viernes, 28 de agosto de 2015

¿ Que les estamos dejando ?


     En estos apuntes, mis queridos nietos, les he venido contado cosas de mi pasado, un poco para que puedan llegar a conocerme algo más y otro poco para que puedan saber como hemos vivido, quienes lo hemos hecho antes que ustedes. Pero hoy lo que necesito es compartir algunas reflexiones sobre el futuro, sobre el mundo que nuestras generaciones les estamos dejando, y que debo decirles que no tiene mucho que ver con el que fuera nuestro, el mundo de nuestra niñez, adolescencia y juventud, allá en el cada vez más lejano siglo XX.

     Ustedes vivirán plenamente en el siguiente, en el corriente siglo XXI, que les permitirá disfrutar de muchísimos adelantos, en una cantidad de rubros que nosotros no pudimos. Por ejemplo es impactante lo que está ocurriendo con los avances científicos, sobre todo en materia de medicina, superándose en muy poco tiempo las diferentes patologías que se van sucediendo o atacando las mismas con armas tecnológicas de avanzada que permiten pensar -además- que con la aceleración que se da en forma simultánea, los resultados son impensados.

                                                                   
     


     Es cierto que todas estas maravillas no son actualmente para todos y que hay millones de seres humanos, iguales en todo a nosotros, a quienes de alguna manera se los deberá comenzar a tener en cuenta para que puedan disfrutar ellos también de estos importantes adelantos, para que el mundo que venga sea mucho más justo, sobre todo con ellos, los pueblos más pobres y marginados del mundo.

     Algo similar puede señalarse en materia de comunicaciones. Es realmente revolucionario lo que está ocurriendo en materia de intercambio a lo largo y ancho del mundo y de la tremenda velocidad con la que se difunden las informaciones. Lo importante -a mi juicio- sería tratar de no perder el diálogo personal y directo entre las personas, porque no es lo mismo que hacerlo por intermedio de aparatos, por más adelantados que estos fueses. Es que no hay -al menos en el pensamiento de este abuelo- nada más enriquecedor que una buena charla, con un café, un vinito o un vaso de buen whisky entre medio de dos personas que mirándose a la cara pueden intercambiar ideas, dialogar, escucharse, e influenciarse positivamente. Es fantástico.






     Pero todas esas son las maravillas de las que podrán usufructuar. Mi intención al escribir este apunte hoy es contarles de mis preocupaciones, porque realmente lo estoy y mucho con un montón de cosas que veo que se han instalado en la vida cotidiana, y que a mi modo de ver no sería bueno que se internalizaran. Puede ser que sea una cuestión de viejos.....no lo sé. Por ahí se ha dicho siempre que el diablo sabe por diablo, pero que más sabe por viejo. Vamos a ver.

     Una cuestión que me alarma, porque cada día crece más al menos en nuestro país, sin que a muchos parezca interesarles mucho es el tema de las drogas; otro la violencia que se ha encaramado en casi todos los órdenes de la vida, como si fuese normal manejarse de esa forma; otro tema que me parece importante es el de la relativización de la diferencia de los sexos; otro es la mediocridad galopante que se va colando por todos los intersticios de la vida y finalmente el esquema del todo vale, a la hora de conseguir los objetivos que nos proponemos. Vayamos por partes.

     Cuando yo era chico no teníamos al alcance ni marihuana, ni cocaína ni ninguna otra sustancia estupefaciente, aunque ellas circulaban por otros países y ambientes, y así siguió siendo durante bastante tiempo. Cuando debí hacerme cargo del Juzgado Federal en Neuquén, comencé a tomar conciencia que el tema de las drogas era bastante más serio de lo que imaginaba, y procuré que desde el Tribunal y con la activa colaboración de las fuerzas de seguridad, la combatiéramos en todas sus manifestaciones, inclusive el consumo porque claro, si no hay consumidores no hay vendedores ni existen productores ni nada.

     Sin embargo con el transcurso del tiempo y de alguna situación familiar cercana, cambié mi forma de pensar, comprendiendo que el consumidor en realidad no es un delincuente sino un enfermo, al que impúdicamente alimentan y explotan los delincuentes, hasta la destrucción, y como al mismo tiempo la Corte Suprema de aquella época declaró inconstitucional perseguir el consumo, me dediqué exclusivamente a traficantes porque en aquellos tiempos -la década del 80- nuestro país y nuestra zona eran más que nada lugares de tráfico o tránsito.

