martes, 25 de noviembre de 2014

El rugby


En la familia de los Rivarola el rugby siempre ha ocupado un papel muy importante, como juego pero también como escuela de vida, como formador de virtudes humanas que quizás, en otros deportes no se ven, pero que en el nuestro son como distintivos de una determinada manera de ser y de pensar.
Yo me acuerdo que Gringo, mi padre, que había jugado de joven en Cuba, más o menos hasta la reserva (unos 22 o 23 años) que ría que yo, siendo chico, mamara esos principios del rugby como deporte. Tenía en mi cuarto un cuadrito una foto suya con el equipo en el que jugaba, y me contaba de cada uno de los que allí aparecían y que era lo que había sido de ellos en la vida, como asociando el deporte a una concreta forma de ser, que además era la que se debía ser.
También recuerdo de chico haber escuchado que tres tíos abuelos mías habían estado entre los fundadores de Curupayti, ( Eduardo, Pepe y Carlitos Rivarola) siendo un grupo de adolescendetes de entre los 15 y los 18 años, y que lo habían fundado porque lo único que querían era jugar al rugby y divertirse entre amigos, que es como lo básico del rugby.

                                                                                 
                                           Gringo (mi padre), parados, el 4o. desde la derecha)

     Es que uno puede tener los gustos heredados por un determinado color, pero en donde va a ir a jugar es adonde están sus amigos; desde luego que mi padre hubiese preferido que jugara en Cuba, y viviendo en Bs.As. quizás hubiese sido lo más lógico, pero es que mis amigos del colegio, allá por 6to. grado cuando empecé, estaban jugando en el Sic, en San Isidro, y bueno, para allá me fui, arrastrando a mi primo Horacio que además era mi amigo. Rodolfo Quinto también jugó allí desde inferiores, adonde lo hacían varios de sus amigos porque por entonces ya vivíamos en San Isidro, y cuando volvió de Neuquén siguió jugando allí; pero en cambio Fran encontró amigos en otro lado, en el Liceo Naval, que lo único que tienen en común con el Sic son los tres colores. Manu y Benja lo hacen en Regatas, porque viven en Bella Vista y allí están sus amigos, y el pequeñín de Santiago Giaccio me han dicho que es un fanático de Cuba, adonde viven, para regalarle una sonrisa a su bisabuelo que por ahí empezó todo.
     Gringo, mi padre, era tan fanático de este juego que siendo nosotros chicos y habiendo dispuesto el gobierno de Perón expropiar las instalaciones de Cuba -cuyos jugadores se pasaron a Atalaya, un club de 3a.- como a mi ya no me podía llevar por el club no se le ocurrió mejor idea que empezar con un club nuevo, al que llamó Pacheco Rugby Club, con colores verde y blanco, y empezó a formarnos -tendríamos entre los 8 y los 9 años- a un grupo de amigos y parientes, bastante variado, por cierto. Era un lindo grupo y practicábamos en Palermo todos los sábados a la mañana, pero no recuerdo porque no seguimos. Si hubiésemos tenido continuidad, con seguridad que hoy sería uno más de los clubes de rugby; no sé en que nivel pero ahí estaría.
     Es que todos los clubes han nacido de la inspiración de unos pocos....siempre.....y lo mismo ocurrió con los de fútbol; la de Gringo sólo fue una experiencia "no nata", algo que no prosperó como proyecto, medio porque al caer Perón , Cuba pudo recuperar sus canchas -que por entonces estaban en Palermo- y además porque faltaba lo esencial, esa "chispita" básica que -como arriba les decía- es la amistad, y en ese grupo tan poco homogéneo, no éramos amigos entre nosotros, quizás lo fueran nuestros padres entre sí..De cualquier manera, no fue un fracaso tan rotundo porque aquellos que nos habíamos sumado al proyecto -y luego nuestros hijos y nietos- de una u otra manera no sólo hemos jugado sino que también nos hemos mantenido cerca. de ese deporte.
    El año en que Gringo cumplió los 80 (que fue en 1986) mi primo Horacio recordaba que entre las cosas que el sentía que le debía a papá era su amor por el rugby, al evocar aquellos comienzos del Pacheco, que hasta tenía camiseta que él había dibujado y diseñado, con fondo de color blanco y un escudo especiel verde sobre la parte superior izquierda sobre las siglas P.R.C. y con los puños y el cuello verdes.
     Algunos años después y mientras cursaba el 6to. grado -que equivale hoy a un 7o. de la primaria-, a los 11 o 12 años me entusiasmé junto a  un grupo de amigos del colegio para irnos a jugar al rugby a un club que estaba en San Isidro, el Sic., con el cual nunca había tenido nada que ver, pero eso de los amigos la verdad es que aquello de la amistad tira mucho. Es que les repito: lo importante del juego es la amistad, y luego los resultados, pero lo fundamental es jugar entre amigos para divertirse juntos y lo demás puede darse o no. Por eso es que no me fui a jugar al club donde lo había hecho mi padre, eligiendo este que quedaba lejísimo y que deportívamente era un desastre, siempre peleando por no perder la primera categoría.
     Me acuerdo bien de primer entrenamiento o práctica nocturno; de mi primer entrenador, Luis Llamazares; y del grupo que integrábamos, año a año, y del que salieron muchos buenos jugadores y otros muy buenos, que inclusive llegaron a jugar en el Seleccionado de "Los Pumas", como Arturito Rodriguez Jurado, Lucho Gradín, el gordo Antony, el Coco Rocha, etc., etc. Pero lo importante, me parece, es que papá se alegraba de que yo jugara, aunque no lo hiciera en el club de sus amores -y que siguió siéndolo, claro- y eso es mucho más importante que la parcialidad de un club o de otro.
     Cuando nos fuimos a vivir a Neuquén, Rodolfo Quinto venía jugando desde algunos años antes en el Sic, adonde tenía su buen grupo de amigos, inclusive del colegio que jugaban con él, pero al trasladarnos a otra ciudad, la mayoría de los compañeros que jugaban rugby de su nuevo colegio que estaba en Neuquén, lo hacían en el Neuquén Rugby, mientras que otro -el mayor de los Maletti- jugaba en Marabunta, y para allá apuntó. Yo estaba contento porque me parecía que en este último se vivía más el espíritu del rugby como a mi me gustaba, que en el otro, un poquito más ambicioso deportívamente, pero quizás con otros códigos.
     Era como me pasó a mí muchos años antes, el Neuquén quedaba más cerca y Marabunta en Cipolletti, pero eligió este último, ya hasta allá partía a los entrenamientos nocturnos, a donde yo pasaba luego a buscarlo con el auto, oportunidad que aprovechaban algunos de sus compañeros para que los dejara en sus casas, casi todas en Cipo. Allí Rodolfo llegó a jugar en primera e inclusive fue convocado para el Seleccionado Juvenil del Alto Valle, y de allí soy hoy en día muchos de sus amigos, que viven por aqui, pero también otros que como él se trasladaron para aquellos pagos.
     En el rugby local siempre se mantuvo esa disputa del Neuquén y Marabunta, con primacía en el tiempo de los primeros -lamentablemente-, aunque últimamente ha repuntado bastante, pero durante muchos años se transformó -por esas cosas que a veces ocurren- más en un club de viejos que en uno en el que se siguieran inculcando los viejos principios a los que empezaban. El semillero del Neuquén siempre fue mucho mayor que el nuestro, pero con los años, muchos de los buenos jugadores regresaron a la zona, y hoy se ocupan del rugby infantil de sus hijos. Quince días atras se jugó en su cancha una fecha del Torneo de Seleccionados mayores y estuvo allí el de Buenos Aires, al cual el del Alto Valle le jugó de igual a igual, al menos durante el primer tiempo, en partido televisado para todo el país. La verdad es que no lo podía creer, recordando aquellas frías noches invernales cuando los chicos practicaban bajo unas débiles luces, y yo les esperaba en el auto, porque estaba más calefaccionado que en el bar
     Yo nunca fui un buen jugador, pero me gustaba mucho jugar, y teníamos un equipo bastante bueno, con figuras que luego -varias- hicieron historia en el rugby nacional. Así, por ejemplo, Lucho Grandín, con quien compartíamos la tercera línea -los dos alas- antes que se fuera -por razones de amistad, a jugar al Belgrano, y de ahi hasta ser el capitán de los Pumas no paró, y luego entrenador de este Seleccionado durante muchos años.
     Mi etapa llegó hasta los 21 años en que jugaba en la reserva, y dejé porque me tocaba hacer la conscripción y además no quería perder mi año de estudios. Una pena.....mirando desde la distancia que importanba un año más o menos de estudio frente a la posibilidad de seguir jugando, pero de esas decisiones juveniles, muchas veces, los que ya somos viejos, nos arrepentimos y nos juramos que de tener otra oportunidad, lo resolveríamos distinto. Aun al día de hoy recuerdo el que fue mi último entrenamiento, en la cancha No. 1 del Sic, de noche, al igual que aquel primero, y mientras corría pensaba que era el último, por un tiempo, pero ya no volví más y han pasado cincuenta años. Cuando un día volví al Sic, muchos años después, lo hice con mucha verguenza, con la sensación de haber abandonado el barco, junto a la idea que -quizás- mi hijo mayor pudiera reivindicarme

