viernes, 27 de febrero de 2015

Mi familia materna.


     ¿ Quienes son los Korn? ¿ De donde vinieron? ¿ Que es lo que hicieron? ¿ Adonde vivieron? ¿ Y los Villafañe? Deben saber, mis queridos nietos y nietas, que todos ustedes llevan, aunque sean un poquito, de la sangre de estas dos familias, y también de los Rodriguez, una familia que habita en esta tierra desde bastante antes de la Revolución de Mayo: las familias de mi madre, "Brunita", o "Bruna" para sus amigas o "Bruni" para mis hijos, a quien ninguno de ustedes pudo conocer porque murió en el año 1991, cuando tenía 68 años, y cuyo nombre oficial era María Celina, que estaba muy orgullosa de su apellido  Korn Villafañe de su padre, como del Rodriguez de su madre, Lía, que muriera cuando mamá tenía 17 años y que por lo tanto, yo no conocí
                                                                         
                                                                        " Bruni " - niña

     La familia de mi abuelo materno, Adolfo, para nosotros " Tata " (que era como le decía mamá) era de origen alemán, más bien prusiano, vale decir oriundos del reino de Prusia que se expandía por el territorio del centro y norte de lo que es la Alemania actual. El abuelo del mío, también Adolfo ," Adolf ", había sido un militar del ejercito prusiano, del cual desertó porque estaba en desacuerdo con el militarismo que había ido transformando a Prusia en una potencia prepotente que quería imponer sus ideas a toda Europa, pero por la fuerza, y se tuvo que escapar una vez que le ordenaron fusilar a unos obreros que estaban en huelga, y lo desobedeció.

     Como fuera condenado a muerte por un tribunal militar, se ocultó en Suiza, adonde estudio, se recibió de médico y la conoció a quien sería toda la vida su compañera, Verena Mayer. Con ella viajaron en las primeras décadas del siglo XIX a la Argentina, instalándose en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires -San Vicente- cercano al lugar en que años más tarde se fundaría la ciudad de La Plata. Allí, en San Vicente ejerció hasta el final de sus días su profesión, con gran dedicación y sobre todo, brindándose gratuitamente a los más pobres.

     En el año 1871 se desató sobre la ciudad de Buenos Aires una epidemia de Fiebre Amarilla, una enfermedad mortal originada por la falta de higiene y que transmitieron los soldados que regresaban -con ella- de la Guerra contra el Paraguay. Tal fue el desastre que la ciudad perdió aproximadamente un tercio de la población, entre muertos y exiliados, y allá se vino don Adolfo, a colaborar en la atención de los enfermos. Tuvo Adolfo entonces una actuación tan destacada que cuando todo pasó recibió una condecoración a la manera como se premia a las grandes actuaciones militares, con una "Cruz de Hierro".

                                                                          
                                      " La fiebre amarilla" - cuadro de Blanes - Museo Histórico

     Esa Cruz, que a su muerte fue pasando a sus hijos, y luego a mi madre, hoy la tengo en mi poder, en la biblioteca de mi casa y resguardada por un cristal, y algún día ella pasará a algún hijo o nieta, preferentemente médico o al menos, ligado o vinculado con la medicina. Al terminar aquella epidemia Adolfo -el Dr. Korn como se le llsmaba en el pueblo- continuó brindando su atención médica en San Vicente hasta el día de su muerte, como lo recuerda un poema, el  "Romance del Dr. Korn " muy emotivo que escribió alguien de por allá en su honor y como homenaje, en el que se narra como murió, al tener que salir en una fría noche de invierno, cuando ya estaba muy enfermo, a atender a una parturienta.

                                                                           
                                                                La " Cruz de Hierro"

     De Verena, su esposa, no sabemos nada, ni cuantos hijos tuvieron, pero sé que fueron varios y todos los Korn que actualmente andamos por este país venimos de esa pareja. Nuestra rama es la de Alejandro, mi bisabuelo, médico psiquiatra que, al jubilarse, se dedicó al estudio de la Filosofía, llegando a ser uno de los filósofos más grandes que tuvo la Argentina durante la primera parte del siglo XX.

    Había nacido en la quinta que sus padres tenían cerca de la estación del Ferrocarril llamada "Empalme San Vicente" en el sur del Gran Buenos Aires, y que hoy lleva su nombre "Alejandro Korn"; escribió muchos libros; fue profesor universitario y Decano de la Facultad de Filosofía, en donde reemplazó -después de la Reforma Universitaria de 1918, a quien con los años también sería bisabuelo mío: Rodolfo Rivarola, de ideas positivistas contrarias a las de Korn. También fue Diputado en la provincia, por el Partido Socialista y tengo el orgullo enorme de llevar su nombre entre los míos, así como de adherir -en parte- a su ideario socialista, sin descuidar el liberalismo de Rodolfo,  como una buena mezcla, ya que pienso que cada uno de esas ideas debe servir de adecuado contrapeso a las otras.
                                                                          
Alejandro Korn

    Si algún día andan por La Plata, en un gran parque que hay frente al Museo Arqueológico van a poder ver -hechas estatuas- las cabezas de cinco platenses ilustres, una de las cuales es la de Alejandro Korn. Este se había casado con María Villafañe, descendiente de una las primeras familias llegadas al país durante la Colonia y arraigada en el interior del país, en Tucumán primero y luego en La Rioja, en donde el padre de María fue un General de los que acompañaba a Facundo Quiroga, y a quien mataron un poco antes que al caudillo riojano.

     Por esas razones, la viuda de Francisco Villafañe -que así se llamaba- con sus hijos pequeños, logró ser trasladada con la ayuda de Rosas a un perdido pueblito de la provincia de Buenos Aires, que se llamaba -y se llama- Ranchos, y ahí permanecieron ocultos, sin poder reivindicar su pertenencia a aquella familia porque ponían en serio riesgo sus vidas. Y sí....así se vivía por aquellos años de mediados del siglo XIX. 

    No es mucho más lo que sé de esta bisabuela mía, solamente que vivía en ese pueblo cercano a San Vicente, adonde vivían los Korn tenía una gran formación religiosa, que pudo líbremente transmitir a sus hijos, a pesar de las ideas socialistas de su marido, con resultado variado ya que algunos de sus hijos adhierieron a estas últimas y otros -como mi abuelo Adolfo- más a las de su madre, pero con el sesgo social tan propio de la Iglesia de comienzos del siglo XX con el papado de León XIII. Como ustedes recordarán, 

     Adolfo Korn Villafañe, mi abuelo, "Tata", que siempre firmó así, con sus dos apellidos -quizás como homenaje a su madre a quien adoraba- vivió y murió en La Plata adonde también había nacido. Fue abogado pero nunca ejerció su profesión ya que su vocación fue la docencia universitaria, algo semejante a lo que le ocurriera a mi hijo Rodolfo y su profesión de psicólogo. Contaba mamá que su padre tenía un carácter fuertísimo y que constantemente discutía con quienes llevaban una vida de gran desahogo económico y poco compromiso social, como más o menos eran  los hermanos de Lía Rodriguez, su esposa, una finísima música que llegó a dar conciertos de arpa como solista, en el Teatro Colón.

