Cuando en enero del 2013 volvimos de pasar unos días juntos toda la familia grande, les envié a mis hijos unas reflexiones bajo el título de "Luces y Sombras" que se refería precisamente a lo que había sido la alegría de ese encuentro -las luces- en contrate con los sentimientos de tristeza que producía el recordar que también en enero se habían producido esos hechos tan tristes sobre los cuales les escribí en la entrada anterior.
A raíz de eso, Rodolfo Quinto me mandó unas reflexiones suyas bajo el título de "La esquina de Enero", que me parece apropiado transcribirla aquí en este momento, como para cerrar con el tema. Aquí van:
" Si bien creo que no es completamente como lo pienso, me ronda la cabeza la idea de que hay momentos del año, como también algunos lugares, que son como portales por donde venimos y nos vamos de este planeta
La esquina de Las Heras y Sánchez de Bustamante, en Buenos Aires, es uno de esos lugares. Es una esquina con una fachada linda, antigua, color gris pero con ventanas largas hacia arriba, con una arquitectura moldeada que no aburre y recuerda edificios de estilo europeo. Justo en la esquina hay una gran puerta, alta, con una escalera con dos o tres descansos.
Allí llegaron Manuel, Juan Cruz y Angeles, y partió Juan Cruz, pero también estuvimos cerca de la puerta con Angeles, cuando era muy chiquita. Durante mucho tiempo, al pasar por esa esquina, me asomaba al misterio.....llegaban a mi persona todo tipo de recuerdos, lindos y feos, luces y sombras (como dice mi papá), pero sobre todo de gran intensidad afectiva. Es como si al pasar por esa esquina (generalmente en auto) la cabina se llenara de imágenes en video, sin sonido pero viéndolo en los músculos y en el estómago. Es como si pudiera con un "mouse" mental ir eligiendo lo que quiero recordar y sentir, pues todo está ahi, al alcance de la mano-cereblal que yo elija.
Algo parecido me pasa cuando nos acercamos a estas fechas de fines de Enero. Son tiempos distintos a otros durante el año; el ritmo es diferente: más tranquilo, más sereno. Siento los calores veraniegos bien porteños: con cielos muy celestes que alternan con días con vientos calurosos y fuertes ráfagas que traen aguas abundantes para cortos momentos de la semana. Aunque parezca un contrasentido, la ciudad es más cálida cuando hay menos gente. El tiempo parece tener un ritmo más lento y provinciano, como si las altas temperaturas y el menor trabajo nos frenaran el vértigo habitual del resto del año.
Así como al pasar por aquella esquina, tengo esa idea de puerta desde el infinito, algo similar me pasa en estas semanas de fin de año: me enfrento a la misteriosa coincidencia de llegadas y partidas. En pocos días, el 29 precisamente, llegó Gloria hace casi 30 años -29 para ser precisos-. Llegó cuando yo tenía 14 y estábamos a ujn año de partir a Neuquén; fueron años de transición familiar y ella trajo mucha luz y alegría con sus rubios rulos y sus celestes ojitos que enmarcaban una sonrisa pícara. El pasado 24 recordamos a Sole en el que sería su cumple Nro. 39, Suelen ser los cumpleaños momentos de alegría que recuerdan nuestra venida a este mundo, a nuestras familias, haciéndonos existir.
Pero estas fechas tienen además su otro lado: las partidas. Y hoy, 27 de enero, hace dieciseis años partía nuestro querido Juan Cruz. Pasan los años y sigue el misterio patente, sin la tristeza inicial cargada de culpa y descontrol pero atenuada por el perdón y la cercanía de Lu, como de muchos otros. Tampoco es como tragar profundo un silencio reflexivo e incomprensible. Ni como la descarga incontenible de las lágrimas que lavan lentamente el dolor que se hace de nunca terminar. Hoy es como un diálogo con varias personas, algunas de ellas presentes físicamente y otras no. Algunas presentes por sus escritos, otras como mirando el infinito movimiento del mar o del fuego. El dolor se ha convertido en misterio que necesita nutrirse de sentido, de diálogo, para dejar la corrosiva culpa que no cura nada. Es increíble como estas fechas traen diálogos con los hijos, que renuevan las miradas mojadas por el afecto, mostrando gestos nuevos en sus caras.
Es muy fuerte pensar que hace tres días Sole hubiese festejado su cumple 39 y que mañana, 28 de enero, la recordemos a un año de su partida: tan cerca y tan lejos. Vuelven los recuerdos como vivos, y las conversaciones entre todos le dan tonos nuevos a este cuadro en continuo avance. No puedo dejar de conectar las fechas como también las relaciones: el reencuentro de madrina y ahijado, tan compinches.
