Algunos de ustedes ya han tenido la experiencia de mudarse de casa....lo recuerden o no....e incluso desde distintos países, y en general creo que los cambios han sido para bien....aunque no siempre las mudanzas son lindas. A mí particularmente me ponen muy nervioso, y eso que podría estar más que acostumbrado ya que me he tenido que mudar tanto de casa como de oficina, muchísimas veces.
La primera de las casas en que recuerdo haber vivido de chico era un departamento en la calle Uriburu 1019, creo que en el 5o. "B" de la ciudad de Buenos Aires, aún cuando me han dicho que al nacer mi primer domicilio estaba en otro departamento, sobre la calle Arenales. El de Uriburu no era muy grande, ni luminoso y junto al dormitorio de mis padres (que en realidad era el comedor, adoptado a dormitorio) tenía un balcón redondo, grande -o eso es lo que recuerdo- al que le habían puesto rejas para que nosotros no nos cayéramos.
Al lado estaba nuestro cuerto -de Lía y mío- que tenía una ventana desde la cual vi caer la nieve un día que nevó sobre Buenos Aires hace muchísimos años, en 1948 en que tenía cuatro años, pero me acuerdo bien. Debe haber sido todo un acontecimiento ! Después no nevó nunca más hasta un día que hizo mucho frío, allá por el 2000. También desde esa misma ventana, que daba a la calle Charcas (hoy Marcelo T. de Alvear) un día la vi entrar a Evita (Eva Perón) a la Facultad de Medicina. Tenía un vestido verde muy elegante y yo por entonces -creo que era el año 1949 en que estuve 40 días enfermo en la cama- no entendía muy bien porque esa mujer despertaba tanto odio y tanto amor al mismo tiempo, entre las personas.
También desde allí la vi a mamá que se puso en ese mismo lugar, allá en la calle, para saludarme con la mano, porque no podía vivir en casa por temor a que fuera a contagiarla de mi enfermedad porque estaba embarazada de Valeria. Nuestro departamento tenía un pequeño patio, desde la entrada hacia la izquierda y al que tambien se llegaba desde el otro lado por la cocina, y era en ese lugar adonde yo me instalaba a limpiar todos los zapatos de la casa porque con Lía teníamos que hacer algo para ganarnos unas monedas para nosotros y a mí me pagaban 0,05 centavos por zapato limpio (y diez el par) y usaba un delantal gris, viejo, para no mancharme la ropa con betún. No me acuerdo cual era la tarea que tenía que hacer Lía para ganarse el sustento.
La entrada del depto. de Uriburo 1019
Pero el gran recuerdo de casa.....¡ DE CASA!!...así con mayúsculas, que tengo de chico es la del Tigre. Era la casa de una tía abuela a la que le decíamos "Maina", apodo que la había puesto Gloria, una prima de mamá que era su "madrina", pero su nombre real era Celina Rodriguez de Noble; para mí fue y seguirá siendo por siempre "Maina"...la abuela materna que de chico no tuve....pero que en realidad ella fue quien ocupó ese lugar que dejara su hermana, me verdadera abuela, que murió siendo muy joven, aun antes de que yo naciera.
Además como mi abuela Rivarola era como distante, mi abuela , abuela, esa que se recuerda con tanto cariño, la de los cuentos y complicidades, fue Maina.....y además vivíamos en su casa!! Era una casa enorme, frente al río, sobre la calle Lavalle al 863 y hasta me acuerdo del teléfono: 749 0855 ¿ Que tal? Es de esa casa de la cual guardo los mejores recuerdos de mi niñez. Vivimos allí -además- durante uno o dos años en que papá tuvo que subalquilar el departamento de Uriburu porque no le alcanzaba la plata para poder pagar el alquiler.
Después, cuando volvimos a vivir en Buenos Aires nos fuimos hacia otro departamento, pero regresábamos al Tigre todos casi todos los fines de semana durante el invierno y desde que se terminaban las clases hasta que volvían a empezar, en el verano. Yo recuerdo que la quinta ocupaba algo más de una manzana porque estas eran dobles, de 200 mts. por otros 200 y la nuestra ocuparía una mitad. Les decía que estaba frente al río Tigre y cruzando la calle hasta tenia un viejo embarcadero de madera con escalones que llegaban hasta el agua, por donde muchas veces bajábamos e inclusive nos metíamos por debajo del muelle caminando por las maderas a centímetros del agua (que inconscientes ¿no?), mientras a todo lo largo del río unos sauces llorones inmensos nos daban una sombra increíble.