                                                                 
   
                     la única foto que tengo de mi abuelo Adolfo ("Tata"), es de un libro: todo un símbolo             

     Esas diferentes modalidades familiares, la austeridad alemana de los Korn y el despilfarro típico de los porteños adinerados como los Rodriguez, terminaron dividiendo al matrimonio y mamá y su madre pasaron a vivir con los abuelos Rodriguez, Celina y Victoriano; esa, quizás, pudo haber sidor la semilla de la enfermedad que, poco después, se la llevara a Lía, mi abuela, cuando mamá tenía 17 años, y se quedó viviendo con ellos en una vieja casona de la calle Juncal, a metros de Ugarteche , que todavía sigue en pie

                                                                           
                                                          la casona de la calle Juncal                      

     El abuelo era el General de División Victoriano Rodriguez, que ocupara el grado mayor que por entonces había en el Ejercito, había nacido en La Carlota, al sur de Córdoba y en épocas de malones y cautivas porque el pueblo se había formado en torno a un Fuerte de la Frontera, y allí de muy chico, se enganchó con la milicia a los 14 años y se fue a pelar a la indiada. Por algunos relatos que escuché de chico en casa de mis tías -sus hijas- creía que la madre de Victoriano había sido una cautiva de los indios, pero conversando ya de grande del tema en la misma ciudad de La Carlota me explicaron que la cautiva se llamaba Fermina Zárate y que otra mujer, de apellido Burgos era quien había escondido a su hijita debajo de una mesita vestida con un mantel hasta el suelo, y de la madre no se supo nada más.

                                                           
                                                             don Victoriano Rodriguez

    No hace a la historia familia pero sí es importante para conocer como se vivía entonces, que veinte años después del rapto una patrulla militar llegó hasta las tolderias y le ofrecieron a Fermina rescatarla, quien se lamentó que hubiesen tardado tanto tiempo en ir a buscarla y no pudo volver porque Ramón, el platero, el cacique que la había secuestrado, no la dejó regresar con sus tres hijos, y se quedó con ellos; pero cuando el cacique murió y pudo regresar al pueblo, como estaba embarazada de aquel su familia fue la que la rechazó esta vez, habiendo sido la familia de la otra cautiva -los Burgos- quienes no solo le dieron refugio sino que le pusieron su apellido al pequeño cuando nació, de quien hoy día aun hay descendientes en La Carlota.

                                                                                 
                                                                     Las cautivas

    Como pueden ver, queridos chicos, las historias que han tenido que vivir nuestros antepasados de sangre, y las serias dificultades con las que se enfrentaban día a día, que cotidianamente ponían en riesgo sus vidas . La historia de Avelina Basualdo Cabrera, que así se llamaba la madre de Victoriano, no está vinculada a la lucha contra el indio sino a la que se suscitó entre unitarios y federales. Un tío de Avelina era unitario, y peleaba a las órdenes del Gral Paz -"el Manco"- mientras que las fuerzas federales de Córdoba, al mando del propio Gobernador "Quebracho" López que era el otro tío de Avelina, en una emboscada mataron a todo aquel grupo, integrado por hombres jóvenes de La Carlota, y cuyos cuerpos quedaron desparramados junto al camino.

     Por aquellos días no se podía darle ninguna ayuda a los unitarios, aun después de muertos, porque quienes gobernaban la provincia eran federales, pero Avelina, con 15 años, se puso al frente de un grupo de hijas de aquellos pobres desgraciados que había dejado tirados,  y con una carreta que ellas mismas se buscaron, fueron solas en busca de esos cuerpos -desafiando al poder- y los trajeron y los enterraron en el cementerio junto a la iglesia. Esta historia  me la contaron allí, en el mismo pueblo, y me impactó, pero cuando quise ir a rendirles mi homenaje a esas víctimas, el progreso me lo impidió ya que tanto la iglesia como el cementerio fueron trasladados y en aquel lugar ahora había casas y otras construcciones. 

     Pero ¿ cuantas historias cruzadas no ? Y en las propias familias porque quien gobernaba Córdoba en aquella oportunidad también  era un tío de Avelina, casado con una hermana de su madre y por lo tanto concuñado de su víctima. Aquí civilización e indiada; en La Rioja -y también en Córdoba- unitarios y federales, y nuestros antepasados de un lado y del otro, hombres y mujeres, grandes y chicos, jugándose el pellejo. Por allá un alemán medio loco condenado a muerte por no quererle disparar a un grupo de obreros huelguistas, pero después salvando vidas en una epidemia mortal, en la que también se jugó la suya; las cautivas; los fusilamientos; los exilios obligados; en fin, todo lo que fueron esas luchas interiores que forjaron a este país, y al mismo tiempo a nuestros familiares antepasados, de todos los cuales somos hoy su resultado.

     Y también creo cuadra recordar en este repaso histórico familia, el triste final de don Victorino Rodriguez, abuelo de mi bisabuelo, fusilado junto a Liniers, el héroe de las Invasiones Inglesas, por órdenes de Mariano Moreno ejecutada por Castelli, porque aquellos habían conformado un grupo de sublevados cordobeses que al mando de aquel se venían para Buenos Aires con la intención de "deponer a esos porteños que se habían adueñado del poder" y que fueron detenidos en cercanías de lo que hoy es la ciudad 
de Arequito y muertos en el lugar, pudiendo salvar su vida únicamente el obispo Orellana.

                                                                      
                                                   el fusilamiento de Liniers y de Rodriguez

     Tengo en mi poder -como recuerdo- unas cuantas puntas de flecha que el bisabuelo trajo cuando finalmente volvió después de haber terminado sus campañas por el desierto. También obtuvo en esa campaña el derecho de comprar una extensa fracción de tierra en cercanías de la ciudad de Puan, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, que fue como se recompensó económicamente a los militares que durante tres largos y duros años de campaña no habían recibido sus sueldos, ni uniformes, ni ropas ni abrigos, nada.

     Pero Victoriano no se interesó por esas tierras que vendió y se compró un par de buenos campos cerca de La Carlota, en donde había nacido, que con los años debieron ser vendidos para atender a los numerosos gastos de una familia que vivía completa a sus expensas, y no lo digo por mi madre y mi abuela que allí encontraron refugio, sino más bien por los tres hijos varones del General, que nunca hicieron nada y se dedicaron a la buena vida.

     Victoriano estaba casado con Celina Plot, mi bisabuela y madrina de bautismo, pero de quien no sé prácticamente nada, ni de ella, ni de los Plot -su familia que creo era irlandesa, o donde vivían y si existen descendientes.  Sí se que mamá la quería muchísimo a esa abuela suya que la cuidó y junto a la cual creció, y que al quedar huérfana le brindo todo su cariño, razón por la cual puedo llegar a entender que la eligiera para ser mi madrina aunque claro, al ser una mujer ya muy grande, se sabía que yo no tendría nunca una madrina.                                                                 
                                            Con mi bisabuela, Celina Plot de Rodriguez, mi madrina

          Así es como tengo una madrina a la que nunca conocí y de la cual guardo esa vieja foto. Eso puede llegar a explicar que mis pobres ahijados -que tengo varios- son los que han debido pagar las consecuencias porque, a decir verdad, por aquella ausencia de "madrinazgo" (unido a que mi padrino era mi abuelo Horacio, vale más abuelo genérico que padrino individual), lo cierto es que nunca le asigné al tema de los padrinos una importancia como se merece, y que para mí siempre fue muy relativa.

