viernes, 28 de agosto de 2015

¿ Que les estamos dejando ?


     En estos apuntes, mis queridos nietos, les he venido contado cosas de mi pasado, un poco para que puedan llegar a conocerme algo más y otro poco para que puedan saber como hemos vivido, quienes lo hemos hecho antes que ustedes. Pero hoy lo que necesito es compartir algunas reflexiones sobre el futuro, sobre el mundo que nuestras generaciones les estamos dejando, y que debo decirles que no tiene mucho que ver con el que fuera nuestro, el mundo de nuestra niñez, adolescencia y juventud, allá en el cada vez más lejano siglo XX.

     Ustedes vivirán plenamente en el siguiente, en el corriente siglo XXI, que les permitirá disfrutar de muchísimos adelantos, en una cantidad de rubros que nosotros no pudimos. Por ejemplo es impactante lo que está ocurriendo con los avances científicos, sobre todo en materia de medicina, superándose en muy poco tiempo las diferentes patologías que se van sucediendo o atacando las mismas con armas tecnológicas de avanzada que permiten pensar -además- que con la aceleración que se da en forma simultánea, los resultados son impensados.

                                                                   
     


     Es cierto que todas estas maravillas no son actualmente para todos y que hay millones de seres humanos, iguales en todo a nosotros, a quienes de alguna manera se los deberá comenzar a tener en cuenta para que puedan disfrutar ellos también de estos importantes adelantos, para que el mundo que venga sea mucho más justo, sobre todo con ellos, los pueblos más pobres y marginados del mundo.

     Algo similar puede señalarse en materia de comunicaciones. Es realmente revolucionario lo que está ocurriendo en materia de intercambio a lo largo y ancho del mundo y de la tremenda velocidad con la que se difunden las informaciones. Lo importante -a mi juicio- sería tratar de no perder el diálogo personal y directo entre las personas, porque no es lo mismo que hacerlo por intermedio de aparatos, por más adelantados que estos fueses. Es que no hay -al menos en el pensamiento de este abuelo- nada más enriquecedor que una buena charla, con un café, un vinito o un vaso de buen whisky entre medio de dos personas que mirándose a la cara pueden intercambiar ideas, dialogar, escucharse, e influenciarse positivamente. Es fantástico.






     Pero todas esas son las maravillas de las que podrán usufructuar. Mi intención al escribir este apunte hoy es contarles de mis preocupaciones, porque realmente lo estoy y mucho con un montón de cosas que veo que se han instalado en la vida cotidiana, y que a mi modo de ver no sería bueno que se internalizaran. Puede ser que sea una cuestión de viejos.....no lo sé. Por ahí se ha dicho siempre que el diablo sabe por diablo, pero que más sabe por viejo. Vamos a ver.

     Una cuestión que me alarma, porque cada día crece más al menos en nuestro país, sin que a muchos parezca interesarles mucho es el tema de las drogas; otro la violencia que se ha encaramado en casi todos los órdenes de la vida, como si fuese normal manejarse de esa forma; otro tema que me parece importante es el de la relativización de la diferencia de los sexos; otro es la mediocridad galopante que se va colando por todos los intersticios de la vida y finalmente el esquema del todo vale, a la hora de conseguir los objetivos que nos proponemos. Vayamos por partes.

     Cuando yo era chico no teníamos al alcance ni marihuana, ni cocaína ni ninguna otra sustancia estupefaciente, aunque ellas circulaban por otros países y ambientes, y así siguió siendo durante bastante tiempo. Cuando debí hacerme cargo del Juzgado Federal en Neuquén, comencé a tomar conciencia que el tema de las drogas era bastante más serio de lo que imaginaba, y procuré que desde el Tribunal y con la activa colaboración de las fuerzas de seguridad, la combatiéramos en todas sus manifestaciones, inclusive el consumo porque claro, si no hay consumidores no hay vendedores ni existen productores ni nada.

     Sin embargo con el transcurso del tiempo y de alguna situación familiar cercana, cambié mi forma de pensar, comprendiendo que el consumidor en realidad no es un delincuente sino un enfermo, al que impúdicamente alimentan y explotan los delincuentes, hasta la destrucción, y como al mismo tiempo la Corte Suprema de aquella época declaró inconstitucional perseguir el consumo, me dediqué exclusivamente a traficantes porque en aquellos tiempos -la década del 80- nuestro país y nuestra zona eran más que nada lugares de tráfico o tránsito.

     Pero treinta años después, seguramente debido a unas políticas ineficaces, inexistentes o directamente cómplices, hoy estamos viendo con horror como se ha extendido el consumo hacia todos los sectores de la población, infestando vastas capas sobre todo de gente humilde, que ha encontrado -al entrar en el negocio- una suerte de salida económica al que el sistema normal, en general, no pueden acceder o al menos, no con ese mismo alcance, Y así tenemos, por ejemplo, el tema de los barras brava de los diferentes equipos de fútbol, que se han transformado en verdaderas empresas económicas poderosas, en las que la venta de drogas es solamente una de sus actividades rentables.

                                                                           



     Y tan poderosos se han hecho, que hasta se dan el lujo de financiar campañas políticas a candidatos inescrupulosos que, con tal de llegar, se comprometen con ellos y, en retribución, al llegar a los diferentes gobiernos a los que aspiran -inclusive candidaturas deportivas- como contrapartida resuelven no intervenir o mirar hacia otra parte. Aunque parezca exagerado, esta gente está manejando en gran medida el gobierno de vastísimas zonas de nuestro país, y solo se alzan algunas voces aisladas y durante las campañas políticas.

     Si a los traficantes locales o internos le unimos que la Argentina se ha transformado en una enorme plaza operativa para delincuentes internacionales, sobre todo latinos, como pueden ser los grupos de peruanos, colombianos y algo de la mafia china que también tiene sus tentáculos en el país, no me extraña la cantidad de actos vandálicos que solemos presenciar de luchas entre los diferentes grupos, frente a la ausencia de la autoridad oficial y mirada hacia el costado de los encargados de combatirla, llámense jueces, policías, gendarmes o políticos. Todos están cada vez más comprometidos, y así se hará muy dificil salir.

     Creo que este es un tema en el que mi generación está en deuda con las futuras, que deberán hacerse cargo del problema y procurar resolverlo de cuajo, bajo el riesgo de que quienes les sigan a ustedes ya no tengan escapatoria, aunque parezca muy dramático.

     Otro tema que, la verdad, no puedo saber como es que se ha ido instalando en nuestra sociedad, es el de la violencia generalizada. Y no les estoy hablando de esa violencia cotidiana delincuencial, que también es muy grave, sino de esa otra que se ha ido colando por los intersticios más profundos de nuestra sociedad. Ese maltrato que se ve en todos los órdenes, junto a una falta de respeto de todos por todos que es lamentable.

     Un ejemplo tonto. Cuando yo era joven -y aun hasta mucho después- los pequeños problemas de tránsito se resolvían con un simple bocinaso o a lo sumo un gesto poco cordial. Hoy no se te puede ocurrir alertar a alguien que está delante tuyo que el semáforo lo autoriza a seguir, porque estaba distraído, sin que corras el riesgo de ser tratado poco menos que como una basura. Y no se te ocurra advertirle a alguien que hizo una maniobra errada, aunque se te hubiera adelantado en forma indebida, porque cualquier loco puede amenazarte o incluso hasta dispararte con un arma Es una verdadera locura.

     Lo mismo ocurre en muchos programas de opinión  de entretenimientos y hasta de concursos que se transmiten por los medios, adonde es posible ver que, más allá de tener un pensamiento diferente, con mucha frecuencia el de cada uno se defiende y el del otro se ataca con una vehemencia propia de enemigos recalcitrantes durante una batalla en vez de respetarse y, sobre todo, escucharse, antes de rebatir. Y no digo nada de las discusiones familiares, cada vez más intensas; o de las faltas de respeto de los alumnos en las escuelas hacia profesores y docentes en general; etc. etc. etc.

                                                                             

                                                     
     ¿ Que es lo que nos está pasando?  Yo no podría recurrir al fácil argumento vinculado con la violencia que se le suele atribuir a quienes nos gobiernan, con actitudes y frases más apropiadas a un corralón de materiales que a una tribuna política. Creo que esto es así pero porque todo hoy es así. Ya no se respeta ni la palabra, ni el pensamiento del otro; en cualquier actitud que no nos gusta salta la intemperancia y la violencia, lo cual es una muestra acabada de lo enferma que está la sociedad argentina, porque debo reconocer con bastante dolor, que estas conductas no suelen ser habituales en otras partes. Puede ser que por allá tengan otro tipo de violencias, no lo niego, pero no está tan generalizada como la que aquí se vive.

     Chicos, espero que se reaccione para que puedan vivir en un mundo de mutuo respeto y de sana convivencia. Yo lo he vivido, durante mi infancia y adolescencia y sé que se puede, y además, que es mucho más agradable.

     Y pasemos a mi tercera gran preocupación actual: la homogeneización de los sexos, que a mi me parece que va a derivar en que finalmente, no interese mucho saber o saberse uno a cual pertenece, si se es hetero, homo o bi, para simplemente estar o compartirse con quien mejor nos venga, sea de otro o del mismo sexo que el nuestro. Yo no se si esto Uds. lo han podido apreciar por experiencias propias; yo simplemente lo veo con horror, y no es que me escandalice -ya- de las debilidades propias de quienes no están muy seguiros de su sexualidad o de sus gustos; me refiero a que cada vez más daría la sensación que lo único que importa es estar sexualmente a gusto, con quien sea, hoy hombre, mañana mujer, da lo mismo, lo importante es tener una vida sexual intensa y satisfactoria, a cualquier precio.

