Decir infancia es decir padres, hermanos, abuelos, primos, etc., como decir adolescencia es decir compañeros, salidas, encuentros, noviazgos, sentimientos expuestos, etc. etc. Voy a contarles entonces, queridos nietos míos, algunas cosas que pueda recordar de mi infancia, porque aunque ahora ustedes me ven ya medio viejito lo cierto es que, como todos, tuve una infancia y por supuesto fue muy feliz.
Si me preguntan cuales son los recuerdos más viejos que tengo, por ejemplo, con mis padres, tendría que decirles que los ubico en un departamento en el que vivíamos en Bs.As., en la calle Uriburu 1019, entre Santa Fé y (hoy) Marcelo T. de Alvear, en un 5o. piso Depto. "B". Tengo algunos recuerdos más viejos pero bastante fragmentados, por ejemplo del Tigre, junto a una niñera negrita (porque era negro el color de su piel) que se llamaba Rosario, a quien miro a la distancia desde una sillita de esas con mesita para poder comer los bebes, y yo cuando ella pasaba le tiraba del moño de su delantal, a quien le decía " Lalio" y esperaba acostado que me trajera la mamadera conturreando alguna canción.
Con mis padres
Tengo algunas impresiones, más que recuerdos, muy fugaces de algunos otros momentos en los que se aparece mamá a mi hermana Lía. De aquella la recuerdo subiendo una escalera a brindar conmigo en la noche de un Año Nuevo, seguramente el de 1945 en que tenía dos años recién cumplidos, ya que yo dormía en el piso de arriba (siempre en el Tigre) y se acercó para hacerme colocar un dedito en su copa con champagne, que luego me chupe y en alguna forma me pude asociar al festejo.
Otra de esas rápídas impresiones que me vienen a la mente es la de un día en que estando acostado en la cama del cuarto de mis padres en el Tigre, sin poder dormirme -porque siempre me ha costado mucho- intenté prender un "Buda" que era la marca de un espiral con el humo de un olor especial para ahuyentar a los mosquitos, con fósforos y tratando de imitar lo que veía hacer todas las noches, y por supuesto que me quemé los dedos y también la frazada -verde clarito- y a ambos subiendo corriendo la escalera para apagar el fuego, y también -supongo- mis gritos.
De Lía tengo un vaguísimo recuerdo de un día en que la llevé al baño de arriba que usábamos nosotros y la senté en un banquito adentro de la bañadera que la llené sólo con agua caliente y adonde metí todos los zapatos de mis padres ¡ Una delicia de niño!!!!. No me acuerdo para nada de como pudo terminar esa experiencia, y sólo la cara de asombro de mi hermanita que me miraba como diciendo ¿ que hago en esta isla, rodeada de agua hirviendo y zapatos ???? Por suerte la cara de mis padres se me ha borrado.
Otro recuerdo así, muy rápido, es de un día en que debería estar durmiendo la siesta y como no lograba dormir me subí al marco de la ventana del cuarto -que ya dije que estaba como en un alto primer píso- y me apoye en la ventana de madera -verde oscuro- mirando para abajo, hacia el jardín, contra esa persiana que se podía abrir en cualquier momento por mi peso. Y allá la veía a mamá -junto a alguna de sus tías- que se quedó como paralizada en un camino del jardín que estaba debajo de aquella ventana, hablándome desde abajo con muchísimo cariño mientras papá subía a toda velocidad y me agarraba desde atras para evitar que me cayera porque se trataba de persianas muy viejas y desvencijadas que se podían abrir de nada. Pobres viejos! Que sustó se habrán pegado!!
Rodolfo con papis y abuelitos
Tambien podría contarles de mi tía Gloria (Saenz Valiente), prima de mamá y que de soltera vivía en el Tigre, y que tendría unos 12 años cuando yo nací, de modo que en cierta forma para ella yo era como un juguete. Quizás el recuerdo más lejano de todos los recuerdos lejanos sea viéndome paseado por Gloria en un cochecito, mientras me acercaba a un cantero con flores -pensamientos- que tienen como unos ojitos negros o caritas dibujadas que a mí me asustaban y me hacían llorar mientras Gloria, muy divertida, me acercaba cada vez más cerca de esas caritas que se me venían encima. Pobre niño!! Aun hoy, setenta años después, me acuerdo de esos pensamientos que eran azules. También me asustaba con otras flores que tenían como la cara de unos conejitos que abrían la boca.