          De mi abuela Lía tampoco puedo tener recuerdos ya que murió aun antes de que yo naciera, como Brunita, mi madre, que no alcanzó a conocer -como bisabuela- a ninguno de ustedes. Sé que Lía era una persona tremendamente linda y muy alegre; que le encantaba divertirse y vestirse bien; y que habiendo estudiado música -el arpa- lo hacía muy bien y dulcemente. Guardaba mamá -y ahora la tengo yo- una medalla de oro que se ganó en un concurso que se hizo en el Teatro Colón, y también recuerdo que su arpa estuvo un tiempo en el living de nuestra casa, siendo soltero, en un rincón junto a la puerta que daba al balcón.

                                                                         

                                                              Mi abuela Lía Rodriguez

         También sé por relatos que sufrió muchísimo al tener que separarse de Tata, mi abuelo, debido a su mal carácter que hacía imposible la convivencia y que lo había llevado a enfrentarse con la familia Rodriguez a los que no quería nada; según me contaron Lía igual lo siguió queriendo siempre y esperando que la relación mejorase, pero se enfermó y se murió, desde el ahora mío pienso que de tristeza. Después que se separaron Tata se quedó muy sólo y muy mal, empezando a hundirse cada vez más hasta que tuvieron que internarlo porque estaba al borde de la locura como consecuencia de una sífilis que se había agarrado y de la cual, con el tiempo, se pudo recuperar.

      Sin embargo, para el tiempo del casamiento de mis padres, todos temían que pudiera hacer algo para impedirlo -ya que mamá era menor de edad-, y tenían todo preparado para evitar lo que fuera, hasta con ayuda policial conseguida por mi abuelo Horacio que era un personaje político importante, pero por suerte no pasó nada y sabemos que Tata estaba contento con que mamá se casara con un Rivarola, a los que respetaba, y así se alejara de la influencia de los Rodriguez.
                                                                     
Casamiento de mis padres

     Mi madre se casó, así, sin estar junto a ninguno de sus padres, y quien la entró en la iglesia fue mi otro abuelo -Horacio- como muestra de la protección que su familia le dispensaría desde entonces. Pero a partir de entonces los embates de Tata se fueron tranquilizando aunque igual a mamá nunca se le pasó esa sensación de miedo que la presencia de su padre le producía penando que en cualquier momento se podía aparecer y hacer un escándalo, pero esto nunca pasó, y tampoco pudo olvidar mamá la tristeza de no haber podido estar junto a él, en el día más feliz de su vida, en ese largo camino hacia el altar que hacen todas las novias.

     Yo en cambio siempre tuve de él el mejor de los conceptos, como abuelo, claro, cuando venía desde La Plata a visitarnos, en que nos traía alguna cosita y jugaba un rato con nosotros; o cuando íbamos con mamá en tren a visitarlo. Tengo muy presente la última vez que lo ví, en su pequeña casita de la calle 2 No. 315, en que fuimos a despedirnos porque partíamos de vacaciones a Miramar. La casa tenía sólo un estar-comedor, unido a una cocina en donde nos sentábamos junto a una mesa, y atras su dormitorio, repleto de libros, un ropero y casi siempre  como a media luz

     Nos quedamos allí toda la tarde y al final, cuando nos estábamos despidiendo nos acompañó hasta la puerta; le dimos un beso y, al alejarnos le escuché decir "¿estas alto eh?", y nos fuimos caminando por la vereda hacia la estación mientras de tanto en tanto daba vuelta mi cabeza para mirarlo y allá lo veía que nos seguía con la mirada como nos alejábamos......por última vez.

     Con el tiempo comprendí porque mamá estuvo siempre tan preocupada con mi carácter, también fuerte y a veces violento. Lo que quizás mamá no alcanzó a comprender nunca a su padre, no para justificarle esos ataques de violencia, sino para tratar de entender que a veces, frente a situaciones que algunos no podemos manejar y que nos producen una enorme parálisis e impotencia, cuando no lo podemos volcar en palabras -porque la parálisis es total- todo ello nos hace tender a la explosión, que lógicamente produce miedo y temor en los demás, cuando en realidad nuestra intención inconsciente no es la de obtener lo que queremos por la fuerza sino que no es más que una demostración de violencia que muestre nuestro desacuerdo por tener que aceptar lo que no queremos aceptar.

      ¿ Se entiende? Espero que sí, porque también es importante que nos comprendan a quienes muchas veces actuamos así, y no siempre lo podemos explicar. No quiero decirles con esto como una justificación de las violentas conductas que arrastro, sino de una explicación del porqué, gracias a la piscología, hoy podemos conocer las razones de algunas de nuestras reacciones, y al saberlo, poder buscar otros caminos menos violentos para decir lo que pensamos, o para no hacer lo que no queremos hacer. Pero mamá no pudo disfrutar de su padre, y Tata se quedó muy joven sin familia.

     Sin embargo y asumiendo a la distancia el rol de semejanza para con él que siempre se me asignó -ya desde chico- creo que él debió ser quien más padeciera de ese carácter violento, que seguramente no quiso tener ni pudo manejarlo, y a quien por eso su única hija nunca se le pudo acercar sin temores, en forma franca y sincera. Pienso todo esto porque Tata tuvo en cambio muchos y muy buenos discípulos en sus cátedras universitarias, varios de los cuales lo siguieron tratando hasta el fín de sus días, lo que muestra que se trataba de una persona buena, más allá de sus arranques y broncas eróneamente manejadas.

     Mamá, que siempre pensó que yo había heredado mucho de Tata, lógicamente que a mí no me podía tener miedo, pero sí estaba muy preocupada....y lo estuvo siempre. ¡ Que lástima que con su padre no pudo nunca superar ese temor que la paralizaba! Los dos se perdieron de disfrutarse mutuamente, durante toda la vida. Por mi parte pienso que si bien tengo algunas de sus mismas falencias, también debo haber heredado de él algunas de sus cosas buenas, como de todos mis otros antepasados . Desde luego también de mamá, a quien me encantaría poder parecerme en tantas cosas, pero también de Victoriano, de Alejandro, de Adolfo -el más viejo-, de María Villafañe, de Celina Plot, de Verena Mayer; de Avelina Vidal; del que murió fusilado y del que murió peleando, y de tantos y tantas más que han pasado antes que yo -y que ustedes- por esta vida, preludiando las nuestras.

