jueves, 19 de marzo de 2015

Mi familia paterna.-


     Si bien, en general, uno puede dar por descartado que sus nietos conocen bastante bien como están conformadas las familias inmediatas de sus padres, quienes son sus abuelos, tíos, o primos, más o menos es hasta allí hasta donde llega el conocimiento, pero esos abuelos -además- han tenido sus propios padres, abuelos, tíos o primos, sobre quienes no siempre las generaciones que les siguen tienen algún conocimiento y hasta suele darse el caso que ignoren inclusive sus apellidos, y sin embargo llevan consigo, muchas veces, más de una gota de la sangre de aquellos, en sus propios genes.

     La familia de mi padre -Gringo- está integrada, además de los Rivarola, por los Reynolds, que así era el apellido de mi abuela Alicia Lucía, a quienes sus nietos le decíamos "abuelita". Había nacido en los Es. Us. adonde se encontraba su padre, el Gral. Francisco Reynolds, cumpliendo una función militar diplomática relacionada con la implementación en el país de una Fuerza Aerea propia -que por aquel entonces no existía-, y que le valió que actualmente lleve su nombre la Base Aeronaútica de aviones de guerra más importante del país, en el sur de San Luis, y que se llama "Villa Reynolds" 

                                                                         
                                                                     Mi abuela Alicia Reynolds


     La madre de mi abuela -Alicia Baker- también era estadounidense, hija a su vez de una señora inglesa -de apellido Spenser- perteneciente a la nobleza inglesa, y que estaba emparentada con una de las figuras más importantes de la política mundial durante el siglo XX, Wiston Spenser (en Inglaterra y en Es. Us. también, es tradición que los hombres lleven como segundo nombre, el apellido de su madre) Churchill. 

     A  esa noble familia inglesa también perteneció quien con el tiempo llegaría a ser Lady Diana Spenser (o Lady Di) , que fuera la primera esposa del Príncipe Carlos de Inglaterra, aún heredero al trono, y que tuvo a su lado una vida tan desgraciada que, además, terminó trágicamente. Yo nunca supe bien cual era el grado de parentezco mío con ambos, pero papá -que siempre se sintió muy cerca de todo lo inglés- siempre contaba orgullosamente que era un pariente no muy lejano tanto de Churcill como de Lady Di.

     Pero volvamos a la Argentina, mi abuela tenía varios hermanos, algunos más cercanos que otros, y eso ha hecho que mi recuerdo esté más fresco respecto de los primeros, a quienes conocí y de chico traté mucho, ya que eran mis tíos abuelos. Las mujeres eran dos, una se llama Sara "Sarita" y se había casado con un correntino de apellido Escalada, según escuché, bastante osco y "mal arriado" que tenía un campo en Goya y que se "internó" a vivir allá solo, porque Sarita y sus hijos se vinieron a Bs.As.ni bien pudieron,

     Me acuerdo de ella poco; siempre como muy viejita, agachadita y muy arrugada, aunque no sé que edad tendría entonces; sus nietos eran amigos nuestros, además de primos segundos, de esos parientes que luego la vida te lleva por diferentes lugares hasta que un buen día los volves a encontrar en un casamiento, un entierro o un sitio de veraneo. Mi amigo, el Escalada de mi edad se llama Ovidio, era hijo de un primo de papá que también se llamaba Ovidio pero al que se apodaba "Petit" porque había nacido en Suiza y por aquí circulaba un quesito muy rico que se identificaba como "Petit Suisse".

     Este primo de papá siempre estuvo muy cerca de la familia nuestra, e incluso había vivido de chico en la casa de mi padre cuando desde Corrientes lo enviaron a estudiar el secundario a Bs.As.. Yo lo traté mucho a Petit a quien siempre le tuve un cariño muy especial y que muchas veces me recibió en su casa, sobre todo en Miramar, adonde me refugiaba cuando mis padres se volvían al terminar enero y yo quería seguirla. Cora María y Francisco José eran sus otros dos hijos, algo más chicos que yo.