     Pero treinta años después, seguramente debido a unas políticas ineficaces, inexistentes o directamente cómplices, hoy estamos viendo con horror como se ha extendido el consumo hacia todos los sectores de la población, infestando vastas capas sobre todo de gente humilde, que ha encontrado -al entrar en el negocio- una suerte de salida económica al que el sistema normal, en general, no pueden acceder o al menos, no con ese mismo alcance, Y así tenemos, por ejemplo, el tema de los barras brava de los diferentes equipos de fútbol, que se han transformado en verdaderas empresas económicas poderosas, en las que la venta de drogas es solamente una de sus actividades rentables.

                                                                           



     Y tan poderosos se han hecho, que hasta se dan el lujo de financiar campañas políticas a candidatos inescrupulosos que, con tal de llegar, se comprometen con ellos y, en retribución, al llegar a los diferentes gobiernos a los que aspiran -inclusive candidaturas deportivas- como contrapartida resuelven no intervenir o mirar hacia otra parte. Aunque parezca exagerado, esta gente está manejando en gran medida el gobierno de vastísimas zonas de nuestro país, y solo se alzan algunas voces aisladas y durante las campañas políticas.

     Si a los traficantes locales o internos le unimos que la Argentina se ha transformado en una enorme plaza operativa para delincuentes internacionales, sobre todo latinos, como pueden ser los grupos de peruanos, colombianos y algo de la mafia china que también tiene sus tentáculos en el país, no me extraña la cantidad de actos vandálicos que solemos presenciar de luchas entre los diferentes grupos, frente a la ausencia de la autoridad oficial y mirada hacia el costado de los encargados de combatirla, llámense jueces, policías, gendarmes o políticos. Todos están cada vez más comprometidos, y así se hará muy dificil salir.

     Creo que este es un tema en el que mi generación está en deuda con las futuras, que deberán hacerse cargo del problema y procurar resolverlo de cuajo, bajo el riesgo de que quienes les sigan a ustedes ya no tengan escapatoria, aunque parezca muy dramático.

     Otro tema que, la verdad, no puedo saber como es que se ha ido instalando en nuestra sociedad, es el de la violencia generalizada. Y no les estoy hablando de esa violencia cotidiana delincuencial, que también es muy grave, sino de esa otra que se ha ido colando por los intersticios más profundos de nuestra sociedad. Ese maltrato que se ve en todos los órdenes, junto a una falta de respeto de todos por todos que es lamentable.

     Un ejemplo tonto. Cuando yo era joven -y aun hasta mucho después- los pequeños problemas de tránsito se resolvían con un simple bocinaso o a lo sumo un gesto poco cordial. Hoy no se te puede ocurrir alertar a alguien que está delante tuyo que el semáforo lo autoriza a seguir, porque estaba distraído, sin que corras el riesgo de ser tratado poco menos que como una basura. Y no se te ocurra advertirle a alguien que hizo una maniobra errada, aunque se te hubiera adelantado en forma indebida, porque cualquier loco puede amenazarte o incluso hasta dispararte con un arma Es una verdadera locura.

     Lo mismo ocurre en muchos programas de opinión  de entretenimientos y hasta de concursos que se transmiten por los medios, adonde es posible ver que, más allá de tener un pensamiento diferente, con mucha frecuencia el de cada uno se defiende y el del otro se ataca con una vehemencia propia de enemigos recalcitrantes durante una batalla en vez de respetarse y, sobre todo, escucharse, antes de rebatir. Y no digo nada de las discusiones familiares, cada vez más intensas; o de las faltas de respeto de los alumnos en las escuelas hacia profesores y docentes en general; etc. etc. etc.

                                                                             

                                                     
     ¿ Que es lo que nos está pasando?  Yo no podría recurrir al fácil argumento vinculado con la violencia que se le suele atribuir a quienes nos gobiernan, con actitudes y frases más apropiadas a un corralón de materiales que a una tribuna política. Creo que esto es así pero porque todo hoy es así. Ya no se respeta ni la palabra, ni el pensamiento del otro; en cualquier actitud que no nos gusta salta la intemperancia y la violencia, lo cual es una muestra acabada de lo enferma que está la sociedad argentina, porque debo reconocer con bastante dolor, que estas conductas no suelen ser habituales en otras partes. Puede ser que por allá tengan otro tipo de violencias, no lo niego, pero no está tan generalizada como la que aquí se vive.

     Chicos, espero que se reaccione para que puedan vivir en un mundo de mutuo respeto y de sana convivencia. Yo lo he vivido, durante mi infancia y adolescencia y sé que se puede, y además, que es mucho más agradable.

