lunes, 30 de marzo de 2015

Dios.-


     ¡ Que impactante resulta escribirlo !! Es que Dios es algo inalcanzable para el hombre, acostumbrado a lo limitado y tangible. ¡ Dios es tantas cosas !.....pero fundamentalmente es Amor.....lo más parecido que tenemos a nuestro alcance para comprender su grandeza y, de alguna manera, poder describirlo por medio de sentimientos que nos son conocidos es asignarle esa cualidad que para el hombre representa lo más sublime que puede ocurrierle en la vida.

     Se supone que siendo así y como el amor es algo que nos es común a todos los hombres, de todas las razas y de todos los tiempos, no debería tener ningún otro aditamento y de ese modo todos tendríamos en El al Ser Superior que todos reverenciamos, con el nombre que queramos asignarle. Sin embargo no ha sido así a lo largo de los tiempos y los hombres han -hemos, en realidad- pretendido adueñarnos de Dios y transformarlo en alguien que conformara nuestros propios pareceres, para así contar con su visto bueno para todas nuestras acciones.

     Es como si no confiáramos en la veracidad de nuestras propias convicciones y necesitáramos de alguien superior como aval frente a los otros que, así, se inclinaran ante nosotros y ante nuestra conducta porque hacemos "lo que Dios manda". Pero ¿es esto así? Hoy por hoy yo me inclinaría a pensar que no, y que a lo largo de los años las religiones, todas ellas, algunas más que otras se han servido de Dios y de sus "supuestos" mandatos para hacernos seguir conductas que "los religiosos del caso" han considerado conveniente o necesario establecer, para "calmar a las fieras".

     Esta forma de encarar las cosas pudo eventualmente servirles en aquellos tiempos en que la ilustración era como un tesoro al cual solo podían acceder "los religiosos", quienes se encargaban luego de "bajar" sus conocimientos y saberes a los hombres, ilustrándolos por medio de figuras, de cuadros, de representaciones, pero siempre de conductas modelo de lo que se debía o no se debía hacer, sintiéndose realmente los transmisores del pensamiento de Dios, lo cual no estaría nada mal si siempre hubiesen tenido como norte o premisa fundamental aquella de que Dios es Amor, lo que no siempre ha sido así, salvo honrosas excepciones.

                                                                           
 
     Yo crecí y me eduqué dentro de los parámetros de la religión católica; la apostólica y romana; la de los dogmas de fe; la de la -reciente- infalibilidad papal (de comienzos del siglo XX); la del celibato sacerdotal; la de los sacramentos -bautismo, confirmación, eucaristía, confesión, matrimonio indisoluble, orden sagrado y unción de los enfermos-; la de las obligatorias misas de los domingos y fiestas de guardar; la de los pecados, veniales y mortales; la de los premios y castigos celestiales; la de las oraciones como el Padre Nuestro y el Ave María; la del culto a la Virgen y a los santos; etc. etc.

     Recibí mis primeras lecciones -para decirlo de alguna manera- de mi madre, quien junto a as caricias de las noches me invitaba a repetir con ella sencillas oraciones, como el "con Dios me acuesto...con Dios me levanto....la Virgen me cubre con su santo manto", que venían como envueltas de su amor y por eso pudieron  calar tan hondo en mi espíritu y quedarse allí, ancladas en mi alma, porque ellas hablaban de Dios con amor y sin temores.

                                                                   
                                                                       
     Las semanales visitas a las iglesias, en cambio, eran terribles. ¿ Porqué teníamos que ir? ¿Porque la gente se paraba, se arrodillaba o se sentaba a cada rato? Eso era sencillamente lo que había que hacer, ir a misa los domingos, "porque es obligación". Y después venían las elucubraciones propias de las personas: ¿ misa entera?....bueno en realidad sólo a partir del Credo es obligatoria. ¿Y que ocurre si uno falta? Es pecado....ah!....¿mortal o venial?....No!!!...es pecado mortal porque atenta contra el 3er. mandamiento, el de "santificar las fiestas".