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( La 5ta. del Sic año 1958 - Yo soy el primero de arriba con camiseta)



       Cuando Rodolfo comenzó a jugar yo lo seguía, sábado a sábado, partido tras partido, quizás como lo había hecho Gringo conmigo que se venía hasta el Sic a pesar que vivía en Bs.As.. En cambio a mí me resultaba más fácil, no sólo porque ese era el club de mis amores, sino que estaba cerca de casa y jugaba junto a varios hijos de antiguos compañeros míos, con alguno de los cuales nos juntábamos detrás de la línea del line a seguir las alternativas de los partidos, tomándonos varios cafés para apaciguar el frío de las mañanas en invierno y disfrutando luego de algún choripan y un vasito de vino.
     Allí jugó varios años, con diversa suerte; a mí lo que me gustaba es que Rodolfo no bajaba nunca los brazos y seguía luchando por mantener su puesto, que nadie le iba a regalar y que él sabía que lo debía conquistar. Y así siguió siendo siempre (¿ escuela de vida el rugby?) y a mí me encanta porque a pesar de mis grandes defectos como padre, así traté de formarlo al educarlo y estoy feliz de que todo eso hubiese dado resultado, y un poco me reivindica y me conforma. Es que además, pensando en ustedes, mis nietos que son sus hijos, creo que les pude entregar un padre cabal, y que entre abuelo y nietos hemos terminado de forjar, por supuesto que con su inestimable colaboración, pero sin olvidarnos que ustedes lo hicieron padre y yo -bien o mal- procuré dotarlo de las herramientas para que pudiera manejarse como tal, cuando le llegara su hora.
     Cuando llegamos a vivir al Neuquén, Rodolfo tenía 15 años y no conocía a nadie. Yo traté que pudiera estudiar en el mejor colegio que mis ingresos me permitían, y que fue el Don Bosco, de curas salecianos, y resultó fantástico que se enganchara a jugar en otro lugar -en Cipolletti- adonde -ya lo dije- a mí me parecía que había un espíritu más cercano al que que gustaba como formativo, y en donde podía encontrar otros amigos, diferentes de los del colegio, provenientes de este ambiente. Y así fue.
     Se enganchó muchísimo en Marabunta con el rugby y de allí finalmente salieron la mayoría de los amigos que recogió en el Valle, más que del colegio, aunque alguno de estos también sobrevivió al tiempo. En Cipo, además, la conoció a Lucía, que jugaba al hockey -y muy, pero muy bien- en el mismo club, y que vivía en Cipolletti. Rodolfo seguía jugando muy bien y con "muchas bolas"; a mí me seguía gustando verlo jugar y sentía un orgullo inmenso. Varias veces salieron campeones; integró el seleccionado juvenil del Alto Valle -algo así como los pumitas de la zona- y llegó a jugar en la primera del club.
    Después se fue a estudiar a Buenos Aires y allá comenzó -esta vez sólo- una nueva batalla en el Sic, ya por entonces uno de los mejores clubes de rugby del país y hasta del mundo. Me encantaba cuando me contaba de sus proyectos, que siempre eran de superación, y que siempre lograba concretar e inclusive, superarlos. Si había empezado el año en una división "C", quería terminar jugando en la "A"....y no solo lo lograba sino que además ascendía a un equipo de una categoría superior, y así seguía, año tras año.
    Rodolfo, chicos -y no lo digo porque es mi hijo- jugaba muy bien; con pasión pero sin ser sanguinario; con fuerza, pero sin agresión; con lucidez personal pero sin personalismos, siempre en función del equipo, como es el rugby que yo siento y que me inculcaron. Pero no pudo llegar al tope, aunque con seguridad lo habría logrado y hubiese marcado -estoy seguro- un lugar en el rugby con nombre propio, por lo menos en el Sic que es como decir en lo mejor del rugby, pero no quiso.
     A mí me dolió mucho su decisión -¡ no lo puedo ocultar l!!- pero era la suya, como casi treinta años antes yo había tomado la misma, y por las mismas razones: el estudio universitario. Le faltaban pocas materias para recibirse y quería hacerlo; además trabajaba y nuestra situación económica no permitía que lo dejase; y además el rugby se ponía cada vez más competitivo y exigente. Por otra parte había que comprender que luego de siete años de noviazgo, era lógico que se quisieran casar.
     Y así un buen día resignó el rugby, en Intermedia, cuando estaba a punto de llegar a la Primera, pero optó, optó por su carrera, por sus urgencias, por la familia que quería comenzar a formar, es decir, en cierta forma optó también por ustedes, los que son sus hijos. De tal manera y aunque yo no compartiese esa decisión -quizás por mi propia frustración de haber también abandonado el barco antes de tiempo- aunque creo que nunca se lo dije lo entendí y valoré lo que sin duda para él debió haber sido un enorme sacrificio.
     Creo que estuve cuando jugó su último partido, que fue en Cuba, en la cancha principal; me parece que por entonces no sabía que lo sería, y recuerdo que jugó muy bien, aunque no pudo terminar por alguna lesión, o bien porque lo reservaron por si debía entrar en el partido de primera, al que no entró. Estuve así, por esas coincidencias tan casuales, el día de su primer partido y el de su despedida, como una vida breve, con principio y fin, como un lindo cuento o una pequeña historia, pero que sin duda ha dejado en Rodolfo huellas muy profundas, en amistades, recuerdos y sobre todo, principios y valores.



     Siguiendo con el relato y confirmando la importancia que el rugby siempre ha tenido en la familia, la historia siguió con Francisco -Fran- que había empezado jugando desde muy chico en Marabunta, quizás muy forzado por mí, porque seguramente no estaba entre amigos sino entre los amigos de sus padres, que como todos sabemos no es lo mismo. En algún momento logró expresarlo, decir que no le gustaba, que le parecía muy brusco, etc.; ¡ no tenía ganas ! punto. Era suficiente.
     Muchos años después, sin la presión de su padre y en circunstancias en que el diálogo se había interrumpido entre nosotros, volvió a jugar, de la mano de amigos -claro está-, en Marabunta, en donde integraron junto a Sebastián Nuñez una memorable segunda línea que jugaba muy bien, al punto de haber sido convocados también ellos para integrar el Seleccionado Juvenil del Alto Valle, menores de 19, y lució "la verde", aspiración máxima de todo chico que entra a jugar en una cancha: integrar el seleccionado. Yo no lo vi jugar mucho por esas cuestiones de distanciamiento entre nosotros, pero alguna vez fui a la cancha y seguí sus jugadas desde la tribuna, disfrutando internamente y conmigo, más algún grito de aprobación que se me pudo haber escapado
      Y tal como pasa con la mayoría de los chicos en el Valle, también a Fran le llegó la hora de partir hacia Buenos Aires, a completar su educación con estudios universitarios que por allá tienen mejor nivel académico y por entonces pensaba que esto tenía mucha más importancia de la que hoy en día le asigno, ya que hoy por hoy priorizo las bondades del continuar un tiempo más viviendo en la familia, que lo formativo para lo cual siempre hay tiempo más tarde, en cambio aquel compartir, una vez que se pierde se termina.
     En Buenos Aires se planteó en donde seguir jugando, porque óbviamente el bichito del rugby ya le había picado; pero no tenía muchas ganas que acompañarlo a Tan Nuñez al Champagnat -a pesar de una pasajera ilusión de mi querido cuñado, Modestino- de modo que se resolvió por el torneo universitario, haciéndolo para la Universidad del Salvador en la que se había inscripto, pero no le resultó ese rugby casi de aficionados y entonces, siguiendo amigos, porque el rugby no es más que eso: un grupo de amigos que se divierten tratando de ganarle a otro grupo de amigos, y empezó a jugar en Liceo Naval, un club que competía por el campeonato de la 2da. división, en Menores de 21.
     Después esos amigos quedaron en el camino, por distintas razones, pero ya tenía otros, en el mismo club, y allí siguió, muy entusiasmado, al punto que al año siguiente ya estaba jugando en el plantel superior, en Pre Intermedia y no como segunda línea sino en la tercera, que era el puesto en el que realmente quería jugar. En el 2004 el Liceo ascendió a la Primera División y ese año Fran jugó en Intermedia, tanto de segunda (con la cara fruncida) como de tercera (ala u ocho), mucho más feliz. No feliz por los resultados que tardaron en llegar ya que por lo general ganaban los amigos del otro equipo, pero sí feliz de poder practicar ese deporte que tanto le gusta, y en el que siguió jugando, con suerte variada, durante varios años más, hasta que golpes y caídas fueron minando su físico y sobre todo sus piernas y rodillas, hasta que dijeron ¡ basta !!
     Sin embargo, Fran sí tuvo la posibilidad de jugar en Primera, y como tercera línea, lo cual fue una alegría inmensa, por supuesto para él, pero también para mí porque finalmente Francisco ha logrado lo que ninguno de nosotros había podido, ni Gringo, ni Rodolfo ni yo, al igual que lo hiciera en la generación anterior a la mía Horacito,  hermano de papá, que jugaba de apertura en Cuba hace muchos años.
     A pesar de vivir lejos, tuve la alegría de poder verlo jugar a Fran en el Liceo, varias veces, con su propia personalidad, comprometido en sus justos límites, solidario en la defensa de sus compañeros y lúcido en las jugadas de las que participaba, pero no le pidamos que corriera mucho....jajaja.
 A mí me divertía ver como aquel que renegaba por tener que ponerse la camiseta las mañanas de los sábados, ahora no se perdía ningún entrenamiento y estaba pendiente de todo lo que pasara con su equipo, que participaba de la vida del club al márgen de los partidos (terceros tiempos, asados, festejos, etc.) con tanta alegría, y  que finalmente se haya enchufado tanto con el grupo y con el club, porque todo eso significa mucho y habla de una personalidad solidarias y amiguera que, para el resto de sus días le será muy útil, porque vaya por donde vaya siempre va a encontrar a algún grupito de personas que van a palpitar a su propio ritmo y que hará que no se sienta sólo o diferente en ningún sitio, como me pasó a mí aquella primera noche que pise una cancha de rugby en San Isidro o como muchos años más tarde me acerqué a Marabunta, apenas llegados al Neuqueén.
     Se que sigue actualmente ligado a su club como entrenador de divisiones inferiores....al igual que lo hace Rodolfo en el suyo.....actitud fantástica que permite que el rugby se siga rigiendo con los mismos principios -por más que cambien y se modifiquen sus reglas- pasándonos la posta de generación en generación, para que todos podamos disfrutar, finalmente, de una pasión que nos es común.