     La otra hermana de mi abuela era un personaje de libro. Se llamaba María Tamar, pero todos le decíamos "la Nena" o "tía Nena"....la Nena Reynolds. Era la menor de las tres hermanas y totalmente liberal para su época: manejaba, fumaba, viajaba y se había casado -de puro loca enamorada- durante un largo viaje con un turco riquísimo, típicamente musulmán que se llamaba Kemal y del cual se divorcio -creo- ni b bien llegaron a Bs.As.

       Yo la conocí mucho y muy bien a mi tía Nena, a quien quería mucho lo mismo que papá, de la que era ahijado, y que le prestaba su auto para que nos fuéramos al Tigre cuando éramos chicos. Vivía en el 5o. piso de un lindísimo departamento en la esquina de Santa Fé y Montevideo, hacia donde aun levanto mi vista cada vez que  paso por allí. Siempre estaba con la familia, en cuanto festejo hubiera o simplemente los domingos; era infaltable.

     En cuanto a los hermanos de mi abuela, eran dos. Uno militar que, como su padre, llegó a ser General, que también se llamaba Francisco pero le decían "Panchito", y me parece que no lo quería mucho porque andaba con una segunda mujer y eso mi abuela no lo toleraba. En alguna crónica sobre los acontecimientos relacionados con la caída de Yrigoyen en 1930 lo señalan al frente de la Escuela Militar que fue el único grupo militar que salió de los cuarteles para derrocar al Presidente, y lo lograron. Y bueno....¡ que le vamos a hacer !!!....en la familia tenemos tanto princesas como golpistas !.

     También estaba separado Boby, el más chico de los Reynolds, y con otra familia, con lo cual concluyo que ninguno de los hermanos de mi abuela tuvieron matrimonios prolongados, excepto ella que festejó las Bodas de Oro, aunque la historia con mi abuelo merezca de un párrafo aparte. A este Boby nunca le conocií ya que el vínculo familia se mantuvo con su primera esposa, Ema Pizarro "Emita", que se ganaba la vida de ella y de su hija Emalice, tocando guitarra, y yo fui uno de sus agradecidos alumnos.

     Hace pocos años, Emalice, que es prima de papá, pero más cercana a mi edad, ya madre y abuela, tuvo un lindo reecuentro con su media hermana, nacida casi a la par de ella, la que a su vez tambien tiene hijos y nietos, y entre todos restablecieron ese vínculo tantos años interrumpido. Yo no los conozco, pero alguna vez me gustaría se hiciera una reunión de todos los Reynolds que venimos de ese tronco o rama que iniciara mi bisabuelo Francisco, de quien también llevo su nombre.

                                                                          
                                                           El Gral. Francisco Reynolds

     Pero el hecho de que mi abuela nunca pudiera superar el problema matrimonial que tuvieron todos sus hermanos, y luego -años después- también su hijo mayor -Horacito-, más allá de las convicciones religiosas religiosas que le impedían aceptar en su casa a las nuevas parejas, tenía una cierta explicación personal ya que mi abuelo Horacio -su marido- durante más de 50 años llevó una vida en paralelo, que aquella aceptó -además- con mucha dignidad.

     A mi padre no le hacía tampoco ninguna gracia esa relación tan prolongada que mantuvo mi abuelo, casi simultánea con su nacimiento, y cuando ya abuelito estaba grave e internado esa señora fue a visitarlo al Sanatorio porque no tenía noticias directas sobre su estado de salud, y entonces fue mi madre -Brunita- de corazón gigante y generoso, quien se fue a tomar un café y, en cierta forma, a consolarla, para luego seguir visitándola periódicamente.

