Una de las mayores alegrías que tuve en la vida fue el día en que me transformé en un padre con todas las de la ley. Por aquel entonces -hoy hacen casi 45 años- aun vivían mi padre y también el padre de este, mi abuelo Horacio, de modo que podíamos contar a cuatro generaciones de Rivarola conviviendo en forma simultanea, lo que se interrumpió casi de inmediato ya que mi abuelo falleció dos meses después y ninguno de ustedes, mis nietos, están todavía en situación de proporcionarme un bisnieto, como con seguridad ocurrirá en algún momento y tal como le pasara a mi padre que pudo disfrutar de sus bisnietos algo más de cinco años.
Ya les he contado en otra entrada sobre el día en que nació Rodolfo Quinto, y también como fue el nacimiento de Manuel, "Manu" el primero de ustedes; lo que no puedo hacer es contarles sobre el mío porque -lógicamente- aunque era junto a mi madre el principal protagonista, en realidad aun estaba como en otro mundo. Sí me han contado que fue cercano a las siete de la tarde de un 24 de diciembre, y que mi padre un rato más tarde asistió a una misa de Nochebuena a las 12, en la que una de sus lecturas decía "un niño nos ha nacido", lo que lo indentificó con lo que se estaba conmemorando con gran alegría, en todo el mundo cristiano.
Muchos años después, cuando nació mi primer hijo en esa fría madrugada del 6 de mayo, yo tuve un festejo personal mucho menos contemplativo, ya que a la hora de almorzar me fuí a comer pizza -que me encanta- en una pizería cercana, y con Coca Cola -que tambien me agrada la mezcla- y, aunque estaba solo tenía una alegría interior tan grande que me parecía mentira que los que allí estaban, en la esquina de Pueyrredón y Marcelo T. no lo notaran.
No se tampoco lo que pudo haber sentido mi abuelo Horacio -"abuelito" para todos sus nietos- el día que nació papá, que era el cuarto de los hijos en esa familia. Era un 20 de septiembre y corría el año 1916, en un año más, cien años habrán pasado, y era el día en que los italianos festejaban la consagración de la República, que incluía hasta cañonazos y fuegos artificiales ya que por entonces la comunidad de italianos auténticos que vivían en Buenos Aires era muy grande y los festejos, en consecuencia, a todo lo grande.
También ese nacimiento fue temprano en la mañana, y cuando se le avisó a mi bisabuelo Rodolfo, éste que estaba escuchando los cañonazos y la algarabía de la calle, sintió que toda esa alegría se debía al nacimiento de su nuevo nieto a quien, en ese momento, comenzó a llamar "el Gringuito", ya que así era como se los llamaba a todos los italianos, al igual se aun se sigue llamando "gallegos" a todos los españoles, aunque pertenezcan a otras regiones. Y así quedó papá con ese sobrenombre para toda la vida....." ¡ Gringo !!"....el Gringo Rivarola, como siempre se lo conoció.
¿ Que les puedo contar de él como padre? De todo, aunque hoy a la distancia -ya hacen quince años de su partida definitiva- se confundan en mi recuerdo muchas cosas, buenas y no tanto, pero que en general me sacan siempre una sonrisa tierna. Por ejemplo lo recuerdo los domingos a la mañana, siendo muy chico,
que con Lía mi hermana nos metíamos en la cama con él y nos contaba un cuento del ratón Pérez que nos divertía muchísimo.
Gringo, mi padre
También me acuerdo que otra cosa que nos divertía era cuando subía mis pies a los suyos y me llevaba caminando, pero a sus largos pasos; o cuando se convertía en una especie de muñeco de cuerda y con movimientos duros se dirigía hacia alguna pared que le impedía seguir avanzando, y allí se quedaba con la cabeza puesta sobre la pared hasta que poco a poco la cuerda se le iba terminando. ¡ Como nos reíamos!
Pero también recuerdo que le gustaba mucho jugar al tenis y durante los fines de semana jugaban con mamá mientras Lía y yo deambulábamos por el club, esperando una invitación a jugar que nunca llegó.
¡ Como me hubiese gustado jugar alguna vez con él al tenis, siendo chico!! Ya más grande lo hice varias veces, sobre todo durante aquellos veranos en que alquilaba casas que tenían cancha de tenis, de polvo de ladrillo o de cemento. Quizás fuera por eso que cuando Rodolfo Quinto y luego las mujeres, eran chicos quise que aprendieran a jugar al tenis, y cuando pudimos hacerlo, con el primero llegamos a jugar algún que otro partido, aunque a mí el nervio ciatico, aplastado en algunas de aquellas experiencias tenísticas veraniegas, me impidiera seguir jugando a cualquier cosa, más o menos desde entonces.