     Todos somos un poco de todos y todos tenemos algo de los demás. Ustedes también. Lo importante es que sepamos conocernos, saber bien lo que queremos para así poder corregir defectos y suplir falencias, que en esos consiste, esencialmente, la vida. Algún día quizás, alguien se pondrá a pensar en nosotros, en lo que fuimos y en lo que hicimos y sacará sus propias conclusiones, buenas o malas, e indagará dentro suyo sobre las cosas que también nosotros le habremos podido transmitir. Así seguirá corriendo la vida, por la sangre mezclada de tantas y tantas personas que, como nosotros -ustedes y yo- solo aspiramos a poder vivir con la mejor buena voluntad y en forma decorosa y coherente, el rol que nos toque en suerte protagonizar. 

                                                                      
                                                                            Brunita


martes, 24 de febrero de 2015

Confusiones.-


     Por estos días en que les escribo estos apuntes, mi sobrino Modestino Pizarro la está pasando muy mal; es que no sólo se han separado con su mujer por problemas propios de ellos, sino que sus dos hijas mayores le han vuelto la cara, y no solamente a él, también a su abuela, mi hermana Lía....y es afligente. Tan es así que mi hijo Francisco, estando en casa el mes pasado, me dijo que le quería escribir a Martina -la mayor- para instarla a desistir de una experiencia que, según él sentía, estaba equivocada.

     Creo que esos chicos, como alguna vez pasó con los míos, están bastante confundidos; no sé si alguna vez a ustedes les pueda tocar vivir  -espero que no- eso de no comprender algunas decisiones que tomen sus padres, o inclusive dentro de mucho, mucho tiempo, alguno de sus hijos no entienda el porque ustedes toman la dolorosa decisión de tener que interrumpir una vida de pareja, pero sí estoy convencido que ni ahora ni entonces se podrá olvidar que existen entre padres e hijos sentimientos que nadie tiene el derecho de avasallar.

     Cada pareja es un mundo, y sólo esos dos seres que la integran saben que es lo que ha pasado o no ha pasado entre ellos para terminar así, cada uno por su lado. Nadie se casa y forma una familia pensando que será algo temporario; la vocación natural es a la permanencia, pero esa permanencia debe estar necesariamente forjada en el amor. Si no hay amor se torna ficticia y destroza a todos, también a los hijos y no tiene ningún sentido seguir insistiendo en algo que está terminado. La vida sin amor no sirve y, lamentablemente, este puede terminarse, como ya alguno de entre ustedes, a su edad, ya lo puede haber experimentado, y si bien no se lo podemos desear a nadie, tienen que saber que puede ocurrir y que les puede ocurrir.

     Es que los sentimientos, chicos, son inmanejables; uno puede ocultarlos, tratar de minimizarlos o hacerse el distraído, pero están allí y nos gobiernan. En cuanto al amor, hay que que cuidarlo, cuidarlo mucho; hay que estar atento y pensar más en el otro que en uno, porque es la felicidad del otro la que alimenta la nuestra; pero esa tarea es de a dos; no puede ser de uno sólo porque el amor es mutuo y en definitiva, el no que une al uno con el otro.

     Después, si pasa lo de la ruptura, la dolorosa ruptura conyugal o de una convivencia prolongada, son sólo los dos protagonistas los únicos que saben que ocurrió, porque en alguna medida, ambos son los responsables; las cosas -no solo el amor- de las parejas son siempre de a dos, pero además, son sólo de ellos dos, porque el amor que los unía es únicamente de ellos; mientras que el que pueda dar con otros, sea con los hijos, los padres, hermanos, abuelos, amigos, son vínculos diferentes, y no tienen porqué verse alterados o modificados en función de la ruptura del primero, porqué aquel solo atañe a sus protagonistas.

     Pero ahí es cuando comienza un doloroso proceso para esos que hasta ayer eran UNA pareja y hoy son DOS personas, porque nadie está preparado para ese fracaso y debe padecer la pérdida. El dolor y el sufrimiento, entonces, también es para los dos y, desde luego también existen pérdidas colaterales, como las que padecen los hijos o los padres de los miembros de la pareja, que tampoco están preparados para la pérdida, y además, no son los responsables de ella.

     Sin embargo hay una cosa clara y es esto lo que hoy quería remarcarles a propósito de lo que le ocurre a Modestino con sus hijas, porque me parece que por ahí es por donde comienzan las confusiones. Que entre los padres se quiebre el amor no significa que se acabe o se termine el que cada uno de ellos tiene con sus hijos y estos con sus padres. Pienso que debe serle muy difícil a un hijo el aceptar esa realidad, y es hasta comprensible que se rebelen y se enojen, pero sólo hasta el momento en que puedan reflexionar y comprender que el tema no es con ellos, con quienes el vínculo de afecto paterno-filial sigue intacto.

     A veces, el tiempo que se pueden tomar los hijos para ver esa realidad es demasiado largo; tanto que a veces no llega a tiempo o simplemente no llega nunca, sin advertir que los padres también tienen el derecho de elegir qué quieren ser y con quien vivir, y que esas decisiones no tienen porque interferir en el cariño que -de ordinario- ellos sienten y sentirán siempre por sus hijos, cualquiera fuere el comportamiento que sus hijos tengan hacia ellos. Es que los padres muchas veces no podemos ser como los hijos quisieran que fuéramos, y ahí es cuando los padres deben enfrentarse a una segunda pérdida, para la cual no están en absoluto preparados, el silencio o hasta el desprecio muchas veces de los hijos.

     Es como si fuese la respuesta, ahora de los hijos, a la pérdida a la que ellos han tenido que enfrentarse -sin quererla- cuando sus padres se separaron, y llegado el caso, son los padres los que no pueden entenderlo y ahí cuando son ellos los que se confunden y se hacen toda clase de preguntas. ¿ Porque no me aceptan? ¿ porque pretenden que sea lo que no soy? ¿ porque no pueden alegrarse de que hubiese podido sobreponerme al dolor, a la tristeza, al fracaso? ¿ Que les pasa conmigo, si el problema nunca fue con ellos?

     Pienso que cuando así ocurre hay que procurar que esos sentimientos negativos concluyan cuanto antes, como lo intentaba hacer Franchi con Martina, porque el conflicto instalado nunca es con los hijos, ni es de ellos. La vida, en cambio, está para ser compartida con todos aquellos a los que queremos y lo lógico y normal es que los hijos quieran compartir las suyas con sus padres, como estos necesitan compartir las suyas con sus hijos. Si no es así el vacío que se siente, de ambos lados, es inmenso.

     Si alguna vez en la vida, por esas circunstancias que ella a veces propone, alguno de ustedes debieran enfrentarse a una situación semejante,  aunque estén muy confundidos y como en tinieblas, sean comprensivos para con sus padres, con ambos, procuren ser con ellos tremendamente humanos y  nunca los juzguen por lo que hicieron o por la decisión que tomaron; tampoco los dejen solos, a ninguno, porque esa ingratitud no les permitirá vivir tranquilos ni podrá ser completa la felicidad del otro hasta que finalmente, porque lo normal es que así sea, se produzca el encuentro, después de mucho, mucho tiempo perdido, que lamentablemente no se recupera, aunque siempre se perdone.

      

       

lunes, 23 de febrero de 2015

Hermanos.-


     Varios de ustedes ya tienen hermanos....y algunos más de uno, en lo que me han superado, aunque Lía, la mía, vale por mil. Pienso que el tener hermanos es un regalo espectacular que nos da la vida y hay que saberlo valorar, aunque a veces -sobre todo siendo chicos- a uno le cueste ese eterno compartir y tener que competir por los mismos espacios.

