lunes, 23 de febrero de 2015

Miramar.-


     Tengo de Miramar recuerdos de distintas épocas. Los de más chico se remontan a mis 6 ó 7 años, pero son aislados, de lugares o situaciones sin mucha continuidad: un accidente sin consecuencias graves que tuvieron mis padres en un jeep que manejaba Horacito (mi tío, el hermano más grande de papá); un tiburón que se apareció en la playa e hirió seriamente a una persona; algún asado con muchísima gente en el Rancho, que así se llamaba -y se llama todavía- una gran quinta que tenía un tío abuelo mío -Fernando-; pero no mucho más.

     Sí, en cambio, me acuerdo muy bien de los veranos de mi adolescencia, desde los 12 en adelante., en que seguíamos yendo a Miramar, adonde también llegaba gran parte de la familia Rivarola: mis abuelos; sus hijos con sus nietos; mis primos; los hermanos de mi abuelo y su propia descendencia de hijos y nietos, de nuestra edad; en fin, era el lugar del veraneo de mi familia. Nosotros, los de mi edad, teníamos un grupo de lo más grande que integraban nuestros primos y primas pero también muchos chicos y chicas amigos, que nos movilizábamos en patota por todos lados.

     Una de las cosas que más me gustaba hacer en Miramar era llegar bien tempranito a la playa y como era amigo de los bañeros, les ayudaba a instalar las carpas y con los que salía a nadar, mar adentro, para luego poder poner la bandera correspondiente a su estado: bueno, dudoso o peligroso. Con ellos me sentía muy seguro en el agua: me explicaban como tenía que nadar para no cansarme, conforme fuera la corriente; como y por donde volver; etc. Además, durante el día, cuando había algún salvataje, corría desde el lugar en donde estuviese y me metía al mar para ayudar, con un salvavidas en la mano o tirando de la soga, muy seguro, con esa seguridad que da la inconsciencia

                                                                       
.                                                       El Arco, en la entrada de Miramar

     Otro de los recuerdos que tengo asociados a Miramar son las bicicletas. Todo lo que hacíamos era en bici y sin ellas nos sentíamos que no éramos nada. Les cuento que hoy, sesenta años después, sigue siendo igual -como muchos de ustedes lo habrán comprobado por ustedes mismos- y no hay chico que deambule por sus calles sin una bicicleta. Yo me acuerdo bien de la mía, rodado 24, de mujer, pintada de azul, con la que me movía por todas partes y con la que jugaba al polo en la calle.

     Teníamos un especie de campeonato contra otros equipos y yo -por lo que me acuerdo- jugaba bastante bien y me divertía muchísimo. Nuestro equipo era con Horacio, mi primo, y un par de amigos más y jugábamos contra el equipo de los Villamil, donde jugaba mi primo Ricardo que por su madre es Villamil contra los Croto, Enrique, Jose y alguno más.

     Un día recibimos un desafío para jugar contra nuestros primos más grandes, que por entonces tendrían entre 18 y 20: Patricio, Marco, Ignacio y Alejandro Rosa Rivarola, que también habían jugado cuando tenían nuestra edad. La cita fue en una canchita de fútbol que había sobre la calle 26, a una cuadra de donde vivíamos todos, y ellos llegaron acompañados de un montón de amigos, amigas y novias, mientras que a nosotros nos acompañaba algún que otro hermano. ¡ Cuantos nervios!!....íbamos muy parejos pero al final -hace poco me lo recordó Horacio mi primo- yo metí un gol de cabeza ¡ jajaja !!! y les ganamos! No lo podían creer.....unos pendejitos como nosotros!....pero lo cierto es que nosotros jugábamos todo el día y nos sincronizábamos muy bien.

                                                                       

     ¡ Miramar !! Me acuerdo de las noches, cuando volvíamos con Horacio, en bicicleta y hasta Parque Mar, a oscuras y a toda velocidad, sin mirar a ninguna parte y mucho menos hacia atrás, por miedo de encontrarnos con algo o con alguien....no sé porqué pero en momentos así la mente tiene límites fantasiosos inimajenables. Siendo ya grande un día volví a recorrer ese camino, que parte del puentecito sobre la 9 y la 18, y me dí cuenta que era bastante lógico el susto que sentíamos porque esa diagonal que parte de allí es bastante larga para hacerla en bicicleta, y además sin ninguna iluminación y sin todas las casas que hoy existen en ese trayecto entre el Centro y Parque Mar, que prácticamente esta cubierto de casas.