Arriba, con mi hermana y abajo...en la pelela....Jajaja
Pero al margen de esas pequeñas visiones aisladas, los primeros recuerdos más completos, como familia, son de aquel departamento de la calle Uriburu adonde viviríamos hasta poco de después de haber empezado -los dos juntos- el segundo año de la primaria (que era el 1o. Superior), con 7 y 6 años cada uno. Tengo bien guardado el recuerdo de ese departamento que tenía un balcón redondo, en mi recuerdo grande, al cual le habían hecho colocar una reja al rededor para nuestra protección; también recuerdo una especie de patiecito interior adonde se tendía la ropa recién lavada y en la que yo me instalaba por las tardes a lustrar zapatos -que esa era mi tarea cotidiana- por la que cobrara $ 0,10 (diez centavos de peso) por par.
¡ Que tal !!! Tendría unos 6 años y ya me tenía que ganar mis monedas
Tenía un delantal gris, viejo, para no mancharme la ropa y ahi me veo....con las manos, y la cara...y las piernas y todo manchado de betún negro y marrón, mientras que en una cajita guardaba los cepillos, la franela, los betunes, etc....y dale que dale dele cepillar zapatos en el patio. ¿ Habrá tenido eso algo que ver con lo poco que me gusta limpiarme los zapatos?
Uriburu 1019 . Se puede ver el balcón redondo igual al que tenía nuestro departamento, interno
No sé bien a que razón atribuir que se me hubiesen grabado en la memoria los horarios de las cosas que teníamos que hacer, sobre todo a última hora del día. A las 7:30 tenía que bañarme -Lía un cuarto de hora antes- y a las 8 nos sentábamos a cenar, los dos, en una mesita -blanca y cuadrada- que teníamos en el dormitorio que ocupábamos los dos. De ese cuarto me acuerdo muy bien que tenía colgados en una de sus paredes dos banderines, uno de Independiente y otro del club Cuba, arriba de mi cama. El primero lo tengo aquí, en la pared que está junto adonde hoy, sesenta años después, les estoy escribiendo, además de uno del Sic que, lógicamente, reemplazó al "cubanito". También estaban allá nuestos juguetes, por todas partes, sobre todo mis autitos y las muñecas de Lía.
No tengo muchos recuerdos -de esa primera época- de nuestra familia completa. Sí de algunas mañanas de domingo.....metidos los dos en la cama de papá (siempre mis padres durmieron en dos camas, pero que estaban juntas)....mientras nos contaba algunos chistes y cuentos del ratón Perez o nos hacía cosquillas; de algunas vueltas del Tigre, nosotros medio dormidos, los domingos por la noche, en la parte de atras del auto que a papá le prestaba una tía suya, ya que él no tuvo hasta que fuimos bastante grandes; de algunas salidas de compras con mamá los sábados a la mañana, por la calle Santa Fé, mientras papá se iba a trabajar al Estudio; algunos almuerzos los domingos en lo de mis abuelos, con todos nuestros primos, pero sin poder compartir, durante muchísimos años, "la mesa de los grandes".
Io !
Viviendo en ese departamento de la calle Uriuburu tuve una enfermedad que hoy es una estupidez, pero que en aquel entonces era muy brava: la escarlatina. Tan contagiosa era que Lía y mamá se tuvieron que ir a vivir, creo que a un campo en Pergamino de una tía de papá, por más de un mes. Mamá estaba además muy débil porque acababa de dar a luz a nuestra pequeña hermanita Valeria, que no pudo sobrevivir por el famoso tema de la incompatibilidad sanguinea que hoy también es fácil de resolver; en cuanto a Lía se la llevaron porque era chiquita y se podía contagiar.
