lunes, 26 de enero de 2015

Los colegios.-



     Todos ustedes, mis queridos nietos, han comenzado su "educación formal" en algún Jardín, maternal o ya de infantes, y han transcurrido allí algunos años antes de incorporarse al primer grado del primario, más o menos a los 6 años. En mi época nosotros nos quedábamos hasta esa edad en nuestras casas, o jugando con primos y vecinos, pero sin esa experiencia extraordinaria que es la de ir a un lugar a jugar, a compartir, a saber tener límites y a comprender que además de nosotros, en la vida hay otras personas con las cuales tenemos que compartir, desde chiquitos, porque así será luego nuestra vida.

     Rodolfo Quinto fue así, mi primera experiencia con el mundo de los Jardincitos, y como vivíamos en la calle Libertad y Santa Fe, en el centro, concurría a uno que funcionaba en El Centavo, un pensionado para chicas del interior que está sobre la calle Juncal, y en el que funcionaba un Jardín en la planta baja. Me acuerdo que llevaba un delantal de cuadritos -como los de todos los Jardines- celestes y blancos, y que allí tuvo a su primer amiguito que vivía cerca de casa, del que no me puedo acordar el nombre.

                                                                            
El Centavo

     También me acuerdo que a ese mismo Jardín concurría el hijo de Graciela Borges, una primera actríz en aquel tiempo, y de Juan Manuel Bordeu, un gran corredor de autos, pero el pibe no se hizo amigo de Rodolfo y por lo que sé, con los años también se hizo actor, pero nada que ver con su madre. Cuando nos mudamos a vivir a San Isidro empezó en otro Jardín, el Cardenal Copello, en Punta Chica, dirigido por unas monjas cuya Congregación era clienta de mi padre, y al que había concurrido Patricia de chica, al primario.

                                                                        
El Instituto Copello de Punta Chica

     Allí también Rodolfo se hizo de un amigo, de apellido polaco, pero cuyo nombre tampoco me puedo acordar. Solo recuerdo que a ambos los llevaba un transporte al Jardín, que más que transporte era un Fiat
600 al que se subían todos muy apretados. En ese mismo Colegio comenzó después el primario, pero por aquel entonces yo prefería que fuese a un colegio solamente de varones, como había ido yo, y mantenía ese escrúpulo tonto de pensar que era mejor una educación separada por sexos. 

     Yo no comprendía la enorme importancia que tiene para varones y mujeres el ir creciendo juntos, como lo estarán en la vida, y no aislados como si pertenecieran a mundos diferentes. La educación debe ser semejante, para los dos sexos, y además ser recibida juntos, a la par, sin tapujos ni falsos pluritos, tal y como ha sido la que ustedes han recibido porque, gracias a Dios, todos aquellos prejuicios han sido superados.

     Lo importante es crecer -para los hombres- sin ser machistas, que es lo que se termina siendo cuando solo se tiene contacto con varones y a las mujeres se las ve con desconfianza; que se sepa que los hombres y las mujeres somos complementarios, ni mejores ni peores por género, sino distintos, pero necesarios los unos para con las otras. Es muy importante que ustedes puedan tener amigos del otro sexo, además de los propios de cada género, porque en la vida somos mitad y mitad y unos no pueden vivir aislados de los otros 

     Mis hijos tuvieron la posibilidad de experimentar ambos sistemas, excepto Rodolfo que siempre fue a colegios de varones: el San Juan el Precursor en San Isidro y el Don Bosco en Neuquén, pero las chicas, - Magie, Mariana y Meli- que comenzaron en el San Mary of de Hills que solo era de chicas, en Neuquén fueron a colegios públicos, tanto en primario como en secundario, y todo estuvo bien 

     Sin embargo, cuando tuvieron que comenzar las clases, con delantal blanco, en un colegio nuevo y Magie lo hacía ya en 7o, debió serle muy pesado. ¡ Hoy no lo quiero ni pensar!! Un colegio nuevo, en un lugar nuevo y además compartiendo con varones debió haber sido un suplicio. Para Mariana, que era más chica, por su propia manera tímida de ser debió haber sido aun pero, pero la que estaba feliz con la nueva experiencia era Meli, que se amoldó mul bien a la situación y, como siempre fue muy coqueta y seductora, la idea de compartir el colegio con varones le parecía bárbara.

                                                                       
.                                                       La Escuela 205 de Alta Barda

          Magie y Mariana, entonces, se tuvieron que hacer a la fuerza a la novedad escolar. Por supuerte, enfrente de nuestra casa vivían dos chicas de la misma edad que cada una de ellas, muy buenas y de las que cada una se hizo amiga, y que como ya venían yendo a ese colegio entiendo que les habrán podido sacilitar un poco las cosas. Después, al empezar el secundario, las dos fueron a otro colegio público, el San Martín, que pensábamos que era lo mejor que les podíamos ofrecer, pero que en realidad no fue así porque ya no era tan buen colegio como lo había sido anteriormente.. Pero de allí cada una de ellas se pudo llevar algunas amigas que aun hoy, transcurridos veinte años, aun lo siguen siendo y lo serán por siempre.

