su única hija nunca se le pudo acercar sin temores, en forma franca y sincera. Pienso todo esto porque Tata tuvo en cambio muchos y muy buenos discípulos en sus cátedras universitarias, varios de los cuales lo siguieron tratando hasta el fín de sus días, lo que muestra que se trataba de una persona buena, más allá de sus arranques y broncas eróneamente manejadas.
Mamá, que siempre pensó que yo había heredado mucho de Tata, lógicamente que a mí no me podía tener miedo, pero sí estaba muy preocupada....y lo estuvo siempre. ¡ Que lástima que con su padre no pudo nunca superar ese temor que la paralizaba! Los dos se perdieron de disfrutarse mutuamente, durante toda la vida. Por mi parte pienso que si bien tengo algunas de sus mismas falencias, también debo haber heredado de él algunas de sus cosas buenas, como de todos mis otros antepasados . Desde luego también de mamá, a quien me encantaría poder parecerme en tantas cosas, pero también de Victoriano, de Alejandro, de Adolfo -el más viejo-, de María Villafañe, de Celina Plot, de Verena Mayer; de Avelina Vidal; del que murió fusilado y del que murió peleando, y de tantos y tantas más que han pasado antes que yo -y que ustedes- por esta vida, preludiando las nuestras.
Todos somos un poco de todos y todos tenemos algo de los demás. Ustedes también. Lo importante es que sepamos conocernos, saber bien lo que queremos para así poder corregir defectos y suplir falencias, que en esos consiste, esencialmente, la vida. Algún día quizás, alguien se pondrá a pensar en nosotros, en lo que fuimos y en lo que hicimos y sacará sus propias conclusiones, buenas o malas, e indagará dentro suyo sobre las cosas que también nosotros le habremos podido transmitir. Así seguirá corriendo la vida, por la sangre mezclada de tantas y tantas personas que, como nosotros -ustedes y yo- solo aspiramos a poder vivir con la mejor buena voluntad y en forma decorosa y coherente, el rol que nos toque en suerte protagonizar.
Brunita













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