                                                                   

.     Será ese sin duda -de confirmarse este pronóstico- una vida difícil, sobre todo para quienes procuren seguir formando familias en las cuales poder formar a sus hijos, dentro de un contexto o mundo con concepciones tan diferentes. Entiendo que un cambio de mentalidad respecto de la homosexualidad, a esta altura de los tiempos, era importante; cuando yo era chico casi ni se podía hablar del tema, y la famosa expresión de "esconderse en un ropero" entiendo viene de la necesidad de refugiarse de críticas despiadadas o de verguenzas no superadas.

     Pero hoy me parece que nos fuimos para el lado contrario y parecería como que esa prédica cada vez más expuesta y hasta diría que orgullosamente, no se detendrá hasta haber alcanzado esos objetivos de anular total y definitivamente la diferencia sexual, de modo que cada uno pueda, en el momento en que lo desee, escoger del que entonces prefiera, aunque fuese pasajero u ocasional. Este debate por la indiferencia sexual es otra carga pesada que mi generación les traslada, queridos míos.

     Finalmente, no puedo dejar de comentarles que tampoco me agrada -ya en lo que se refiere a nuestro país- dejarles un mundo en el que por sobre todas las cosas prima la mediocridad de aspiraciones, el poco apego por el esfuerzo constante, el facilismo, el todo da igual o dicho de otra manera, el famoso "siga...siga...." del fútbol. Hemos caído, paulatinamente, en un estado de cosas tal que, desde luego, no me sorprende en absoluto que quienes nos gobiernan comulguen con esas mismas prácticas. El bueno de Discepolo, a comienzos del siglo XX, lo calificó de "cambalache", esos viejos anticuarios de compra venta de todo, sin discriminación o diferenciación de productos. ¡ Que diría hoy !!!.

     "Es lo mismo el que labura, noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley". Tal cual ! Como se ve, esto ya no es culpa exclusivamente nuestra; nos vino dado. Sin embargo nuestra responsabilidad proviene de no haber logrado superarlo y hasta diría que lo hemos aumentado hasta límites insospechados

                                                                         



      Esta cultura del "está todo bien".....que inclusive se nos ha incorporado al lenguaje (" ¿ que tal? ¿todo bien?) no ha hecho más que cubrirnos con un manto de mediocridad que es ciertamente alarmante. Parecería como que lo único que quieren todos es salvarse económicamente y a un bajo costo. Todo es a bajo costo; los pasajes de los aviones; las tarifas de los hoteles; las promociones en los super; los honorarios o aranceles de los jóvenes profesionales; la poca atención que te deparan los servicios; todo da igual y nadie es responsable de lo que hace.
   
     Lo peor de todo esto es que el mundo corre por otros andariveles; la seriedad y el esfuerzo se premian; los inventos que hacen avanzar a la humanidad se promueven; la docencia ocupa un lugar destacadísimo en los presupuestos oficiales. Es que han advertido que por ahí pasa el futuro de las generaciones venideras: cultura y desarrollo.¡ Que lejos que estamos aquí de todas esas aspiraciones!

     Bueno, mis muy queridas nietas y nietos....a los once actuales y a los que podrán -quizás- ir llegando luego. Esas son mis preocupaciones sobre el mundo en el que crecerán y educaran a sus hijos. Estoy seguro que sus padres los han ido dotando de todas las herramientas necesarias como para poder sumergirse en él sin ahogarse o sucumbir. Es posible que les entreguen a quienes les sigan un mundo mejor, de mayores cuidados entre todos. Ese sería mi más ferviente deseo, el que nosotros no pudimos lograr.
 











sábado, 16 de mayo de 2015

Adolescencia--


          Al igual que con respecto a mi infancia, tambien guardo muchos y buenos recuerdos de esa linda etapa de la vida que, en mi caso, transcurrió íntegramente en el departamento del 7o. "B" que mis padres tenían sobre la calle Berutti al 2389, esquina Larrea, en Buenos Aires. Creo recordar que en el capítulo en el que les cuento sobre las casas ya he dejado mis recuerdo sobre él; solo diré ahora que así como cuando a uno le preguntan por un sitio en el mundo al que le gustaría volver alguna vez, en mi caso es ese, perdida como está toda posibilidad de regresar a la quinta del Tigre que ya no existe.

          Transcurrió allí toda mi etapa formativa, ya que llegué a los 8 años y me fui a los 25, ya abogado. Mis recuerdos, entonces, que han quedado como pegados a sus paredes, se relacionan con esa vida intensa que allí desarrolló mi familia primaria, cuando todavía lo era, con dos padres y dos hijos. Ellos -mis padres- dormían en un dormitorio que estaba al fondo -y que de chicos había sido el nuestro-; yo uno intermedio, que daba a la calle, con una ventana que me permitía controlar "como si fuera un mirador" todo lo que ocurría alrededor; Lía, finalmente, dormía en un sillón-cama que estaba en el comedor, de modo que cuando venían visitas tenía que quedarse en el de atras.

          En mi cuarto, además, estaba la tele, desde que papá compró un aparato cuando yo tenía 18 años; sí, así fue, hasta entonces en casa no había televisores sino radios. Pero después ¡ nos sacamos las ganas !!. Todas las noches, si estábamos los cuatro, cenábamos en mi cuarto, cada uno con una mesita, mirando la tele pero sólo de 9 a 10 de la noche. Ahí se apagaba y ¡ a dormir!!.....inclusive durante los años en que iba a la Facultad. 

         Claro que tampoco había tele durante todo el día y no existía la cantidad de canales que hay hoy. Había dos, el 7 y el 9; después vino el 13; más tarde el 11 y mucho después el 2, de La Plata, todos de aire, por supuesto, y en blanco y negro. Los domingos veíamos un show italiano, después del programa de humor político de Tato Bores; y no recuerdo mucho más: algunas series, unitarios, pero siempre los cuatro. Mis abuelos y mis tías sí tenían tele y, sobre todo en casa de estas últimas, veía siempre junto a ellas cuando iba los jueves a comer allí.

                                                                               

  .     Por las mañanas, tanto cuando íbamos al secundario como luego a la Facultad, teníamos que despertarnos solos, con un despertador; que muchas veces colocaba dentro de una cacerola para que hiciera más ruido y lo colocaba en el medio de la pieza para obligarme a salir de la cama para ir a apagarlo; había siempre alguna persona en la cocina que nos preparaba el desayuno que tomábamos con Lía, y antes
de salir -más o menos a las 7:15- nos despedíamos de mis padres a quienes entrábamos a saludar a su cuarto y ahí recién se despertaban; yo tenía que caminar una tres cuadras hasta la parada y en pleno invierno había mucho frío.

           Siempre pensaba que mis padres seguían durmiendo, y me decía "¿ cuando me tocará a mí seguir durmiendo?", pero después supe que ellos se levantaban ahi y tomaban el desa poco después que nosotros. En realidad, pienso ahora que quizás fue por eso que cuando tuve mi propia familia quien primero se levantaba era yo, aun cuando no tuviera que llevar a los chicos al colegio porque algunos días los venían a buscar otros padres; en cambio cuando nos mudamos a vivir a Neuquén a Rodolfo lo llevaba todas las mañanas y después seguía para el Juzgado.

            Pero tengo un muy buen recuerdo de lo compañeros que éramos con mis padres durante aquella etapa de mi vida, tanto para con nosotros como con nuestros amigos que, sobre todo en mi caso, venían mucho a casa, como mi primo Horacio, Pedro "el Corto" Rueda (porque era muy bajito), Martín Kennedy y algo más grande, Manuel Malbran o Gustavo Frias, todos los que venían bastante y se quedaban a comer y mis padres siempre nos acompañaban.

          Tambien venían a vernos jugar al rugby muchos sábados por las mañanas, papá con su boina para protegerse del viento y mamá muy abrigada, al costado de la cancha muertos de frío, arengando y vivando nuestros esfuerzos. El mismo recuerdo de ellos tengo de hacer muchos programas juntos, como ir al teatro, por ejemplo a Caminito en la Boca que era al aire libre, o a comer afuera los cuatro, generalmente en alguna cantina o bodegón que, desde entonces, tanto me gusta disfrutar, más que un buen restaurante; en cuanto a los domingos, después de misa -en muy diferentes iglesias- nos íbamos a tomar algo en algún bar o confitería, antes de terminar almorzando en lo de mis abuelos. Fuimos muy unidos, los cuatro, y disfrutamos de una vida muy compartida con ellos.

         El auto familiar llegó a casa ya bastante crecidos, cuando yo andaría por los 14, y tuve la suerte de poder aprender a manejar casi desde entonces; quien me enseñó en realidad fue el encargado del garage adonde se guardaba el auto de noche, porque papá se ponía muy nervioso conmigo; quizás es por eso que a todos mis hijos les he enseñado yo, con toda la paciencia que el caso requería, pero no desde tan chicos, pero sía los 16 o 17. Creo que a las 14 todavía no se tiene la suficiente madurez y yo no fui un buen ejemplo porque andaba por la calle haciendo muchas estupideces, inclusive corriendo picadas por Libertador.

        Varias veces choqué y otras tantas estuve a punto de volcar, aunque claro, los Citroen 2 CV eran imposibles de volcar. La verdad chicos que no les cuento esto para orgullecerme sino porque estoy bien arrepentido de haber comportado así, con un desprecio casi total por un bien valioso que no era mío, más allá de arriesgar mi vida y la de quienes venían conmigo. Cuando a los 18 años pude sacar el Registro nunca más tuve algún percance por mi propia culpa, y por eso les pido que sean siempre muy cuidadosos al conducir, ya sea un auto, una moto o hasta una bici.

