lunes, 23 de febrero de 2015

Hermanos.-


     Varios de ustedes ya tienen hermanos....y algunos más de uno, en lo que me han superado, aunque Lía, la mía, vale por mil. Pienso que el tener hermanos es un regalo espectacular que nos da la vida y hay que saberlo valorar, aunque a veces -sobre todo siendo chicos- a uno le cueste ese eterno compartir y tener que competir por los mismos espacios.

     Nosotros con Lía solamente fuimos dos. Gringo y Brunita tenían la ilusión de una familia más grande, pero problemas de incompatibilidad de sangre -por entonces imposible de superar- impidieron que ese proyecto pudiera concretarse. Un intento -Valeria- terminó mal al momento de nacer, y ese fue el punto final ya que la vida de mi madre corría serio riesgo si volvía intentarlo.

     Sin embargo creo que ese deseo frustrado de mis padres tuvo que ver con mi propia necesidad de tener una familia grande, con la que siempre soñé, imaginando una mesa grande, llena de chicos y chicas, todos mezclados, compartiendo sus alegrías, sus preocupaciones, sus ilusiones, deseos, bromas, etc., que es como decir la vida misma, y mis nietos que han vivido esa experiencia saben bien lo que les estoy diciendo.

     Nosotros con Lía, en cambio, de chicos comíamos solos en una mesita que estaba en mi cuarto y, según me acuerdo, nos divertíamos bastante. No existía todavía la televisión ni muchísimo menos "las tablets", y por eso las comidas invitaban a las charlas. Pero desde luego, nuestras charlas -como las de casi todos los hermanos a esa edad- eran permanentes discusiones. Bastaba que a alguno le gustara algo para que el otro lo quisiera o, simplemente, un " ¿porqué me miras? " era motivo suficiente como para desencadenar una guerra campal. Pero también nos divertíamos mucho. 

                                                                 
Con Lia, de chicos, en el Tigre

    Me acuerdo -no sé si será realmente así, pero ese es el recuerdo que me ha quedado- que practicamente comíamos lo mismo todos los días: sopa, bife con puré de papas y banana pisada con dulce de leche. Algunas veces los ñoquis de sémola al horno, los jueves, cuando mis padres salían a comer a lo de mi abuelo; esas salidas eran el preludio de diversiones mayores, aprovechando "la independencia", y así empezaban shows musicales o representaciones teatrales, cuando no algunas cachadas o bromas por teléfono, o simplemente molestábamos a una vecina de la casa de enfrente, a la que habíamos apodado con el lindo nombre de "la chica boba"

   Con el pasar de los años seguimos teniendo amigos en común y aportando cada uno los suyos al mismo grupo y así, algunos amigos míos terminaron poniéndose de novios con algunas de las compañeras del colegio de Lía. Por otra parte, como mi padre me prestó el auto desde muy chico (¡ a los 14 años !) tenía el compromiso de ir a buscar a Lía a sus propias fiestas, para traerla de vuelta a casa, y allá íbamos con mis amigos a buscarla y nos quedábamos un rato en la fiesta, como si estuviéramos invitados, y como éramos más grandes nadie nos decía nada.

     Cuando con Patricia nos pusimos de novios, salíamos mucho con Lía y Modestino, que ya era el suyo, y así se mantuvo esa relación durante muchos años, hasta que un día, no sé bien porqué razones, dejó de ser frecuente. Yo seguí siendo amigo de Modestino -casi mi hermano- e inclusive Magie lo fue de Rocio durante un tiempo, y Rodolfo Quinto de Modestino hijo, pero esa relación de primos, que también es muy linda, en realidad no se mantuvo entre mis hijos y los de Lía, ya que aquellos se fueron haciendo más compinches de sus primos maternos, los Grehan.

     Sin embargo, queridos chicos, el amor entre los hermanos, que puede permanecer como apagado durante un tiempo, siempre se mantiene y cuando en un momento muy difícil de mi vida estuve muy mal, animicamente, y necesitado de cariño, ahí estaba Lía, como de chicos, como siempre, presente para lo que hiciera falta, sin pedir nada y ofreciendo todo.....¡ que mujer más espectacular !!!
                                                                   

     Ojalá todos ustedes, mis queridos nietos y nietas, puedan mantener con sus hermanos a lo largo de la vida, una relación permanente de cariño por sobre cualquier otra cosa, de ayuda mutua, de cuidados atentos, porque el hecho de haberse criado juntos y de haber compartido tantos momentos es algo que hace que esas personas no necesiten de palabras para expresarse, y con una sola mirada es suficiente para saber que es lo que necesitan.

     Mis hijos -sus padres y tíos- también fueron y son buenos hermanos entre sí y en los momentos difíciles de cada uno de ellos, siempre han estado juntos, cada uno con sus propias características y de acuerdo a sus propias edades, ya que entre ellos existe una diferencia, del primero a la última, de quince años. Esa distancia en años y la forma en que están distribuidos por sexo, un varón, cuatro mujeres seguidas, otro varón y finalmente una mujer, hizo que entre Rodolfo y las chicas no hubiese siempre una integración plena, al menos de chicos.

     Es que al ser el más grande, Rodolfo no quería cargar con las responsabilidades del cuidado de sus hermanas, y las dos más grandes -que son "bastante bravas"- no le perdonaban esa especie de indiferencia que sentían de parte de su hermano. También pasaba algo semejante entre ellas dos y Meli, la tercera de las mujeres, a la cual no terminaban de incorporar a "su grupo selecto", aunque no por eso Meli se sentía aislada ya que siempre, desde muy chica, siempre fue muy independiente y con una cantidad muy grande de amigas.

     Después venían los tres más chicos. Rosario "Toti", siempre más reservada, se sentía bastante marginada por todos "los más grandes", pero al mismo tiempo los tenía a raya "a los más chicos", mientras que entre Francisco y Gloria siempre hubo bastante camaradería y complicidad por ser "los dos últimos", aunque las peleas entre ellos también existían, un poco como éramos nosotros con Lía, ya que la diferencia en años entre ellos es prácticamente la misma que tenemos con mi hermana. 
                                                                            
Los siete

    Con el correr de los años todos estos problemas de convivencia -muy menores, por cierto- se fueron terminando y aquellas diferencias o distancias se fueron superando, aunque puedan haber aparecido otros inconvenientes, más propio de modalidades o caracteres diferentes que otra cosa. Sin embargo lo que yo percibo es que están cerca y dispuestos a ayudarse unos a otros, cuando esto es necesario.

     Al momento de escribir esto -febrero de 2014- y después de haber podido disfrutar durante el verano de la visitar de todos, pienso que lo importante no es tanto que las familias sean más o menos grandes, sino que sean grandes familias y esa la hacen los padres y también los hijos, muchas veces más allá de lo que los padres puedan o sepan hacer. Con Lía, nosotros dos, tenemos una de esas familias.
                                                                      


No hay comentarios:

Publicar un comentario