               


     Y hablando de generaciones venideras, tenemos en acción actualmente a los integrantes de la cuarta parte de esta historia: la de mis nietos. Quienes lo hacen son Manuel y Benjamín Rivarola, en el Regatas de Bella Vista adonde viven desde hace unos cuantos años. No los he podido ver jugar aún, de modo que no puedo deslizar ningún comentario todavía.....pero en fin, supongo que ya tendré tiempo como para hacerlo.

     En cuanto a mis dos hijos varones -ya veteranos- ambos han seguido vinculados a este querido deporte como entrenadores de divisiones inferiores, que es algo así como volver a comenzar inculcando los mismos principios que en su momento recibieron, para hacer como una cadena ininterrumpida en el tiempo que nos permita a quienes nos gusta el rugby, seguir disfrutando del mismo, tal y como ha sido siempre, a pesar de las modificaciones permanentes de sus reglas, pero no de su espíritu

     Finalmente, la incorporación más reciente de la familia al mundo del rugby es la de mi nieto Santiago Giaccio (Tati), que al igual que su padre, viste los colores de Cuba.....aquellos mismos con los que saliera a la cancha mi padre hace como 80 años, dando una vuelta de tuerca completa a la rueca de la historia.¡ Que increíble no? Bueno, Tati está empezando.....le auguramos desde aquí un futuro deportivo exitoso....se que por ahora le mete mucha garra y pasión...es muy buen comienzo



                                                             (muy bien perfilado ! )


                                                        (los primeros chichones)    
   
      

domingo, 23 de noviembre de 2014

La esquina de Enero

   
     Cuando en enero del 2013 volvimos de pasar unos días juntos toda la familia grande, les envié a mis hijos unas reflexiones bajo el título de "Luces y Sombras" que se refería precisamente a lo que había sido la alegría de ese encuentro -las luces- en contrate con los sentimientos de tristeza que producía el recordar que también en enero se habían producido esos hechos tan tristes sobre los cuales les escribí en la entrada anterior.
     A raíz de eso, Rodolfo Quinto me mandó unas reflexiones suyas bajo el título de "La esquina de Enero", que me parece apropiado transcribirla aquí en este momento, como para cerrar con el tema. Aquí van:

     " Si bien creo que no es completamente como lo pienso, me ronda la cabeza la idea de que hay momentos del año, como también algunos lugares, que son como portales por donde venimos y nos vamos de este planeta
     La esquina de Las Heras y Sánchez de Bustamante, en Buenos Aires, es uno de esos lugares. Es una esquina con una fachada linda, antigua, color gris pero con ventanas largas hacia arriba, con una arquitectura moldeada que no aburre y recuerda edificios de estilo europeo. Justo en la esquina hay una gran puerta, alta, con una escalera con dos o tres descansos.
     Allí llegaron Manuel, Juan Cruz y Angeles, y partió Juan Cruz, pero también estuvimos cerca de la puerta con Angeles, cuando era muy chiquita. Durante mucho tiempo, al pasar por esa esquina, me asomaba al misterio.....llegaban a mi persona todo tipo de recuerdos, lindos y feos, luces y sombras (como dice mi papá), pero sobre todo de gran intensidad afectiva. Es como si al pasar por esa esquina (generalmente en auto) la cabina se llenara de imágenes en video, sin sonido pero viéndolo en los músculos y en el estómago. Es como si pudiera con un "mouse" mental ir eligiendo lo que quiero recordar y sentir, pues todo está ahi, al alcance de la mano-cereblal que yo elija.
     Algo parecido me pasa cuando nos acercamos a estas fechas de fines de Enero. Son tiempos distintos a otros durante el año; el ritmo es diferente: más tranquilo, más sereno. Siento los calores veraniegos bien porteños: con cielos muy celestes que alternan con días con vientos calurosos y fuertes ráfagas que traen aguas abundantes para cortos momentos de la semana. Aunque parezca un contrasentido, la ciudad es más cálida cuando hay menos gente. El tiempo parece  tener un ritmo más lento y provinciano, como si las altas temperaturas y el menor trabajo nos frenaran el vértigo habitual del resto del año.
     Así como al pasar por aquella esquina, tengo esa idea de puerta desde el infinito, algo similar me pasa en estas semanas de fin de año: me enfrento a la misteriosa coincidencia de llegadas y partidas. En pocos días, el 29 precisamente, llegó Gloria hace casi 30 años -29 para ser precisos-. Llegó cuando yo tenía 14 y estábamos a ujn año de partir a Neuquén; fueron años de transición familiar y ella trajo mucha luz y alegría con sus rubios rulos y sus celestes ojitos que enmarcaban una sonrisa pícara. El pasado 24 recordamos a Sole en el que sería su cumple Nro. 39, Suelen ser los cumpleaños momentos de alegría que recuerdan nuestra venida a este mundo, a nuestras familias, haciéndonos existir.
      Pero estas fechas tienen además su otro lado: las partidas. Y hoy, 27 de enero, hace dieciseis años partía nuestro querido Juan Cruz. Pasan los años y sigue el misterio patente, sin la tristeza inicial cargada de culpa y descontrol pero atenuada por el perdón y la cercanía de Lu, como de muchos otros. Tampoco es como tragar profundo un silencio reflexivo e incomprensible. Ni como la descarga incontenible de las lágrimas que lavan lentamente el dolor que se hace de nunca terminar. Hoy es como un diálogo con varias personas, algunas de ellas presentes físicamente y otras no. Algunas presentes por sus escritos, otras como mirando el infinito movimiento del mar o del fuego. El dolor se ha convertido en misterio que necesita nutrirse de sentido, de diálogo, para dejar la corrosiva culpa que no cura nada. Es increíble como estas fechas traen diálogos con los hijos, que renuevan las miradas mojadas por el afecto, mostrando gestos nuevos en sus caras.
     Es muy fuerte pensar que hace tres días Sole hubiese festejado su cumple 39 y que mañana, 28 de enero, la recordemos a un año de su partida: tan cerca y tan lejos. Vuelven los recuerdos como vivos, y las conversaciones entre todos le dan tonos nuevos a este cuadro en continuo avance. No puedo dejar de conectar las fechas como también las relaciones: el reencuentro de madrina y ahijado, tan compinches.
     Hace una semana mi papá nos escribía sobre luces y sombras. Fue a partir de la fecha en que recordamos la partida de Matías, mi hermano.....que se fue cuando yo tenía algo más de un año. ¿ Hay algo en estas semanas de Enero o es sólo coincidencia? ¿ Habrá una "good-incidence"- como dice un gringo conocido.-...o solo la mente nos juega trucos?
     No lo tengo claro, pero me ayuda a reflexionar, a mirar lo misterioso y lo infinito, a hacerme más humilde, a dialogar con quienes tengo cerca: con ellos, con Dios, conmigo.....es como una Pascua anticipada, de familia.
     Recuerdo una reflexión que me gusta, creo que es del padre Mamerto Menapace, pero no estoy seguro. El dice que cuando nos vamos de esta tierra es nuestro cumpleaños en el Cielo, cambiamos de estado. A mí me gusta pensar que el cielo y la tierra están en un mismo lugar, pero con un "estar" distinto. En la tierra coincidimos en el tiempo, más allá que unos estén en Brasil y otros en Argentina, unos en Canadá y otros en Rio Negro, o en Neuquén, y podemos conectarnos por teléfono....y ahora por skype, o whatsapp o tantos otros medios, que hacen que la distancia física se acorte. Con quienes ya han partido coincidimos de otro modo, más difícil de conectar por skype, o por whatsapp, de un modo menos sensible la mayoría de las veces. Así como el skype se corta y a veces tenemos mala señal telefónica, creo que también tenemos dificultades para conectarnos con ellos, hay interferencias y no estamos del todo seguros nunca. Pienso que tenemos el teléfono de la fé, del sentido de propósito, que muchas veces aparecen bien patente pero que después olvidamos, o simplemente nos distraemos.
     Y agradezco tanto el poder, cada tanto, elegir pasar por esa esquina: es un lugar físico que me ayuda a conectarme con ellos, a tenerlos más presentes, a dialogar con ellos del modo en que me salga. Y agradezco que en forma inexorable, el derrotero del tiempo me haga pasar cada año por una esquina similar, pero temporal: la esquina en que Enero dobla en Febrero."