     Nosotros con Lía solamente fuimos dos. Gringo y Brunita tenían la ilusión de una familia más grande, pero problemas de incompatibilidad de sangre -por entonces imposible de superar- impidieron que ese proyecto pudiera concretarse. Un intento -Valeria- terminó mal al momento de nacer, y ese fue el punto final ya que la vida de mi madre corría serio riesgo si volvía intentarlo.

     Sin embargo creo que ese deseo frustrado de mis padres tuvo que ver con mi propia necesidad de tener una familia grande, con la que siempre soñé, imaginando una mesa grande, llena de chicos y chicas, todos mezclados, compartiendo sus alegrías, sus preocupaciones, sus ilusiones, deseos, bromas, etc., que es como decir la vida misma, y mis nietos que han vivido esa experiencia saben bien lo que les estoy diciendo.

     Nosotros con Lía, en cambio, de chicos comíamos solos en una mesita que estaba en mi cuarto y, según me acuerdo, nos divertíamos bastante. No existía todavía la televisión ni muchísimo menos "las tablets", y por eso las comidas invitaban a las charlas. Pero desde luego, nuestras charlas -como las de casi todos los hermanos a esa edad- eran permanentes discusiones. Bastaba que a alguno le gustara algo para que el otro lo quisiera o, simplemente, un " ¿porqué me miras? " era motivo suficiente como para desencadenar una guerra campal. Pero también nos divertíamos mucho. 

                                                                 
Con Lia, de chicos, en el Tigre

    Me acuerdo -no sé si será realmente así, pero ese es el recuerdo que me ha quedado- que practicamente comíamos lo mismo todos los días: sopa, bife con puré de papas y banana pisada con dulce de leche. Algunas veces los ñoquis de sémola al horno, los jueves, cuando mis padres salían a comer a lo de mi abuelo; esas salidas eran el preludio de diversiones mayores, aprovechando "la independencia", y así empezaban shows musicales o representaciones teatrales, cuando no algunas cachadas o bromas por teléfono, o simplemente molestábamos a una vecina de la casa de enfrente, a la que habíamos apodado con el lindo nombre de "la chica boba"

   Con el pasar de los años seguimos teniendo amigos en común y aportando cada uno los suyos al mismo grupo y así, algunos amigos míos terminaron poniéndose de novios con algunas de las compañeras del colegio de Lía. Por otra parte, como mi padre me prestó el auto desde muy chico (¡ a los 14 años !) tenía el compromiso de ir a buscar a Lía a sus propias fiestas, para traerla de vuelta a casa, y allá íbamos con mis amigos a buscarla y nos quedábamos un rato en la fiesta, como si estuviéramos invitados, y como éramos más grandes nadie nos decía nada.

     Cuando con Patricia nos pusimos de novios, salíamos mucho con Lía y Modestino, que ya era el suyo, y así se mantuvo esa relación durante muchos años, hasta que un día, no sé bien porqué razones, dejó de ser frecuente. Yo seguí siendo amigo de Modestino -casi mi hermano- e inclusive Magie lo fue de Rocio durante un tiempo, y Rodolfo Quinto de Modestino hijo, pero esa relación de primos, que también es muy linda, en realidad no se mantuvo entre mis hijos y los de Lía, ya que aquellos se fueron haciendo más compinches de sus primos maternos, los Grehan.

     Sin embargo, queridos chicos, el amor entre los hermanos, que puede permanecer como apagado durante un tiempo, siempre se mantiene y cuando en un momento muy difícil de mi vida estuve muy mal, animicamente, y necesitado de cariño, ahí estaba Lía, como de chicos, como siempre, presente para lo que hiciera falta, sin pedir nada y ofreciendo todo.....¡ que mujer más espectacular !!!
                                                                   

     Ojalá todos ustedes, mis queridos nietos y nietas, puedan mantener con sus hermanos a lo largo de la vida, una relación permanente de cariño por sobre cualquier otra cosa, de ayuda mutua, de cuidados atentos, porque el hecho de haberse criado juntos y de haber compartido tantos momentos es algo que hace que esas personas no necesiten de palabras para expresarse, y con una sola mirada es suficiente para saber que es lo que necesitan.

     Mis hijos -sus padres y tíos- también fueron y son buenos hermanos entre sí y en los momentos difíciles de cada uno de ellos, siempre han estado juntos, cada uno con sus propias características y de acuerdo a sus propias edades, ya que entre ellos existe una diferencia, del primero a la última, de quince años. Esa distancia en años y la forma en que están distribuidos por sexo, un varón, cuatro mujeres seguidas, otro varón y finalmente una mujer, hizo que entre Rodolfo y las chicas no hubiese siempre una integración plena, al menos de chicos.

     Es que al ser el más grande, Rodolfo no quería cargar con las responsabilidades del cuidado de sus hermanas, y las dos más grandes -que son "bastante bravas"- no le perdonaban esa especie de indiferencia que sentían de parte de su hermano. También pasaba algo semejante entre ellas dos y Meli, la tercera de las mujeres, a la cual no terminaban de incorporar a "su grupo selecto", aunque no por eso Meli se sentía aislada ya que siempre, desde muy chica, siempre fue muy independiente y con una cantidad muy grande de amigas.

     Después venían los tres más chicos. Rosario "Toti", siempre más reservada, se sentía bastante marginada por todos "los más grandes", pero al mismo tiempo los tenía a raya "a los más chicos", mientras que entre Francisco y Gloria siempre hubo bastante camaradería y complicidad por ser "los dos últimos", aunque las peleas entre ellos también existían, un poco como éramos nosotros con Lía, ya que la diferencia en años entre ellos es prácticamente la misma que tenemos con mi hermana. 
                                                                            
Los siete

    Con el correr de los años todos estos problemas de convivencia -muy menores, por cierto- se fueron terminando y aquellas diferencias o distancias se fueron superando, aunque puedan haber aparecido otros inconvenientes, más propio de modalidades o caracteres diferentes que otra cosa. Sin embargo lo que yo percibo es que están cerca y dispuestos a ayudarse unos a otros, cuando esto es necesario.

     Al momento de escribir esto -febrero de 2014- y después de haber podido disfrutar durante el verano de la visitar de todos, pienso que lo importante no es tanto que las familias sean más o menos grandes, sino que sean grandes familias y esa la hacen los padres y también los hijos, muchas veces más allá de lo que los padres puedan o sepan hacer. Con Lía, nosotros dos, tenemos una de esas familias.
                                                                      


Miramar.-


     Tengo de Miramar recuerdos de distintas épocas. Los de más chico se remontan a mis 6 ó 7 años, pero son aislados, de lugares o situaciones sin mucha continuidad: un accidente sin consecuencias graves que tuvieron mis padres en un jeep que manejaba Horacito (mi tío, el hermano más grande de papá); un tiburón que se apareció en la playa e hirió seriamente a una persona; algún asado con muchísima gente en el Rancho, que así se llamaba -y se llama todavía- una gran quinta que tenía un tío abuelo mío -Fernando-; pero no mucho más.