     Cuando mi abuelo murió, mamá logró que sus dos hijos varones la siguieran sustentando, y cuando esa señora años después también murió, le dejó a mamá todos los libros que mi abuelo le había ido regalando a lo largo de toda su relación, y cuando también murió mamá, papá me los regaló a mí y hoy los tengo conmigo aquí, en casa, en la biblioteca del escritorio. Yo no puedo -desde luego- juzgarlo a mi abuelo por eso.....no tengo idea de como eran las cosas en su matrimonio.....ni si entonces se podían resolver de otra forma, menos dual.....y además mi cariño hacia él no podía depender de lo que hiciera sino de como era él conmigo, pero bueno.....no todos somos iguales.                                                                    
                                                                             
                                                     Mi abuelo Horacio C. Rivarola

     Y ya que hablamos de mi abuelo Rivarola, creo que debo mencionar que era el segundo de once hermanos -en dos matrimonios- de mi bisabuelo Rodolfo Rivarola, el primero en llevar ese nombre y apellido que luego se nos fue transmitiendo a cuatro generaciones siguientes, que lo llevamos con mucho orgullo ya que, seguramente, aquel fue el hombre más importante y destacado que diera nuestra familia, y por quien existe una calle muy linda en la ciudad de Buenos Aires; una escuela y otra calle y otra escuela en Rosario, adonde había nacido.

     Rodolfo se había casado con María Teresa Boudón -de familia francesa-, con quien tuvo cuatro hijos: Mario, el mayor, abogado comercialista; Horacio, mi abuelo; Rodolfo A., médico pediatra; y Jorge Victor, arquitecto. Teresa Baudón, a su vez, era hija de un viejito -según mi padre, que le conoció, francés, que tenía una muy larga barba blanca y que una vez estuvo a punto de ser enterrado vivo porque tuvo una enfermedad -catalepcia- que hacía aparecer a los que la padecían como su se hubiese muerto....y no lo estaba.....¡ y estaba tomando caña !!!! -dice una graciosa canción- No, en este caso ya estaba en el cajón cuando se despertó y claro....¡ todos salieron corriendo!!! Imagínense, emerger desde el cajón y con esa tremenda barba!

     Papá, que era su bisnieto, lo conoció y decía que había tenido la suerte de conocer a siete generaciones: tres hacia arriba (padres, abuelos y bisabuelo) y tres hacia abajo (hijos, nietos y bisnietos), más la suya. Después que Teresa se muriera, a los 24 años !!!....después de un tiempo Rodolfo se volvió a casar con una mujer que, según siempre han contado, era muy buena y dulce y que educó y cuidó a aquellos cuatro chicos como si fueran los suyos, que además fueron siete: María Enriqueta, que se casó con Roberto Rosa y de ahi provienen los Rosa Rivarola; Clelia, que se casó con Rufino Luro, uno de los pioneros de la aviación en la Patagonia y que junto a Saint Exupery (el mismo del Principito) fundó una línea aerea, y de donde vienen los Luro Rivarola; Fernando, ingeniero, que tuvo dos varones y hoy algunos nietos suyos viven en Bella Vista; Octavio, abogado, un "loco lindo" totalmente diferente a todos los demás Rivarola: bohemio, chupandín como pocos pero de una inteligencia superior o super desarrollada; Eduardo, otro abogado, que murió muy joven; José Enrique, muy buen cirujano pediátra, que se casó con la hija de su hermano Horacio, mi tía Chiquita, de donde mis primos son Rivarola-Rivarola; y el menor Carlos, aquitecto.

     Como ven chicos, no sólo tienen una familia grande por el lado de su abuela materna.....también lo es la mía. Yo los conocí a casi todos esos tíos abuelos mios, menos a Mario -el mayor- y a Rodolfo, ya que ambos murieron jóvenes, porque de chico estábamos toda la familia bastante junta, y además llegue a trabajar con varios de ellos que lo hacían en el Estudio fundado por mi bisabuelo Rodolfo. Ahi trabajaban mi abuelo, Octavio, mis tio Horacio, papá, y el hijo de Eduardo, Patricio, todos Rivarola
                                                                         