                                                                       
                                                       El Colegio San Martín de Neuquén

     Con Marcedes la experiencia fue distinta ya que el secundario lo hizo en un colegio nuevo, privado, que abrieron con mucha ilusión unos amigos nuestros, el Tierras del Sur, proyecto que lamentablemente con los años fracasó pero que por lo menos a Meli le dejó una enseñanza mejor que la del San Martín, y alguna amiga.

     Rodolfo terminó en el Don Bosco adonde comenzó con muchas dificultades (¡ quince años ! ¡ las rebeldías propias de su edad y el traslado a vivir en otro sitio! con todo lo que ello implica), pero poco a poco se fue afirmando y el día en que se recibió nos dio la inmensa alegría de haber obtenido el premio al mayor esfuerzo, que para mí es el más importante. Es que, no se si está bien o no, pero el primer premio en estudios, si bien es muy importante, entiendo que no es tan trascendente como los que premian el esfuerzo, porque esto significa que los chicos se han podido superar, con su propio esfuerzo y lucha. Quizás mis hijos así lo han comprendido porque casi todos, en alguna u otra oportunidad, ya sea en inglés o en castellano, se han sacado el premio al mayor esfuerzo.

     Primero fue Mariana, en Buenos Aires, en inglés; después fue ese de Rodolfo en Neuquén, y luego los cuatro más chicos -Mercedes, Rosario, Francisco y Gloria- se han sacado el premio al mayor esfuerzo en inglés, al terminar el último año del primario. En cuanto a Magie, siempre puso el mayor de los esfuerzos por superar todas las dificultades que la vida le puso por delante, y aunque nunca le dieron ese premio en el colegio, tiene uno más importante como es el de haber superado una terrible enfermedad con su propio esfuerzo y sus enormes ganas de vivir. Como podrán ver, queridos nietos míos, estoy muy orgulloso de sus papis y mamis.

     Quedaría por contarles algo del Colegio Sunrise, al que fueron los más chicos, primero simplemente a estudiar inglés, por las tardes, y a cursar todos sus estudios cuando se transformó en un colegio con todas las de la ley, tanto en primario como en secundario. Estaba ubicado en una zona de chacras, en Cipolletti, y por ende en un ambiente natural muy agradable, y además, aspiraba a ser semejante a los colegios británicos, en los que además de una buena calidad en los estudios, se priorizan otras actividades más artísticas, y por algunos convenios con otros institutos educacionales, impartían para quienes lo quisieran un bachillerato internacional que les permitía seguir sus estudios en cualquier universidad del mundo.

                                                                     
                                                                            El Sunrise

      Es cierto que este colegio, con los años, se ha tornado un tanto elitista, y al mismo concurren los hijos de muchos extranjeros que, vinculados al petroleo, hoy en día abundan por estas zonas. Pero no es ese el recuerdo que guardo de los años en que mis hijos concurrieron al mismo, cuando no era tan limitativo económicamente, sino que se mantenía como uno más de los colegios privados de la zona. Hoy, claro, no repetiría esa experiencia, pero creo que mis hijos guardan buenos recuerdos de su paso por "la chacra".

     ¿ Les cuento de mi propia experiencia con los colegios? Yo no fui de los que me tuve que esforzar porque, en realidad, me gustaba estudiar y ser un buen alumno, pero eso sí, detestaba sentirme oprimido por el régimen disciplinario estricto de los colegios y en conducta siempre fui bastante desastroso, sobre todo en el secundario. Lo que pasaba es que como era buen alumno me permitía todas las libertades sabiendo que en los colegios lo que más les importaba -al menos en mi época- era que fueras un buen alumno en cuanto a los estudios, y por eso me daba esos lujos anti-disciplinarios.

     No sé porque razones pero me gustaba destacarme por ser como quien encabezaba pequeñas "revoluciones": contestarle a un profesor medio autoritario y soberbio, en medio de una clase; pegarle un fuerte pisotón a otro, también en medio de una clase cuando me había tratado mal, según mi criterio y me había puesto un límite con una cachetada; pincharle las cuatro ruedas de su camioneta a otro cuando -siempre a mi criterio- había sido injusto con alguno de nosotros; etc. etc.

          Siempre he tratado de justificar esas barbaridades con la excusa de querer impartir justicia, pero como se trataba de quienes eran mucho más fuertes que yo, el remedio tenía que ser como desproporcionado y, como era buen alumno, me sentía con derecho a todo. ¡ Yo era el bueno! ¡ Era el Robin Hood!! -que siempre ha sido uno de mis personajes favoritos- el que teniéndolo todo, sin embargo lucha por los que eran maltratados.

          Así fue que finalmente me terminaban echando de los colegios a los que asistía. En el segundo año del secundario me sentí con derecho a criticar todo lo malo que veía en mi colegio, el San Miguel, que quedaba enfrente de mi casa y al que concurría desde el segundo grado. Lo que en realidad mucho no se sabe -y yo no lo sabía por aquel entonces- es que mi rebeldía obedecía a la tremenda incoherencia que yo advertía que existía en un colegio de curas y la actitud dual de algunos de estos mismos curas que, siendo hombres grandes, se aprovechaban y abusaban de los pobres chicos. ¡ Eran unos pervertidos!! y yo, en el primario, se ve que no había podido digerir esa realidad tan espantosa.