     A raíz de los comentarios y reflexiones de Rodolfo, tan profundas y sentidas y sobre todo, tan reales, recuerdo que Paulo Coelho tiene también la teoría de los lugares que nos conectan con ese más allá....distinto....desconocido....y con seguridad, si todos nos pusiéramos a pensar sobre eso quizás cada uno encontraría "ese" lugar. Por otro lado y en cuanto a pensar que el cielo y la tierra están juntos, pero de un modo distintos, también Coelho es de la idea que cuando alguien muere simplemente cambia de vagón del mismo tren en el que todos vamos viajando, en tanto que por ahora nosotros permanecemos en el mismo. Alivia mucho pensar que alguna vez, todos nos volveremos a encontrar, al llegar a la estación terminal o al cambiar de vagón.
   
   
       

sábado, 22 de noviembre de 2014

Pausas


     A veces la vida, queridos chicos, nos sorprende con algunas pausas, de esas que nos dejan pensando sobre el sentido de las cosas. Uno de esos momentos ocurrió a fines de enero del año 1997 en la familia de Rodolfo y  Lucía que por entonces vivían en Bs.As. junto a sus hijos pequeños, Manuel y Juan Cruz. Es cierto que el propósito de estos relatos -como les puse en la presentación- es el de recordarles a ustedes, habitantes del siglo XXI, sobre formas de vida del nuestro, el XX, no puedo dejar de contarles lo ocurrido ese día en esa pequeña familia, y sobre todo para los que vinieron luego, a otras pequeñas familias, desde la visión del abuelo.
     Era un domingo y los cuatro más Patricia se habían pasado la tarde en la casa de Maureen, en Victoria, bañándose en la pileta y disfrutando de un lindo día de descanso. Después, la acompañaron a la abuela al Aeroparque, Lucía se fue a Misa y Rodolfo y los chicos se fueron para el departamento. Ese día había hecho muchísimo calor y aun a esa hora seguía siendo intenso, de modo que Rodolfo llenó la bañadera con agua fresca y los metió en el agua para que se refrescaran un ratito.
     En un momento escuchó ruido de agua que caía y corría afuera de la bañadera y al llegar al baño vió que Manu con sus manitos estaba tratando de sacar el agua para afuera, mientras su hermanito estaba caído boca abajo en el agua. La desesperación del padre, desde luego, fue inmensa, lo tomó a Juan Cruz y procuró hacerle respiración boca a boca, pero como no reaccionaba salió corriendo con los dos, le pidió a un vecino que se quedara con.Manuel y partió corriendo con Juancho -como le decía su hermano- hacia un Hospital cercano.
     Allí trataron de hacerse recuperar la respiración y enr un momento su corazón comenzó a latir de nuevo, pero la alegría duró un instante: la falta de irrigación del cerebro había durado más de lo posible y la lesión cerebral que tenía se hizo irreversible y entró en coma, es decir, que perdió todos los sentidos vitales. Su cuerpo estuvo sin embargo luchando un tiempo, con la ayuda de los médicos y ante la desesperación de los padres, pero más o menos a las dos o tres de la mañana, su corazón dejó de latir, esta vez para siempre.
     Después vinieron momento muy dolorosos, para todos: sus padres, Patricia que ni bien llegó a Neuquén tuvo de volverse al día siguiente...y para sus otros abuelos que también estaban en Cipolletti. Nosotros con Fran y Gloria nos habíamos ido a pasar unos días a Puerto Madryn y no nos enteramos de nada hasta el mediodía del día siguiente, porque justo habíamos hablado con Mariana a la tarde del día anterior y nos dijo que todo estaba bien, así que desconecté el celular, en el que nos habían tratado de ubicar durante toda la noche.
     Conseguimos volar desde Trelew a Bs.As. adonde llegamos más o menos a las 5 de la tarde, y el encuentro con Lucía y Rodolfo realmente fue muy pero muy duro. No se dan una idea de lo que es ver sufrir así a los hijos, desconsoladamente, y no poder hacer absolutamente nada. Es la impotencia total!! Además  no podemos entender  porqué suceden estas cosas que para nuestras limitadas inteligencias resultan totalmente incomprensibles.
     Con su otro abuelo  fuimos a buscar el cuerpito a la morgue, porque al haber fallecido en un accidente le tuvieron que hacer una autopsia, y lo llevamos al departamento de Gringo adonde pasamos la noche acompañando a sus padres, rodeados de muchísimos amigos y otros miembros de las familias. Allí celebró una misa durante la madrugado un viejo amigo mía de cuando era soltero, Gustavo Frias, que lo conoció a Rodolfo de recién nacido y a quien siempre lo quiso mucho. El era quien pocos meses antes lo había bautizado.
     A la mañana siguiente, antes de salir para el cementerio, llegó Manuel con toda su desbordante alegría, llevándose todo por delante, con el desparpajo propio de sus dos años. A mí me impresionó un poco que lo hubiesen llevado porque no sabía bien que efecto o impacto podía causarle todo; sin embargo ya ocurrido creo que para él debió haber sido bueno poder despedir a su hermano, aun sin entenderlo mucho. Al llegar a Pilar bajamos el cajoncito y en una capilla un sacerdote rezó alguna oración; yo lo miraba a Manu, en brazos de su padre y ambos junto a Lucía y no lo podía creer.
      ¡ Que fortaleza la de esos padres !! ¡ Que no hubiese dado por hacer algo por ellos en ese momento.....algo que calmara un poco su dolor ! Y también por Manuel que parecía como ausente de lo que allí ocurría, pero que seguramente en su cabecita iba registrando todo. Rodolfo se acercó a la tumba recién abierta y en donde había sido dejado el pequeño cajón, mientras todos -incluído Manuel- tirábamos dentro pétalos de flores. Allí le oí decir " adios Juanchu...adios", y pensé en ese momento que algún día ese "adios" se haría realidad cuando vuelvan a encontrarse junto a-Dios y se den un abrazo interminable y prolongado para toda la eternidad.
     Yo también sueño que en algún momento me va a pasar lo mismo con un hijo que seguía a Rodolfo, y que 25 años antes también en un mes de enero se nos adelantó hacia el más allá, porque algún día me re-encontraré con él. En realidad todo lo que les he contado de Juan Cruz se repetía todo el tiempo en mi cabeza y me retrotraía a aquel 20 de enero.
     Matías -que era su nombre- había nacido un 12 de diciembre con algunos problemas que, en realidad, nunca pudimos llegar a dilucidar de que se trataba; era muy chiquito cuando nació y Rodolfo que por entonces tenía un año y medio, le decía "Mano", por hermano. De repente un día se agarró un refrío muy fuerte que en principio pensamos que era algo común, pero de cualquier modo lo llevamos al médico quien después de verlo nos aconsejó que lo internáramos porque tenía un problema en un pulmón y que como era muy chiquito no lo podría resolver sin ayuda para respirar.
     Salimos del consultorio totalmente desesperados porque sinceramente no lo esperábamos, y nos fuimos a la Iglesia del Santísimo Redentor en la esquina de Larrea y Beruti, adonde encontramos al párroco al que conocía de chico a quien le pedimos que lo bautizara, lo que ocurrió en una iglesia semi a oscuras, más o menos a las cinco o seis de la tarde y en la más absoluta soledad Pensar que todos los bautismos son una fiesta con docenas de chicos corriendo por todos lados.
     Luego en un taxi nos fuimos hasta la Maternidad Cerdá, en donde quedó internado en Terapia Intensiva. Nosotros nos quedamos un buen rato en el pasillo contiguo, hasta donde fueron llegando Gringo y Brunita, un tío mío médico pediatra -Pepe Rivarola- y alguien más, y allí nos quedamos más o menos hasta las 12 de la noche, esperando por novedades que no llegaron.
     Después en un momento nos dejaron entrar y lo vimos en una pequeña incubadora, con tubos por todos lados, luchando por vivir, pero tuvimos que irnos, dejándolo en un llanto que nunca interrumpió y que nosotros escuchábamos a través de la puerta. Al día siguiente volvimos temprano y lo primero que nos llamó la atención es que no se escuchaba ese llanto permanente; preguntamos como estaba y nos dijeron que esperáramos hasta que viniese el médico, y comenzamos a esperarlo un buen rato, mientras nadie nos decía nada.
     Yo pensaba que Matías estaría durmiendo en algún otro lugar, y seguimos esperando; en un momento nos hicieron pasar a un consultorio y allí nuestro pedioatra nos dijo que aproximadamente a las dos o tres de la mañana, a la misma hora que 25 años después ocurriría con Juan Cruz, su corazón había dejado de latir... para siempre. Lo que siguió después fue muy parecido a todo lo que les he contado más arriba; también estuvo en un cajoncito en nuestro departamente y esa misma tarde lo llevamos a la Recoleta, adonde todavía está junto a una hermanita suya -Patricia- (que estaba entre Meli y Toti) y que no pudo sobrevivir al nacimiento, también con muchos inconvenientes de salud.
     Algún día -si puedo- me gustaría traer sus cuerpos a algún lugar más cercano para que queden cerca del mío, cuando a mí me toque partir. Ese será el momento del re-encuentro con Matias, Patricia, Juan Cruz, otra hermanita mía -Valeria-, a todos los que en este momento me imagino junto a mis padres, vigilándonos y atentos para echarnos una mano cuando la necesitamos. No parece que falte mucho, mucho tiempo.
     Son pausas....simplemente eso....nada más que pausas que la vida nos propone aunque no sepamos bien porqué....pero que alguna vez, todos juntos, en algún lugar, entre todos, lograremos comprender.
                                                                     