La casa tenía un enorme portón de madera, pintado de marrón, de dos hojas, de las que normalmente se abría una sola haciendo correr una manija tipo cerrojo que hacía un ruido muy particular por la falta de lubricación, que todavía recuerdo, y que anunciaba la llegada de quien fuera y alertando a Blacky, un fox-terrier bastante bravo -como todos los de su raza- que era de Gloria, que también vivía en la casa. Pienso que a las casas uno las recuerda por todos los recuerdos que tiene unido a ellas, por la gente que compartió sus vidas con las nuestras, sobre todo siendo chicos y por eso para mí, la del Tigre sigue y seguirá siendo uno de los recuerdos más lindos que tengo de mi niñez.
El jardín era enorme y un camino ancho daba toda la vuelta alrededor, por donde andaba en bicicleta todo el día. También, en la parte de atrás de la casa, había un lugar abierto que le decían "la cancha" porque era un cuadrado enorme, de cesped, con bancos de esos de plaza, blancos pero con techito, y que estaban uno a cada lado, como si fuesen los arcos. Entre la cancha y la cocina pasaba un camino más angosto adonde había una vieja higuera de higos blancos espectaculares, y a la cual me subía -sobre todo a la hora de la siesta- y allí me quedaba escondido, al fresco de sus hojas y dele comer higos.
El jardinero se llamaba Francisco, un italiano genuino a quien con Lía adorábamos, y que nos tenía una paciencia enorme. Siempre andábamos dando vueltas alrededor de él, preguntándole que hacía con las plantas o con los canteros de flores; para que lo hacía; y si nosotros podíamos ayudarlo. Francisco almorzaba temprano, a eso de las 12,en su propia casita y hasta allá llegábamos con Lía atraídos por el aroma de la comida que él mismo hacía y de la que siempre nos convidaba. Tengo, por ejemplo, el recuerdo de unos ajíes rellenos de arroz, muy jugosos y de unos fideos con tuco, liviano, sin carne, pero muy bien hechos. Fue nuestro gran compañero, aunque grande de edad, que tuvimos durante la niñez, y con toda seguridad que Francisco, mi hijo, lleva ese nombre por él, aunque también fuera uno de los míos.
Tambien podría contarles de otros personajes con quienes comnpartiamos nuestra vida cotidianamente, como Micaela, la cocinera, de pelo bien blanco y tez india, muy oscura; de la Gringa (cuyo nombre era Cristina Ver), una señora bajita que siempre vestía de negro y que a mí me malcriaba muchísimo porque le hacía acordar a un sobrino suyo: el Cuqui.....que era como me llamaba a mí. Con Lía nos divertía meternos en su cuarto cuando ella no estaba, porque tenía como un pequeño altar lleno de estampas, virgencitas, santitos y mil y un recuerdos de un pasado que nunca conocí. Parece que un día llegó y se quedó para siempre.....por lo menos eso es lo que me dijeron.....quizás hubiera otras razones que hicieron que Maina la mantuviera a su lado....no lo sé.
¡ Cuantos y que lindos recuerdos que tengo de esa época! Pero aquí la idea era relatar sobre las casas y no sobre recuerdos. Quizás es por esos recuerdos que al formar mi propia familia mi idea era vivir todos en una casa grande, con jardín, para que mis hijos pudieran disfrutar de las mismas cosas que a mí me habían gustado, pero por haber vivido siempre en una casa así, Patricia quería vivir en Bs.As. y por ahí entonces empezamos.
Con Rodolfo Quinto, el mayor, vivimos primero en un lindo departamento de la calle Marcelo T. de Alvear, entre Azcuénaga y Uriburu, muy cerca de aquel en el que había vivido de chico. Estaba en el 9o. piso y tenía un enorme balcón terraza a la calle, pero al año nos mudamos a otro, en la calle Billinghurst y Peña, en un piso 14o. y en el que nuestros vecinos de piso eran mis padres que habían vendido su departamento de la calle Beruti 2389, esquina Larrea, adonde yo viví desde los 8 años hasta que me casé a los 25 y que por ende se merece de un capítulo especial que escribiré en otro momento.
El departamento de Beruti 2389 esq. Larrea
En ese departamento de la calle Billinghurst 2307, esquina Peña nació Matias, de quienes ya les he hablado y unos años después nos mudamos a vivir junto a mis padres, en un departamento muy grande y muy lindo que quedaba en la calle Libertad 1050, entre Santa Fe y Marcelo T., primer píso, que es adonde nació Magie en el año 1973. Ya con dos hijos y de sexos diferentes conseguí que se me aumentara el puntaje para poder sacar un préstamo en el Banco Hipotecario (adonde además trabajaba) y cuando me lo asignaron salimos a buscar....¡ una casa !!
la casa de J.J. Diaz 1398 esq. Rondeau
Ya en Neuquén, primero vivimos en una casa que me daban por ser el Juez Federal. Estaba en la calle El Ceibo 441 del Barrio de Alta Barda, adonde vivimos cinco años. Los chicos iban a los colegios públicos cercanos, tanto los de primaria como jardín, a excepción de Rodolfo que iba al secundario en el Don Bosco. Allí desarrollaron sus primeros pasos neuquinos y se hicieron de sus primeros amigos, algunos de los cuales -como los Gigena- de los que éramos vecinos, aún mantienen.