                                                             
                                                               el Colegio San Miguel

          Pero cuando llegué al secundario y termine primer año, parece que logré superar mis temores y me tiré con todo en una composición que versaba sobre el tema "el colegio" y en la que les dije de todo, a todos, y terminé criticando hasta el color con el que habían pintado sus paredes -rosa pálido- que según les puse era propio de maricones y no de un colegio de hombres. ¡ Cuanto rencor encerrado tenía ese chico!!

          De ahí pase a un colegio que era nuevo, vale decir que recién comenzaba como tal y al cual ya iban mis primos Rivarola, el Colegio Esquiú, por entonces solo de varones y que ahora es mixto. Allí me encontré con uno de los tipos más bárbaros que he conocido en toda mi vida, mi primo Horacio, "el Mono", junto a quien hice los últimos cuatro años del secundario mientras -al mismo tiempo- jugábamos juntos al rugby en el Sic.

          La vida, óbviamente, después nos separó y siempre me ha quedado la sensación de no haber podido tener con él -de grandes- una relación más profunda....de no haberlo podido escuchar....de haber podido entenderlo. Pero un adolescente es un adolescente y, cuando madura, allí es cuando se aviva de lo que tuvo cerca y no lo supo aprovechar.

          Pero volviendo al colegio, en este me sentí realmente como un rey. Estudiaba y me iba muy bien; siempre estuve entre el segundo y el tercer mejor promedio de la clase, y aunque yo quería ser el mejor, nunca lo logré, pero igual me sentía bueno y recompensado con las notas que recibía. Había alguno mejor! Pero las injusticias seguían sin gustarme y entonces ponía en práctica mi propia justicia. Dos veces le pidieron a papá que me sacara y las dos veces logré convencerlos de que a pesar de lo que había hecho, en el fondo tenía razones que justificaban mi proceder.

                                                                         
                                                            el Colegio Esquiú, en Belgrano

          Pero todo tiene un límite y yo lo sobrepasé. Casi al concluir el quinto año nos fuimos a festejar con un almuerzo, adonde tomamos vino y luego nos fumamos unos cigarros y así, en ese estado calamitoso volvimos al colegio para asistir a las clases de la tarde. No nos querían dejar entrar y lo mejor hubiese sido que nos fuéramos a nuestras casas, pero insistimos.....porque la venganza tenía que ser con el colegio....y todo fue un escándalo porque actuamos como vándalos.

          Yo me acuerdo que tomé un micrófono y les decía a las madres que llegaban con sus hijitos de primer y segundo grado, que se llevaran a sus hijos del colegio porque los iban a pudrir igual que nos habían podrido a nosotros; después nos encerramos en la clase, apagamos todas las luces y cuando entraron dos celadores les caímos encima y los empezamos a golpear y a tirarles de todo: borradores, cuadernos, tizas, lo que cayera en nuestras manos.

          Estábamos totalmente desorbitados ! Me acuerdo que empezamos a decir que nos entregaríamos solamente si venía y se encerraba con nosotros en la clase una joven maestra de inglés del primario que nos volvía locos porque estaba buenísima. ¡ Por suerte no logramos ese objetivo ....porque no se lo que hubiéramos hecho con ella !!! Finalmente, al ver que esa posibilidad no se nos daba, nos fuimos. Todavía pienso que los golpes que le pegamos a uno de los celadores fue porque veíamos que en los recreos se acercaba a esa "inalcanzable" maestra.

          ¿ Ven porqué decía más arriba que en los colegios de varones solos no se brinda una educación completa.? Es que uno crece teniendo necesidades para con el otro sexo de todo tipo, y por lo menos es muy bueno tener abierta esa posibilidad que es la de la libre comunicación de unos y otros. Cuando ese canal está cerrado la primera fantasía que se plantean los varones es con las maestras lindas y jovenes, que es lo único del otro sexo que tienen a su alcance. Es muy buena, entonces, una convivencia escolar con las chicas de la misma edad, y esto también vale para ellas.

          Pero bueno, nos echaron, claro está, del Colegio Esquiú, a toda su primera promoción, y con ese se quedaron sin poder festejarlo cuando ya tenían todo preparado. Después vinieron algunas reuniones de padres, y al final resolvieron re-incorporar a todos menos tres: Gonzalo Tanoira -que con los años sería uno de los mejores jugadores de polo del país y del extranjero-, Nahuel García Iturralde, un gran tipo, médico, que con el correr de los años terminaría sus días suicidándose (poco después de haberlo encontrado en la Angostura, donde me pidió que lo llamase, y no lo hice, y todavía me arrepiento) y el tercero era yo.

          A los tres, sin embargo, el Colegio nos dió la oportunidad de no perder el año, ofreciéndo darnos el pase para cualquier otro colegio, aunque faltaban 10 días para que se terminaran las clases. La propuesta era que pasaríamos con las materias promovidas aprobadas y las que no lo estaban, a rendir. A mí me venía muy bien porque tenía aprobadas todas menos Matemáticas, de modo que de pasar a otro colegio solo debía rendir esa. ¡ Pero mi orgullo fue mayor y resolví quedarme y rendir todas las materias, como alumno libre!!