     Nadie nos explicaba la importancia que tiene la Misa.....o porqué es importante tener un contacto, al menos semanal, con Dios, durante un rato.....pero no porque fuera obligatorio sino porque es bueno dejar por un lado las cosas cotidianas, las preocupaciones diarias, y tratar de tener un contacto mental con El....con quien está más allá de todo....con alguien superior a todos nosotros.....poder charlar íntimamente con El.....procurar escucharlo.....plantearle sin temores nuestras dudas.....finalmente, tener un encuentro real y concreto con el Amor.

     Pero nada de esto era posible.....primero por la cantidad de gente que, sin duda, a un chico lógicamente que lo distrae; además porque entonces no entendíamos lo que se rezaba -ya que las misas eran de espaldas y en latín- y además estábamos obligados a permanecer callados y sin reirnos, con riesgo de recibir un fuerte pellizcón si no lo hacíamos, que de amor no tenía nada; además los sermones eran interminables y uno siempre se distraía mirando esas altas ventanas por donde se colaba la luz, o los techos altísimos, o las estatuas de los santos o, inclusive, aquella chica de allá que se da vueltas para mirarme todo el tiempo. ¡ Uno realmente estaba deseando que se terminara todo....para volver a casa y almorzar !

     ¿ Era buena, entonces, esa enseñanza religiosa que recibimos? Obviamente que no; era la religión de las obligaciones "sin chistar" y sin mucho explicar; esto es así ¡ y se acabó!!. Bueno...pero....¡ pero nada!! "sino Jesús se va a enojar" Y uno, chiquito, pura imaginación, lo veía a Jesús allá clavado en la Cruz con esos clavos gigantes....sufriendo porque uno lo había llevado hasta allí con lo que había hecho o había dejado de hacer . ¡ Que tremenda responsabilidad la de la educación religiosa! ¡ Como se puede dañar...con la mejor intención!

                                                                             

     Después vino la preparación para la primera comunión. En aquellos años -1950- la instrucción religiosa se impartía en lo que se llamaba "el Catecismo".....y había que ir "al Catecismo", que eran unas charlas que un cura les daba a unos cuantos niños -varones de un lado y mujeres del otro, no sea cosa que nos mezclemos antes de que el santo matrimonio lo permita- y en donde, la verdad, no nos explicaban nada sino que nos hacían repetir de memoria las respuestas a un sinnúmero de preguntas que estaban en un librito que era el famoso "Catecismo de primeras letras".

    "¿ Donde está Dios?" se preguntaba, y uno respondía "Dios está en el Cielo, en la Tierra y en todo lugar" ¡ Que tal? ! Y uno intentaba pensar "estará aquí?"; y "¿ como puede estar en todos lados?"; "¿ es como el aire pero hecho persona?" Nadie explicaba lo del Ser Superior; lo del Creador; lo del Amor; no!!! Nos explicaban que era como un Dios terrenal y dispuesto a saltar sobre uno al menor atisbo de no hacer "lo que Dios manda". " Y para el martes se aprenden hasta la 90" ¡ Que horror ! Y ahí, sin chistar, uno sabía que por más que lo demorara, iba a llegar el momento en que la madre diría "¿ estudiaste el Catecismo?". Y tenía 6 años.

     Yo no hice la Primera Comunión con los chicos de la Parroquia, a pesar de haber asistido allí al Catecismo y la verdad es que no sé porqué. La decisión de mis padres -quizás solo de mi madre- fue que la tomáramos juntos con mi primo Horacio pero en la capilla del Colegio del Sagrado Corazón de la Avda. Callao, que era de chicas y por consiguiente de monjas entre las que estaba una prima de papá, la Madre Estela Rosa.

     Antes del gran día -que fue el 25 de noviembre de 1950- debí someterme al examen de una vieja monjita que, con el mismo estilo, me iba interrogando sobre las diferentes preguntas que yo trataba de recordar y memorizar bien para no equivocarme....aunque no entendía algunas -o muchas- palabras que repetía como un loro (¿ que será fornicar ?....nadie te decía nada.....solo que no se debía !....ni nadie explicaba nada) Solo comprobar que uno supiera las respuestas de memoria !!