En casa quedó como un equipo de emergencia, que comandaba papá -que se quedó a vivir conmigo pero que todos los días se iba a trabajar; mi querida tía abuela Sara, que hacía las veces de ama de casa, y que ocupó nuestro cuarto; y el grupo lo completaba una mucama recién llegada de España -Hortencia- que debería ser o muy divertida o muy bruta porque todos se estaban riendo siempre de lo que hacía o decía, a la manera de una Cándida, ese personaje tan gracioso que hacía Nini Marshall en la radio.
Así me pase metido en la cama -que armaron en el living, junto al balcón, por 40 interminables días...con la visita diaria de las inyecciones de penincilina...que me perforaban la cola....un día un cachete y al otro día en el otro. Tenía 5 años, de manera que me cuesta imaginar como habrán hecho para tenerme quieto durante todo ese tiempo. Hay dos hechos -tres en realidad- de los que me acuerdo muy nitidamente de aquellos dias de enfermedad: uno es del día que nevó en Bs.As.; nunca había nevado hasta entonces y nunca más volvió a nevar hasta hará unos pocos años, un día. Era el año 1949 y puedo verme parado sobre la cama que ocupaba Sara en mi cuarto, mirando por la ventana como caían esos copos de nieve sobre un fondo muy oscuro.....¡ me debe haber impactado mucho porque aun los veo caer!!
El segundo hecho que tengo registrado -también desde ese mismo mirador, que era como torre, mi faro....mi contacto con el mundo- es el de una visita que vino a saludarme desde allá abajo, desde las escalinatas de la Facultad de Medicina sobre la calle Marcelo T., y que se veían perfectamente bien desde allá arriba porque el departamento era interno. ¿ Y quien vino a vivitarme? Nada menos que mi madre. ¡ Que clarito que la veo.....moviendo sus manos para que la reconociera!!!. Pensar que era tan jóven....26 años!!!.....habiendo perdido un hijita después de esperarla por seis meses.....habiendo recibido la noticia de que ya no podría quedar embarazada nunca más.....y sin poder acercarse a ese otro hijo suyo....muy chiquito...que también la necesitaba. Para mí, esa visita a la distancia fue una fiesta, y me veo muy feliz y sonriente, pero a mamá debe haberle costado más de una lágrima.
El tercero de esos hechos de los que tengo mis recuerdos junto a la ventana es de una visita que hizo Evita a la Facultad de Medicina, cuya puerta de ingreso estaba en el lugar desde el que saludara a mi madre. Por aquel entonces Evita era un personaje de la política muy controvertido -amada y odiada con la misma intensidad- de modo que no es raro que algún comentario se hubiese hecho en casa sobre esa visita, y a mí me intrigó verla. Lo que vi fue muy breve: un auto negro que se estacionaba junto a la vereda....una señora rubia que, vestida de verde, se bajaba y saludaba con la mano a la gente.....subía los escalones para ingresar....y nada más ! Que tremendos que deben haber sido los desencuentros políticos de entonces....entre peronistas y antiperonistas....y como se debe haber hablado de ellos en casa para que al cabo de tantos años -65- uno de los pocos recuerdos que me quedan de mi infancia sea esa pasada fugaz de Evita ante mis ojos.
Evita -en tiempos de mi relato-
Pero bueno....sigamos con mi infancia. No puedo seguir adelante sin detenerme unos párrafos para contarles quienes fueron mis padres: Gringo y Brunita, como siempre les dijeron en la familia y su amigos.A mamá le pusieron ese sobrenombre porque era muy morocha, que en italiano se dice "bruna" y una amiga de mi abuela Lía, que era cantante lírica e italiana, cuando la vio en su cochecito dijo algo así como "e una bella babina bruna", y así la bautizó a mi madre para siempre, aunque se llamaba María Celina.