          Y así fue, me preparé las doce materias de quinto año y en cinco o seis días seguidos las rendí todas, en exámenes escritos y también orales, y las aprobé todas menos una -Matemáticas- que además me volvieron a bochar en marzo. Se ve que el profesor -que además era el Rector del Colegio- a su manera quería darme un escarmiento. Los demás profesores, en cambio, se acordaron del buen alumno y uno tras otro me fueron aprobando.                                                              
                                                                 

                                               La 1a. promoción del Col. Esquiú (1961).
                             Soy el 2do. de arriba a la izq.y  Horacio a mi lado, hacia el centro   

          No sé si para mí fue bueno o malo ese desafío.....porque en realidad me sentí un héroe y, evidentemente, no lo era; sin embargo se los he querido contar que si bien entonces lo viví como una aventura, en realidad lo bueno es que las causas nobles se defiendan siempre con argumentos y acciones, armas y métodos  buenas y justas, porque si no es así, pierden legitimidad. Es espectacular defender las buenas causas, luchar contra la injusticia,. defender al débil.....pero con armas nobles.....si no no sirve más que para acrecentar el orgullo egoista.

          Si algún dí, con el tiempo, alguno de ustedes, mis queridos nietos, siente -porque se siente- que la injusticia -para con ustedes o con alguien más debil que ustedes- llega hasta sus entrañas y les hace hervir la sangre, hagan un esfuerzo inmenso y no se dejen manejar por sus pasiones, que intentarán aflorar con rabia y vehemencia, y usen su cabeza. El método no será tan impactante, ni les calmará la sed de inmediato, pero será más eficaz y menos orgulloso. Será realmente bueno, justo, solidario y, además, positivo.

          Las formas, chicos, las buenas formas son tan importantes como una buena causa, y las malas maneras, las que sean, siempre dejan un regusto amargo en quien las emplea -porque no son buenas- y además, muchas veces solo alcanzan para calmar un ego apasionado y no para poner fin a las injusticias que provocan esas reacciones en nosotros.

                          



viernes, 23 de enero de 2015

Las casas.-

      Algunos de ustedes ya han tenido la experiencia de mudarse de casa....lo recuerden o no....e incluso desde distintos países, y en general creo que los cambios han sido para bien....aunque no siempre las mudanzas son lindas. A mí particularmente me ponen muy nervioso, y eso que podría estar más que acostumbrado ya que me he tenido que mudar tanto de casa como de oficina, muchísimas veces.

          La primera de las casas en que recuerdo haber vivido de chico era un departamento en la calle Uriburu 1019, creo que en el 5o. "B" de la ciudad de Buenos Aires, aún cuando me han dicho que al nacer mi primer domicilio estaba en otro departamento, sobre la calle Arenales. El de Uriburu no era muy grande, ni luminoso y junto al dormitorio de mis padres (que en realidad era el comedor, adoptado a dormitorio) tenía un balcón redondo, grande -o eso es lo que recuerdo- al que le habían puesto rejas para que nosotros no nos cayéramos.

          Al lado estaba nuestro cuerto -de Lía y mío- que tenía una ventana desde la cual vi caer la nieve un día que nevó sobre Buenos Aires hace muchísimos años, en 1948 en que tenía cuatro años, pero me acuerdo bien. Debe haber sido todo un acontecimiento ! Después no nevó nunca más hasta un día que hizo mucho frío, allá por el 2000. También desde esa misma ventana, que daba a la calle Charcas (hoy Marcelo T. de Alvear) un día la vi entrar a Evita (Eva Perón) a la Facultad de Medicina. Tenía un vestido verde muy elegante y yo por entonces -creo que era el año 1949 en que estuve 40 días enfermo en la cama- no entendía muy bien porque esa mujer despertaba tanto odio y tanto amor al mismo tiempo, entre las personas.

          También desde allí la vi a mamá que se puso en ese mismo lugar, allá en la calle, para saludarme con la mano, porque no podía vivir en casa por temor a que fuera a contagiarla de mi enfermedad porque estaba embarazada de Valeria. Nuestro departamento tenía un pequeño patio, desde la entrada hacia la izquierda y al que tambien se llegaba desde el otro lado por la cocina, y era en ese lugar adonde yo me instalaba a limpiar todos los zapatos de la casa porque con Lía teníamos que hacer algo para ganarnos unas monedas para nosotros y a mí me pagaban 0,05 centavos por zapato limpio (y diez el par) y usaba un delantal gris, viejo, para no mancharme la ropa con betún. No me acuerdo cual era la tarea que tenía que hacer Lía para ganarse el sustento.

                                                                             
                                                       La entrada del depto. de Uriburo 1019

          Pero el gran recuerdo de casa.....¡ DE CASA!!...así con mayúsculas, que tengo de chico es la del Tigre. Era la casa de una tía abuela a la que le decíamos "Maina", apodo que la había puesto Gloria, una prima de mamá que era su "madrina", pero su nombre real era Celina Rodriguez de Noble; para mí fue y seguirá siendo por siempre "Maina"...la abuela materna que de chico no tuve....pero que en realidad ella fue quien ocupó ese lugar que dejara su hermana, me verdadera abuela, que murió siendo muy joven, aun antes de que yo naciera.

          Además como mi abuela Rivarola era como distante, mi abuela , abuela, esa que se recuerda con tanto cariño, la de los cuentos y complicidades, fue Maina.....y además vivíamos en su casa!! Era una casa enorme, frente al río, sobre la calle Lavalle al 863 y hasta me acuerdo del teléfono: 749 0855 ¿ Que tal? Es de esa casa de la cual guardo los mejores recuerdos de mi niñez. Vivimos allí -además- durante uno o dos años en que papá tuvo que subalquilar el departamento de Uriburu porque no le alcanzaba la plata para poder pagar el alquiler.