     Y así fue como una mañana de sábado nos encontramos con mi primo Horacio, los dos vestidos con una traje de Eton (que es el uniforme que usan los chicos que van a ese famoso colegio en Inglaterra), muy serio, con zapatos negros y un gran moño blanco en el brazo derecho, símbolo de la pureza necesaria para el encuentro con Jesus. Recuerdo que estaba muy emocionado e impresionado mientras avanzábamos por el medio de la capilla, mientras en los bancos de los costados nos miraban una cantidad de caras conocidas y otras no tanto.

                                                                     

     En mis manos un rosario blanco y un librito de oraciones del mismo color (que 65 años después aun guardo) . Nos sentamos adelante de todo -¡ está bueno !!- y en el momento de la Comunión nos adelantamos los dos para recibir esa Hostia de la que tanto tiempo nos habían hablado, que era el mismo Cuerpo de Jesús, algo que puede resultar incomprensible pero que en una mentalidad de 6 años se admite "sin chistar" ( pero como ¿ no era que estaba en todas partes?) Igual -alma sensible- sentí que Jesús esa mañana estaba conmigo y que si El estaba allí.....finalmente no era un chico tan malo.

     Otro tema que hoy no existe como problema, pero que sí lo era para nosotros, es del "ayuno" cuando uno iba a comulgar, y que consistía en no comer ni beber nada -ni siquiera agua- desde las 12 de la noche del día anterior, porque el cuerpo debía estar incontaminado de todo....solo dispuesto a recibir esa hostia a la que, no sabía porqué todos decían que era pan, y a mí no me lo parecía. ¡ Y había que aguantar !!!...a veces hasta una Misa de 11 o 12....sin comer ni tomar nada. El problema era lavarse los dientes porque.... ¿ si uno toma un poquito de agua puede comulgar? ¿ y si traga el dentífrico? La culpa posterior -cuando uno no decía nada de lo ocurrido- era gigante. Pensar que Dios se fuera a enojar por tamaña pavada hoy me dá mucha bronca.....porque nos instruyeron en el temor y la culpa.

     Tan esa así que cuando yo me portaba mal y aparecían algunos de mis berrinches, con los cuales mi madre no podía.....me llevaba a verlo a su confesor que era el Abad (o sea el Superior) de los Benedictinos, el Padre Andrés Azcarate, que me recibía en un confesionario oscuro, todo vestido de marrón y con un largo rosario colgado de la cintura, y que en su español de origen, creo que con cariño, me regañaba y me retaba con frases tales como "no le debes hacer esto o lo otro a tu mamá.....que es tan buena y cariñosa con vos"

     ¿ Que sabía ese señor de mis reacciones? ¿ me preguntó acaso el porqué? ¿ porque dio por sentado que mamá decía era "palabra santa" e indiscutible?. "Debes portarte bien y ser un chico bueno.....¡ porque Dios lo manda !..... y si haces estas cosas y te seguís portando mal, se va a enojar mucho y no va a querer venir a tu corazón. ¿ Me lo prometes?" Y un sí casi silencioso y avergonzado daba fin a la visita.

     Y ahí está el germen de la culpa.....y del temor a Dios.....actuar por temor y no por convicción.....porque hay cosas que los chicos no deben hacer y otras que deben respetar, pero explicando porqué está mal....pero por uno....¡ no por Dios ! Eso es lo que digo cuando pienso que las religiones....y los religiosos....no se han sentido con la suficiente fuerza o firmeza para sostener por sí sus propias convicciones, y que han tenido que recurrir al más allá para avalar sus dichos.....lo mismo que hacían los sacerdotes indígenas al invocar los castigos divinos (terremotos; inundaciones; etc.) para castigar a quienes no los escuchaban.