Hace una semana mi papá nos escribía sobre luces y sombras. Fue a partir de la fecha en que recordamos la partida de Matías, mi hermano.....que se fue cuando yo tenía algo más de un año. ¿ Hay algo en estas semanas de Enero o es sólo coincidencia? ¿ Habrá una "good-incidence"- como dice un gringo conocido.-...o solo la mente nos juega trucos?
No lo tengo claro, pero me ayuda a reflexionar, a mirar lo misterioso y lo infinito, a hacerme más humilde, a dialogar con quienes tengo cerca: con ellos, con Dios, conmigo.....es como una Pascua anticipada, de familia.
Recuerdo una reflexión que me gusta, creo que es del padre Mamerto Menapace, pero no estoy seguro. El dice que cuando nos vamos de esta tierra es nuestro cumpleaños en el Cielo, cambiamos de estado. A mí me gusta pensar que el cielo y la tierra están en un mismo lugar, pero con un "estar" distinto. En la tierra coincidimos en el tiempo, más allá que unos estén en Brasil y otros en Argentina, unos en Canadá y otros en Rio Negro, o en Neuquén, y podemos conectarnos por teléfono....y ahora por skype, o whatsapp o tantos otros medios, que hacen que la distancia física se acorte. Con quienes ya han partido coincidimos de otro modo, más difícil de conectar por skype, o por whatsapp, de un modo menos sensible la mayoría de las veces. Así como el skype se corta y a veces tenemos mala señal telefónica, creo que también tenemos dificultades para conectarnos con ellos, hay interferencias y no estamos del todo seguros nunca. Pienso que tenemos el teléfono de la fé, del sentido de propósito, que muchas veces aparecen bien patente pero que después olvidamos, o simplemente nos distraemos.
Y agradezco tanto el poder, cada tanto, elegir pasar por esa esquina: es un lugar físico que me ayuda a conectarme con ellos, a tenerlos más presentes, a dialogar con ellos del modo en que me salga. Y agradezco que en forma inexorable, el derrotero del tiempo me haga pasar cada año por una esquina similar, pero temporal: la esquina en que Enero dobla en Febrero."
A raíz de los comentarios y reflexiones de Rodolfo, tan profundas y sentidas y sobre todo, tan reales, recuerdo que Paulo Coelho tiene también la teoría de los lugares que nos conectan con ese más allá....distinto....desconocido....y con seguridad, si todos nos pusiéramos a pensar sobre eso quizás cada uno encontraría "ese" lugar. Por otro lado y en cuanto a pensar que el cielo y la tierra están juntos, pero de un modo distintos, también Coelho es de la idea que cuando alguien muere simplemente cambia de vagón del mismo tren en el que todos vamos viajando, en tanto que por ahora nosotros permanecemos en el mismo. Alivia mucho pensar que alguna vez, todos nos volveremos a encontrar, al llegar a la estación terminal o al cambiar de vagón.
" Si bien creo que no es completamente como lo pienso, me ronda la cabeza la idea de que hay momentos del año, como también algunos lugares, que son como portales por donde venimos y nos vamos de este planeta
La esquina de Las Heras y Sánchez de Bustamante, en Buenos Aires, es uno de esos lugares. Es una esquina con una fachada linda, antigua, color gris pero con ventanas largas hacia arriba, con una arquitectura moldeada que no aburre y recuerda edificios de estilo europeo. Justo en la esquina hay una gran puerta, alta, con una escalera con dos o tres descansos.
Allí llegaron Manuel, Juan Cruz y Angeles, y partió Juan Cruz, pero también estuvimos cerca de la puerta con Angeles, cuando era muy chiquita. Durante mucho tiempo, al pasar por esa esquina, me asomaba al misterio.....llegaban a mi persona todo tipo de recuerdos, lindos y feos, luces y sombras (como dice mi papá), pero sobre todo de gran intensidad afectiva. Es como si al pasar por esa esquina (generalmente en auto) la cabina se llenara de imágenes en video, sin sonido pero viéndolo en los músculos y en el estómago. Es como si pudiera con un "mouse" mental ir eligiendo lo que quiero recordar y sentir, pues todo está ahi, al alcance de la mano-cereblal que yo elija.