          Después, cuando volvimos a vivir en Buenos Aires nos fuimos hacia otro departamento, pero regresábamos al Tigre todos casi todos los fines de semana durante el invierno y desde que se terminaban las clases hasta que volvían a empezar, en el verano. Yo recuerdo que la quinta ocupaba algo más de una manzana porque estas eran dobles, de 200 mts. por otros 200 y la nuestra ocuparía una mitad. Les decía que estaba frente al río Tigre y cruzando la calle hasta tenia un viejo embarcadero de madera con escalones que llegaban hasta el agua, por donde muchas veces bajábamos e inclusive nos metíamos por debajo del muelle caminando por las maderas a centímetros del agua (que inconscientes ¿no?), mientras a todo lo largo del río unos sauces llorones inmensos nos daban una sombra increíble.

                                                                             
                                                                       El río Tigre

          La casa tenía un enorme portón de madera, pintado de marrón, de dos hojas, de las que normalmente se abría una sola haciendo correr una manija tipo cerrojo que hacía un ruido muy particular por la falta de lubricación, que todavía recuerdo, y que anunciaba la llegada de quien fuera y alertando a Blacky, un fox-terrier bastante bravo -como todos los de su raza- que era de Gloria, que también vivía en la casa. Pienso que a las casas uno las recuerda por todos los recuerdos que tiene unido a ellas, por la gente que compartió  sus vidas con las nuestras, sobre todo siendo chicos y por eso para mí, la del Tigre sigue y seguirá siendo uno de los recuerdos más lindos que tengo de mi niñez.

          El jardín era enorme y un camino ancho daba toda la vuelta alrededor, por donde andaba en bicicleta todo el día. También, en la parte de atrás de la casa, había un lugar abierto que le decían "la cancha" porque era un cuadrado enorme, de cesped, con bancos de esos de plaza, blancos pero con techito, y que estaban uno a cada lado, como si fuesen los arcos. Entre la cancha y la cocina pasaba un camino más angosto adonde había una vieja higuera de higos blancos espectaculares, y a la cual me subía -sobre todo a la hora de la siesta- y allí me quedaba escondido, al fresco de sus hojas y dele comer higos.

          El jardinero se llamaba Francisco, un italiano genuino a quien con Lía adorábamos, y que nos tenía una paciencia enorme. Siempre andábamos dando vueltas alrededor de él, preguntándole que hacía con las plantas o con los canteros de flores; para que lo hacía; y si nosotros podíamos ayudarlo. Francisco almorzaba temprano, a eso de las 12,en su propia casita y hasta allá llegábamos con Lía atraídos por el aroma de la comida que él mismo hacía y de la que siempre nos convidaba. Tengo, por ejemplo, el recuerdo de unos ajíes rellenos de arroz, muy jugosos y de unos fideos con tuco, liviano, sin carne, pero muy bien hechos. Fue nuestro gran compañero, aunque grande de edad, que tuvimos durante la niñez, y con toda seguridad que Francisco, mi hijo, lleva ese nombre por él, aunque también fuera uno de los míos.

        Tambien podría contarles de otros personajes con quienes comnpartiamos nuestra vida cotidianamente, como Micaela, la cocinera, de pelo bien blanco y tez india, muy oscura; de la Gringa (cuyo nombre era Cristina Ver), una señora bajita que siempre vestía de negro y que a mí me malcriaba muchísimo porque le hacía acordar a un sobrino suyo: el Cuqui.....que era como me llamaba a mí. Con Lía nos divertía meternos en su cuarto cuando ella no estaba, porque tenía como un pequeño altar lleno de estampas, virgencitas, santitos y mil y un recuerdos de un pasado que nunca conocí. Parece que un día llegó y se quedó para siempre.....por lo menos eso es lo que me dijeron.....quizás hubiera otras razones que hicieron que Maina la mantuviera a su lado....no lo sé.

     ¡ Cuantos y que lindos recuerdos que tengo de esa época! Pero aquí la idea era relatar sobre las casas y no sobre recuerdos. Quizás es por esos recuerdos que al formar mi propia familia mi idea era vivir todos en una casa grande, con jardín, para que mis hijos pudieran disfrutar de las mismas cosas que a mí me habían gustado, pero por haber vivido siempre en una casa así, Patricia quería  vivir en Bs.As. y por ahí entonces empezamos.