          A mis hijos, en cambio, les enseñé a manejar a todos; no lo delegué y así estuve en condiciones de saber como lo hacían, y además les prestaba el autos, no para cualquier cosa, sino cuando existía alguna razón, como para que se fueran familiarizando solos, sin la presencia muchas veces "atemorizante" del padre. Todavía me acuerdo -y Rodolfo Q. también- del día en que volvía de trabajar a un horario desacostumbrado, y me lo crucé manejando nuestro auto, lleno de chicos amigos, que bajaban hacia el centro.

          Creo que Rodolfo -que me vió pasar- no quería volver por miedo a la reprimenda, que llegó y fue bastante fuerte, como para que no se olvidara que el auto había que pedirlo, no sacarlo a escondidas, repitiendo conductas que, lamentablemente, yo también había cometido a su edad y que es habitual que así ocurra, pero deben se las mínimas ocasiones.

          De mis padres tengo muy buenos recuerdos de aquella época de mi adolescencia, como padres cercanos, al tanto de cuanto nos pasara, que conocían y trataban a nuestros amigos, que nos dejaban traer a casa con toda libertad, que compartían sus vidas con nosotros y con nuestras cosas, sin que por ello tuvieran que estar todo el día encima nuestro porque nos daban al mismo tiempo mucha libertad y confianza.

           Era una muy buena combinación de cercanía y confianza, de presencia y libertad, y si bien siempre he sostenido que mi padre me dio a mí una libertad que no era acorde con mi edad, porque confiaba en mi responsabilidad, finalmente debo reconocer que aun cuando muchas veces abusé de esa confianza, me hizo ser una persona capaz de tomar decisiones y de responsabilizarme de mis cosas -todas- con bastante criterio, aun cuando a su vez me hizo ser bastante más estricto con mis hijos respecto de sus propias decisiones y conductas.

          Hoy a la distancia y cuando mis padres ya no están, les juro que los extraño mucho; creo -además- haber sido un buen hijo, consecuente para con ellos que también siempre fueron muy cariñosos y comprensivos conmigo y mi familia, que desde luego siempre sentí que era la de ellos, y sus padres, que pudieron tratarlos bastante, se que también guardan de ellos muy lindos recuerdos, aun cuando el vínculo de abuelo-nieto no es igual al del padre-hijo.

          Quizás influya en ello la mayor diferencia de edad, pero por sobre todo me parece que prima una mayor comprensión de parte de los abuelos respecto de las conductas de sus nietos, que es probable que no sea la misma que tuvieron para con sus hijos., fruto de una mayor tolerancia que se incorpora con la edad, y también de saber que la responsabilidad primaria es de los padres. Decía en algún otro lado que a ser padre se aprende, a veces a los golpes, en cambio no es necesario aprender a ser abuelo, sencillamente se da y sobre todo se disfruta, sin mayores exigencias que la de no desentonar mucho con lo que educan los padres.

          Nuestra relación de abuelo a nietos, no ha sido muy frecuente, por razones de distancia; pero sin embargo cada vez que nos encontramos con alguno es una fiesta, para ustedes y para mí.....eso es algo que se siente y se palpa en el aire....cada uno con sus propias características y personalidades, pero a todos los siento muy pero muy cerca y eso me hace muy feliz. Espero que durante muchos años pueda abrirles los brazos para recibirlos en ellos con todo el cariño que guardo hacia todos ustedes en mi corazón.

                                                                       

lunes, 30 de marzo de 2015

Dios.-


     ¡ Que impactante resulta escribirlo !! Es que Dios es algo inalcanzable para el hombre, acostumbrado a lo limitado y tangible. ¡ Dios es tantas cosas !.....pero fundamentalmente es Amor.....lo más parecido que tenemos a nuestro alcance para comprender su grandeza y, de alguna manera, poder describirlo por medio de sentimientos que nos son conocidos es asignarle esa cualidad que para el hombre representa lo más sublime que puede ocurrierle en la vida.

     Se supone que siendo así y como el amor es algo que nos es común a todos los hombres, de todas las razas y de todos los tiempos, no debería tener ningún otro aditamento y de ese modo todos tendríamos en El al Ser Superior que todos reverenciamos, con el nombre que queramos asignarle. Sin embargo no ha sido así a lo largo de los tiempos y los hombres han -hemos, en realidad- pretendido adueñarnos de Dios y transformarlo en alguien que conformara nuestros propios pareceres, para así contar con su visto bueno para todas nuestras acciones.

     Es como si no confiáramos en la veracidad de nuestras propias convicciones y necesitáramos de alguien superior como aval frente a los otros que, así, se inclinaran ante nosotros y ante nuestra conducta porque hacemos "lo que Dios manda". Pero ¿es esto así? Hoy por hoy yo me inclinaría a pensar que no, y que a lo largo de los años las religiones, todas ellas, algunas más que otras se han servido de Dios y de sus "supuestos" mandatos para hacernos seguir conductas que "los religiosos del caso" han considerado conveniente o necesario establecer, para "calmar a las fieras".

     Esta forma de encarar las cosas pudo eventualmente servirles en aquellos tiempos en que la ilustración era como un tesoro al cual solo podían acceder "los religiosos", quienes se encargaban luego de "bajar" sus conocimientos y saberes a los hombres, ilustrándolos por medio de figuras, de cuadros, de representaciones, pero siempre de conductas modelo de lo que se debía o no se debía hacer, sintiéndose realmente los transmisores del pensamiento de Dios, lo cual no estaría nada mal si siempre hubiesen tenido como norte o premisa fundamental aquella de que Dios es Amor, lo que no siempre ha sido así, salvo honrosas excepciones.

                                                                           
 
     Yo crecí y me eduqué dentro de los parámetros de la religión católica; la apostólica y romana; la de los dogmas de fe; la de la -reciente- infalibilidad papal (de comienzos del siglo XX); la del celibato sacerdotal; la de los sacramentos -bautismo, confirmación, eucaristía, confesión, matrimonio indisoluble, orden sagrado y unción de los enfermos-; la de las obligatorias misas de los domingos y fiestas de guardar; la de los pecados, veniales y mortales; la de los premios y castigos celestiales; la de las oraciones como el Padre Nuestro y el Ave María; la del culto a la Virgen y a los santos; etc. etc.

     Recibí mis primeras lecciones -para decirlo de alguna manera- de mi madre, quien junto a as caricias de las noches me invitaba a repetir con ella sencillas oraciones, como el "con Dios me acuesto...con Dios me levanto....la Virgen me cubre con su santo manto", que venían como envueltas de su amor y por eso pudieron  calar tan hondo en mi espíritu y quedarse allí, ancladas en mi alma, porque ellas hablaban de Dios con amor y sin temores.

                                                                   
                                                                       
     Las semanales visitas a las iglesias, en cambio, eran terribles. ¿ Porqué teníamos que ir? ¿Porque la gente se paraba, se arrodillaba o se sentaba a cada rato? Eso era sencillamente lo que había que hacer, ir a misa los domingos, "porque es obligación". Y después venían las elucubraciones propias de las personas: ¿ misa entera?....bueno en realidad sólo a partir del Credo es obligatoria. ¿Y que ocurre si uno falta? Es pecado....ah!....¿mortal o venial?....No!!!...es pecado mortal porque atenta contra el 3er. mandamiento, el de "santificar las fiestas".

     Nadie nos explicaba la importancia que tiene la Misa.....o porqué es importante tener un contacto, al menos semanal, con Dios, durante un rato.....pero no porque fuera obligatorio sino porque es bueno dejar por un lado las cosas cotidianas, las preocupaciones diarias, y tratar de tener un contacto mental con El....con quien está más allá de todo....con alguien superior a todos nosotros.....poder charlar íntimamente con El.....procurar escucharlo.....plantearle sin temores nuestras dudas.....finalmente, tener un encuentro real y concreto con el Amor.

     Pero nada de esto era posible.....primero por la cantidad de gente que, sin duda, a un chico lógicamente que lo distrae; además porque entonces no entendíamos lo que se rezaba -ya que las misas eran de espaldas y en latín- y además estábamos obligados a permanecer callados y sin reirnos, con riesgo de recibir un fuerte pellizcón si no lo hacíamos, que de amor no tenía nada; además los sermones eran interminables y uno siempre se distraía mirando esas altas ventanas por donde se colaba la luz, o los techos altísimos, o las estatuas de los santos o, inclusive, aquella chica de allá que se da vueltas para mirarme todo el tiempo. ¡ Uno realmente estaba deseando que se terminara todo....para volver a casa y almorzar !

     ¿ Era buena, entonces, esa enseñanza religiosa que recibimos? Obviamente que no; era la religión de las obligaciones "sin chistar" y sin mucho explicar; esto es así ¡ y se acabó!!. Bueno...pero....¡ pero nada!! "sino Jesús se va a enojar" Y uno, chiquito, pura imaginación, lo veía a Jesús allá clavado en la Cruz con esos clavos gigantes....sufriendo porque uno lo había llevado hasta allí con lo que había hecho o había dejado de hacer . ¡ Que tremenda responsabilidad la de la educación religiosa! ¡ Como se puede dañar...con la mejor intención!

                                                                             

     Después vino la preparación para la primera comunión. En aquellos años -1950- la instrucción religiosa se impartía en lo que se llamaba "el Catecismo".....y había que ir "al Catecismo", que eran unas charlas que un cura les daba a unos cuantos niños -varones de un lado y mujeres del otro, no sea cosa que nos mezclemos antes de que el santo matrimonio lo permita- y en donde, la verdad, no nos explicaban nada sino que nos hacían repetir de memoria las respuestas a un sinnúmero de preguntas que estaban en un librito que era el famoso "Catecismo de primeras letras".