                                                                   Gringo con Juan Cruz



      

viernes, 21 de noviembre de 2014

Casamientos.-


     Hace un tiempo, estando en una iglesia aguardando a que comenzara un casamiento, tal como supongo que le puede ocurrir a mucha gente, empecé a pensar en el mío, aquel 8 de abril de 1969, casi al terminar el verano y recién comenzado el otoño, en una época muy linda del año en que ya no hace tanto calor y aun no han comenzado los fríos.
      Los preparativos -como siempre ocurre- fueron intensos, y aun cuando en las dos familias ya tenían experiencia, para quienes se casan siempre es una novedad esa casi permanente necesidad de tener que compatibilizar intereses o gustos diferentes, como una especie de entrenamiento hacia lo que vendrá luego, al iniciarse la vida en común.
     Por aquellos años los novios no convivían antes del matrimonio formal, de modo que el comenzar a compartir hasta los detalles más íntimos, requería de un importante entrenamiento, en nuestro caso sin posibilidad alguna de arrepentimiento, aun cuando fuese muy comprensible. Hoy ustedes, mis queridos nietos, no tienen -si así lo desean- esos riesgos ya que siempre es una muy buena experiencia la de la convivencia previa que hoy por hoy, socialmente, no está mal vista.
     Lo que ocurre es que está el plurito religioso -hasta cierto punto- porque a decir verdad lo que aun reprocha la Iglesia -esperemos que no por mucho tiempo más- son las relaciones sexuales pre-matrimoniales, y esto es lo que muchas veces no se dice. Los novios, ya con mucha frecuencia y más cuando el noviazgo lleva unos años, mantienen relaciones, de modo que resulta sorprendente los reparos hacia una vida plena en común, prematrimonial, cuando no se cuestiona o en definitiva se aceptan esas relaciones sexuales entre los novios.
     Sería a mi entender mucho más sincero compartir las enormes ventajas que tiene para la estabilidad de la pareja la convivencia previa en común, tal como en nuestra familia lo hicieran Magie, Meli, Fran y Glo. A mí no solo no me espanta sino que lo apruebo totalmente y me hubiese gustado tener esa libertad de elegir, cuando me correspondía, pero sea eso no estaba socialmente admitido como posible, y nuestra convivencia comenzó recién una vez casados.
     En esto del puritanismo moral hay que tener mucho cuidado y, desde luego, no establecer reglas uniformes para todo el mundo; fíjense que cuando mis padres estaban de novio, a comienzos de los 40, estaba mal visto que saliesen solos ni siquiera a tomar un helado, en norma de conducta que nosotros no hubiésemos nunca aceptado vente años después. Sin embargo, en los 60 nosotros no podíamos salir a vacacionar solos -me refiero a los novios- y aun recuerdo el impacto que me produjo cuando Mariana, a fines de los 80 nos lo informó -ni siquiera nos pidió permiso- en una apertura de reglas de convivencia que comenzaba a abrirse paso, y que hoy parece algo bastante común, cuando la relación de la pareja de novios es estable y lleva algunos años.
     Tampoco se lo que les tocará vivir a ustedes, mis nietos, sobre todo aquellos que recién van asomando su cabeza por este mundo, de aquí a 20 ó 25 años, pero con seguridad que se les aceptarán conductas de vida que -quizás- para mis nietos mayores, los que rondan hoy entre los 15 y los 20, actualmente les están vedadas. Y me fui por las ramas !!
     En realidad quería hablarles de mi casamiento, que fue en la Catedral de San Isidro aun cuando hubiésemos preferido que se celebrara  en una pequeña capillita de un colegio de Punta Chica adonde solíamos ir a misa los domingos, pero la Iglesia no lo admitía y entiendo que aun ahora este tema sigue igual, siempre imponiendo normas que por lo general alejan a quienes se quieren acercar a ella. Vamos a ver que puede hacer el papa Francisco a ese respecto.....y si lo dejan!!
      Como por aquel entonces yo vivía aun con mis padres, en Bs.As., nos contratamos un remisse que nos llevó a los tres hasta San Isidro. Todavía -han pasado de entonces más de 45 años- recuerdo perfectamente lo que iba pensando en el trayecto, en todo lo que ese día se iniciaba, y en todos los hijos que vendrían para completar la familia, ya que siempre quise tener una familia grande, a diferencia de Patricia que no pensaba lo mismo, ni quería que estos llegaran pronto, con seguridad porque esta harta del cuidado de sus hermanos más chicos.
     Yo en cambio pensaba que eso le ocurría porque eran hermanos y no hijos, que era diferente, pero de cualquier manera no estaba dispuesto a transigir porque tenía como esa imperiosa necesidad de comenzar a tener hijos desde el vamos....y muchos. También pensaba ese día en ustedes, mis nietos, que llegarían con el tiempo y en las familias que cada uno de ustedes lograría formar con el tiempo y cuyos destinos dependían de lo que iba a ocurrir momentos más tarde. Me sentía muy importante!!
     ¿ Estuvo bien aquel comportamiento mío, en cierta forma, tan egoísta? Vamos a ver. Siempre he pensado que la posibilidad que nos da nuestro organismo de crear vida, no es solamente nuestra, y que la naturaleza se vale de esa potencialidad para la continuidad de la especie; es por ende algo natural que, desde luego y como todas las cosas, uno debe utilizar en forma responsable. Por ello es que yo pensaba que retrasar deliberadamente esa alternativa en el tiempo era postergarle a alguien la posibilidad de vivir....y así lo sigo pensando, aun cuando ahora, ya a los 70, piense que esa modalidad de sentir no debe ser impuesta a otro, y que sobre estas cosas es de las que hay que hablar -y escuchar- antes del casamiento, por ejemplo durante esa convivencia a la que nos veníamos refiriendo.
     Luego de la ceremonia religiosa nos fuimos a la fiesta, pero que no era como las de ahora, con mucha música, videos, bailes, disfraces, cotillón, etc. etc., que las hacen tan placenteras. No había música pero tampoco cena formal: simplemente se pasaban bocaditos y sandwiches; eso sí, se exponían todos los regalos en un cuarto especial; se bailaba el vals, la familia más íntima; y los novios se retiraban, eso era todo ! Como han cambiado las fiestas de los casamientos.
     La verdad es que hoy por hoy es una verdadera fiesta, sobre todo de los novios y sus amigos, pero es un despropósito los costos que esa fiesta y la cena consiguiente, demandan, Es cierto que aquellas convivencias previas, unido a que hoy las edades de los novios son mayores, hacen que estos ya cuenten con recursos suficientes y propios como para atender los gastos, sobre todo de sus amigos, dejándonos a los padres -en general porque también hay excepciones- hacernos cargo de los gastos que insume el resto de la familia y nuestros propios amigos, comunmente llamados "los viejos".
     Pero creo que habría que repensarlo todo esto un poquito; por ejemplo Sol, la mujer de Fran, que estuvieron casi un año con los preparativos, después que todo paso, en un rato, medió es como que pensó si se justificaba tanto desgaste y altísimo costo para que pasase tan rápido. Es cierto que quedan los recuerdos; los videos; las fotos; pero no sé.....me parece que hay muchos que ganan mucho dinero con todo esto, y no se si se justifica del todo. En fin, ya ustedes lo podrán resolver a su tiempo.
     Nosotros esa noche, alrededor de las 12 nos fuimos -vestidos de novios- a visitar a una tía abuela mía que estaba en la cama, ahí nos cambiamos, y nos fuimos a comer un pucherito a un restaurante de Congreso que nos gustaba mucho, y después a pasar la primera noche juntos en el hotel Plaza. Todo un lujo !!
      Transcurridos desde entonces algo más de 25 años, también en San Isidro y terminando el verano, se casaron Rodolfo Quinto y Lucía en la capilla de la iglesia del Don Bosco, sobre la calle Márquez a la altura del Hipódromo. Hasta allí llegamos en otro remisse, acompañando a Rodolfo tal como mis padres hicieran conmigo, y entonces mis pensamientos eran semejantes a los de aquella vez, con la diferencia de que muchos de aquellos sueños ya eran una realidad.
     Aquí si que hubo fiesta en grande, que fue en el Sic, con todos los chiches y una alegría por todas partes que se notaba; los novios -a diferencia de nosotros- fueron casi los últimos en irse, dejándonos un dejo de tristeza, porque en realidad eran las primeras partidas en las dos familias. Es cierto que por vivir en el interior, las rupturas de la familia chica se producen cuando los más grandes parten para estudiar hacia otro lado y, aunque regresen, ya no sol mismos pero cuando la partida en para comenzar con una nueva familia, el sentimiento de nostalgia es aun mayor
     Con el correr de los años, Magie nos regaló una fiesta de casamiento espectacular, a todo trapo y larguísima, porque comenzó al mediodía y terminó casi al amanecer del siguiente, aunque yo abandonara a la noche, en la segunda vuelta de un exquisito asado; Fran y Sol también tuvieron una gran fiesta y la de Meli y Titi fue en Trenque Lauquen, al aire libre y muy divertida; todavía faltan algunas, que con seguridad, sin llegan, se irán mezclando con las de ustedes, que medio medio ya se estan acercando, al menos los mayores.
Entonces volveremos a juntarnos, sea como sean los festejos, para sumar nuestra alegría y así poder participar -una vez más- del tiempo del amor.
     