En cuanto a papá, que nació un 20 de septiembre, el día de los italianos, cuando a su abuelo Rodolfo le informaron que había nacido comenzó a escuchar una salva de cañonazos por los festejos del día de Italia, y entonces asoció los dos hechos y pensó que había nacido un "gringuito" ya que así, con el apodo genérico de "gringos" se llamaba a los italianos, al igual que a todos los españoles se les dice "gallegos". En este caso su nombre era Rodolfo Enrique, y firmó siempre como Rodolfo E. Pero para nosotros -Lía y yo- en casa siempre fueron mamá y papá, sin disminutivos ni otros sobrenombres.
Mamá se casó siendo muy joven, a los 19 años y yo llegué a su vida cuando tenía nada más que 20, de manera que aunque siempre me pareció que entre nosotros había mucha diferencia de edades, porque se trataba de mi madre, en realidad no la había. Sin ir más lejos hoy pienso que estoy más cerca en edad de mi hija Gloria de lo que me separaba de mi madre, y sin embargo a aquella le llevo nada menos que el doble de lo que me llevaba mamá a mí: 40 !! Pero bueno, yo la veía como una persona grande....muy grande.....aunque no lo era.
Papá le llevaba 7 años, de manera que ahí las diferencias con nosotros eran más normales ya que tenía 26 cuando nací; la misma edad que yo tenía cuando nació Rodolfo Quinto, mi hijo mayor, aunque éste tenía 24 cuando nació Manuel. Mi padre era abogado, siempre dijo que sin mucha convicción, pero habiendo trabajado junto a él durante muchos años me parece que exageraba bastante y finalmente le gustaba lo que hacía; siempre añoró no haber sido Ingeniero Naval, de los que construyen barcos, pero nunca me convencieron mucho los argumentos que daba para explicar porque no lo fue.
Es cierto que a papá la profesión le dio para vivir...y punto, ya que nunca pudo disfrutar de estar sin trabajar, ni aun jubilado, y debió hacerlo hasta el día en que murió, casi de 84 años. Pudo educarnos; tener una casa y un auto; salir de vacaciones; y vivir bien, sin que nada le faltase....ni le sobrase, claro....dentro de lo austera que siempre fue su vida. De joven y recién recibido tenía un buen trabajo en el Ministerio de Trabajo, con buenos ingresos, más los que provenían del Estudio de su familia, pero al llegar Perón al Ministerio lo dejaron cesante.....¿ porqué?.....porque mi abuelo Horacio era el Rector de la UBA, uno de los lugares donde más se resistió su llegada.....Universidad que quedó Intervenida....mi abuelo preso....y papá en la calle.
Perdió así Gringo su trabajo estable, debiéndose dedicar desde entonces a su profesión de abogado -con ingresos indeterminados tanto en su monto como en su periodicidad, y comenzó a dar clases de Historia en colegios secundarios, lo que siguió haciendo hasta que se jubiló como docente muchos años después. Ahí, en aquel momento fue que nos mudamos a vivir al Tigre, a la quinta de una tía de mamá, subalquilando ese departamento de la calle Uriburu para poderse ahorrar unos pesos. Y así, totalmente ignorantes de lo que ocurría a nuestro alrededor, Lía y yo comenzamos a vivir en el Tigre, una de las etapas más felices de nuestra vida.
Estábamos ajenos....por supuesto....al cansancio de los viajes en tren que diariamente papá tenía que hacer.....temprano en la mañana y tarde en la noche.....para llegar hasta su Estudio en Buenos Aires; también estábamos al margen de todas las peripecias económicas que debían afrontar mis padres para poder sobrevivir con los ingresos que tenían; sin embargo mamá, para que papá no se deprimiera ni se sintiera mal, lo que había decidido es que sus hijos igualmente tendrían que tener la misma "buena ropa" que llevaban los otros chicos.....y que tendríamos una educación "personalizada" con una institutriz inglesa con la que estábamos todo el día -que por supuesto nos hablaba en inglés-, la querida Miss (Brígida O' Higgins), ya que entonces los chicos no iban al Jardín; además mamá había dispuesto que nuestros cuartos debían ser alegres y divertidos...para que nadie se sintiera mal....por las escaseces. ¡ Mamá era increíble !! Super positiva.