    "¿ Donde está Dios?" se preguntaba, y uno respondía "Dios está en el Cielo, en la Tierra y en todo lugar" ¡ Que tal? ! Y uno intentaba pensar "estará aquí?"; y "¿ como puede estar en todos lados?"; "¿ es como el aire pero hecho persona?" Nadie explicaba lo del Ser Superior; lo del Creador; lo del Amor; no!!! Nos explicaban que era como un Dios terrenal y dispuesto a saltar sobre uno al menor atisbo de no hacer "lo que Dios manda". " Y para el martes se aprenden hasta la 90" ¡ Que horror ! Y ahí, sin chistar, uno sabía que por más que lo demorara, iba a llegar el momento en que la madre diría "¿ estudiaste el Catecismo?". Y tenía 6 años.

     Yo no hice la Primera Comunión con los chicos de la Parroquia, a pesar de haber asistido allí al Catecismo y la verdad es que no sé porqué. La decisión de mis padres -quizás solo de mi madre- fue que la tomáramos juntos con mi primo Horacio pero en la capilla del Colegio del Sagrado Corazón de la Avda. Callao, que era de chicas y por consiguiente de monjas entre las que estaba una prima de papá, la Madre Estela Rosa.

     Antes del gran día -que fue el 25 de noviembre de 1950- debí someterme al examen de una vieja monjita que, con el mismo estilo, me iba interrogando sobre las diferentes preguntas que yo trataba de recordar y memorizar bien para no equivocarme....aunque no entendía algunas -o muchas- palabras que repetía como un loro (¿ que será fornicar ?....nadie te decía nada.....solo que no se debía !....ni nadie explicaba nada) Solo comprobar que uno supiera las respuestas de memoria !!

     Y así fue como una mañana de sábado nos encontramos con mi primo Horacio, los dos vestidos con una traje de Eton (que es el uniforme que usan los chicos que van a ese famoso colegio en Inglaterra), muy serio, con zapatos negros y un gran moño blanco en el brazo derecho, símbolo de la pureza necesaria para el encuentro con Jesus. Recuerdo que estaba muy emocionado e impresionado mientras avanzábamos por el medio de la capilla, mientras en los bancos de los costados nos miraban una cantidad de caras conocidas y otras no tanto.

                                                                     

     En mis manos un rosario blanco y un librito de oraciones del mismo color (que 65 años después aun guardo) . Nos sentamos adelante de todo -¡ está bueno !!- y en el momento de la Comunión nos adelantamos los dos para recibir esa Hostia de la que tanto tiempo nos habían hablado, que era el mismo Cuerpo de Jesús, algo que puede resultar incomprensible pero que en una mentalidad de 6 años se admite "sin chistar" ( pero como ¿ no era que estaba en todas partes?) Igual -alma sensible- sentí que Jesús esa mañana estaba conmigo y que si El estaba allí.....finalmente no era un chico tan malo.

     Otro tema que hoy no existe como problema, pero que sí lo era para nosotros, es del "ayuno" cuando uno iba a comulgar, y que consistía en no comer ni beber nada -ni siquiera agua- desde las 12 de la noche del día anterior, porque el cuerpo debía estar incontaminado de todo....solo dispuesto a recibir esa hostia a la que, no sabía porqué todos decían que era pan, y a mí no me lo parecía. ¡ Y había que aguantar !!!...a veces hasta una Misa de 11 o 12....sin comer ni tomar nada. El problema era lavarse los dientes porque.... ¿ si uno toma un poquito de agua puede comulgar? ¿ y si traga el dentífrico? La culpa posterior -cuando uno no decía nada de lo ocurrido- era gigante. Pensar que Dios se fuera a enojar por tamaña pavada hoy me dá mucha bronca.....porque nos instruyeron en el temor y la culpa.

     Tan esa así que cuando yo me portaba mal y aparecían algunos de mis berrinches, con los cuales mi madre no podía.....me llevaba a verlo a su confesor que era el Abad (o sea el Superior) de los Benedictinos, el Padre Andrés Azcarate, que me recibía en un confesionario oscuro, todo vestido de marrón y con un largo rosario colgado de la cintura, y que en su español de origen, creo que con cariño, me regañaba y me retaba con frases tales como "no le debes hacer esto o lo otro a tu mamá.....que es tan buena y cariñosa con vos"

     ¿ Que sabía ese señor de mis reacciones? ¿ me preguntó acaso el porqué? ¿ porque dio por sentado que mamá decía era "palabra santa" e indiscutible?. "Debes portarte bien y ser un chico bueno.....¡ porque Dios lo manda !..... y si haces estas cosas y te seguís portando mal, se va a enojar mucho y no va a querer venir a tu corazón. ¿ Me lo prometes?" Y un sí casi silencioso y avergonzado daba fin a la visita.

     Y ahí está el germen de la culpa.....y del temor a Dios.....actuar por temor y no por convicción.....porque hay cosas que los chicos no deben hacer y otras que deben respetar, pero explicando porqué está mal....pero por uno....¡ no por Dios ! Eso es lo que digo cuando pienso que las religiones....y los religiosos....no se han sentido con la suficiente fuerza o firmeza para sostener por sí sus propias convicciones, y que han tenido que recurrir al más allá para avalar sus dichos.....lo mismo que hacían los sacerdotes indígenas al invocar los castigos divinos (terremotos; inundaciones; etc.) para castigar a quienes no los escuchaban.

     Y así nos educaron, en el temor y la culpa, sin explicarnos que ni todo está mal, ni que todas las cosas que uno siente, necesariamente, son pecado. En realidad pienso que esa forma de educarnos de los religiosos de entonces -hoy por suerte ya no es así- provenía de lo que ellos mismos sentían, no de lo que Dios quería para sus criaturas, y por eso es que nos impusieron conductas propias para los religiosos con votos de consagrados y no para gente normal y corriente.....y crecimos hasta con temor o verguenza de nuestras propias reacciones naturales....algo tan característico de los católicos.....pero no de Dios que es un ser Superior y amante de la libertad que nos ha regalado a todos sus hijos en abundancia, y que en consecuencia nadie tiene el derecho de restringirla o interpretarla, en su nombre.

     Pero ¿ porqué no reaccioné antes ante estos abusos notorios? ¿ porque tuvieron que pasar tantos años aceptando reglas de conducta que me vinieron impuestas? ¿ Porqué a mi vez las transmití ! ? He pensado bastante en todo eso y lo único que se me ocurre es que para mí, ese respeto por la Iglesia Católica me viene por haberla considerado -de chico- como una institución protectora y comprensiva; en quien poder confiar, pero más por lo político que por lo religioso, a raíz de vivencias experimentadas durante mi infancia transcurrida durante el régimen peronista con el que mi parte no sólo no lo compartía sino que lo aborrecía y combatía.

     Por aquellos años -mis 11 o 12- hasta la propia Iglesia cayó en desgracia a los ojos del régimen y entonces yo advertía que no era solo mi padre quien lo combatía....sino que también  la propia Iglesia estaba de nuestro lado, y así es como para mí apareció como poderosa, plena, pudiendo suplir lo que mi padre, por sí solo, no lograría jamas.....y finalmente se logró.....porque Perón cayó y nosotros vivimos más tranquilos.

                                                         


     Pero antes hubo que padecer saqueos, incendios a muchas iglesias, burlas a todo lo sagrado, a lo más íntimo de nuestros sentimientos, con sacerdotes perseguidos  que no podían circular por las calles con sotanas.....y allá nos llevaron mis padres a contemplar las cenizas en que se transformaron tantos templos y a dar refugio a sacerdotes perseguidos que vinieron a vivir a casa, adonde también trajeron reliquias sagradas para protegerlas de las hordas salvajes, junto a libros sagrados, ornamentos, en fin, todo "lo intocable" contaminado. ¿ Como pudo impactar todo eso en un chico que estaba comenzando su pre-adolescencia? Con todos sus valores -o las cosas que los representaban "sin chistar"- hechos cenizas y jirones. Nuestra Madre -por decirlo con palabras simples, mancillada y vapuleada.
                                                                             
Imagen de la Iglesia de San Ignacio

     También  mi infancia, años antes, había sido mancillada y vapuleada por un par de sacerdotes del colegio, inescrupulosos y lascivos que se abusaban de los chicos de la primaria que, como yo, caíamos en sus redes, de las que no nos podíamos desprender por miedo -más bien terror- y si bien nunca pasó a ser una violación con todas las letras, nos marcaron a fuego con sus actitudes, estas sí, totalmente pecaminosas....y era a ellos a quienes debíamos respetar !!!

     Ultrajado como niño; obligado a cuidarme de los mayores y sobre todo teniendo que silenciar en mi interior todo lo que sufría, por temor o verguenza, sin haber podido nunca compartirlo con mis padres, fui haciéndome así -introvertido y silencioso- por un lado e incapaz de sacar afuera lo que anidaba en mi interior, sin poder confiar en nadie más que en mí, porque ese niño ultrajado tenía mucha verguenza y lo único que quería era crecer rápido para que no lo lastimaran más, y porque no obstante ser un niño, estaba obligado a cuidarse a si mismo como si fuera un grande, pero sin serlo.

     De cualquier modo mantuve el estandarte de la confianza en la Iglesia, creo que por intuir que aquella actitud de protección y cobijo que le brindara a mi padre me hacía sentir seguro, y también por aquello de que los hombres (digamos, los varones), deben aguantar a pié todas las adversidades, firme ante todas las cosas graves, como después me ocurrió a lo largo de toda mi vida, sin llorar....¡ porque los hombres no lloran!!.....no obstante que ese niño -aquel niño- quería llorar y tirarse en los brazos de su madre....que estaba allí.....pero ignorante de todo cuanto a él le acontecía.......