     Sí, en cambio, me acuerdo muy bien de los veranos de mi adolescencia, desde los 12 en adelante., en que seguíamos yendo a Miramar, adonde también llegaba gran parte de la familia Rivarola: mis abuelos; sus hijos con sus nietos; mis primos; los hermanos de mi abuelo y su propia descendencia de hijos y nietos, de nuestra edad; en fin, era el lugar del veraneo de mi familia. Nosotros, los de mi edad, teníamos un grupo de lo más grande que integraban nuestros primos y primas pero también muchos chicos y chicas amigos, que nos movilizábamos en patota por todos lados.

     Una de las cosas que más me gustaba hacer en Miramar era llegar bien tempranito a la playa y como era amigo de los bañeros, les ayudaba a instalar las carpas y con los que salía a nadar, mar adentro, para luego poder poner la bandera correspondiente a su estado: bueno, dudoso o peligroso. Con ellos me sentía muy seguro en el agua: me explicaban como tenía que nadar para no cansarme, conforme fuera la corriente; como y por donde volver; etc. Además, durante el día, cuando había algún salvataje, corría desde el lugar en donde estuviese y me metía al mar para ayudar, con un salvavidas en la mano o tirando de la soga, muy seguro, con esa seguridad que da la inconsciencia

                                                                       
.                                                       El Arco, en la entrada de Miramar

     Otro de los recuerdos que tengo asociados a Miramar son las bicicletas. Todo lo que hacíamos era en bici y sin ellas nos sentíamos que no éramos nada. Les cuento que hoy, sesenta años después, sigue siendo igual -como muchos de ustedes lo habrán comprobado por ustedes mismos- y no hay chico que deambule por sus calles sin una bicicleta. Yo me acuerdo bien de la mía, rodado 24, de mujer, pintada de azul, con la que me movía por todas partes y con la que jugaba al polo en la calle.

     Teníamos un especie de campeonato contra otros equipos y yo -por lo que me acuerdo- jugaba bastante bien y me divertía muchísimo. Nuestro equipo era con Horacio, mi primo, y un par de amigos más y jugábamos contra el equipo de los Villamil, donde jugaba mi primo Ricardo que por su madre es Villamil contra los Croto, Enrique, Jose y alguno más.

     Un día recibimos un desafío para jugar contra nuestros primos más grandes, que por entonces tendrían entre 18 y 20: Patricio, Marco, Ignacio y Alejandro Rosa Rivarola, que también habían jugado cuando tenían nuestra edad. La cita fue en una canchita de fútbol que había sobre la calle 26, a una cuadra de donde vivíamos todos, y ellos llegaron acompañados de un montón de amigos, amigas y novias, mientras que a nosotros nos acompañaba algún que otro hermano. ¡ Cuantos nervios!!....íbamos muy parejos pero al final -hace poco me lo recordó Horacio mi primo- yo metí un gol de cabeza ¡ jajaja !!! y les ganamos! No lo podían creer.....unos pendejitos como nosotros!....pero lo cierto es que nosotros jugábamos todo el día y nos sincronizábamos muy bien.

                                                                       

     ¡ Miramar !! Me acuerdo de las noches, cuando volvíamos con Horacio, en bicicleta y hasta Parque Mar, a oscuras y a toda velocidad, sin mirar a ninguna parte y mucho menos hacia atrás, por miedo de encontrarnos con algo o con alguien....no sé porqué pero en momentos así la mente tiene límites fantasiosos inimajenables. Siendo ya grande un día volví a recorrer ese camino, que parte del puentecito sobre la 9 y la 18, y me dí cuenta que era bastante lógico el susto que sentíamos porque esa diagonal que parte de allí es bastante larga para hacerla en bicicleta, y además sin ninguna iluminación y sin todas las casas que hoy existen en ese trayecto entre el Centro y Parque Mar, que prácticamente esta cubierto de casas.

                                                                           
                               El puente sobre el arropyito de la 9 y la diagonal hacia Parque Mar

     Tengo también fresco el recuerdo de un verano de unos años antes, en que tendría unos 9 ó 10 años, en que hubo en la Argentina una epidemia de poliomielitis o parálisis infantil que afectaba a los chicos (o casi desaparecida por la vacunas) y para cuidarnos mis padres no querían que volviésemos a Bs.As. adonde estaba uno de los focos, y nos quedamos en Miramar como hasta el mes de abril, habiendo llegado en diciembre.

     Me acuerdo bien que jugábamos todo el día en la calle, mientras que los chicos del lugar tenían que ir al colegio. Hacíamos muchas carreras de auto en las calle de tierra que era la 24, entre 7 y 5, con unos autitos de juguete de plástico, muy livianitos, pero que nosotros preparábamos para que no volcaran poniéndoles peso -alguna barrita de metal y plastilinay y haciénoles una suspensión abriendo un poquito los ejes con una aguja caliente y colocando en el medio un elástico, y además los pintábamos. Toda una operación.

                                                                           
La manzana del Rancho de los Rivarola, hoy

     Corriendo no era tan bueno, siempre salía entre tercero y cuarto, pero me acuerdo que tenía más de un auto.....aunque siempre tenía mi preferido que es el que yo trataba de que ganara, y aunque no andaban muy
bien -a diferencia de mi primo Ricardo que se ganaba todas- igual me divertía mucho.

                                                                         


     Salto en los años hacia adelante y me veo allí, en Miramar "de novio" por primera vez. Tenía 14 años pero me sentía muy grande. La chica se llamaba Liliana y anduvimos juntos durante el verano y luego algo más, pero vivíamos lejos y se hacía difícil, así que se terminó. Un año después, también en Miramar, comencé otro noviazgo que sí fue durarero ya que seguimos de novios varios años. Se llamaba María Verónica y con ella compartimos todos esos años difíciles de la adolescencia, hasta los 18, y luego me dejó para entrar como numeraria en el Opus Dei, adonde siguió y alguna vez escuché decir que ocupaba un cargo muy importante dentro de la rama femenina.

                                                      

 Era una chica muy dulce e inteligente; matemática o ingeniera en matemáticas y yo lamenté y sufrí muchísimo durante varios años cuando me dejó....es como que no me podía reponer y superarlo. Hoy pienso que si no volví nunca más a Miramar fue porque ella ya no estaba y no quería que me atraparan los recuerdos....hasta que después de 30 años, un buen día regresé. Sin embargo y a pesar del tiempo que había pasado desde entonces y de haber finalmente aceptado que mi vida no estaba pensada para estar a su lado, aun así me costó mucho pasar por la que fuera su casa, y que estaba igual.

                                                          

     Por eso es que si bien tengo de Miramar los recuerdos más lindos, me cuesta volver a caminar por sus calles, a mirar su mar, a entrar a sus negocios, porque nunca entendí porqué si nuestra destino era el que fue, las cartas se barajaron de tal manera que tuviéramos tantas cosas que compartir....¡ para nada !! Y así quedó desde aquel entonces vuestro abuelo medio herido, desconfiado, golpeado....inclusive por Dios a quien nunca le entendí esa jugada....aunque acepte que alguna razón habría y que alguna vez conoceré la respuesta.