     
      

jueves, 20 de noviembre de 2014

Navidades


     El día en que mi nieto Manuel -recién nacido- salió del Sanatorio lo llevamos directamente a una fiesta....porque era el 25 de diciembre....¡ Navidad del 94 !! y en lo de los Córdoba en San Isidro, desde hacía unos años...nos veníamos reuniendo en la mañana de Navidad todos los vinculados a la familia Grehan que anduviéramos por la zona, para compartir juntos esa alegría que siempre provoca esa fecha.
       La de ese 1994 fue muy divertida; de ella existen una filmación y muchas fotos que en algún momento habrán visto, y de la cual nos quedará para siempre el recuerdo de haberla podido compartir con el primero de la tercera generación de los doce Grehan-Gándara, así como casi 25 años antes muchos de los que allí estábamos nos habíamos reunido para festejar con el primero de la segunda generación de los doce, que fue Rodolfo Quinto.
     En esta primera Navidad de Rodolfo, que festejamos en la casa de Punta Chica en calle Gaspar Campos 519 adonde los doce hermanos habían vivido junto a sus padres. Era el año 1970 y, como era una tradición de muchos años en esa casa, Dermot -uno de los bisabuelos maternos de todos ustedes- había preparado un pavo relleno que aterrizaba en la mesa en medio del aplauso generalizado de todos y aclamaciones de alegría.
     Como ocurría en todas las Navidades, Dermot venía preparando esa fiesta desde muchos días antes, con un gran cariño y la misma ilusión en todos sus hijos, respondiendo a una tradición, seguramente irlandesa. Todos los años se preparaba el mismo menú: melón con jamón, después el pavo al horno, relleno y acompañado de puré de papas y de postre "pan pudding" que era tipo una torta muy rica, preparada desde varios meses antes, ya que había que dejarla secar.
     En el momento de llevarse a la mesa la rociaban con whisky y le prendían fuego, de modo que llegaba encendida como si fuese un volcán. No a todos les gustaba el postre -que realmente era muy seco, del estilo de la torta galesa (no se si la habrán probado alguna vez), pero a todos nos enloquecía el espectáculo. En cuanto a las bebidas, el bisabuelo preparaba un delicioso y fresco clericó con rodajas de ananá, vino blanco y champagne,  que aun hoy yo preparo para las fiestas.
     Cuando Dermot murió, a días del nacimiento de Meli en 1977, sus hijos, sus nietos y nosotros, los que como novios o esposos nos habíamos ido incorporando a los doce hermanos, nos seguimos reuniendo siempre a la hora del almuerzo del 25 de diciembre, por lo menos quienes por esa fecha anduviéramos por Bs.As., ya que con el correr de los años aquellos originales doce se fueron radicando en diferentes lugares, algunos muy distantes, de manera que nunca ha sido fácil reunirlos a todos.
     Pero mientras la casa de Punta Chica no se vendió, los encuentros navideños los celebrábamos allí; después en lo que fue la casa de Mamama (la bisabuela Maria Luisa a quienes sus nietos apodaron así) en la calle Chacabuco; alguna vez fue en nuestra casa pero con el tiempo quien siempre nos recibió para esa fecha fue la tía Josefina, la madre de los Córdoba, que tenía la casa más cómoda y con un jardín bien grande, con la misma alegría de aquellos años anteriores y respetando bastante el mismo menú, cuando se podía.
     Es cierto que el pavo, después, se transformó en asado; que el melón con jamón en empanadas; el puré en ensaladas y el "pan pudding" en helados, pero siempre se siguió con el clericó de vino blanco y champagne, que preparaba yo y que aun lo sigo haciendo para las fiestas, pero siempre fue con la misma alegría de entonces. A una fiesta así lo llevamos a Manu el 25 de diciembre de 1994 en lo de Córdoba, para pasar con nosotros -los de la segunda generación- su primera navidad un integrante de la tercera.
     Además de los Córdoba -que estaban todos-, ese día también estaban todos los Cilley con un par de novias, nosotros que habíamos viajado desde Neuquén, los Grehan del Chaco -Santiago y familia- y de San Isidro -Tomás y familia-, los Vilará, los tios abuelos de ustedes, Tere y Loui -aun solteros los dos-, Luisita, la tía monja del María Auxiliadora, y todos los García Haymes, grandes amigos de siempre, y mezclado con todos ellos el bisabuelo Gringo, ya viudo, que cuando estábamos nosotros se unía a los festejos.
     Para proteger al recién nacido, Lucía se refugió en el dormitorio matrimonial, grande, espacioso y fresco, que además daba al jardín, porque además del bullicio hacía un calor y una humedad insoportables, de esos típicos de fines de año en Bs.As. El niño prácticamente durmió todo el tiempo, ante la mirada absorta de todos los que pasábamos "a adorarle", como suele hacerse en los pesebres con el Niñito Jesús,
     Y así sus abuelos, tíos, bisabuelo, tios abuelos, sus hijos y todos los demás nos fuimos acercando, de varios o en forma individual, tratando de no molestarle y -en mi caso- pensando en Navidades del futuro en el que, seguramente, lo tendría por protagonista más activo y en compañía de  hermanos y primos que le seguirían en el camino familiar, en festejos que bien podrían cambiar en cuanto a las costumbres y los sitios del encuentro, pero siempre con ese sabor especial que tiene la Navidad, cuando comienza el verano
     Los recuerdos que tengo de mis Navidades, siendo chico, son del Tigre, adonde pasábamos los veranos en una quinta muy grande, con un jardín inmenso, que era de mi tía abuela Celina Rodriguez (hermana de mi abuela Lía), quien vivía allí con su hermana Sara, Gloria -una primera de mamá- y varias personas más. Allí, junto a la familia materna de mi madre -los Rodriguez- pasábamos la noche del 24, mientras que el 25 -por la tarde- nos reuníamos con los Rivarola en lo de mis abuelos.
     Cuando la bisabuela Brunita -mi mamá- perdió a su vez a su madre, a los 17 años, su abuela Celina se la llevó a vivir con ella y con su marido, el Gral. Victoriano Rodriguez, y cuando unos años más tarde este murió, la tía Celina -a quien llamábamos "Maina" -por madrina, de Gloria- se llevó a todos a vivir a su casa en el Tigre, en donde con toda seguridad festejaban la Navidad con una gran cena en la noche del 24, y así se siguió celebrando cuando mis padres se casaron y llegamos nosotros, sus hijos.
     No tengo muy frescos los recuerdos de esos encuentros, con seguridad porque me quedaría dormido, pero sí recuerdo que se armaba un enorme árbol de Navidad, en el comedor, adornado con muchas lucesitas de colores, que a mí me parecía extremadamente grande, quizás por mi pequeño tamaño. También me acuerdo que íbamos a misa de las 12 de la Noche -que se llamaba de gallo, por lo tarde que comenzaba- y a mí me costaba mucho llegar despierto hasta esa hora, pero con un poquito que durmiera en la iglesia más la ansiedad por ver los regalos, lograba llegar despierto, hasta después de comer, más o menos como a las dos de la mañana.
     Me veo caminando por las calles rumbo a la iglesia y luego retornando, en unas noches espléndidas, bien arreglado con un pantalón corto y camisa blancos y las rodillas limpias, mientras en el aire el perfume de los jazmines de los jardines po donde pasábamos nos acompañaba, mientras desde el cielo miles de estrellas nos contemplaban desde millones de años luz..
    No me acuerdo si a nosotros, los más chicos, también nos hacían esperar para abrir los regalos hasta terminar de comer, o si nosotros lo hacíamos más temprano y al llegar nos mandaban a dormir hasta la hora de abrir los regalos que, invariablemente, era después de cenar y ese momento ¡ no llegaba nunca !
     Cuando Lía y yo tuvimos nuestros propios hijos seguimos con esa tradición de ir a misa a la noche, aunque era más temprano, tipo 8, para abrir los regalos recién después de haber comido todos juntos, con Brunita y Gringo, las tías del Tigre que ya vivían en Bs.As. y algún que otro solitario que siempre se sumaba.
     Primero la juntada fue en lo de mis padres, hasta que una vez, volviendo a nuestra casa en San Isidro con Rodolfo y Magie -de 10 meses-, el Citroen en el que volvíamos al pasar por un charco grande de agua, detuvo su motor y ahi se quedaron la madre y los pequeños aguardando muy asustados en la noche que yo pudiera encontrar alguna ayuda, lo que recién logré al cabo de tres horas.
     Estaba a la altura del Aeroparque y desde ahi me fui caminando hasta tomar un tren en la estación Belgrano, porque no había ningún taxi que pasase, después me subí a un colectivo hasta la casa de un amigo en Las Heras y Pueyrredón adonde llegué con luz de día, me prestó su auto y volví por los míos más o menos a las siete de la mañana, regresando a San Isidro en medio de llantos y broncas. Regresé a buscar nuestro auto a media mañana -sin haber dormido-, arrancó como si nada y encontré la billetera y el anillo que Patricia había escondido por si los asaltaban.
     Más tarde, el habitual festejo con los Grehan del mediodía del 25 fue tan feliz y alegre como siempre, pero esa noche resolvimos que sólo festejaríamos la Nochebuena, de ahi en más, en nuestro propia casa, adonde se acercaban los Pizarro y mis padres.
     Alrededor del 10 de diciembre armábamos el arbolito, o mejor dicho, lo armaba ante la mirada alegre, sorprendida y cuidadosa de mis hijos; siempre era el mismo arbolito, que teníamos desde nuestra primera Navidad, junto al cual invariablemente armaba un pesebre -sólo con María, José y el Niño- al que en cada año le buscaba una forma diferente. En cuanto al arbolito siempre tuvo el mismo tipo de adornos y luces de colores, que se iban reponiendo año tras año, a medida que los años o las manitos de los chicos los rompían.
     En la Noche de Navidad, casi siempre a la hora de abrir los regalos y cuando los chicos estaban medio dormidos, solía aparecer Papá Nöel. A veces era yo quien bajaba vestido con lo que encontrara y una gran barba de algodón, entre los gritos de alegría, sorpresa, temor y desconfianza de los chicos. Después fue Rodolfo Quinto quien heredó la faena y alguna vez recuerdo que también lo hizo Meli, porque a medida que pasaban los años los más grandes querían que los más chiquitos pudieran tener esa misma experiencia, mezcla de alegría y temor, que provoca siempre la cercanía de quien, en el fondo, todavía no tenemos la certeza plena que no fuese una leyenda.
     Se está acercando la Navidad de este 2014, y parecería que van a venir algunos nietos a pasar esa Noche en casa; de modo que luego de renovar una vez más mi pesebre con leños y figuras, junto a un árbol que en casa arma con toda paciencia Anamá junto a Santi, su nieto, casi con seguridad que volveré por los disfraces, para que siga esa feliz costumbre del encuentro mano a mano con Papá Noel, el mismo que yo pude experimentar una Navidad del año 1950 en Pinamar.
     Pasaran los años, pueden cambiar las costumbres en torno a la forma del festejo; quizás alguno de ustedes se puede encontrar para esas fecha en algún lugar lejano, pero seguramente en algún momento alguien, con cualquier excusa se levantará de la mesa y rápidamente buscará en los roperos algo que ponerse para estar a tono con el gordo personaje; rápidamente le crecerán blancas barbas y luego irá al encuentro de los demás, de sus hijos, hermanos, novios, amigos....de todos.....y la historia se repetirá una vez más, cambiando solo de protagonistas y espectadores, pero dejándonos a todos -a lo largo de los años- esa enorme felicidad que a grandes y chicos nos deja y nos dejará siempre la Navidad !!


                                                               