Sin embargo por aquellos años, me parece que a Rodolfo no le gustaba tanto jugar al tenis como al rugby, lo mismo que a las chicas, excepto Rosario, Toti, a quien siempre le gustó mucho y que jugaba muy bien. Sé que ahora, cada tanto, Rodolfo y Lucía y Rosario y el Negro, suelen jugar los fines de semana....o lo hacían.
Tengo que reconocerles que mi padre a mí me dio muchísima libertad, demasiada les diría mirando desde la distancia, y en vez yo por contraste, sobre todo a Rodolfo, se la restringí bastante, y él se las tenía que rebuscar como pudiera para hacer las típicas tonterías que todos los chicos hacen, pero sin que yo me enterara. Las mujeres, en cambio, me encontraron algo más benévolo, habiendo llegado a la conclusión que debían merecer de mi confianza, para que ganaran en seguridad.
Por ejemplo, mi padre hizo que uno de los cuidadores del garage en donde guardaba el auto, me enseñara a manejar a los 14 años; no lo hizo él porque se ponía muy nervioso. Pero me prestaba el auto ¡ a esa edad!! sobre todo para que en las noches de los fines de semana no volviéramos de las fiestas caminando con mi hermana solos por la calle. Por el contrario, yo les enseñé a manejar a todos mis hijos, pero no les prestaba el auto hasta que tuvieran su registro de conducir, que en un principio era a los 18 y luego, viviendo en Neuquén, a los 16.
Me acuerdo que una tarde, en Neuquén, en que volví a casa en una hora desacostumbrada, en la ruta me cruce con la Dahiatzu colorada.....¡ manejada por Rodolfo!!.....que pretendió -o anheló- que no lo hubiese visto. Yo no lo podía creer. A la noche hablamos....o algo más....no lo sé porque he sido con frecuencia un tanto brusco con mis hijos, sobre todo con los mayores y es quizás por eso que no lo he visto nunca que él castigara a sus hijos, lo que me alegra mucho. ¡ Pero Rodolfo sintió muchas veces mis golpes...y en qué forma!!.
Me averguenza reconocerlo ahora, que ha pasado tanto tiempo, pero una vez lo bajé a trompadas por una escalera porque me había mentido.....no sé si habrá sido esa vez del auto....porque siempre me mentía, seguramente porque yo no le brindaba la suficiente confianza como para poder reconocer las macanas que hacía, como todos los chicos de su edad, sin arriesgarse al consecuente castigo. Lo que en realidad yo entonces pensaba es que no podía permitirselo o dejarlo pasar y lo controlaba mucho, seguramente porque no se me había controlado en serio y entonces actuaba frente a él como entendía que debía haber actuado mi padre conmigo, no como él lo necesitaba que, seguramente es como ha sido con ustedes sus hijos.
Entendía por entonces -ahora sé que estaba muy equivocado- que en la estructura que me había armado sobre "como se debe ser un buen padre" estaba necesariamente ese "no dejar pasar nada". El padre, al igual que la madre, por sobre todo deben tener cariño por sus hijos -que se descarta- pero también saberlo canalizar y exteriorizar para a su vez, permitir que aflore el de sus hijos. Después, desde el cariño, se debe poder educar y decir lo que corresponda, pero siempre desde allí, con firmeza si es necesario, pero nunca con agrasividades.
Yo no las padecí en mi infancia, pero de chico viví pensando que a mi padre le resultaba indiferente porque no recibía sus muestras de cariño, pero según puedo verlo a la distancia, no era así en absoluto y lo que no pude ver es que las exteriorizaba de otra manera; pero aquel sentimiento incorrecto, no obstante, me hizo ser muy agresivo y no me permitió dar rienda suelta a mi propio cariño hacia mis hijos....y que así permanecía oculto, tan oculto que hoy, más de 40 años después, aun me cuesta expresarlo, aunque algo he mejorado. Pareciera que sintiera que es una muestra de debilidad.
Creo que la relación de mi padre con el suyo, mi abuelo Horacio, también fue muy fría; de muchísimo respeto -de papá a abuelito- pero quizás con poco retorno -de abuelito a papá- Por lo que me fui enterando con el correr de los años -porque esa historia siempre pemaneció oculta para nosotros, sus nietos- poco antes de que mi padre naciera mi abuelo -sin haberse ido de su casa- comenzó una convivencia con otra mujer, en relación que luego mantuvo a lo largo de toda su vida, en una especie de de vida en paralelo que, sin duda, tiene que haber repercutido en un chico tan chico como era papá -recien nacido- y que luego creció en ese clima que debía presentir, pero que también le fue ocultado y silenciado.