     Y así nos educaron, en el temor y la culpa, sin explicarnos que ni todo está mal, ni que todas las cosas que uno siente, necesariamente, son pecado. En realidad pienso que esa forma de educarnos de los religiosos de entonces -hoy por suerte ya no es así- provenía de lo que ellos mismos sentían, no de lo que Dios quería para sus criaturas, y por eso es que nos impusieron conductas propias para los religiosos con votos de consagrados y no para gente normal y corriente.....y crecimos hasta con temor o verguenza de nuestras propias reacciones naturales....algo tan característico de los católicos.....pero no de Dios que es un ser Superior y amante de la libertad que nos ha regalado a todos sus hijos en abundancia, y que en consecuencia nadie tiene el derecho de restringirla o interpretarla, en su nombre.

     Pero ¿ porqué no reaccioné antes ante estos abusos notorios? ¿ porque tuvieron que pasar tantos años aceptando reglas de conducta que me vinieron impuestas? ¿ Porqué a mi vez las transmití ! ? He pensado bastante en todo eso y lo único que se me ocurre es que para mí, ese respeto por la Iglesia Católica me viene por haberla considerado -de chico- como una institución protectora y comprensiva; en quien poder confiar, pero más por lo político que por lo religioso, a raíz de vivencias experimentadas durante mi infancia transcurrida durante el régimen peronista con el que mi parte no sólo no lo compartía sino que lo aborrecía y combatía.

     Por aquellos años -mis 11 o 12- hasta la propia Iglesia cayó en desgracia a los ojos del régimen y entonces yo advertía que no era solo mi padre quien lo combatía....sino que también  la propia Iglesia estaba de nuestro lado, y así es como para mí apareció como poderosa, plena, pudiendo suplir lo que mi padre, por sí solo, no lograría jamas.....y finalmente se logró.....porque Perón cayó y nosotros vivimos más tranquilos.

                                                         


     Pero antes hubo que padecer saqueos, incendios a muchas iglesias, burlas a todo lo sagrado, a lo más íntimo de nuestros sentimientos, con sacerdotes perseguidos  que no podían circular por las calles con sotanas.....y allá nos llevaron mis padres a contemplar las cenizas en que se transformaron tantos templos y a dar refugio a sacerdotes perseguidos que vinieron a vivir a casa, adonde también trajeron reliquias sagradas para protegerlas de las hordas salvajes, junto a libros sagrados, ornamentos, en fin, todo "lo intocable" contaminado. ¿ Como pudo impactar todo eso en un chico que estaba comenzando su pre-adolescencia? Con todos sus valores -o las cosas que los representaban "sin chistar"- hechos cenizas y jirones. Nuestra Madre -por decirlo con palabras simples, mancillada y vapuleada.
                                                                             
Imagen de la Iglesia de San Ignacio

     También  mi infancia, años antes, había sido mancillada y vapuleada por un par de sacerdotes del colegio, inescrupulosos y lascivos que se abusaban de los chicos de la primaria que, como yo, caíamos en sus redes, de las que no nos podíamos desprender por miedo -más bien terror- y si bien nunca pasó a ser una violación con todas las letras, nos marcaron a fuego con sus actitudes, estas sí, totalmente pecaminosas....y era a ellos a quienes debíamos respetar !!!

     Ultrajado como niño; obligado a cuidarme de los mayores y sobre todo teniendo que silenciar en mi interior todo lo que sufría, por temor o verguenza, sin haber podido nunca compartirlo con mis padres, fui haciéndome así -introvertido y silencioso- por un lado e incapaz de sacar afuera lo que anidaba en mi interior, sin poder confiar en nadie más que en mí, porque ese niño ultrajado tenía mucha verguenza y lo único que quería era crecer rápido para que no lo lastimaran más, y porque no obstante ser un niño, estaba obligado a cuidarse a si mismo como si fuera un grande, pero sin serlo.

     De cualquier modo mantuve el estandarte de la confianza en la Iglesia, creo que por intuir que aquella actitud de protección y cobijo que le brindara a mi padre me hacía sentir seguro, y también por aquello de que los hombres (digamos, los varones), deben aguantar a pié todas las adversidades, firme ante todas las cosas graves, como después me ocurrió a lo largo de toda mi vida, sin llorar....¡ porque los hombres no lloran!!.....no obstante que ese niño -aquel niño- quería llorar y tirarse en los brazos de su madre....que estaba allí.....pero ignorante de todo cuanto a él le acontecía.......