martes, 18 de noviembre de 2014

Nacimientos.-


     Rodolfo Quinto fue el primero de mis hijos, y nació en la madrugada de un 6 de mayo, en el año 1970. No debería haber llegado en esa fecha, sino aproximadamente un mes más tarde, pero Patricia, con entonces escasos 22 años recién cumplidos, se había pasado toda la mañana del día 5 haciendo unos arreglos florales en el altar de una iglesia para una ceremonia que se tenía que celebrar por la tarde.
     Parece que allí, en la iglesia, hacía muchísimo frío y, además, después siguió en actividad durante todo el día, haciendo compras, arreglando la casa y creo que hasta subiendo por la escalera hasta el 7o. piso de un edificio en la calle Marcelo T. de Alvear en donde vivíamos porque ese día no funcionaba el ascensor. Lo cierto es que a la noche, ya acostados para dormir, comenzaron repentinamente a hacerse cada vez más intensas las contracciones que preceden con sus dolores la llegada al mundo de un nuevo habitante.
     De allí siguieron los llamados telefónicos al médico (el doctor Domingo Pujato); el control del tiempo que mediaba entre una contracción y la siguiente; los lógicos temores y nerviosismos frente a lo desconocido que se avecinaba, con una mezcla de ansiedad y deseo de ver terminado -bien- ese suceso irrepetible que es "el comienzo de una nueva vida". Lo que aceleraba todo el proceso fue que se había salido "el tapón" que -se supone- es algo orgánico que impide que la vida se escape, así como así.
     Fuimos caminando una cuadra hasta el Sanatorio del Diagnóstico adonde estaba reservado un turno desde bastante tiempo atrás. Lo hacíamos muy lentamente y cada tanto Patricia se apoyaba en las paredes hasta que la contracción cesaba en su intensidad; tengo aun grabados -a pesar de haber pasado desde entonces 45 años- ese rostro agobiado de aquella chica-grande, con su vestido azul enorme junto a un bolso preparado con todo apuro.
     Los varones no podemos ni siquiera imaginar lo que implica el dar a luz de las mujeres; sus angustiosas esperas en un proceso sin lugar a dudas tremendamente doloroso que, ante lo desconocido de la primera vez o ante el recuerdo inminente de su repetición en las que siguen, las torna extremadamente sensibles. Lo ignoramos -repito- desde siempre y en general no solemos hacernos carne de lo que para ellas significa ese tremendo momento. Vaya desde aquí un reconocimiento muy sincero también para mi madre y para mis hijas y nueras que con el correr de los años lo han experimentado.
     Llegamos al Sanatorio tarde, serían la 1 ó las 2 de la mañana y se nos hizo interminable la tramitación previa.....¡ hasta allí llega la eterna burocracia !!; luego subimos en un ascensor y nos instalaron en un cuarto -a la calle- la ruidosa -aun a esa hora- Marcelo T.; y luego vino una enfermera y...."el papá por favor afuera" y bueno....si no queda otro remedio....a esperar en el pasillo mientras diferentes enfermeras se iban sucediendo una tras las otras, en una cadena de rostros desconocidos, pero casi todos semejantes.
     De repente una figura femenina de importante porte ocupó a lo lejos el final del pasillo en el que me encontraba, figura que despaciosamente se fue agigantando con pasos bien firmes y sonoros hasta que también ella, con gran naturalidad, ingresó en la habitación, para luego salir inmediatamente y decirme que todo venía muy rápido, que se llamaba Alenka y que era la partera que colaboraba con el médico, al cual llamaría para que viniese ya.
      Luego llegó una camilla en la que trasportaron a Patricia a dar comienzo, en cierta forma, a la familia, y la seguí luego de haberla despedido con cierto temor, porque tenía muchos nervios, hasta que una puerta la apartó de mi vista y entonces me refugié en un cigarrillo, y en otro (sí...aunque parezca mentira, entonces fumábamos aun en los Sanatorios), hasta que reconocí la voz del médico que me invitaba a presenciar el nacimiento, y no lo dude ni un instante.
     Al verme luego en un espejo, vestido de médico, la verdad es que me pareció que tenía más pinta de carnicero, pero eran tal mis ganas por estar cerca que sintiéndome totalmente ridículo entré en la sala en donde ella se encontraba en un grito. ¡ Me sentí tan inutil !! Me asignaron una tarea totalmente secundaria, como era la de mantener la mascarilla de gas junto a su rostro, en tanto le ayudaba -dándole ánimos- a mantenerse erguida frente a cada nueva contracción, mientras ella hacía toda el esfuerzo que sus fuerzas le permitían, alentada y ayudada por todos los presentes.
     ¡ Que fuerza ! ¡ Cuantas ganas ! " Parirás con dolor" -señala la Biblia- omitiendo decir que en ese mandato estaba implícito otro " Parirás con tanto amor como sea necesario para superar el dolor". Esa noche supe porqué el amor de una madre no tiene límites.
      Después de un  tiempo en esa lucha.....llegó ¡ un varón !! - como escuche decir con mucha alegría ya que por entonces no se conocía el sexo del por nacer hasta nacido-.....luego de un esfuerzo casi sobrehumano de su madre y un deseo mío para que todo eso terminara de una buena vez, y entonces a todos nos invadió una gran alegría, por haber podido ser testigos del nacimiento de una pequeña nueva vida, en un proceso tan del principio de la humanidad, pero que no por repetido deja de asombrar siempre a quienes se nos permitir presenciarlo.
     Dicen que al morir, cuando lleguemos al lugar adonde debamos ir, nos esperarán caras muy queridas que nos darán la bienvenida....y en cierta forma....cuando nacemos ocurre algo semejante....y por eso aquella madrugada, ese grupo que compartió la experiencia en esa Sala, festejó con tanta alegría, como si fuera el único....el primero...o el último de los nacimientos.
     Era un varón. Tengo que reconocer que ese era mi deseo; no es que si hubiese sido una mujer no la quisiera igual, pero esos preconceptos que a veces tenemos algunos hombres, no se bien porque razón, me habían ilusionado de que sería un varón....y allí estaba, muerto de frío y muy pero muy chiquito, quien ya era Rodolfo...otro Rodolfo.....el quinto Rodolfo Rivarola.