Me acuerdo que una tarde, en Neuquén, en que volví a casa en una hora desacostumbrada, en la ruta me cruce con la Dahiatzu colorada.....¡ manejada por Rodolfo!!.....que pretendió -o anheló- que no lo hubiese visto. Yo no lo podía creer. A la noche hablamos....o algo más....no lo sé porque he sido con frecuencia un tanto brusco con mis hijos, sobre todo con los mayores y es quizás por eso que no lo he visto nunca que él castigara a sus hijos, lo que me alegra mucho. ¡ Pero Rodolfo sintió muchas veces mis golpes...y en qué forma!!.
Me averguenza reconocerlo ahora, que ha pasado tanto tiempo, pero una vez lo bajé a trompadas por una escalera porque me había mentido.....no sé si habrá sido esa vez del auto....porque siempre me mentía, seguramente porque yo no le brindaba la suficiente confianza como para poder reconocer las macanas que hacía, como todos los chicos de su edad, sin arriesgarse al consecuente castigo. Lo que en realidad yo entonces pensaba es que no podía permitirselo o dejarlo pasar y lo controlaba mucho, seguramente porque no se me había controlado en serio y entonces actuaba frente a él como entendía que debía haber actuado mi padre conmigo, no como él lo necesitaba que, seguramente es como ha sido con ustedes sus hijos.
Entendía por entonces -ahora sé que estaba muy equivocado- que en la estructura que me había armado sobre "como se debe ser un buen padre" estaba necesariamente ese "no dejar pasar nada". El padre, al igual que la madre, por sobre todo deben tener cariño por sus hijos -que se descarta- pero también saberlo canalizar y exteriorizar para a su vez, permitir que aflore el de sus hijos. Después, desde el cariño, se debe poder educar y decir lo que corresponda, pero siempre desde allí, con firmeza si es necesario, pero nunca con agrasividades.
Yo no las padecí en mi infancia, pero de chico viví pensando que a mi padre le resultaba indiferente porque no recibía sus muestras de cariño, pero según puedo verlo a la distancia, no era así en absoluto y lo que no pude ver es que las exteriorizaba de otra manera; pero aquel sentimiento incorrecto, no obstante, me hizo ser muy agresivo y no me permitió dar rienda suelta a mi propio cariño hacia mis hijos....y que así permanecía oculto, tan oculto que hoy, más de 40 años después, aun me cuesta expresarlo, aunque algo he mejorado. Pareciera que sintiera que es una muestra de debilidad.
Creo que la relación de mi padre con el suyo, mi abuelo Horacio, también fue muy fría; de muchísimo respeto -de papá a abuelito- pero quizás con poco retorno -de abuelito a papá- Por lo que me fui enterando con el correr de los años -porque esa historia siempre pemaneció oculta para nosotros, sus nietos- poco antes de que mi padre naciera mi abuelo -sin haberse ido de su casa- comenzó una convivencia con otra mujer, en relación que luego mantuvo a lo largo de toda su vida, en una especie de de vida en paralelo que, sin duda, tiene que haber repercutido en un chico tan chico como era papá -recien nacido- y que luego creció en ese clima que debía presentir, pero que también le fue ocultado y silenciado.
" El Gringuito " - mi padre, niño-
Cuando muchísimos años después y siendo papá una persona grande y son sus propios hijos, se enteró de lo que pasaba, lo interrogó a su padre quien le volvió la cara sin responderle y nunca le perdonó el reproche implícito que la pregunta sin dudas encerraba. Papá debió -quizás- necesitar de un padre que se ocupase más de él.....y no lo tuvo.....y es por eso....seguramente....que me dio a mí una libertad tan grande junto a un cariño que yo sentía que existía, pero que no se expresaba en gestos.
Con papá y mi abuelo Horacio
Una vez -parece que hoy fuera un día de confidencias con mis nietos- cuando yo era chico hice algo que estaba mal -porque mi forma de llamar la atención de mi padre era esa-, y después de retarme, o creo que incluso sin retarme, simplemente dejó de hablarme. Yo no me animaba a hablarle, pero sentía que no podía dar el brazo a torcer.....para ver si primero no torcía él el suyo....pero no lo hizo y así pasaron como cinco días.....que para mí fueron una eternidad, porque me sentía totalmente abandonado.
Al fin me armé de coraje y me tiré en sus brazos, mientras él estaba leyendo el diario, sobre la cama. ¡ Pero ese perdón me lo tuve que ganar ! El no quiso dármelo primero, sino que me lo debía ganar....y no dio su brazo a torcer.....como no lo ha hecho nunca....esa es la verdad.....o casi nunca, para no exagerar ya que al final de sus días y estando viudo, algo cambió.....aunque siempre me costó mucho poder llegar hasta él, aun después de cumplidos 80 años, siempre fui yo quien tuvo que hacerlo ya que raramente venía a mí en forma espontanea, excepto por algo que yo hiciera -o no hiciera debiendo hacerlo- y que no le gustaba o le preocupaba. ¡ Que difícil es la relación de padre e hijo !!