Los cuatro en el Tigre
Estando viviendo allá, mis padres se hicieron socios de un club de remo que estaba muy cerca de la quinta y de los que hay tantos en el Tigre y muchos fines de semana salían ellos dos a remar.....llevándonos a nosotros dos por todos esos ríos y riachos que tiene el Delta; también mis padres jugaban mucho al tenis e inclusive intervenían en torneos interclubes, con buenos resultados, tantos que por ahí guardo alguna copita que se ganaba mamá de vez en cuando; por supuesto que allí disfrutábamos de la pileta, tipo gran tanque australiano, adonde aprendimos a nadar e incluso a tirarnos de los tres trampolines: al bajo, el mediado y el alto.
Mientras se llena la pileta....la de la izq. arriba es Janet
Ese club era -o mejor dicho es, porque aun existe- el L Avirón, que en francés significa "el remo", y que por supuesto estaba lleno de franceses, de todas las edades, a quienes por supuesto que no le entendíamos nada cuando hablaban. Por eso será que nos hicimos amigos de dos hermanos que eran ingleses, Michael y Janet, no me olvido más sus nombres.....que tampoco sé que harían en un club de franceses...pero bueno....allí estaban....no por nada habían estado en la guerra cercana del mismo lado. Para nosotros dos no eran tan importante las personas sino esperar que se pasara rápido el fin de semana porque entonces sí....en la semana era todo para nosotros sólos....que vivíamos nada más que a media cuadra...y que así teníamos la pileta....la mesa de ping pong....en fin..todo parea no compartirlo con nadie.
La casa del club L Avirón en el Tigre
Y así pasábamos los veraneos, prácticamente todos los días en la pileta del club, sin respetar siquiera las horas de la siesta y de la consabida "digestión", según el mandato materno...incumplido. No recuerdo haber salido de vacaciones siendo muy chicos. Sí me acuerdo de un viaje a Pinamar cuando tenía 7 años recién cumplidos y de mi primer contacto con el mar y las olas....inmensas....que agarrábamos tomados de la mano de papá....algunas por arriba y las más fuertes por abajo, bien pegados a la arena; .....también recuerdo recorridos interminables caminando por la playa buscando almejas, al caer la tarde; .....de ir a mirar como se pescaban tiburones desde la playa (que en realidad eran cazones) que luego pesaban allí mismo en la playa; .....de subir a los médanos, para bajar dando vueltas hasta llegar abajo, con arena hasta en las orejas; ....y de muchas cosas más
Del Tigre de aquella época también recuerdo las noches de Navidad, que íbamos con mis padres caminando hasta la iglesia para asistir a la Misa de Gallo (a las 12), y mientras caminábamos pasábamos junto a jardines con jazmines cuyos perfumes parecían querer asociarse a nuestra alegría y la ansiedad que todos los chicos tienen esa noche "de sorpresas". Las misas, nosotros dos las seguíamos desde el suelo, adonde Lía y yo éramos prolijamente depositados, y adonde mezclábamos bostezos con codazos, sueños con pisotones, mientras esquivábamos los manotazos y pellizcones con los que mamá intentaba tenernos a raya....para un ratito después reanudar nosotros nuestras batallas.
La Iglesia del Tigre (en la capillita de la derecha se casaron mis padres)
Y al volver....¡ cuanta alegría ! Junto a nuestras risas nerviosas al ver debajo del árbol iluminado que ya estaban allí los tan ansiados regalos.....y que Papá Noel una vez más había cumplido con su tarea, aunque nuevamente se nos hubiese escapado, que no le pudimos ver. De todos modos las espera se hacía larga al tener que esperar que "los grandes" terminaran de cenar......
De los Años Nuevos -de aquella época- no tengo muchos recuerdos ni sé como lo festejarían mis padresporque a nosotros nos mandaban a dormir temprano. Sé que a las 12 nos despertaban para brindar, metiendo nuestros deditos en un vaso de champagne con el que subían; alguna vez, me parece recordar, hubo como una gran fiesta en el jardín.....con orquesta en vivo y pista de baile de madera.....y también me acuerdo que en Carnaval se disfrazaban y se iban a bailar a algún club (por ejemplo lo estoy viendo a papá disfrazado de romano) ....para a la mañana siguiente amanecer medios peleados por la mezcla que el alcohol y de los celos provocados por los bailes.....con otras !