      Muchos años después, concretamente 25, tuve la suerte de poder estar también presente para el nacimiento del mayor de mis nietos, en un proceso que fue exactamente igual, y allí estuve junto a aquel Rodolfo, a quien habían invitado a salir de la Sala porque Manuel -ya todos sabíamos que era un varón- no lograba salir de su encierro y fue necesaria una cesárea. Realmente no lo sé -queridos chicos- si cuando lean este comentario tendrán o nó la experiencia de ser padres o madres.....pero sí se perfectamente lo que van a sentir cuando esto ocurra, el día del nacimiento del primero de sus hijos,  porque ese sentimiento nos iguala a todos y estoy seguro que así seguirá siendo a lo largo de los tiempos.....por más adelantos científicos que se logren.
     Pero volvamos a la historia; así nació Rodolfo Quinto....¡ que alegría ! Por cierto ¡ que alegría ! Después llegaron mis padres -Brunita y Gringo- y todos juntos nos quedamos aguardando que nos mostraran al recién nacido, quien finalmente apareció detrás de un vidrio, cubierto con una mantita celeste y muerto de frío ya que al propio le acumulaba el que sintiera su madre esa mañana, colgada de un altar y adornando floreros.
     Lo que entonces más me impresionó fue su carita.....desprotegida.....asustada....arrugada....parecía la de un hombre grande.....pero en un cuerpo chiquito y muy flaquito, propio de quienes llegan al mundo antes de lo previsto. Hoy, cuando puedo ver por vez primera a alguno de ustedes, no puedo dejar de acordarme de aquel primer encuentro, y en seguida saltan los comentarios respecto de los parecidos o diferencias con aquel, aun cuando normalmente suelo encontrarles "ese aire familiar" a la mayoría.
     El nacimiento del mayor de mis nietos -Manuel- fue diferente. Primero por el lugar, en el Sanatorio del Cemic que funciona dentro del Hospital Rivadavia, sobre la Avda. Las Heras; luego por la hora, la siesta y finalmente el calor: fines de diciembre. En la sala de espera los cuatro abuelos; Gringo esperando a su primer bisnieto, y las flamewntes tías: Margarita, Sole, Mariana y Meli; detrás de una puerta de vidrio, Rodolfo -bastante angustiado- y yo que le hacía compañía, recordando precisamente su propio nacimiento.
     Pasado un buen tiempo nos avisaron que finalmente todo había terminado bien....y lo vimos pasar al primer miembro de la nueva generación, en brazos de una enfermera, porque tenía alguna dificultad respiratoria producto del intenso trabajo al que fuera sometido, y sería conectado a un tubo de oxigeno durante unas horas, hasta que recuperara su propio ritmo. Entonces, para alegría de todos, lo llevaron a la habitación de Lucía y así comenzamos a disfrutarlo....y a darle la bienvenida a esta gran familia que es el mundo.
     Se acercaba Navidad, y así como hacía muchos, pero muchos años, en una tarde del 24 de diciembre, en circunstancias bastante parecidas, había aparecido yo por este mundo....y como algunos años después había llegado el día anterior al de la Nochebuena, Lucía, los festejos de tu llegada que se irán sucediendo a lo largo de los años nos unirán a los tres -y  también a Angie, que llegara al mundo el mismo día unos años después- casi sin darnos cuenta, el 22, el 23 y el 24, y nos hará sentirnos muy juntos a la hora del festejo mayor, el de la Navidad.
     A lo largo de los años posteriores fueron llegando más hijos, cada uno en circunstancias diferentes, pero siempre muy deseados.....y sobre todo mujeres, como para escarmentarme de aquella primera ilusión machista.....y en su momento esos hijos comenzaron a su vez a ser padres, prolongando así en el tiempo a esa pequeña familia inicial, que una noche invernal caminaba por aquella calle de Buenos Aires, rumbo a un destino desconocido, con tanto temor como ansiedad  
                                                                   
                                                                 
   
                                                                    (  Con Guada  )

Presentacion.-


   

          Hace más o menos veinte años, junto con la llegada de Manuel, el mayor de mis nietos, comencé a escribirle unos apuntes con recuerdos de muy distinto origen de hechos acaecidos durante toda mi vida, con el propósito que pudiera contar con una visión más o menos directa de como vivíamos en el siglo XX los que van a hacerlo en el XXI. Con todos esos relatos fui armando un cuaderno muy casero que hace un tiempo le entregué, pero como luego han seguido llegando otros nietos -que al día de hoy son casi una docena- me pareció más adecuado incorporar aquellos recuerdos a un medio mucho más al alcance de todos, como es este de la informática.

               De esta forma a todos les resultará más accesible encontrar las referencias que busquen o las historias que les interesen, de una manera realmente muy sencilla, y contar además con la posibilidad de incorporar comentarios propios a cada una de ellas o, inclusive, incorporar experiencias propias, afines. Por lo demás, la incorporación de estos textos a un blog de fácil acceso permitirá inclusive su eventual consulta a quienes vengan después, y que desde luego deben contar con las mismas posibilidades de conocer lo que pensaba su abuelo, aun cuando ya no esté entre ustedes.

              La idea es la de ir incorporando paulatinamente aquellos textos, en la misma forma en que fueron escritos en su momento, salvo alguna referencia o actualización que el paso del tiempo me aconseje incorporar. No tienen, entonces, otro propósito que la de ser como una especie de largas charlas a la distancia, dichas con muchísimo cariño, ya que con la mayoría de ustedes no podremos mantener un trato frecuente o más cercano, que tanto bien les hace a los abuelos....pero también a los nietos.



( la nietada a comienzos del 2013)

Cipolletti, en la primavera del año 2014.-