                                                                           
                               El puente sobre el arropyito de la 9 y la diagonal hacia Parque Mar

     Tengo también fresco el recuerdo de un verano de unos años antes, en que tendría unos 9 ó 10 años, en que hubo en la Argentina una epidemia de poliomielitis o parálisis infantil que afectaba a los chicos (o casi desaparecida por la vacunas) y para cuidarnos mis padres no querían que volviésemos a Bs.As. adonde estaba uno de los focos, y nos quedamos en Miramar como hasta el mes de abril, habiendo llegado en diciembre.

     Me acuerdo bien que jugábamos todo el día en la calle, mientras que los chicos del lugar tenían que ir al colegio. Hacíamos muchas carreras de auto en las calle de tierra que era la 24, entre 7 y 5, con unos autitos de juguete de plástico, muy livianitos, pero que nosotros preparábamos para que no volcaran poniéndoles peso -alguna barrita de metal y plastilinay y haciénoles una suspensión abriendo un poquito los ejes con una aguja caliente y colocando en el medio un elástico, y además los pintábamos. Toda una operación.

                                                                           
La manzana del Rancho de los Rivarola, hoy

     Corriendo no era tan bueno, siempre salía entre tercero y cuarto, pero me acuerdo que tenía más de un auto.....aunque siempre tenía mi preferido que es el que yo trataba de que ganara, y aunque no andaban muy
bien -a diferencia de mi primo Ricardo que se ganaba todas- igual me divertía mucho.

                                                                         


     Salto en los años hacia adelante y me veo allí, en Miramar "de novio" por primera vez. Tenía 14 años pero me sentía muy grande. La chica se llamaba Liliana y anduvimos juntos durante el verano y luego algo más, pero vivíamos lejos y se hacía difícil, así que se terminó. Un año después, también en Miramar, comencé otro noviazgo que sí fue durarero ya que seguimos de novios varios años. Se llamaba María Verónica y con ella compartimos todos esos años difíciles de la adolescencia, hasta los 18, y luego me dejó para entrar como numeraria en el Opus Dei, adonde siguió y alguna vez escuché decir que ocupaba un cargo muy importante dentro de la rama femenina.

                                                      

 Era una chica muy dulce e inteligente; matemática o ingeniera en matemáticas y yo lamenté y sufrí muchísimo durante varios años cuando me dejó....es como que no me podía reponer y superarlo. Hoy pienso que si no volví nunca más a Miramar fue porque ella ya no estaba y no quería que me atraparan los recuerdos....hasta que después de 30 años, un buen día regresé. Sin embargo y a pesar del tiempo que había pasado desde entonces y de haber finalmente aceptado que mi vida no estaba pensada para estar a su lado, aun así me costó mucho pasar por la que fuera su casa, y que estaba igual.

                                                          

     Por eso es que si bien tengo de Miramar los recuerdos más lindos, me cuesta volver a caminar por sus calles, a mirar su mar, a entrar a sus negocios, porque nunca entendí porqué si nuestra destino era el que fue, las cartas se barajaron de tal manera que tuviéramos tantas cosas que compartir....¡ para nada !! Y así quedó desde aquel entonces vuestro abuelo medio herido, desconfiado, golpeado....inclusive por Dios a quien nunca le entendí esa jugada....aunque acepte que alguna razón habría y que alguna vez conoceré la respuesta.

     A mí me encantaría que alguna vez ustedes pudieran tener su propia idea de Miramar ya que a mis hijos no les he podido transmitir mi propio cariño por esa ciudad veraniega y por ende, ellos a ustedes tampoco, que en cambio sí pueden tener por otros sitios, como por ejemplo Chapadmalal, adonde varios de ustedes han ido con ellos. Cuando aquella experiencia propia ocurra...si pasa....piensen que allí en Miramar se conocieron sus bisabuelos -Brunita con Gringo-.....empezando de alguna manera también vuestra propia historia.....y que allí su abuelo Rodolfo vivió un gran amor de adolescente, que el tiempo y la vida frustraron, lo que si bien hoy lo puedo comprender me gustaría que lo entendieran desde los sentimientos que se tienen a los 18 años, como me pasó a mí y espero no les pase a ninguno de ustedes.

     Miramar !!! ..... de cualquier manera y a pesar de todo, quiero a ese lugar como al de los veranos felices.... junto a mis primos....mis muy queridos primos Rivarola, con quienes compartimos sobre todo esa infancia y pre adolescencia que es tan importante en la vida de las personas. ¿ Que más puedo pedirle?
                                                                 

Los 10 primos Rivarola


                                                                     

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