Y hablando de brindis y de alcohol, tengo muy grabada la forma en que siempre brindaron mis padres....entrelazando los brazos y bebiendo juntos un trago, cada uno de sus vasos.....como a veces me habrás visto hacer a mí.....o lo verán alguna vez.
Pero me parece que es tiempo de regresar a Bs.As., como lo hicimos al comenzar -ambos- el primario el mismo año, a pesar de llevarle a Lía un año, porque mamá no quería que ella sintiera que se quedaba sola en la casa. Me acuerdo de mi primer día de clase, que no fue el primer día de clases porque había estado enfermo, así que incluso Lía lo empezó antes que yo. Fue papá quien me llevó, en tranvía, que eran como pequeños trenes de un vagón que circulaban sobre vías que estaban en las calles.
Un tranvía
Cuando llegamos a la esquina del colegio -aun me acuerdo perfecto- me tiré a la calle con el tranvía aun en movimiento -que según había visto era como la gente se bajaba antes de detenerse del todo-....pero en lugar de hacerlo con el pié derecho y en el sentido en que el tranvía avanzaba hacia adelante, para así seguir con el envión, puse primero el pie izquierdo.....y por supuesto que me fui a parar al suelo en la calle. ¡ Y pensar que me sentía tan grande -ya como para ir al colegio- como para bajarme del tranvía en movimiento. ¡ Que verguenza que me dió !!
Hoy en día -ustedes lo saben por su propia experiencia- comienzan a tener contacto con Jardines cada más más chiquitos, porque en general las mamas y los papas trabajan y los chicos no se pueden quedar sólos en las casas. Una de mis nietas -Guada- fue a salita de 2 años y a Alejo estan pensando enviarlo cuando cumpla 1. Es cierto que muchas veces son Jardines Maternales, casi Guarderías.....pero en fín....me parece que hasta que no puedan ir solitos al baño sería mejor buscar alguna otra alternativa. Es lo que pienso.
Creo que alguna vez me dijo Rodolfo Q. que hoy no dejan entrar a los chicos a 1er. grado si no saben leer y escribir, que se lo tienen que haber enseñado en el Jardín o en Pre escolar.Y bueno.....tampoco estoy de acuerdo.....creo que la función de los Jardines es socializar a los niños, enseñarles que hay otros, que puedan aprender a compartir y a jugar sin molestarse ni pelearse.....que ya vendrán tiempos perores. Ja ja !
Arriba les conté que empecé las clases más tarde....como una semana o 10 días después que los demás, de manera que cuando por allí me dejó papá, SOLO FRENTE A ESA MULTITUD DE CHICOS, como primera experiencia, la verdad que fue UN HORROR !! Me sentía un marciano que quiere regresar a Marte de inmediato. Fui a parar a un banco de la última fila -porque todos los demás estaban ocupados- y en los recreos estuve siempre sólo, porque los demás ya se conocían y nadie se me acercó. Cuando mamá llegó a buscarme....que también tardó un poquito....por supuesto que no le dije nada....y empecé a contarle de los chicos.....que Minuto -así era el apellido de uno- dijo no se que cosa......y que Lanús (cuyo hermano sería con los años un gran amigo y socio) tal otra cosa.....¡ Como si nada!!!! Bahhhhh......así fue mi primera experiencia escolar. Que los psicólogos de la familia -que hay más de uno- saquen sus propias conclusiones.
Con mis compañeros del 1er. grado
(arriba, el cuarto de la derecha....¿ se ve?