                                                                    Rodolfo Rivarola
   
     La familia nuestra, la de nuestros abuelos Rivarola-Reynolds junto a sus cuatro hijos, y nosotros, sus diez nietos, fue bastante unida. Nos reuníamos muchos domingos al medio en la casa que tenían en Coronel Diaz y Juncal, con entrada por el 3100 de esta última, que estaba exactamente en la propia ochava de la esquina, enfrente a lo que hoy es la Clínica del Sol que a su vez está en el mismo lugar adonde muchos años antes estuvo la casa de Rodolfo Rivarola, mi bisabuelo y donde crecieron sus once hijos. Mis padres y los otros tres hermanos, junto a Pepe, hermano de mi abuelo y el marido de mi tía Chiquita, además iban a cenar los miercoles (o en algunas épocas los jueves), sin los nietos, que al crecer nos fueron incorporando de a poco a esas salidas nocturnas, ya en un muy lindo y enorme departamento en la Avda. Santa Fé No. 1050, entre Ayacucho y Junín, en donde ambos murieron.

                                                                             
                             Mis abuelos con sus diez nietos (a mí me pueden ubicar por las orejas)

     Tengo fresco el recuerdo de mi abuelo llevándonos a pasear en su auto (un Ford modelo 43, negro) los domingos por las mañanas, por el puerto, la costanera, Palermo, el Aeroparque, entre chistes y risas, para terminar en su casa a la hora del almuerzo. Con los años, ya estudiante de Derecho, llegué a trabajar con él, que ya estaba casi retirado de la profesión, y ya graduado (su único nieto abogado) lo visitaba dos o trres veces por semana en su departamento, muy temprano, y nos quedábamos tomando mate y charlando de temas profesionales y de otros asuntos que salían como noticias en los diarios.

     Aprendí mucho de mi abuelo, por quien siempre he tenido un profundo respeto, humano y profesional. Yo ya lo conocí retirado pero sé que había sido más docente que abogado litigante y además había sido el primer graduado de la Facultad de Filosofía y Letras; hablaba de corrido latín y griego; había leído muchísimo y contaba con una biblioteca muy importante no solo en su departamento sino que alquilaba un piso en otra casa cerca, en la calle Junín, para guardar todos sus libros. Daba muchas conferencias y había sido Profesor de Derecho Romano en la UBA, Facultad de la cual llegó a ser Decano y luego Rector de la Universidad, cargo que desempeñaba cuando Perón llegó con la Revolución del 43, y al cual se lo intentó cambatir -por golpiusta- desde la Universidad, y así terminó terminó su carrera docente en la cárcel.

     Los recuerdos que tengo de mi abuela son un poco más distantes, tal como era ella, una mujer así, buena pero no de esas abuelas, abuelas; tenía el pelo larguísimo y decía que nunca se lo había cortado, aunque lo usaba totalmente recogido. Alguna vez la sorprendí peinandoselo y era realmente impresionante porque le llegaba casi a mitad de las piernas; la veo casi siempre que la recuerdo, tejiendo o bordando, y a veces nos llamaba al destinatario de sus tejidos para probarnos el trabajo aun sin terminar; también la veo tomando el té, en una salita al lado de su cuarto, justo en la esquina, con unos biscochitos de maicena, levantados sus costados hacia arriba, con dulce de leche, que nosotros a su lado devorávamos....y años después, ya en Santa Fé, siempre con bastones, caminando con dificultad o en la cama, hasta que se murió una mañana, el 5 de agosto del 64 ó 65.....hace cincuenta ños !!!

    ¡ Como se nos pasa de rápido la vida!! Cuando nos querramos acordar alguno de ustedes va a estar escribiendo de mí, un día sábado por la tarde....Yo no se cual puede llegar a ser mi vinculación con ustedes, mis queridos (hoy) once nietos en el tiempo que me quede.....hoy por hoy es muy esporádica porque la distancia nos dificulta el poder tener con ustedes un vínculo más frecuente. Pero aspiro a que podremos tenerla, así, directa, como la tuve con mi abuelo paterno o con mis tías abuelas maternas. Vamos a ver si se puede.                                                            


Gringo y sus hermanos: Chiquita, Alicia y Horacito

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