Ustedes, mis queridos nietos, todos tienen padres buenísimos. A los hijos de Rodolfo -que son los más- he visto siempre que los trata muy bien y que conversa con ellos, como recordando que entre ustedes existen unos especies de "acuerdos pre existentes" que deben ser cumplidos, a pesar que de chico sufrió muchísimo con este padre intolerante y autoritario, todo lo contrario de lo que él es como padre. Al menos -creo- traté de dejarle ver y gozar algo de mi cariño....aunque siempre detrás de una rigidez tan formal como distante. Además es psicólogo ....¡ no por nada !!....y formador de personalidades....(que tal?)....no podía ser distinto con ustedes.
Con papá y Rodolfo Quinto
Los años han ido pasando y ustedes han comenzado a llegar, con padres que mantienen sus propias individualidades e improntas, pero por lo que podido observar, todos ellos mantienen para con ustedes, sus hijos, una forma de trato de mucha confianza, de gran dedicación, diría que hasta de compañerismo, el mismo que me hubiese gustado tener a mí y no supe como hacerlo. Así, pues, después de cuatro generaciones de desencuentros filiales -y no sigo más arriba porque no lo sé, aunque es posible- finalmente parece haberse encontrado un equilibrio que a su vez ustedes podrán transmitirles un día a sus propios hijos: cariño; serenidad; firmeza; confianza; que permitan que -por ejemplo- al celebrar el día del padre, no tengan ningún reproche de sus hijos, ni como hijos.
Cuando muchísimos años después y siendo papá una persona grande y son sus propios hijos, se enteró de lo que pasaba, lo interrogó a su padre quien le volvió la cara sin responderle y nunca le perdonó el reproche implícito que la pregunta sin dudas encerraba. Papá debió -quizás- necesitar de un padre que se ocupase más de él.....y no lo tuvo.....y es por eso....seguramente....que me dio a mí una libertad tan grande junto a un cariño que yo sentía que existía, pero que no se expresaba en gestos.
Con papá y mi abuelo Horacio
Una vez -parece que hoy fuera un día de confidencias con mis nietos- cuando yo era chico hice algo que estaba mal -porque mi forma de llamar la atención de mi padre era esa-, y después de retarme, o creo que incluso sin retarme, simplemente dejó de hablarme. Yo no me animaba a hablarle, pero sentía que no podía dar el brazo a torcer.....para ver si primero no torcía él el suyo....pero no lo hizo y así pasaron como cinco días.....que para mí fueron una eternidad, porque me sentía totalmente abandonado.
Al fin me armé de coraje y me tiré en sus brazos, mientras él estaba leyendo el diario, sobre la cama. ¡ Pero ese perdón me lo tuve que ganar ! El no quiso dármelo primero, sino que me lo debía ganar....y no dio su brazo a torcer.....como no lo ha hecho nunca....esa es la verdad.....o casi nunca, para no exagerar ya que al final de sus días y estando viudo, algo cambió.....aunque siempre me costó mucho poder llegar hasta él, aun después de cumplidos 80 años, siempre fui yo quien tuvo que hacerlo ya que raramente venía a mí en forma espontanea, excepto por algo que yo hiciera -o no hiciera debiendo hacerlo- y que no le gustaba o le preocupaba. ¡ Que difícil es la relación de padre e hijo !!
Ustedes, mis queridos nietos, todos tienen padres buenísimos. A los hijos de Rodolfo -que son los más- he visto siempre que los trata muy bien y que conversa con ellos, como recordando que entre ustedes existen unos especies de "acuerdos pre existentes" que deben ser cumplidos, a pesar que de chico sufrió muchísimo con este padre intolerante y autoritario, todo lo contrario de lo que él es como padre. Al menos -creo- traté de dejarle ver y gozar algo de mi cariño....aunque siempre detrás de una rigidez tan formal como distante. Además es psicólogo ....¡ no por nada !!....y formador de personalidades....(que tal?)....no podía ser distinto con ustedes.
Con papá y Rodolfo Quinto
Los años han ido pasando y ustedes han comenzado a llegar, con padres que mantienen sus propias individualidades e improntas, pero por lo que podido observar, todos ellos mantienen para con ustedes, sus hijos, una forma de trato de mucha confianza, de gran dedicación, diría que hasta de compañerismo, el mismo que me hubiese gustado tener a mí y no supe como hacerlo. Así, pues, después de cuatro generaciones de desencuentros filiales -y no sigo más arriba porque no lo sé, aunque es posible- finalmente parece haberse encontrado un equilibrio que a su vez ustedes podrán transmitirles un día a sus propios hijos: cariño; serenidad; firmeza; confianza; que permitan que -por ejemplo- al celebrar el día del padre, no tengan ningún reproche de sus hijos, ni como hijos.
Mis nietos al 2013





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