     Y así pase varios años de mi vida cumpliendo con todas las normas que la Iglesia imponía: yendo a misa, completa; siendo monaguillo de misa diaria a cambio de alfajores y de alguna hora de clase; comulgando; confesándome cada vez que entendía estar en pecado mortal, ante un cura sordo y casi dormido que había en el Carmelo y que casi siempre me decía lo mismo; todo rutina; todo reglas; todo impuesto; nada de convicción y mucho menos de Amor.....¡ pero cumplí !!.

     Después vinieron los años del secundario y con ellos los de la Acción Católica, esta vez en el Patrocinio de San José sobre la calle Ayacucho, a seguir con mi formación católica entre buenos amigos y sacerdotes  increíbles algunos y olvidables otros y así, casi sin solución de continuidad, allá por mis 14 ó 15 caí en las garras de la gente del Opus Dei, porque esa es la sensación que aun retengo.....como de una persecución desesperada que, así y todo, se prolongó por unos cinco o seis años, hasta que finalmente sucumbí.

                                                                            


     Y aquí la misma sensación de siempre....de tratar de escabullirme....de tener que hacer frente sólo a algo que en realidad yo no quería.....pero es que no me daban tregua ni respiro.....y entonces uno aflojaba un poco y se resignaba a ir a un retiro o a una meditación los sábados por la tarde, y eso era peor porque entonces era mayor la intensidad de los apremios. Recuerdo con un dolor muy profundo toda esa época en la que mi libertad parecía que no contara para nada ni para nadie, y me hacían creer que los deseos de Dios para conmigo coincidían con los de ellos, no con los míos....y esto, claro está....había que aceptarlo "sin chistar".

     Pero yo no estaba conforme; había algo en mi interior que se rebelaba, sin poder sacarlo afuera; había perdido mi libertad, la libertad con la que Dios nos creó, nada menos que con el argumento  que tenía que servirlo. Yo no era feliz !! Es cierto que por aquel entonces yo venía de padecer una gran pérdida amorosa de la que, pasaban los años, y no me podía recuperar. Es que mi noviazgo, que creía era el preludio de un seguro futuro casamiento, fue abruptamente interrumpido luego de unos tres años, a los 17, cuando entre nosotros se interpuso el Opus Dei y se la llevó de mi lado

     Claro, yo no podía putear a una organización eclesiástica porque eso no estaba bien.....pero en mi interior sentía una gran furia porque entendía que habían tergiversado las cosas de manera de poderla llevar lejos de mi lado y por eso -casi con seguridad- es que me acerqué yo con cierta curiosidad a la Obra para tratar de conocer algo más de quienes habían sido mis verdugos, y tanto me acerqué que finalmente me incendié. 

     Pero allí nunca estuve cómodo y si bien de a ratos la pasábamos bien, finalmente yo sentía que no estaba hecho para entregarles toda mi vida, como hasta entonces pensaba -románticamente- que era una manera de seguir compartiendo la mía con aquella novia de la adolescencia......hasta que un buen día me fuí....pero me tuve que escapar....y así volver a mi casa adonde mis padres me protegieron y, junto a mí, resistieron los embates de todo orden que hicieron los del Opus Dei para tratar de hacerme ver mi error y mi equivocación, pero esta vez yo ya había aprendido la lección y conocía las bondades de la libertad y de lo bien que uno se siente cuando resuelve por sí y ante sí que es lo que quiere.

     En paralelo yo había seguido recibiendo instrucción religiosa porque al estudiar mi carrera en la UCA, necesariamente tuve que estudiar las tres Filosofías, las dos Teologías más Derecho Canónico, pero esto era solo formación, no imposición, aunque uno, claro, tuviera que aprenderse las materias. Pero una cosa es estudiar los principios y otra muy distinta que te impongan una determinada conducta.

                                                                  
                                       El edificio de la Facultad de Derecho sobre calle Juncal
     
     Sin embargo nunca pude dejar de sentir culpa -una culpa de ofensa a Dios- cuando cometía algunos actos que según la enseñanza religiosa eran contrarios a la moral y las buenas costumbres, no obstante que la naturaleza nos indicaba otra cosa. ¿ Porqué esa contradicción -pensaba sin atreverme a romper con mi formación (o deformación) religiosa, entre lo que pide un cuerpo jóven, en su plenitud y lo que está mandado hacer? ¿ Porque otras religiones no eran tan exigentes a ese respecto? ¿ Porque se nos había instalado ese enorme sentimiento de culpa que tanto nos condicionaba, sobre todo a mí, respetuoso como siempre he sido de lo que imponen las normas?

     Y seguía cumpliendo con ellas....seguía asistiendo regularmente a misa los domingos e inclusive, muchos días lo hacía entre semana; y seguía cumpliendo con todas las demás imposiciones o buscaba rápidamente la absolución sacerdotal cuando finalmente no lo hacía, pero sin entender -hasta hoy- como es posible que si tan grande fuera la ofensa a Dios se pudiera borrar tan fácilmente.

     Ya de grande he comprendido la tremenda falacia que se esconde detrás de esa exigencia: poder mantener el poder hasta sobre las mentes de los pobres fieles. Es verdad que no siempre es así, y a veces uno siente un gran alivio conversando -¡ no confesando!!- sobre cuestiones o temas que nos puedan estar inquietando, pero no con sentido de culpa (¿ se entiende?), no pensando que se ha ofendido a Dios -¡ ¿ como podríamos nosotros, seres limitados, ofender a quien no tiene límite alguno? !....¿ a quien es puro Amor? Es imposible !! Dios es libre y nos ha hecho a su imagen y semejanza, luego, también libres; son los hombres los que nos han hecho -sobre todo a los católicos- estrechos y limitados, al imponernos normas de conducta que resultaban convenientes para mantener el orden entre los hombres.....pero en el nombre de Dios.

     Como hizo Moises en el desierto. ¿ Quien lo vió recibir las famosas dos tablas con los diez mandamientos de su mano? Claro, es cierto que él las necesitaba para poder mantener el orden dentro de una comunidad cada vez más levantisca y respecto de la cual poco a poco iba perdiendo las riendas, y si les decía que esas reglas eran suyas, nadie se las respetaría. ¡ Pero viniendo de Dios !! ¿ Quien se atrevería a contradecirlo? Y así, desde entonces, la tradición judeo-cristiana ha seguido por esa misma senda: utilizar la ofensa a Dios para mantener la cordura entre los hombres.

     Y no digo que esas normas de conducta, digamos, tan naturales, son incorrectas; lo único que sostengo es que el contrariarlas no necesariamente ofende a Dios, que está por encima de ellas y de mucho más. Las conductas -para seguir en consonancia con Dios- deben provenir -con convicción- del amor, nunca del temor, y me alegro mucho de haber tenido la oportunidad de empezar a actuar de esa manera en algún momento de mi vida

     Me costó -no voy a decir que no- porque tenía toda una formación y una cultura imbuidas de lo contrario y, casi rutinariamente, me desenvolvía dentro de aquellas pautas y tradiciones que a mi vez, transmití a mis hijos. Pero hoy no pienso así y, gracias a Dios, la Iglesia actual tampoco. Trato de ser una buena persona, un buen padre, un buen esposo, un buen empleador, un buen amigo, pero porque quiero serlo; y lo hago por mí, porque así lo siento y así me siento bien....pero si me equivoco y en algún momento no puedo, pues pido perdón a la persona que ofendí o dañé, no a Dios ni a alguno de sus intermediarios. La reparación tiene que ser directa y personal, de lo contrario no sirve más que para acallar una conciencia.

     ¡ Cuantas personas, muy devotas y católicas de la primera hora, andan tan alegres por la vida haciendo daño -¡ yo las he padecido....y como !!- quienes con seguridad luego silencian sus conciencias y se van tan tranquilas a comulgar (es decir, a unirse nada menos que con Dios) cuando han dejado atrás un tendal de víctimas de sus hechos o palabras, o lo que es aun peor, sin siquiera darse cuenta de lo que han hecho y hasta -quizás- pensando que han actuado bien y como Dios manda! Por favor !!

     ¿ Como Dios va a estar satisfecho con esa enorme falta de amor, que es El mismo? Es lo de siempre, ampararse en que es eso lo que Dios quiere cuando en realidad son ellos mismos  los que quieren que así sea como "piensa" Dios.....Ignoran que uno cuando actúa en uso de su propia libertad, puede hacer lo que quiere, mientras que a ellos hacer lo mismo les significaría cargar con una culpa imposible de tolerar. Y entonces me pregunto ¿quien es más libre? ¿ el que actúa por amor o por temor? ¿ el que hace o el que no se atreve a hacer lo que quiere, y envidia a los que sí?

     Decía más arriba que me llevó muchos años cambiar mi forma de pensar todas estas cosas y sencillamente lo logré cuando -muy a mi pesar- advertí que un sector minoritario pero muy intolerante que existe en el seno de la Iglesia, pretendía adueñarse de sus verdades y señalaba públicamente a aquellos que no debían participar más -plenamente- de una vida en comunión con los demás, con diferentes argumentos, pero siempre invocando -claro está- la ofensa a Dios y la imposibilidad de vivir "en gracia"

     Me causa mucha risa eso de "la gracia de Dios" y que uno vive en ese estado solamente cuando algunos personajes de la Iglesia lo permiten. ¡ No es así !! ¡ Que vá ! Uno está en gracia de Dios cuando está bien con Dios, no cuando otros lo autorizan. Dios es ilimitado, vale decir que no puede ser limitado o encasillado dentro de determinados parámetros. Por suerte -decía más arriba- desde la llegada de Francisco hoy corre un aire fresco en la Iglesia, en todos los sentidos y aspectos, y está llegando la hora en que se repliegue a los "patos vica" instalados en la puerta y a algunos "castigados" nos permitan comulgar junto a los demás, y no a escondidas como debemos hacerlo.