     Con Rodolfo Quinto, el mayor, vivimos primero en un lindo departamento de la calle Marcelo T. de Alvear, entre Azcuénaga y Uriburu, muy cerca de aquel en el que había vivido de chico. Estaba en el 9o. piso y tenía un enorme balcón terraza a la calle, pero al año nos mudamos a otro, en la calle Billinghurst y Peña, en un piso 14o. y en el que nuestros vecinos de piso eran mis padres que habían vendido su departamento de la calle Beruti 2389, esquina Larrea, adonde yo viví desde los 8 años hasta que me casé a los 25 y que por ende se merece de un capítulo especial que escribiré en otro momento.
                                                                 
                
                                                                             
                                                 El departamento de Beruti 2389 esq. Larrea

     En ese departamento de la calle Billinghurst 2307, esquina Peña nació Matias, de quienes ya les he hablado y unos años después nos mudamos a vivir junto a mis padres, en un departamento muy grande y muy lindo que quedaba en la calle Libertad 1050, entre Santa Fe y Marcelo T., primer píso, que es adonde nació Magie en el año 1973. Ya con dos hijos y de sexos diferentes conseguí que se me aumentara el puntaje para poder sacar un préstamo en el Banco Hipotecario (adonde además trabajaba) y cuando me lo asignaron salimos a buscar....¡ una casa !!
                                                                 
                                                                               

Libertad 1050

     Después de dar muchas vueltas, porque el dinero que me daban no alcanzaba y había un plazo determinado para firmar la compra, encontramos una pequeña casita en San Isidro, en la calle Estanislao Diaz 119, que tenía un sencillo jardincito atras, pero que a mí me hacía sentirme en la gloria. Cortaba el pasto, arreglaba los canteros, plantaba jazmines, podaba un cerco que yo mismo había colocado, perseguía a las hormigas, barnizaba el portón, en fín, hacía las mismas cosas que muchos años antes me había enseñado Francisco.
                                                               

                                                         Estanislao Diaz 119 - San Isidro 
                                           
     Allí nació Mariana y dos años después Mercedes (Meli), y allí tuvimos a nuestra primera perra -Fulgencia- hija de una perra que tenían en la casa de los Grehan, y que creció junto a nosotros y a nuestros hijos y nos acompañó en nuestro sucesivo peregrinaje por distintas casas en San Isidro durante más de 10 años, hasta que se murió, envenenada por haberse comido una rata -ya que le encantaba cazar- que a su vez estaba envenenada.

     La enterré en la parte de atras de la casa de los García Haymes en Beccar, y mientras cavaba el pozo me acordaba del entierro de otra perra, Borgia, unos cuantos años antes, cuando todavía era soltero, una caniche mediana, marrón, que adorábamos y que había vivido con nosotros desde el Tigre, y que murió cuando yo tenía unos 20 ó 21 años. Toda una vida! ¿no? Está enterrada en San Miguel, en terrenos que entonces ocupaba un primo mío -Ignacio- y a ella le dediqué en aquel entonces unos versos que están por allí, en otro cuaderno junto a otros de mi "etapa poética".

     Bueno, pero sigamos con nuestras casas. Esa primera de la calle Estanislao Diaz nos quedó chica cuando nació Meli y entonces buscamos para comprar otra; la que nos gustó estaba en Acassuso, sobre la calle Paunero a metros de Pueyrredón, y que finalmente logré comprar con la ayuda de mucha gente que me prestó plata porque yo me había arriesgado a comprarla convencido de que podría vender la otra, pero esta no se vendió cuando llegó el momento de tener que completar el dinero de la compra y entonces, para no perderla, salí a pedir dinero prestado que luego devolvería cuando se vendiera la primera casa.

     Pero como cuando finalmente se vendió, uno de los tantos "experimentos" económicos argentinos (conocido como "el Rodrigazo") había desvalorizado la moneda, me quedó un importante saldo sin poderlo cubrir, de modo que solicité otro préstamo,  hipotecando esa casa, y así logré devolver todo lo que me habían prestado. Eran años de un gran descalabro económico en la Argentina y cuando pasó un año tenía que renovarlo por un año más o cancelar y esta vez me abatate y no me arriesgué -como debería haberlo hecho- y preferí vender Paunero y cancelar la hipoteca, para volver a empezar, alquilando.

     Así tuvimos que abandonar esa linda casa en la que tanto nos había gustado vivir, donde disfrutamos del mundial del 78 y adonde Rodolfo Quinto debió pasar su convalescencia cuando se cayó de un techo y se le fracturó el cráneo. Pero bueno.....finalmente llegó el día y un camión de mudanzas nos traslado a la calle Alem, en San Isidro, a metros de 25 de Mayo. Allí nació Rosario (Toti) y allí se vino a vivir con nosotros Loui, que tendría unos 15 años. 
                                                                            


                                                   la casa de la calle  Alem  en San Isidro
     
     Después de unos años nos mudamos a otra casa alquilada, en la calle Guemes en Acassuso, a pocas cuadras de la estación, pero del otro lado de las vías, más cerca de la Avenida Centenario, hasta que finalmente logré que el Banco Hipotecario me diera un nuevo préstamo (que en realidad me lo habían acordado mucho tiempo antes y yo no me había ni enterado), y con la ayuda económica de una muy buena tía abuela -Sara- pude nuevamente comprar una casa propia.

    Estaba en la calle Juan José Diaz 1398, esquina Rondeau, en Beccar, a una cuadra de Libertador y de la entrada al Colegio Marín, y aquí nacieron Francisco y Gloria; allí murió Fulgencia; allí los chicos más grandes seguían creciendo -incluído Loui- y desde allí partimos a Neuquén en el año 1985, quince años después de haber entrado a aquel departamento de la calle Marcelo T. para comenzar con nuestra vida independiente.