     Y así pase varios años de mi vida cumpliendo con todas las normas que la Iglesia imponía: yendo a misa, completa; siendo monaguillo de misa diaria a cambio de alfajores y de alguna hora de clase; comulgando; confesándome cada vez que entendía estar en pecado mortal, ante un cura sordo y casi dormido que había en el Carmelo y que casi siempre me decía lo mismo; todo rutina; todo reglas; todo impuesto; nada de convicción y mucho menos de Amor.....¡ pero cumplí !!.

     Después vinieron los años del secundario y con ellos los de la Acción Católica, esta vez en el Patrocinio de San José sobre la calle Ayacucho, a seguir con mi formación católica entre buenos amigos y sacerdotes  increíbles algunos y olvidables otros y así, casi sin solución de continuidad, allá por mis 14 ó 15 caí en las garras de la gente del Opus Dei, porque esa es la sensación que aun retengo.....como de una persecución desesperada que, así y todo, se prolongó por unos cinco o seis años, hasta que finalmente sucumbí.

                                                                            


     Y aquí la misma sensación de siempre....de tratar de escabullirme....de tener que hacer frente sólo a algo que en realidad yo no quería.....pero es que no me daban tregua ni respiro.....y entonces uno aflojaba un poco y se resignaba a ir a un retiro o a una meditación los sábados por la tarde, y eso era peor porque entonces era mayor la intensidad de los apremios. Recuerdo con un dolor muy profundo toda esa época en la que mi libertad parecía que no contara para nada ni para nadie, y me hacían creer que los deseos de Dios para conmigo coincidían con los de ellos, no con los míos....y esto, claro está....había que aceptarlo "sin chistar".

     Pero yo no estaba conforme; había algo en mi interior que se rebelaba, sin poder sacarlo afuera; había perdido mi libertad, la libertad con la que Dios nos creó, nada menos que con el argumento  que tenía que servirlo. Yo no era feliz !! Es cierto que por aquel entonces yo venía de padecer una gran pérdida amorosa de la que, pasaban los años, y no me podía recuperar. Es que mi noviazgo, que creía era el preludio de un seguro futuro casamiento, fue abruptamente interrumpido luego de unos tres años, a los 17, cuando entre nosotros se interpuso el Opus Dei y se la llevó de mi lado

     Claro, yo no podía putear a una organización eclesiástica porque eso no estaba bien.....pero en mi interior sentía una gran furia porque entendía que habían tergiversado las cosas de manera de poderla llevar lejos de mi lado y por eso -casi con seguridad- es que me acerqué yo con cierta curiosidad a la Obra para tratar de conocer algo más de quienes habían sido mis verdugos, y tanto me acerqué que finalmente me incendié. 

     Pero allí nunca estuve cómodo y si bien de a ratos la pasábamos bien, finalmente yo sentía que no estaba hecho para entregarles toda mi vida, como hasta entonces pensaba -románticamente- que era una manera de seguir compartiendo la mía con aquella novia de la adolescencia......hasta que un buen día me fuí....pero me tuve que escapar....y así volver a mi casa adonde mis padres me protegieron y, junto a mí, resistieron los embates de todo orden que hicieron los del Opus Dei para tratar de hacerme ver mi error y mi equivocación, pero esta vez yo ya había aprendido la lección y conocía las bondades de la libertad y de lo bien que uno se siente cuando resuelve por sí y ante sí que es lo que quiere.

     En paralelo yo había seguido recibiendo instrucción religiosa porque al estudiar mi carrera en la UCA, necesariamente tuve que estudiar las tres Filosofías, las dos Teologías más Derecho Canónico, pero esto era solo formación, no imposición, aunque uno, claro, tuviera que aprenderse las materias. Pero una cosa es estudiar los principios y otra muy distinta que te impongan una determinada conducta.