     Se terminarán entonces las escapadas a alguna iglesia perdida, donde nadie te conoce, donde sólo Dios es lo importante....y allí vuelvo a comulgar....porque así lo siento y así siento que Dios está feliz viniendo a verme a escondidas....donde nadie se va a escandalizar porque a decir verdad, a los ojos de Dios, yo se que no le ofende, digan lo que digan los bulldogs de la puerta.

     


     Yo quisiera para todos mis queridos nietos, los 11 actuales y los que vengan luego, y para sus hijos, que puedan vivir su religión libremente.....que pudieran actuar con total libertad y convicción.....que no se dejen engañar por mejores que sean las intenciones de quienes les aconsejen.....que se permitan dudar....que se permitan preguntar....que se permitan seguir sus propias convicciones....y sobre todo que nunca juzguen a quienes no compartan sus creencias o sus formas de pensar.....¡ Seamos libres !! Los van a querer correr con el verso del "libertinaje".....¡ nada que ver !! ¿ De qué libertinaje me hablan aquellos que solamente apelando a la culpa pretenden manejar el mundo? ¿ Como es posible que pretendan -.en nombre nada menos que de la religión-. coartar el sagrado derecho de cada uno de entablar con Dios su propio diálogo; su propia ligazón.

     Sean libres queridos míos ! y dejen serlo a quienes les sucedan....explicándoles las cosas desde donde son.....y las que no puedan  explicar con convicción, pues no deben ser explicadas ni practicadas porque no sirven. En todo caso lo que les pido, simplemente, es que todos ustedes -y ellos- tengan el derecho de saber -al menos- lo que pensaba su abuelo de estas cosas....para que se comprenda que siempre puede haber otra manera de ver las cosas y que ella no necesariamente contradice los deseos de Dios....ni lo que Dios manda.....porque Dios no manda.....¡ simplemente nos ama !!
 

jueves, 19 de marzo de 2015

Mi familia paterna.-


     Si bien, en general, uno puede dar por descartado que sus nietos conocen bastante bien como están conformadas las familias inmediatas de sus padres, quienes son sus abuelos, tíos, o primos, más o menos es hasta allí hasta donde llega el conocimiento, pero esos abuelos -además- han tenido sus propios padres, abuelos, tíos o primos, sobre quienes no siempre las generaciones que les siguen tienen algún conocimiento y hasta suele darse el caso que ignoren inclusive sus apellidos, y sin embargo llevan consigo, muchas veces, más de una gota de la sangre de aquellos, en sus propios genes.

     La familia de mi padre -Gringo- está integrada, además de los Rivarola, por los Reynolds, que así era el apellido de mi abuela Alicia Lucía, a quienes sus nietos le decíamos "abuelita". Había nacido en los Es. Us. adonde se encontraba su padre, el Gral. Francisco Reynolds, cumpliendo una función militar diplomática relacionada con la implementación en el país de una Fuerza Aerea propia -que por aquel entonces no existía-, y que le valió que actualmente lleve su nombre la Base Aeronaútica de aviones de guerra más importante del país, en el sur de San Luis, y que se llama "Villa Reynolds" 

                                                                         
                                                                     Mi abuela Alicia Reynolds


     La madre de mi abuela -Alicia Baker- también era estadounidense, hija a su vez de una señora inglesa -de apellido Spenser- perteneciente a la nobleza inglesa, y que estaba emparentada con una de las figuras más importantes de la política mundial durante el siglo XX, Wiston Spenser (en Inglaterra y en Es. Us. también, es tradición que los hombres lleven como segundo nombre, el apellido de su madre) Churchill. 

     A  esa noble familia inglesa también perteneció quien con el tiempo llegaría a ser Lady Diana Spenser (o Lady Di) , que fuera la primera esposa del Príncipe Carlos de Inglaterra, aún heredero al trono, y que tuvo a su lado una vida tan desgraciada que, además, terminó trágicamente. Yo nunca supe bien cual era el grado de parentezco mío con ambos, pero papá -que siempre se sintió muy cerca de todo lo inglés- siempre contaba orgullosamente que era un pariente no muy lejano tanto de Churcill como de Lady Di.

     Pero volvamos a la Argentina, mi abuela tenía varios hermanos, algunos más cercanos que otros, y eso ha hecho que mi recuerdo esté más fresco respecto de los primeros, a quienes conocí y de chico traté mucho, ya que eran mis tíos abuelos. Las mujeres eran dos, una se llama Sara "Sarita" y se había casado con un correntino de apellido Escalada, según escuché, bastante osco y "mal arriado" que tenía un campo en Goya y que se "internó" a vivir allá solo, porque Sarita y sus hijos se vinieron a Bs.As.ni bien pudieron,

     Me acuerdo de ella poco; siempre como muy viejita, agachadita y muy arrugada, aunque no sé que edad tendría entonces; sus nietos eran amigos nuestros, además de primos segundos, de esos parientes que luego la vida te lleva por diferentes lugares hasta que un buen día los volves a encontrar en un casamiento, un entierro o un sitio de veraneo. Mi amigo, el Escalada de mi edad se llama Ovidio, era hijo de un primo de papá que también se llamaba Ovidio pero al que se apodaba "Petit" porque había nacido en Suiza y por aquí circulaba un quesito muy rico que se identificaba como "Petit Suisse".

     Este primo de papá siempre estuvo muy cerca de la familia nuestra, e incluso había vivido de chico en la casa de mi padre cuando desde Corrientes lo enviaron a estudiar el secundario a Bs.As.. Yo lo traté mucho a Petit a quien siempre le tuve un cariño muy especial y que muchas veces me recibió en su casa, sobre todo en Miramar, adonde me refugiaba cuando mis padres se volvían al terminar enero y yo quería seguirla. Cora María y Francisco José eran sus otros dos hijos, algo más chicos que yo.

     La otra hermana de mi abuela era un personaje de libro. Se llamaba María Tamar, pero todos le decíamos "la Nena" o "tía Nena"....la Nena Reynolds. Era la menor de las tres hermanas y totalmente liberal para su época: manejaba, fumaba, viajaba y se había casado -de puro loca enamorada- durante un largo viaje con un turco riquísimo, típicamente musulmán que se llamaba Kemal y del cual se divorcio -creo- ni b bien llegaron a Bs.As.

       Yo la conocí mucho y muy bien a mi tía Nena, a quien quería mucho lo mismo que papá, de la que era ahijado, y que le prestaba su auto para que nos fuéramos al Tigre cuando éramos chicos. Vivía en el 5o. piso de un lindísimo departamento en la esquina de Santa Fé y Montevideo, hacia donde aun levanto mi vista cada vez que  paso por allí. Siempre estaba con la familia, en cuanto festejo hubiera o simplemente los domingos; era infaltable.

     En cuanto a los hermanos de mi abuela, eran dos. Uno militar que, como su padre, llegó a ser General, que también se llamaba Francisco pero le decían "Panchito", y me parece que no lo quería mucho porque andaba con una segunda mujer y eso mi abuela no lo toleraba. En alguna crónica sobre los acontecimientos relacionados con la caída de Yrigoyen en 1930 lo señalan al frente de la Escuela Militar que fue el único grupo militar que salió de los cuarteles para derrocar al Presidente, y lo lograron. Y bueno....¡ que le vamos a hacer !!!....en la familia tenemos tanto princesas como golpistas !.

     También estaba separado Boby, el más chico de los Reynolds, y con otra familia, con lo cual concluyo que ninguno de los hermanos de mi abuela tuvieron matrimonios prolongados, excepto ella que festejó las Bodas de Oro, aunque la historia con mi abuelo merezca de un párrafo aparte. A este Boby nunca le conocií ya que el vínculo familia se mantuvo con su primera esposa, Ema Pizarro "Emita", que se ganaba la vida de ella y de su hija Emalice, tocando guitarra, y yo fui uno de sus agradecidos alumnos.

     Hace pocos años, Emalice, que es prima de papá, pero más cercana a mi edad, ya madre y abuela, tuvo un lindo reecuentro con su media hermana, nacida casi a la par de ella, la que a su vez tambien tiene hijos y nietos, y entre todos restablecieron ese vínculo tantos años interrumpido. Yo no los conozco, pero alguna vez me gustaría se hiciera una reunión de todos los Reynolds que venimos de ese tronco o rama que iniciara mi bisabuelo Francisco, de quien también llevo su nombre.

                                                                          
                                                           El Gral. Francisco Reynolds

     Pero el hecho de que mi abuela nunca pudiera superar el problema matrimonial que tuvieron todos sus hermanos, y luego -años después- también su hijo mayor -Horacito-, más allá de las convicciones religiosas religiosas que le impedían aceptar en su casa a las nuevas parejas, tenía una cierta explicación personal ya que mi abuelo Horacio -su marido- durante más de 50 años llevó una vida en paralelo, que aquella aceptó -además- con mucha dignidad.

     A mi padre no le hacía tampoco ninguna gracia esa relación tan prolongada que mantuvo mi abuelo, casi simultánea con su nacimiento, y cuando ya abuelito estaba grave e internado esa señora fue a visitarlo al Sanatorio porque no tenía noticias directas sobre su estado de salud, y entonces fue mi madre -Brunita- de corazón gigante y generoso, quien se fue a tomar un café y, en cierta forma, a consolarla, para luego seguir visitándola periódicamente.