                                                                             
                                                    la casa de J.J. Diaz 1398 esq. Rondeau

     Ya en Neuquén, primero vivimos en una casa que me daban por ser el Juez Federal. Estaba en la calle El Ceibo 441 del Barrio de Alta Barda, adonde vivimos cinco años. Los chicos iban a los colegios públicos cercanos, tanto los de primaria como jardín, a excepción de Rodolfo que iba al secundario en el Don Bosco. Allí desarrollaron sus primeros pasos neuquinos y se hicieron de sus primeros amigos, algunos de los cuales -como los Gigena- de los que éramos vecinos, aún mantienen.

                                                                   
                                                                    El Ceibo 441

     Al dejar la función judicial, vendimos la casa de Beccar -que veníamos alquilando- y nos compramos, también en Alta Barda, la de la calle Los Claveles 123 que fue la última que tuvimos en Neuquén, y desde donde se habían ido yendo poco a poco los chicos que se iban a estudiar a Buenos Aires. Tanto en esta casa como en la del Ceibo volví a encontrarme con las plantas, con el aire puro, con el sol de una mañana de sábado y con el agradable fresco que se siente en los veranos por las noches; allí planté varios árboles, como un enorme ceibo, precisamente en esa calle, muchos álamos y cientos de rosas.

                                                                             
                                                                     Los Claveles 123

     Hoy vivo en Cipolletti, en un barrio privado -Los Patricios- adonde casi todos ustedes me han venido a visitar en algún momento. Estoy rodeado de verde; de árboles; de plantas; disfruto mucho de todo ello en el verano, como del fresco de las noches, en un clima semejante al de las chacras cercanas. No hay asfalto, ni lo necesito.....y vivo feliz.....tal como lo era en mi niñez.....ya al reparo de la vida....y me entretengo con estos relatos para que ustedes puedan conocer algo más de mí.....para cuando quieran acercarse.


                                                         Los Patricios en Cipolletti
                                                                           

sábado, 3 de enero de 2015

Semanas Santas.-

   
     Durante la Semana Santa, como ya lo sabrán, se conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Cuando yo era chico las iglesias ocultaban las estatuas de los santos con unas grandes fundas violetas, para que solamente quedara descubierta la Cruz. A mí me llamaban la atención esos enormes monumentos cubiertos de violeta, sobre todo en la iglesia del Tigre que era adonde concurríamos de chicos.

     Inclusive recuerdo que había como un gran telón que ocultaba el altar de nuestra vista, que se bajaba, me parece, el Viernes Santo, y entonces también quedaba oculta la Cruz, que se descubría al mediodía del Sábado, llamado entonces de Gloria. También recuerdo que el viernes era un día de luto total y que no se podía hacer nada; no podíamos escuchar música y por la radio (entonces no había tele) toda la música que pasaban era clásica o seria; tampoco se podían hacer fiestas ni reunirnos con otras personas; era como que había que estar tristes a la fuerza, aunque uno no lo estuviera porque, en realidad, no entendía mucho lo que pasaba.

     Sí nos habían enseñado que Jesús había muerto por nosotros, pero nos parecía algo que como siempre habíamos sabido, a decir verdad no nos ponía tristes. Después venía el Sábado de Gloria, que era el día del triunfo de Jesús sobre la muerte, y entonces todo volvía a ser normal: se levantaba aquel enorme telón, se descubrían la Cruz y los santos, y sonaban las campanas. Era como si volviera la vida. Sábados de Gloria...¡que alegría !!

     Al día siguiente era Pascua. En mi casa con seguridad que no se festejaba mucho porque no tengo recuerdos de festejos; sí había reparto de huevitos y mi abuelo Rivarola compraba muchísimos, más unos muy especiales para mi abuela, que cada año eran una sorpresa y que cuando ellos murieron se repartieron entre sus hijos, mientras que a nosotros, sus nietos, nos regalaron el correspondiente a nuestra edad. El de 1943, mi año, era de madera, pintado de marrón y con unas florcitas, pero no sé por donde andará; yo no lo tengo; quizás está en poder de mi primo Horacio, que también nació ese año. 

     Pero no tengo de las Pascuas mayores recuerdos que esos; sí de la alegría del Sábado de Gloria, adonde  terminaban las tristezas forzadas; y en la misa del Domingo, cuando se cantaba el Gloria y mamá allí, en la iglesia, nos daba un beso y nos decía "Felices Pascuas", que a la salida de misa todos nos repartíamos entre besos y saludos.

     Pasaron los años y luego del Concilio Vaticano II se cambió la liturgia de esa fiesta, para adecuarla a lo que realmente había sucedido al comienzo de la era cristiana; por entonces ya había crecido y comprendía perfectamente el significado de los cambios. Así, el Sábado dejó de ser de Gloria para ser sólo Sábado Santo, como el Jueves y el Viernes, y se transformó en un día de luto y silencio, como el Viernes, tal y como es la liturgia actual. En realidad así es más lógico porque Jesús resucitó un Domingo, en la madrugada, y ese es el día importante que reemplazó con toda su alegría al Sábado de mis recuerdos infantiles.

     Ahora la Pascua se festeja el Domingo, como corresponde, y yo aprendí a hacerlo cuando me acerqué a la familia Grehan, adonde se celebraba con mayor intensidad aun que la Navidad, asignándole su verdadero alcance de importante fiesta religiosa ya que se conmemora la victoria de Dios sobre la muerte, en un preanuncio de lo que nos pasará a cada uno de nosotros. Es que si nos ponemos a pensar bien, la nuestra es una religión que adora a un Dios vivo, resucitado, y en las iglesias cristianas de Oriente, quien las preside es un Jesús vivo, cuyo rostro nos mira desde las alturas, como queriendo rememorar su triunfo, y no la Cruz, como sucede en casi todas las iglesias cristianas occidentales, que en cierta forma lo que están resaltando es el fracaso y no el triunfo ulterior. 