                                                                  
                                       El edificio de la Facultad de Derecho sobre calle Juncal
     
     Sin embargo nunca pude dejar de sentir culpa -una culpa de ofensa a Dios- cuando cometía algunos actos que según la enseñanza religiosa eran contrarios a la moral y las buenas costumbres, no obstante que la naturaleza nos indicaba otra cosa. ¿ Porqué esa contradicción -pensaba sin atreverme a romper con mi formación (o deformación) religiosa, entre lo que pide un cuerpo jóven, en su plenitud y lo que está mandado hacer? ¿ Porque otras religiones no eran tan exigentes a ese respecto? ¿ Porque se nos había instalado ese enorme sentimiento de culpa que tanto nos condicionaba, sobre todo a mí, respetuoso como siempre he sido de lo que imponen las normas?

     Y seguía cumpliendo con ellas....seguía asistiendo regularmente a misa los domingos e inclusive, muchos días lo hacía entre semana; y seguía cumpliendo con todas las demás imposiciones o buscaba rápidamente la absolución sacerdotal cuando finalmente no lo hacía, pero sin entender -hasta hoy- como es posible que si tan grande fuera la ofensa a Dios se pudiera borrar tan fácilmente.

     Ya de grande he comprendido la tremenda falacia que se esconde detrás de esa exigencia: poder mantener el poder hasta sobre las mentes de los pobres fieles. Es verdad que no siempre es así, y a veces uno siente un gran alivio conversando -¡ no confesando!!- sobre cuestiones o temas que nos puedan estar inquietando, pero no con sentido de culpa (¿ se entiende?), no pensando que se ha ofendido a Dios -¡ ¿ como podríamos nosotros, seres limitados, ofender a quien no tiene límite alguno? !....¿ a quien es puro Amor? Es imposible !! Dios es libre y nos ha hecho a su imagen y semejanza, luego, también libres; son los hombres los que nos han hecho -sobre todo a los católicos- estrechos y limitados, al imponernos normas de conducta que resultaban convenientes para mantener el orden entre los hombres.....pero en el nombre de Dios.

     Como hizo Moises en el desierto. ¿ Quien lo vió recibir las famosas dos tablas con los diez mandamientos de su mano? Claro, es cierto que él las necesitaba para poder mantener el orden dentro de una comunidad cada vez más levantisca y respecto de la cual poco a poco iba perdiendo las riendas, y si les decía que esas reglas eran suyas, nadie se las respetaría. ¡ Pero viniendo de Dios !! ¿ Quien se atrevería a contradecirlo? Y así, desde entonces, la tradición judeo-cristiana ha seguido por esa misma senda: utilizar la ofensa a Dios para mantener la cordura entre los hombres.

     Y no digo que esas normas de conducta, digamos, tan naturales, son incorrectas; lo único que sostengo es que el contrariarlas no necesariamente ofende a Dios, que está por encima de ellas y de mucho más. Las conductas -para seguir en consonancia con Dios- deben provenir -con convicción- del amor, nunca del temor, y me alegro mucho de haber tenido la oportunidad de empezar a actuar de esa manera en algún momento de mi vida

     Me costó -no voy a decir que no- porque tenía toda una formación y una cultura imbuidas de lo contrario y, casi rutinariamente, me desenvolvía dentro de aquellas pautas y tradiciones que a mi vez, transmití a mis hijos. Pero hoy no pienso así y, gracias a Dios, la Iglesia actual tampoco. Trato de ser una buena persona, un buen padre, un buen esposo, un buen empleador, un buen amigo, pero porque quiero serlo; y lo hago por mí, porque así lo siento y así me siento bien....pero si me equivoco y en algún momento no puedo, pues pido perdón a la persona que ofendí o dañé, no a Dios ni a alguno de sus intermediarios. La reparación tiene que ser directa y personal, de lo contrario no sirve más que para acallar una conciencia.