     Cuando mi abuelo murió, mamá logró que sus dos hijos varones la siguieran sustentando, y cuando esa señora años después también murió, le dejó a mamá todos los libros que mi abuelo le había ido regalando a lo largo de toda su relación, y cuando también murió mamá, papá me los regaló a mí y hoy los tengo conmigo aquí, en casa, en la biblioteca del escritorio. Yo no puedo -desde luego- juzgarlo a mi abuelo por eso.....no tengo idea de como eran las cosas en su matrimonio.....ni si entonces se podían resolver de otra forma, menos dual.....y además mi cariño hacia él no podía depender de lo que hiciera sino de como era él conmigo, pero bueno.....no todos somos iguales.                                                                    
                                                                             
                                                     Mi abuelo Horacio C. Rivarola

     Y ya que hablamos de mi abuelo Rivarola, creo que debo mencionar que era el segundo de once hermanos -en dos matrimonios- de mi bisabuelo Rodolfo Rivarola, el primero en llevar ese nombre y apellido que luego se nos fue transmitiendo a cuatro generaciones siguientes, que lo llevamos con mucho orgullo ya que, seguramente, aquel fue el hombre más importante y destacado que diera nuestra familia, y por quien existe una calle muy linda en la ciudad de Buenos Aires; una escuela y otra calle y otra escuela en Rosario, adonde había nacido.

     Rodolfo se había casado con María Teresa Boudón -de familia francesa-, con quien tuvo cuatro hijos: Mario, el mayor, abogado comercialista; Horacio, mi abuelo; Rodolfo A., médico pediatra; y Jorge Victor, arquitecto. Teresa Baudón, a su vez, era hija de un viejito -según mi padre, que le conoció, francés, que tenía una muy larga barba blanca y que una vez estuvo a punto de ser enterrado vivo porque tuvo una enfermedad -catalepcia- que hacía aparecer a los que la padecían como su se hubiese muerto....y no lo estaba.....¡ y estaba tomando caña !!!! -dice una graciosa canción- No, en este caso ya estaba en el cajón cuando se despertó y claro....¡ todos salieron corriendo!!! Imagínense, emerger desde el cajón y con esa tremenda barba!

     Papá, que era su bisnieto, lo conoció y decía que había tenido la suerte de conocer a siete generaciones: tres hacia arriba (padres, abuelos y bisabuelo) y tres hacia abajo (hijos, nietos y bisnietos), más la suya. Después que Teresa se muriera, a los 24 años !!!....después de un tiempo Rodolfo se volvió a casar con una mujer que, según siempre han contado, era muy buena y dulce y que educó y cuidó a aquellos cuatro chicos como si fueran los suyos, que además fueron siete: María Enriqueta, que se casó con Roberto Rosa y de ahi provienen los Rosa Rivarola; Clelia, que se casó con Rufino Luro, uno de los pioneros de la aviación en la Patagonia y que junto a Saint Exupery (el mismo del Principito) fundó una línea aerea, y de donde vienen los Luro Rivarola; Fernando, ingeniero, que tuvo dos varones y hoy algunos nietos suyos viven en Bella Vista; Octavio, abogado, un "loco lindo" totalmente diferente a todos los demás Rivarola: bohemio, chupandín como pocos pero de una inteligencia superior o super desarrollada; Eduardo, otro abogado, que murió muy joven; José Enrique, muy buen cirujano pediátra, que se casó con la hija de su hermano Horacio, mi tía Chiquita, de donde mis primos son Rivarola-Rivarola; y el menor Carlos, aquitecto.

     Como ven chicos, no sólo tienen una familia grande por el lado de su abuela materna.....también lo es la mía. Yo los conocí a casi todos esos tíos abuelos mios, menos a Mario -el mayor- y a Rodolfo, ya que ambos murieron jóvenes, porque de chico estábamos toda la familia bastante junta, y además llegue a trabajar con varios de ellos que lo hacían en el Estudio fundado por mi bisabuelo Rodolfo. Ahi trabajaban mi abuelo, Octavio, mis tio Horacio, papá, y el hijo de Eduardo, Patricio, todos Rivarola
                                                                         
                                                                    Rodolfo Rivarola
   
     La familia nuestra, la de nuestros abuelos Rivarola-Reynolds junto a sus cuatro hijos, y nosotros, sus diez nietos, fue bastante unida. Nos reuníamos muchos domingos al medio en la casa que tenían en Coronel Diaz y Juncal, con entrada por el 3100 de esta última, que estaba exactamente en la propia ochava de la esquina, enfrente a lo que hoy es la Clínica del Sol que a su vez está en el mismo lugar adonde muchos años antes estuvo la casa de Rodolfo Rivarola, mi bisabuelo y donde crecieron sus once hijos. Mis padres y los otros tres hermanos, junto a Pepe, hermano de mi abuelo y el marido de mi tía Chiquita, además iban a cenar los miercoles (o en algunas épocas los jueves), sin los nietos, que al crecer nos fueron incorporando de a poco a esas salidas nocturnas, ya en un muy lindo y enorme departamento en la Avda. Santa Fé No. 1050, entre Ayacucho y Junín, en donde ambos murieron.

                                                                             
                             Mis abuelos con sus diez nietos (a mí me pueden ubicar por las orejas)

     Tengo fresco el recuerdo de mi abuelo llevándonos a pasear en su auto (un Ford modelo 43, negro) los domingos por las mañanas, por el puerto, la costanera, Palermo, el Aeroparque, entre chistes y risas, para terminar en su casa a la hora del almuerzo. Con los años, ya estudiante de Derecho, llegué a trabajar con él, que ya estaba casi retirado de la profesión, y ya graduado (su único nieto abogado) lo visitaba dos o trres veces por semana en su departamento, muy temprano, y nos quedábamos tomando mate y charlando de temas profesionales y de otros asuntos que salían como noticias en los diarios.

     Aprendí mucho de mi abuelo, por quien siempre he tenido un profundo respeto, humano y profesional. Yo ya lo conocí retirado pero sé que había sido más docente que abogado litigante y además había sido el primer graduado de la Facultad de Filosofía y Letras; hablaba de corrido latín y griego; había leído muchísimo y contaba con una biblioteca muy importante no solo en su departamento sino que alquilaba un piso en otra casa cerca, en la calle Junín, para guardar todos sus libros. Daba muchas conferencias y había sido Profesor de Derecho Romano en la UBA, Facultad de la cual llegó a ser Decano y luego Rector de la Universidad, cargo que desempeñaba cuando Perón llegó con la Revolución del 43, y al cual se lo intentó cambatir -por golpiusta- desde la Universidad, y así terminó terminó su carrera docente en la cárcel.

     Los recuerdos que tengo de mi abuela son un poco más distantes, tal como era ella, una mujer así, buena pero no de esas abuelas, abuelas; tenía el pelo larguísimo y decía que nunca se lo había cortado, aunque lo usaba totalmente recogido. Alguna vez la sorprendí peinandoselo y era realmente impresionante porque le llegaba casi a mitad de las piernas; la veo casi siempre que la recuerdo, tejiendo o bordando, y a veces nos llamaba al destinatario de sus tejidos para probarnos el trabajo aun sin terminar; también la veo tomando el té, en una salita al lado de su cuarto, justo en la esquina, con unos biscochitos de maicena, levantados sus costados hacia arriba, con dulce de leche, que nosotros a su lado devorávamos....y años después, ya en Santa Fé, siempre con bastones, caminando con dificultad o en la cama, hasta que se murió una mañana, el 5 de agosto del 64 ó 65.....hace cincuenta ños !!!

    ¡ Como se nos pasa de rápido la vida!! Cuando nos querramos acordar alguno de ustedes va a estar escribiendo de mí, un día sábado por la tarde....Yo no se cual puede llegar a ser mi vinculación con ustedes, mis queridos (hoy) once nietos en el tiempo que me quede.....hoy por hoy es muy esporádica porque la distancia nos dificulta el poder tener con ustedes un vínculo más frecuente. Pero aspiro a que podremos tenerla, así, directa, como la tuve con mi abuelo paterno o con mis tías abuelas maternas. Vamos a ver si se puede.                                                            


Gringo y sus hermanos: Chiquita, Alicia y Horacito

domingo, 8 de marzo de 2015

Asados.-


     No tengo en mi familia de sangre, ni paterna ni materna, antecedentes vinculados al campo, que es el lugar al cual se suelen asociar los asados, aun cuando de chico -y también de grande- he tenido la suerte de disfrutalos allí, propiamente en el campo, adonde hace mucho tiempo nacieron como una suerte de necesidad porque así los gauchos se podían alimentar de lo que más abundaba, que era la carne -de vacas, ovejas, corderos, etc.- sin tener que volver diariamente hasta los poblados; era carne que asaban con brazas de lo que también tenían allí más a mano, la ramas de los árboles, si había o inclusive con bosta de vaca, que desde luego nunca faltaba.

     Por suerte esa linda tradición no quedó limitada al campo, y poco a poco en las ciudades se empezaron a comer asados, para los festejos importantes o simplemente para la reunión familiar de los domingos, reemplazando a los tradicionales tallarines de "los tanos". Sin embargo no recuerdo haber comido algún asado en el Tigre, de chico, ni tampoco en la quinta de mis primos, en Pacheco, mientras que en los balcones de los edificios estaba muy mal visto, sobre todo por el humo que trepaba a los pisos superiores.

     De allí que, en realidad, hasta que fui bastante grande nunca hice un asado, ni tenía idea alguna del tiempo que demandaba hacerlo, o de la cantidad de leña o carbón que se debía utilizar, si la altura que debía tener la parrilla arriba de las brazas, ni nada de nada. Mi primer contacto directo con ese mundo se dio al conocer a los Grehan, ya que su padre -Dermot, un bisabuelo de todos ustedes-, un personaje muy particular y de quien -quizás- en algún otro momento les escriba, solía hacer asados todos los domingos en su casa de Punta Chica.