     Y pasemos a mi tercera gran preocupación actual: la homogeneización de los sexos, que a mi me parece que va a derivar en que finalmente, no interese mucho saber o saberse uno a cual pertenece, si se es hetero, homo o bi, para simplemente estar o compartirse con quien mejor nos venga, sea de otro o del mismo sexo que el nuestro. Yo no se si esto Uds. lo han podido apreciar por experiencias propias; yo simplemente lo veo con horror, y no es que me escandalice -ya- de las debilidades propias de quienes no están muy seguiros de su sexualidad o de sus gustos; me refiero a que cada vez más daría la sensación que lo único que importa es estar sexualmente a gusto, con quien sea, hoy hombre, mañana mujer, da lo mismo, lo importante es tener una vida sexual intensa y satisfactoria, a cualquier precio.

                                                                   

.     Será ese sin duda -de confirmarse este pronóstico- una vida difícil, sobre todo para quienes procuren seguir formando familias en las cuales poder formar a sus hijos, dentro de un contexto o mundo con concepciones tan diferentes. Entiendo que un cambio de mentalidad respecto de la homosexualidad, a esta altura de los tiempos, era importante; cuando yo era chico casi ni se podía hablar del tema, y la famosa expresión de "esconderse en un ropero" entiendo viene de la necesidad de refugiarse de críticas despiadadas o de verguenzas no superadas.

     Pero hoy me parece que nos fuimos para el lado contrario y parecería como que esa prédica cada vez más expuesta y hasta diría que orgullosamente, no se detendrá hasta haber alcanzado esos objetivos de anular total y definitivamente la diferencia sexual, de modo que cada uno pueda, en el momento en que lo desee, escoger del que entonces prefiera, aunque fuese pasajero u ocasional. Este debate por la indiferencia sexual es otra carga pesada que mi generación les traslada, queridos míos.

     Finalmente, no puedo dejar de comentarles que tampoco me agrada -ya en lo que se refiere a nuestro país- dejarles un mundo en el que por sobre todas las cosas prima la mediocridad de aspiraciones, el poco apego por el esfuerzo constante, el facilismo, el todo da igual o dicho de otra manera, el famoso "siga...siga...." del fútbol. Hemos caído, paulatinamente, en un estado de cosas tal que, desde luego, no me sorprende en absoluto que quienes nos gobiernan comulguen con esas mismas prácticas. El bueno de Discepolo, a comienzos del siglo XX, lo calificó de "cambalache", esos viejos anticuarios de compra venta de todo, sin discriminación o diferenciación de productos. ¡ Que diría hoy !!!.

     "Es lo mismo el que labura, noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley". Tal cual ! Como se ve, esto ya no es culpa exclusivamente nuestra; nos vino dado. Sin embargo nuestra responsabilidad proviene de no haber logrado superarlo y hasta diría que lo hemos aumentado hasta límites insospechados

                                                                         



      Esta cultura del "está todo bien".....que inclusive se nos ha incorporado al lenguaje (" ¿ que tal? ¿todo bien?) no ha hecho más que cubrirnos con un manto de mediocridad que es ciertamente alarmante. Parecería como que lo único que quieren todos es salvarse económicamente y a un bajo costo. Todo es a bajo costo; los pasajes de los aviones; las tarifas de los hoteles; las promociones en los super; los honorarios o aranceles de los jóvenes profesionales; la poca atención que te deparan los servicios; todo da igual y nadie es responsable de lo que hace.
   
     Lo peor de todo esto es que el mundo corre por otros andariveles; la seriedad y el esfuerzo se premian; los inventos que hacen avanzar a la humanidad se promueven; la docencia ocupa un lugar destacadísimo en los presupuestos oficiales. Es que han advertido que por ahí pasa el futuro de las generaciones venideras: cultura y desarrollo.¡ Que lejos que estamos aquí de todas esas aspiraciones!

     Bueno, mis muy queridas nietas y nietos....a los once actuales y a los que podrán -quizás- ir llegando luego. Esas son mis preocupaciones sobre el mundo en el que crecerán y educaran a sus hijos. Estoy seguro que sus padres los han ido dotando de todas las herramientas necesarias como para poder sumergirse en él sin ahogarse o sucumbir. Es posible que les entreguen a quienes les sigan un mundo mejor, de mayores cuidados entre todos. Ese sería mi más ferviente deseo, el que nosotros no pudimos lograr.
 











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