     A mí me encantaría que alguna vez ustedes pudieran tener su propia idea de Miramar ya que a mis hijos no les he podido transmitir mi propio cariño por esa ciudad veraniega y por ende, ellos a ustedes tampoco, que en cambio sí pueden tener por otros sitios, como por ejemplo Chapadmalal, adonde varios de ustedes han ido con ellos. Cuando aquella experiencia propia ocurra...si pasa....piensen que allí en Miramar se conocieron sus bisabuelos -Brunita con Gringo-.....empezando de alguna manera también vuestra propia historia.....y que allí su abuelo Rodolfo vivió un gran amor de adolescente, que el tiempo y la vida frustraron, lo que si bien hoy lo puedo comprender me gustaría que lo entendieran desde los sentimientos que se tienen a los 18 años, como me pasó a mí y espero no les pase a ninguno de ustedes.

     Miramar !!! ..... de cualquier manera y a pesar de todo, quiero a ese lugar como al de los veranos felices.... junto a mis primos....mis muy queridos primos Rivarola, con quienes compartimos sobre todo esa infancia y pre adolescencia que es tan importante en la vida de las personas. ¿ Que más puedo pedirle?
                                                                 

Los 10 primos Rivarola


                                                                     

jueves, 19 de febrero de 2015

Padres



     Una de las mayores alegrías que tuve en la vida fue el día en que me transformé en un padre con todas las de la ley. Por aquel entonces -hoy hacen casi 45 años- aun vivían mi padre y también el padre de este, mi abuelo Horacio, de modo que podíamos contar a cuatro generaciones de Rivarola conviviendo en forma simultanea, lo que se interrumpió casi de inmediato ya que mi abuelo falleció dos meses después y ninguno de ustedes, mis nietos, están todavía en situación de proporcionarme un bisnieto, como con seguridad ocurrirá en algún momento y tal como le pasara a mi padre que pudo disfrutar de sus bisnietos algo más de cinco años.

     Ya les he contado en otra entrada sobre el día en que nació Rodolfo Quinto, y también como fue el nacimiento de Manuel, "Manu" el primero de ustedes; lo que no puedo hacer es contarles sobre el mío porque -lógicamente- aunque era junto a mi madre el principal protagonista, en realidad aun estaba como en otro mundo. Sí me han contado que fue cercano a las siete de la tarde de un 24 de diciembre, y que mi padre un rato más tarde asistió a una misa de Nochebuena a las 12, en la que una de sus lecturas decía "un niño nos ha nacido", lo que lo indentificó con lo que se estaba conmemorando con gran alegría, en todo el mundo cristiano.

      Muchos años después, cuando nació mi primer hijo en esa fría madrugada del 6 de mayo, yo tuve un festejo personal mucho menos contemplativo, ya que a la hora de almorzar me fuí a comer pizza -que me encanta- en una pizería cercana, y con Coca Cola -que tambien me agrada la mezcla- y, aunque estaba solo tenía una alegría interior tan grande que me parecía mentira que los que allí estaban, en la esquina de Pueyrredón y Marcelo T. no lo notaran.

          No se tampoco lo que pudo haber sentido mi abuelo Horacio -"abuelito" para todos sus nietos- el día que nació papá, que era el cuarto de los hijos en esa familia. Era un 20 de septiembre y corría el año 1916, en un año más, cien años habrán pasado, y era el día en que los italianos festejaban la consagración de la República, que incluía hasta cañonazos y fuegos artificiales ya que por entonces la comunidad de italianos auténticos que vivían en Buenos Aires era muy grande y los festejos, en consecuencia, a todo lo grande.

          También ese nacimiento fue temprano en la mañana, y cuando se le avisó a mi bisabuelo Rodolfo, éste que estaba escuchando los cañonazos y la algarabía de la calle, sintió que toda esa alegría se debía al nacimiento de su nuevo nieto a quien, en ese momento, comenzó a llamar "el Gringuito", ya que así era como se los llamaba a todos los italianos, al igual se aun se sigue llamando "gallegos" a todos los españoles, aunque pertenezcan a otras regiones. Y así quedó papá con ese sobrenombre para toda la vida....." ¡ Gringo !!"....el Gringo Rivarola, como siempre se lo conoció.

          ¿ Que les puedo contar de él como padre? De todo, aunque hoy a la distancia -ya hacen quince años de su partida definitiva- se confundan en mi recuerdo muchas cosas, buenas y no tanto, pero que en general me sacan siempre una sonrisa tierna. Por ejemplo lo recuerdo los domingos a la mañana, siendo muy chico, 
que con Lía mi hermana nos metíamos en la cama con él y nos contaba un cuento del ratón Pérez que nos divertía muchísimo.
                                                                                     

                                                                          Gringo, mi padre

          También me acuerdo que otra cosa que nos divertía era cuando subía mis pies a los suyos y me llevaba caminando, pero a sus largos pasos; o cuando se convertía en una especie de muñeco de cuerda y con movimientos duros se dirigía hacia alguna pared que le impedía seguir avanzando, y allí se quedaba con la cabeza puesta sobre la pared hasta que poco a poco la cuerda se le iba terminando. ¡ Como nos reíamos!
Pero también recuerdo que le gustaba mucho jugar al tenis y durante los fines de semana jugaban con mamá mientras Lía y yo deambulábamos por el club, esperando una invitación a jugar que nunca llegó.

          ¡ Como me hubiese gustado jugar alguna vez con él al tenis, siendo chico!! Ya más grande lo hice varias veces, sobre todo durante aquellos veranos en que alquilaba casas que tenían cancha de tenis, de polvo de ladrillo o de cemento. Quizás fuera por eso que cuando Rodolfo Quinto y luego las mujeres, eran chicos quise que aprendieran a jugar al tenis, y cuando pudimos hacerlo, con el primero llegamos a jugar algún que otro partido, aunque a mí el nervio ciatico, aplastado en algunas de aquellas experiencias tenísticas veraniegas, me impidiera seguir jugando a cualquier cosa, más o menos desde entonces.

           Sin embargo por aquellos años, me parece que a Rodolfo no le gustaba tanto jugar al tenis como al rugby, lo mismo que a las chicas, excepto Rosario, Toti, a quien siempre le gustó mucho y que jugaba muy bien. Sé que ahora, cada tanto, Rodolfo y Lucía y Rosario y el Negro, suelen jugar los fines de semana....o lo hacían.

          Tengo que reconocerles que mi padre a mí me dio muchísima libertad, demasiada les diría mirando desde la distancia, y en vez yo por contraste, sobre todo a Rodolfo, se la restringí bastante, y él se las tenía que rebuscar como pudiera para hacer las típicas tonterías que todos los chicos hacen, pero sin que yo me enterara. Las mujeres, en cambio, me encontraron algo más benévolo, habiendo llegado a la conclusión que debían merecer de mi confianza, para que ganaran en seguridad.