¡ Los años del colegio !!! ¡ Cuantos recuerdos que dejan !.....y sobre todo tengo la impresión de mucha mezcla....de disgustos con alegrías....como nos pasó a nosotros dos....a mis hijos y seguramente a ustedes. Por ejemplo, en ese colegio que empecé -que era la Escuela Argentina Modelo, muy top en educación por aquel entonces (1950), tenían un concepto muy diferenciado de los de otros colegios respecto de lo que tenía que ser la educación de los chicos -para ese momento toda una concepción revolucionaria- lo que habla muy pero muy bien de mis padres quienes a pesar de las estrecheces económicas buscaron lo que era mejor para cada uno de nosotros, ya que a Lía la anotaron en uno de los mejores colegios que había entonces en Buenos Aires para chicas, y que se llamaba L' Asuntión (de monjas francesas, por donde había pasado mamá)
El patio de la Escuela Argentina Modelo por donde deambulé, solo, aquel primer día de clase
El tema es que yo no sé cuales serían los parámetros para discernir sobre la mejor educación en aquellos años de mediados del siglo XX, ya que tanto Lía como yo, en realidad, seguimos siendo tan díscolos como lo habíamos sido siempre, educados hasta entonces en un ambiente de mucha libertad; es decir, esos "buenos" colegios no nos cambiaron y seguimos siendo -los dos- bastante rebeldes, lo cual no sé si es mérito de los colegios que no quisieron domesticarnos, y eso duplicaría el agradecimiento por la elección que hicieron nuestros padres o nuestro que no doblegamos ante lo que se nos quería imponer, y que también sería fruto de aquella educación con tanta libertad.....que nosotros supimos defender.
Pero más bien, queridos chicos, creo que influyó muchísimo la casualidad.....que en este caso lleva un nombre: "el comienzo del gran cambió que se operó en materia educativa" de parte de padres....maestros....y también en cierta forma de nosotros, los educandos, que se dió en nuestro país más o menos desde entonces. A nosotros nos eligieron los que serían los mejores colegios, que además -como siempre ocurre- también eran los más caros, porque querían para nosotros lo mejor, dentro de lo posible, pero al cabo de un tiempo advirtieron que no podían seguir haciéndolo, y nos tuvieron que cambiar.
A Lía - a quien le habían cerrado el colegio por cuestiones políticas- la anotaron en un colegio mixto, toda una novedad por entonces, y de delantal blanco en vez del clásico uniforme de los colegios particulares, lo que para aquel entonces -y creo que aun hoy lo es- era todo un tema ! Se llamaba el Angel Gallardo, que económicamente era accesible para el bolsillo de la familia, mientras que yo fui a parar "al Colegio de enfrente de casa", bien de barrio....de curas....el San Miguel....de riguroso delantal gris, también muy accesible.
El Colegio San Miguel, en Larrea y Beruti
Y así cambiamos. Lía dejó a las monjas por profesores y yo a los profesores por curas.....pero lo que me parece más importante de todo es que....al final.....en esos nuevos colegios nos dieron -además de la instrucción que es general para todos- una "educación para todos" y no solo para una "elite"....que era lo que -intuyo- buscaban desde un principio mis padres para nosotros, aunque en ninguno de estos dos nuevos colegios completamos nuestra educación, ya que por diferentes motivos y en distintas circunstancias, a los dos nos "invitaron" a retirarnos.....y entonces para los nuevos reemplazos buscaron -en ambos casos- colegios que sin ser "uauuuuu", tampoco fueron "uuuuuuuuu": para Lía fue el Sagrado Corazón de Callao, y así volvió a las monjas y para mi el Esquiú, en Belgrano, donde me reencontré con profesores.
A los 10 años - Colegio San Miguel
Creo que de esa manera los dos pasamos por todas las alternativas posibles, dentro de lo que la educación privada de entonces ofrecía y de alguna manera nos mezclamos con chicos de todos los niveles sociales y económicos, lo que sin dudas fue muy bueno para nosotros. Pero, en fin, queridos chicos, creo que estas referencias a mi infancia se estan haciendo un poco largas, de manera que me parece que debemos dejar el resto -la adolescencia- para otra oportunidad.
" Los hermanos, sean unidos......"








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