     He ahi un tema interesante para reflexionar porque hace inclusive a la forma de encarar la vida, si desde el fracaso o del triunfo....lo cual es todo un mensaje de un contenido religioso vital más que mortal.

                                                                     
.                                                   El Pantocrator o el Cristo Resucitado

     En nuestra familia seguimos la tradición de los Grehan de festejar las Pascuas de una manera especial. Podíamos ir a Misa en la noche del Sábado, durante lo que se llama la Vigilia Pascual, y después comer todos juntos bien entrada la noche, o cuando los chicos eran más pequeños repartirnos para ir uno a la noche y el otro por la mañana del Domingo, pero siempre nuestros desayunos de Pascua eran una fiesta.

     Lo tomábamos como nunca ¡ con todo !! Los que primero madrugaban me ayudaban, generalmente a mí, a poner la mesa con tostadas...muchas tostadas -que a veces se nos quemaban- manteca, dulce, rodajas de tomate, queso y, después....los huevos de chocolate, que a veces entregábamos antes de terminar el desa y alguna que otra vez los escondíamos para que cada cual saliera a buscar el suyo.
                                                                   

     Me acuerdo de una Pascua, la de 1990 en que sólo estábamos en la casa desde Mariana hacia abajo porque Magie, por entonces en pleno proceso de quimeo, debió ser internada en el Hospital por una importante bajada de sus defensas y había que evitar que se infectara. Esa mañana había escondido los huevos en distintas partes y todos salieron a buscarlos, para ir apareciendo de uno en uno; debajo de un árbol, detrás de una planta, y así en diferentes lugares, pero hubo uno que no apareció por más que lo buscamos por todos lados. Primero lo buscamos muy divertidos y después con algo de nerviosismo, sobre todo cuando los chicos se dieron cuenta que yo me había olvidado en serio del lugar adonde lo había puesto....y no lo encontramos.

     Después del desayuno, y de la frustrada búsqueda, nos fuimos a saladar a Magie, desde la vereda de enfrente del Hospital adonde estaba internada. Buscamos un lugar en la Diagonal desde donde se podía ver la ventana de su cuarto y nos pusimos a gritar. Yo creo que sabían que iríamos porque allá, a lo lejos, de repente unas manos nos empezaron a saludar. Nunca me voy a olvidar de esa ventanita del cuarto en el que Magie luchaba por vivir y desde la cual nos saludaba con sus manitos, porque se había levantado de la cama y respondía a nuestros saludos. 

     Todavía -y han pasado de esto muchos años- cada vez que paso por allí miro hacia arriba, hacia esa ventanita, y me parece seguir viendo las manitos de Magie saludándonos y me vuelve la angustia, la misma que sentí aquella mañana, cuando nos volvimos y emprendimos el regreso, dejándola allá a solas con su lucha. Igual aquel Domingo festejamos Pascuas....les llevamos facturas a quienes estaban en el Hospital y algo más tarde, pollo y los famosos huevitos, e incluso creo recordar que esa misma tarde a Magie le dieron el alta, de modo que la fiesta termino feliz. También me acuerdo que todos sus compañeros del colegio lke habían regalado un gran mural y no se si un huevo de Pascua gigante, con los que regresó feliz, a casa.

     Lo que recuerdo bien es que el huevito que habíamos perdido a la mañana nunca más apareció.....casi hasta un año después. Es que en la cocina había una cortina de enrollar, de mimbre, que se bajaba durante el verano, con el calor, pero que durante todo el invierno permanecía enrollada.Y ahi había quedado oculto, adonde nadie lo buscó y yo me olvidé, hasta que al llegar el verano siguiente, al desenrollar la cortina, el huevito se cayó con todo el chocolate tirado a perder....y ahí recordé adonde lo había escondido, tan bien.

     Pasaron los años......mis padres dejaron de venir a festejar las Pascuas con nosotros....los chicos se fueron a estudiar a Buenos Aires y mientras pudieron, siguieron viniendo para esas fechas....y después la mayoría fue armando sus propias familias, a las que ustedes pertenecen, y con seguridad que tendrán sus propios festejos de Pascua, quizás estrenando nuevas costumbres o por ahí continuando las mismas, diferentes a las que viví desde chico o a las que pueda tener ahora, pero con seguridad que todas ellas sirven para festejar, de la mejor manera posible, el triunfo de la vida sobre la muerte, que en definitiva es el único mensaje importante de la Semana Santa.

     Dios triunfó sobre la muerte y el mal, y El es el camino.....pase lo que pase....el bien...al final....triunfará....quizás no ya en este mundo ni a la manera en que el mundo entiende el triunfo, pero el bien....en su momento....vencerá....y los que desde ahora hemos estado festejando anticipadamente ese momento, festejaremos todos juntos, seamos de las generaciones que seamos y hayamos festejado las Pascuas de la manera en que lo hayamos hecho, todos unidos a ese Hermano nuestro que nos mostró el camino.