           Por ejemplo, mi padre hizo que uno de los cuidadores del garage en donde guardaba el auto, me enseñara a manejar a los 14 años; no lo hizo él porque se ponía muy nervioso. Pero me prestaba el auto ¡ a esa edad!! sobre todo para que en las noches de los fines de semana no volviéramos de las fiestas caminando con mi hermana solos por la calle. Por el contrario, yo les enseñé a manejar a todos mis hijos, pero no les prestaba el auto hasta que tuvieran su registro de conducir, que en un principio era a los 18 y luego, viviendo en Neuquén, a los 16.

          Me acuerdo que una tarde, en Neuquén, en que volví a casa en una hora desacostumbrada, en la ruta me cruce con la Dahiatzu colorada.....¡ manejada por Rodolfo!!.....que pretendió -o anheló- que no lo hubiese visto. Yo no lo podía creer. A la noche hablamos....o algo más....no lo sé porque he sido con frecuencia un tanto brusco con mis hijos, sobre todo con los mayores y es quizás por eso que no lo he visto nunca que él castigara a sus hijos,  lo que me alegra mucho. ¡ Pero Rodolfo sintió muchas veces mis golpes...y en qué forma!!.

         Me averguenza reconocerlo ahora, que ha pasado tanto tiempo, pero una vez lo bajé a trompadas por una escalera porque me había mentido.....no sé si habrá sido esa vez del auto....porque siempre me mentía, seguramente porque yo no le brindaba la suficiente confianza como para poder reconocer las macanas que hacía, como todos los chicos de su edad, sin arriesgarse al consecuente castigo. Lo que en realidad yo entonces pensaba es que no podía permitirselo o dejarlo pasar y lo controlaba mucho, seguramente porque no se me había controlado en serio y entonces actuaba frente a él como entendía que debía haber actuado mi padre conmigo, no como él lo necesitaba que, seguramente es como ha sido con ustedes sus hijos.

          Entendía por entonces -ahora sé que estaba muy equivocado- que en la estructura que me había armado sobre "como se debe ser un buen padre" estaba necesariamente ese "no dejar pasar nada". El padre, al igual que la madre, por sobre todo deben tener cariño por sus hijos -que se descarta- pero también saberlo canalizar y exteriorizar para a su vez, permitir que aflore el de sus hijos. Después, desde el cariño, se debe poder educar y decir lo que corresponda, pero siempre desde allí, con firmeza si es necesario, pero nunca con agrasividades.

          Yo no las padecí en mi infancia, pero de chico viví pensando que a mi padre le resultaba indiferente porque no recibía sus muestras de cariño, pero según puedo verlo a la distancia, no era así en absoluto y lo que no pude ver es que las exteriorizaba de otra manera; pero aquel sentimiento incorrecto, no obstante, me hizo ser muy agresivo y no me permitió dar rienda suelta a mi propio cariño hacia mis hijos....y que así permanecía oculto, tan oculto que hoy, más de 40 años después, aun me cuesta expresarlo, aunque algo he mejorado. Pareciera que sintiera que es una muestra de debilidad.

          Creo que la relación de mi padre con el suyo, mi abuelo Horacio, también fue muy fría; de muchísimo respeto -de papá a abuelito- pero quizás con poco retorno -de abuelito a papá- Por lo que me fui enterando con el correr de los años -porque esa historia siempre pemaneció oculta para nosotros, sus nietos- poco antes de que mi padre naciera mi abuelo -sin haberse ido de su casa- comenzó una convivencia con otra mujer, en relación que luego mantuvo a lo largo de toda su vida, en una especie de de vida en paralelo que, sin duda, tiene que haber repercutido en un chico tan chico como era papá -recien nacido- y que luego creció en ese clima que debía presentir, pero que también le fue ocultado y silenciado.

                                                             
                                                            " El Gringuito " - mi padre, niño-

          Cuando muchísimos años después y siendo papá una persona grande y son sus propios hijos, se enteró de lo que pasaba, lo interrogó a su padre quien le volvió la cara sin responderle y nunca le perdonó el reproche implícito que la pregunta sin dudas encerraba. Papá debió -quizás- necesitar de un padre que se ocupase más de él.....y no lo tuvo.....y es por eso....seguramente....que me dio a mí una libertad tan grande junto a un cariño que yo sentía que existía, pero que no se expresaba en gestos.
                                                                               
                                                             Con papá y mi abuelo Horacio



          Una vez -parece que hoy fuera un día de confidencias con mis nietos- cuando yo era chico hice algo que estaba mal -porque mi forma de llamar la atención de mi padre era esa-, y después de retarme, o creo que incluso sin retarme, simplemente dejó de hablarme. Yo no me animaba a hablarle, pero sentía que no podía dar el brazo a torcer.....para ver si primero no torcía él el suyo....pero no lo hizo y así pasaron como cinco días.....que para mí fueron una eternidad, porque me sentía totalmente abandonado.

          Al fin me armé de coraje y me tiré en sus brazos, mientras  él estaba leyendo el diario, sobre la cama. ¡ Pero ese perdón me lo tuve que ganar ! El no quiso dármelo primero, sino que me lo debía ganar....y no dio su brazo a torcer.....como no lo ha hecho nunca....esa es la verdad.....o casi nunca, para no exagerar ya que al final de sus días y estando viudo, algo cambió.....aunque siempre me costó mucho poder llegar hasta él, aun después de cumplidos 80 años, siempre fui yo quien tuvo que hacerlo ya que raramente venía a mí en forma espontanea, excepto por algo que yo hiciera -o no hiciera debiendo hacerlo- y que no le gustaba o le preocupaba. ¡ Que difícil es la relación de padre e hijo !!

          Ustedes, mis queridos nietos, todos tienen padres buenísimos. A los hijos de Rodolfo -que son los más- he visto siempre que los trata muy bien y que conversa con ellos, como recordando que entre ustedes existen unos especies de "acuerdos pre existentes" que deben ser cumplidos, a pesar que de chico sufrió muchísimo con este padre intolerante y autoritario, todo lo contrario de lo que él es como padre. Al menos -creo- traté de dejarle ver y gozar algo de mi cariño....aunque siempre detrás de una rigidez tan formal como distante. Además es psicólogo ....¡ no por nada !!....y formador de personalidades....(que tal?)....no podía ser distinto con ustedes.
                                                               
                                                               Con papá y Rodolfo Quinto

          Los años han ido pasando y ustedes han comenzado a llegar, con padres que mantienen sus propias individualidades e improntas, pero por lo que podido observar, todos ellos mantienen para con ustedes, sus hijos, una forma de trato de mucha confianza, de gran dedicación, diría que hasta de compañerismo, el mismo que me hubiese gustado tener a mí y no supe como hacerlo. Así, pues, después de cuatro generaciones de desencuentros filiales -y no sigo más arriba porque no lo sé, aunque es posible- finalmente parece haberse encontrado un equilibrio que a su vez ustedes podrán transmitirles un día a sus propios hijos: cariño; serenidad; firmeza; confianza; que permitan que -por ejemplo- al celebrar el día del padre, no tengan ningún reproche de sus hijos, ni como hijos.

                                                                     

                                                                Mis nietos al 2013