     ¡ Cuantas personas, muy devotas y católicas de la primera hora, andan tan alegres por la vida haciendo daño -¡ yo las he padecido....y como !!- quienes con seguridad luego silencian sus conciencias y se van tan tranquilas a comulgar (es decir, a unirse nada menos que con Dios) cuando han dejado atrás un tendal de víctimas de sus hechos o palabras, o lo que es aun peor, sin siquiera darse cuenta de lo que han hecho y hasta -quizás- pensando que han actuado bien y como Dios manda! Por favor !!

     ¿ Como Dios va a estar satisfecho con esa enorme falta de amor, que es El mismo? Es lo de siempre, ampararse en que es eso lo que Dios quiere cuando en realidad son ellos mismos  los que quieren que así sea como "piensa" Dios.....Ignoran que uno cuando actúa en uso de su propia libertad, puede hacer lo que quiere, mientras que a ellos hacer lo mismo les significaría cargar con una culpa imposible de tolerar. Y entonces me pregunto ¿quien es más libre? ¿ el que actúa por amor o por temor? ¿ el que hace o el que no se atreve a hacer lo que quiere, y envidia a los que sí?

     Decía más arriba que me llevó muchos años cambiar mi forma de pensar todas estas cosas y sencillamente lo logré cuando -muy a mi pesar- advertí que un sector minoritario pero muy intolerante que existe en el seno de la Iglesia, pretendía adueñarse de sus verdades y señalaba públicamente a aquellos que no debían participar más -plenamente- de una vida en comunión con los demás, con diferentes argumentos, pero siempre invocando -claro está- la ofensa a Dios y la imposibilidad de vivir "en gracia"

     Me causa mucha risa eso de "la gracia de Dios" y que uno vive en ese estado solamente cuando algunos personajes de la Iglesia lo permiten. ¡ No es así !! ¡ Que vá ! Uno está en gracia de Dios cuando está bien con Dios, no cuando otros lo autorizan. Dios es ilimitado, vale decir que no puede ser limitado o encasillado dentro de determinados parámetros. Por suerte -decía más arriba- desde la llegada de Francisco hoy corre un aire fresco en la Iglesia, en todos los sentidos y aspectos, y está llegando la hora en que se repliegue a los "patos vica" instalados en la puerta y a algunos "castigados" nos permitan comulgar junto a los demás, y no a escondidas como debemos hacerlo.

     Se terminarán entonces las escapadas a alguna iglesia perdida, donde nadie te conoce, donde sólo Dios es lo importante....y allí vuelvo a comulgar....porque así lo siento y así siento que Dios está feliz viniendo a verme a escondidas....donde nadie se va a escandalizar porque a decir verdad, a los ojos de Dios, yo se que no le ofende, digan lo que digan los bulldogs de la puerta.

     


     Yo quisiera para todos mis queridos nietos, los 11 actuales y los que vengan luego, y para sus hijos, que puedan vivir su religión libremente.....que pudieran actuar con total libertad y convicción.....que no se dejen engañar por mejores que sean las intenciones de quienes les aconsejen.....que se permitan dudar....que se permitan preguntar....que se permitan seguir sus propias convicciones....y sobre todo que nunca juzguen a quienes no compartan sus creencias o sus formas de pensar.....¡ Seamos libres !! Los van a querer correr con el verso del "libertinaje".....¡ nada que ver !! ¿ De qué libertinaje me hablan aquellos que solamente apelando a la culpa pretenden manejar el mundo? ¿ Como es posible que pretendan -.en nombre nada menos que de la religión-. coartar el sagrado derecho de cada uno de entablar con Dios su propio diálogo; su propia ligazón.

     Sean libres queridos míos ! y dejen serlo a quienes les sucedan....explicándoles las cosas desde donde son.....y las que no puedan  explicar con convicción, pues no deben ser explicadas ni practicadas porque no sirven. En todo caso lo que les pido, simplemente, es que todos ustedes -y ellos- tengan el derecho de saber -al menos- lo que pensaba su abuelo de estas cosas....para que se comprenda que siempre puede haber otra manera de ver las cosas y que ella no necesariamente contradice los deseos de Dios....ni lo que Dios manda.....porque Dios no manda.....¡ simplemente nos ama !!
 

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