Tambien podría contarles de otros personajes con quienes comnpartiamos nuestra vida cotidianamente, como Micaela, la cocinera, de pelo bien blanco y tez india, muy oscura; de la Gringa (cuyo nombre era Cristina Ver), una señora bajita que siempre vestía de negro y que a mí me malcriaba muchísimo porque le hacía acordar a un sobrino suyo: el Cuqui.....que era como me llamaba a mí. Con Lía nos divertía meternos en su cuarto cuando ella no estaba, porque tenía como un pequeño altar lleno de estampas, virgencitas, santitos y mil y un recuerdos de un pasado que nunca conocí. Parece que un día llegó y se quedó para siempre.....por lo menos eso es lo que me dijeron.....quizás hubiera otras razones que hicieron que Maina la mantuviera a su lado....no lo sé.
¡ Cuantos y que lindos recuerdos que tengo de esa época! Pero aquí la idea era relatar sobre las casas y no sobre recuerdos. Quizás es por esos recuerdos que al formar mi propia familia mi idea era vivir todos en una casa grande, con jardín, para que mis hijos pudieran disfrutar de las mismas cosas que a mí me habían gustado, pero por haber vivido siempre en una casa así, Patricia quería vivir en Bs.As. y por ahí entonces empezamos.
Con Rodolfo Quinto, el mayor, vivimos primero en un lindo departamento de la calle Marcelo T. de Alvear, entre Azcuénaga y Uriburu, muy cerca de aquel en el que había vivido de chico. Estaba en el 9o. piso y tenía un enorme balcón terraza a la calle, pero al año nos mudamos a otro, en la calle Billinghurst y Peña, en un piso 14o. y en el que nuestros vecinos de piso eran mis padres que habían vendido su departamento de la calle Beruti 2389, esquina Larrea, adonde yo viví desde los 8 años hasta que me casé a los 25 y que por ende se merece de un capítulo especial que escribiré en otro momento.
El departamento de Beruti 2389 esq. Larrea
En ese departamento de la calle Billinghurst 2307, esquina Peña nació Matias, de quienes ya les he hablado y unos años después nos mudamos a vivir junto a mis padres, en un departamento muy grande y muy lindo que quedaba en la calle Libertad 1050, entre Santa Fe y Marcelo T., primer píso, que es adonde nació Magie en el año 1973. Ya con dos hijos y de sexos diferentes conseguí que se me aumentara el puntaje para poder sacar un préstamo en el Banco Hipotecario (adonde además trabajaba) y cuando me lo asignaron salimos a buscar....¡ una casa !!
Libertad 1050
Después de dar muchas vueltas, porque el dinero que me daban no alcanzaba y había un plazo determinado para firmar la compra, encontramos una pequeña casita en San Isidro, en la calle Estanislao Diaz 119, que tenía un sencillo jardincito atras, pero que a mí me hacía sentirme en la gloria. Cortaba el pasto, arreglaba los canteros, plantaba jazmines, podaba un cerco que yo mismo había colocado, perseguía a las hormigas, barnizaba el portón, en fín, hacía las mismas cosas que muchos años antes me había enseñado Francisco.
Estanislao Diaz 119 - San Isidro
Allí nació Mariana y dos años después Mercedes (Meli), y allí tuvimos a nuestra primera perra -Fulgencia- hija de una perra que tenían en la casa de los Grehan, y que creció junto a nosotros y a nuestros hijos y nos acompañó en nuestro sucesivo peregrinaje por distintas casas en San Isidro durante más de 10 años, hasta que se murió, envenenada por haberse comido una rata -ya que le encantaba cazar- que a su vez estaba envenenada.
La enterré en la parte de atras de la casa de los García Haymes en Beccar, y mientras cavaba el pozo me acordaba del entierro de otra perra, Borgia, unos cuantos años antes, cuando todavía era soltero, una caniche mediana, marrón, que adorábamos y que había vivido con nosotros desde el Tigre, y que murió cuando yo tenía unos 20 ó 21 años. Toda una vida! ¿no? Está enterrada en San Miguel, en terrenos que entonces ocupaba un primo mío -Ignacio- y a ella le dediqué en aquel entonces unos versos que están por allí, en otro cuaderno junto a otros de mi "etapa poética".