     Y así aprendí, mirando más que preguntando. Los hacía al carbón, es decir que no utilizaba leña. Dicen los que de esto saben más -y creo no se equivocan- que la leña le pone al asado un sabor muy particular que el carbón no logra, y que proviene del olor de la leña quemada que, sin duda, es mucho más agradable que el del carbón que casi no lo tiene. Pero yo aprendí con carbón y domino más sus tiempos, porque la leña tarda más en hacerse braza; sin embargo con los años he comenzado a mezclar leña con el carbón que utilizo, y efectivamente el sabor de la carne es diferente.
                                                                        
     
     Otra cosa que hacía Dermot era trabajar en el suelo, apoyando sobre la tierra una pequeña parrillita semejante a la de la foto, ya que no tenía una parrilla tipo quincho. El tema es que el asado estaba siempre a un mismo nivel con las brazas, lo que lo obligaba a tener siempre a mano una botella de agua con sal, ya que muchas veces al colocar brazas nuevas debajo de la parrilla, la grasa que caía desde arriba se encendía y por lo menos dos o tres veces por asado había que tirarle agua para apagarlo, y de ahi que el agua llevara sal, para no aguar la carne.

     Y la tercera cosa que me acuerdo que no podía faltar en sus asados, era un buen vaso con whisky, servido generosamente. Y así se instalaba, casi siempre los domingos y generalmente debajo de un árbol bien grande que había en el jardín,. cercano a la puerta del garage, whisky en mano, a hacer el fuego y a leer el diario, junto a una botellita de agua salada. Allí lo encontrábamos los que después nos íbamos incorporando "al fogón", cuando ya los chorizos desde la parrillita, nos invitaba con su aroma tan caracteristico.

     Mi primer asado fue un papelón; lo he contado muchas veces, pero quizás alguno de los más chicos no lo sabe. Mis padres festejaban sus Bodas de Plata, es decir los 25 años de su matrimonio, un 9 de enero del año 1967, verano en el que habían alquilado una agradable quinta en las Lomas de San Isidro y yo -con toda inocencia- me ofrecí a hacer el asado para una gran cantidad de gente ya que había como unos 50 invitados. Todavía no entiendo como me lo permitieron ya que mi experiencia se limitaba a haber visto hacer unos cuantos asados, y nada más.

     La verdad es que parecía fácil: había que encender el carbón con unos diarios y algunas maderitas; después desparramarlo en la parrilla; poner las achuras y la carne y a esperar, eso sí, con un vaso de whisky en la mano. Nunca se me ocurrió pensar que a mayor cantidad de comensales debía ser mayor la cantidad del asado, y que a mayor cantidad de asado debía ser mayor la cantidad de carbón a utilizar. De allí que cuando me preguntaron cuantas bolsas de carbón necesitaría, yo que no tenía la menor idea, recordando que Dermot usaba una, por las dudas pedí que fueran dos.

     Mis padres, además, habían pedido que se celebrara una Misa de Acción de Gracias allí mismo, en la quinta, alrededor de las 8 de la noche, para que más o menos a las 10 aparecieran los primeros chorizos, luego de algunas vueltas de saladitos y sandwichitos como para ir aguantando.....y después seguir con el resto. Yo, a todo esto, no tenía ni la menor idea de cuanto podían tardar en hacerse las brazas y encenderse bien el carbón (que para que se den una idea no lleva menos de 30 minutos), ni sabía en cuanto tiempo debían estar los chorizos (que mínimo son otros 45' ) ni la carne (una media hora más, como poco).

    Por las dudas había preparado el fuego antes de la misa, y habré vuelto una cuarenta y cinco minutos después y parecía que estaba todo listo. Tiré al fuego la segunda bolsa de carbón mientras desparramaba el carbón encendido en una parrilla inmensa, por lo menos cuatro veces más grande que las de Dermot, y encima colocaba los chorizos y unos lomos, que se hacen solos, y me puse a esperar.. De vez en cuando alguno de mis padres se daba una vueltita por ahí para ver como andaban las cosas, mientras yo advertí con pavor que el carbón de la primera bolsa ya no calentaba y el de la segunda se estaba extinguiendo.

    Los chorizos alcanzaron a salir y la gente se los devoró pensando que enseguida llegaban los sandwiches con lomo.....pero no.....ya serían como las 10 de la noche....la gente estaba muerta de hambre y yo me quedé sin fuego y con los lomos a medio hacer. ¡ Un verdadero desastre !! Vino mamá, agarró la carne y se la llevó para terminar de asarla al horno, y allí, rápidamente, lo logró y los invitados casi no se dieron cuenta, mientras yo me llenaba de verguenza y papá -seguramente- habrá pensado que sería yo quien tendría que haber ido a parar al fuego. ¿ Que tal? Para debut y despedida ¿no?.
                                                                  
                                                     Los cuatro....el día del famoso asado

     Después de ese traspié vinieron otros asados....con mejores resultados.....comenzando por los que hacía en una parrillita que había instalado en la gran terraza del 9o. piso en el primer departamento que ocupamos luego de casados, y que siguieron con mayor frecuencia cuando nos mudamos a vivir a San Isidro en 1974, y así hasta el día de hoy en que todavía voy cambiando y mejorando técnicas, conforme a lo que la experiencia me va indicando. De lo que nunca más me he olvidado es que lo fundamental es que nunca, pero nunca, se deben quedar sin fuego, lo cual suena como muy elemental o básico, pero que en realidad solamente después de una experiencia "inolvidable, se te hace carne".
                                                                         

     En aquella terraza del 9o. piso lo que más trabajo me daba era encender el fuego, por el tema del viento que se generaba por la cantidad de edificios altos. Hasta se me apagaban los fósforos y allí no había ni leñas ni palitos de madera para ayudar un poco a los diarios que se apagaban antes que el carbón pudiera encenderse.¡ Que bronca !! Finalmente terminaba siempre apelando al alcohol y allí sí, que lindo fueguito. Hasta que una vez, estando en una casa que nos prestaron para cuidarla, los invitamos a comer un asadito a Lia y Modestino (todavia no había chicos y Lía con panza de  embarazada de Modestino hijo. Como el fuego no se encendía volvía echarle alcohol y a soplar sobre los diarios para que el fuego prendiera, con tan mala suerte que la llamarada lo alcanzó a Modestino a quien se le comenzó a incendiar la ropa; pero Lía, así como estaba de por lo menos ocho meses, se tiró encima de él y medio lo tacleó para que la tierra le apagara el fuego y así efectivamente sucedio; ¡ que susto que nos dimos !!!, pero por supuesto que nunca más volví a utilizar el alcohol para encender un fuego; es un peligro.

     Desde entonces busco maderas o maderitas y trato que en casa siempre haya cajones de madera de los de las fruterias, cualquier cosa que agarre rápido a encenderse luego de haberse prendido los bollos de papel de diarios, que coloco haciendo como una pirámide, sobre la cual va la leña, más abajo las más chicas y luego las grandes, y recien cuando todo eso está bien encendido, pongo el carbón, una bolsa completa y a veces media más, que es así casi lo único que ha quedado de los asados de Dermot, porque hasta el whisky ha quedado reemplazado por vasos de vino.

    En cuanto a las tareas post asado, es importante que la parrilla quede limpia de grasa, es decir, casi preparada para su próxima utilización. Yo lo que hago es aprovechar las brazas todavía calientes para volcarlas arriba de la parrilla para que quemen toda la grasa, y así la dejo, hasta la próxima vez en que con una hojas de diario saco toda la ceniza que se formó, o si alguien ya la sacó, la limpio bien para que salga lo que quede. En cuanto a los cuchillos con los que he trabajado, los meto en el pasto para sacarles la grasa sin lavarlos, porque el agua le hace mal a la hoja de metal.

     En todas las casas en las que he vivido desde aquellas primeras experiencias, he buscado tener un lugarcito adonde poder hacer asados, los que he ido perfeccionando con el transcurso del tiempo. Ya no me pongo tan nervioso como antes......sé que todo es cuestión de tiempo, mientras no falte el fuego....para así poderlo disfrutar a pleno, en familia, con amigos, con compañeros de trabajo....siempre la ocasión es buena para reunirse.....y si es con un asadito, mejor!
                                                                         

                                                        Mi actual parrilla en Cipolletti

     Cuando ustedes vayan creciendo tendrán su propia experiencia, seguramente junto a sus padres, o porqué no sus madres. Rodolfo Quinto los hace y muy buenos, lo mismo que Titi y el Negro, en este caso según comentarios. Los de Franchi también salen muy bien y con sus propias recetas en donde mezcla verduras que asa a la par y Meli, que era quien más se acercaba a mí cuando era chiquita, y me preguntaba por todo lo que hacía y sus porqués. ¿ Cuando se pone la sal? ¿ cuanto tiempo tarda en hacerse un asado con hueso? ¿ de qué lado se pone la carne? ¿ porque mojas en agua los chorizos? etc. etc. Con los años comenzó sola y luego siguió haciendo muy buenos asados y manejando muy pero muy bien el tiempo y el fuego. Una discípula perfecta !

     Lo último que quería decirles, queridos chicos, es de acordarse que lo fundamental de un asado, grande o chico, es disfrutarlo.....y hacerlo disfrutar a los demás, con toda la paciencia del mundo, porque finalmente, cuando tengan todo listo y a punto, para comenzar a servir, siempre faltará algo en la mesa, o las ensaladas que no estarán condimentadas.....o faltará un invitado.....o no alcanzarán las sillas.....o cualquier otra cosa. Pero bueno, lo principal en esos momentos es la paciencia, porque siempre se puede levantar un poco la altura de la parrilla, o correr la carne y las achuras hacia donde no reciban tanto calor, para dar tiempo a los demás a terminar sus cosas, porque finalmente un asado no es otra cosa que tiempo, compartido.