Bueno, pero sigamos con nuestras casas. Esa primera de la calle Estanislao Diaz nos quedó chica cuando nació Meli y entonces buscamos para comprar otra; la que nos gustó estaba en Acassuso, sobre la calle Paunero a metros de Pueyrredón, y que finalmente logré comprar con la ayuda de mucha gente que me prestó plata porque yo me había arriesgado a comprarla convencido de que podría vender la otra, pero esta no se vendió cuando llegó el momento de tener que completar el dinero de la compra y entonces, para no perderla, salí a pedir dinero prestado que luego devolvería cuando se vendiera la primera casa.
Pero como cuando finalmente se vendió, uno de los tantos "experimentos" económicos argentinos (conocido como "el Rodrigazo") había desvalorizado la moneda, me quedó un importante saldo sin poderlo cubrir, de modo que solicité otro préstamo, hipotecando esa casa, y así logré devolver todo lo que me habían prestado. Eran años de un gran descalabro económico en la Argentina y cuando pasó un año tenía que renovarlo por un año más o cancelar y esta vez me abatate y no me arriesgué -como debería haberlo hecho- y preferí vender Paunero y cancelar la hipoteca, para volver a empezar, alquilando.
Así tuvimos que abandonar esa linda casa en la que tanto nos había gustado vivir, donde disfrutamos del mundial del 78 y adonde Rodolfo Quinto debió pasar su convalescencia cuando se cayó de un techo y se le fracturó el cráneo. Pero bueno.....finalmente llegó el día y un camión de mudanzas nos traslado a la calle Alem, en San Isidro, a metros de 25 de Mayo. Allí nació Rosario (Toti) y allí se vino a vivir con nosotros Loui, que tendría unos 15 años.
la casa de la calle Alem en San Isidro
Después de unos años nos mudamos a otra casa alquilada, en la calle Guemes en Acassuso, a pocas cuadras de la estación, pero del otro lado de las vías, más cerca de la Avenida Centenario, hasta que finalmente logré que el Banco Hipotecario me diera un nuevo préstamo (que en realidad me lo habían acordado mucho tiempo antes y yo no me había ni enterado), y con la ayuda económica de una muy buena tía abuela -Sara- pude nuevamente comprar una casa propia.
Estaba en la calle Juan José Diaz 1398, esquina Rondeau, en Beccar, a una cuadra de Libertador y de la entrada al Colegio Marín, y aquí nacieron Francisco y Gloria; allí murió Fulgencia; allí los chicos más grandes seguían creciendo -incluído Loui- y desde allí partimos a Neuquén en el año 1985, quince años después de haber entrado a aquel departamento de la calle Marcelo T. para comenzar con nuestra vida independiente.
Ya en Neuquén, primero vivimos en una casa que me daban por ser el Juez Federal. Estaba en la calle El Ceibo 441 del Barrio de Alta Barda, adonde vivimos cinco años. Los chicos iban a los colegios públicos cercanos, tanto los de primaria como jardín, a excepción de Rodolfo que iba al secundario en el Don Bosco. Allí desarrollaron sus primeros pasos neuquinos y se hicieron de sus primeros amigos, algunos de los cuales -como los Gigena- de los que éramos vecinos, aún mantienen.
El Ceibo 441
Al dejar la función judicial, vendimos la casa de Beccar -que veníamos alquilando- y nos compramos, también en Alta Barda, la de la calle Los Claveles 123 que fue la última que tuvimos en Neuquén, y desde donde se habían ido yendo poco a poco los chicos que se iban a estudiar a Buenos Aires. Tanto en esta casa como en la del Ceibo volví a encontrarme con las plantas, con el aire puro, con el sol de una mañana de sábado y con el agradable fresco que se siente en los veranos por las noches; allí planté varios árboles, como un enorme ceibo, precisamente en esa calle, muchos álamos y cientos de rosas.
Los Claveles 123
Hoy vivo en Cipolletti, en un barrio privado -Los Patricios- adonde casi todos ustedes me han venido a visitar en algún momento. Estoy rodeado de verde; de árboles; de plantas; disfruto mucho de todo ello en el verano, como del fresco de las noches, en un clima semejante al de las chacras cercanas. No hay asfalto, ni lo necesito.....y vivo feliz.....tal como lo era en mi niñez.....ya al reparo de la vida....y me entretengo con estos relatos para que ustedes puedan conocer algo más de mí.....para cuando quieran acercarse.
Los Patricios en Cipolletti









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