Algo parecido me pasa cuando nos acercamos a estas fechas de fines de Enero. Son tiempos distintos a otros durante el año; el ritmo es diferente: más tranquilo, más sereno. Siento los calores veraniegos bien porteños: con cielos muy celestes que alternan con días con vientos calurosos y fuertes ráfagas que traen aguas abundantes para cortos momentos de la semana. Aunque parezca un contrasentido, la ciudad es más cálida cuando hay menos gente. El tiempo parece tener un ritmo más lento y provinciano, como si las altas temperaturas y el menor trabajo nos frenaran el vértigo habitual del resto del año.
Así como al pasar por aquella esquina, tengo esa idea de puerta desde el infinito, algo similar me pasa en estas semanas de fin de año: me enfrento a la misteriosa coincidencia de llegadas y partidas. En pocos días, el 29 precisamente, llegó Gloria hace casi 30 años -29 para ser precisos-. Llegó cuando yo tenía 14 y estábamos a ujn año de partir a Neuquén; fueron años de transición familiar y ella trajo mucha luz y alegría con sus rubios rulos y sus celestes ojitos que enmarcaban una sonrisa pícara. El pasado 24 recordamos a Sole en el que sería su cumple Nro. 39, Suelen ser los cumpleaños momentos de alegría que recuerdan nuestra venida a este mundo, a nuestras familias, haciéndonos existir.
Pero estas fechas tienen además su otro lado: las partidas. Y hoy, 27 de enero, hace dieciseis años partía nuestro querido Juan Cruz. Pasan los años y sigue el misterio patente, sin la tristeza inicial cargada de culpa y descontrol pero atenuada por el perdón y la cercanía de Lu, como de muchos otros. Tampoco es como tragar profundo un silencio reflexivo e incomprensible. Ni como la descarga incontenible de las lágrimas que lavan lentamente el dolor que se hace de nunca terminar. Hoy es como un diálogo con varias personas, algunas de ellas presentes físicamente y otras no. Algunas presentes por sus escritos, otras como mirando el infinito movimiento del mar o del fuego. El dolor se ha convertido en misterio que necesita nutrirse de sentido, de diálogo, para dejar la corrosiva culpa que no cura nada. Es increíble como estas fechas traen diálogos con los hijos, que renuevan las miradas mojadas por el afecto, mostrando gestos nuevos en sus caras.
Es muy fuerte pensar que hace tres días Sole hubiese festejado su cumple 39 y que mañana, 28 de enero, la recordemos a un año de su partida: tan cerca y tan lejos. Vuelven los recuerdos como vivos, y las conversaciones entre todos le dan tonos nuevos a este cuadro en continuo avance. No puedo dejar de conectar las fechas como también las relaciones: el reencuentro de madrina y ahijado, tan compinches.
Hace una semana mi papá nos escribía sobre luces y sombras. Fue a partir de la fecha en que recordamos la partida de Matías, mi hermano.....que se fue cuando yo tenía algo más de un año. ¿ Hay algo en estas semanas de Enero o es sólo coincidencia? ¿ Habrá una "good-incidence"- como dice un gringo conocido.-...o solo la mente nos juega trucos?
No lo tengo claro, pero me ayuda a reflexionar, a mirar lo misterioso y lo infinito, a hacerme más humilde, a dialogar con quienes tengo cerca: con ellos, con Dios, conmigo.....es como una Pascua anticipada, de familia.
Recuerdo una reflexión que me gusta, creo que es del padre Mamerto Menapace, pero no estoy seguro. El dice que cuando nos vamos de esta tierra es nuestro cumpleaños en el Cielo, cambiamos de estado. A mí me gusta pensar que el cielo y la tierra están en un mismo lugar, pero con un "estar" distinto. En la tierra coincidimos en el tiempo, más allá que unos estén en Brasil y otros en Argentina, unos en Canadá y otros en Rio Negro, o en Neuquén, y podemos conectarnos por teléfono....y ahora por skype, o whatsapp o tantos otros medios, que hacen que la distancia física se acorte. Con quienes ya han partido coincidimos de otro modo, más difícil de conectar por skype, o por whatsapp, de un modo menos sensible la mayoría de las veces. Así como el skype se corta y a veces tenemos mala señal telefónica, creo que también tenemos dificultades para conectarnos con ellos, hay interferencias y no estamos del todo seguros nunca. Pienso que tenemos el teléfono de la fé, del sentido de propósito, que muchas veces aparecen bien patente pero que después olvidamos, o simplemente nos distraemos.
Y agradezco tanto el poder, cada tanto, elegir pasar por esa esquina: es un lugar físico que me ayuda a conectarme con ellos, a tenerlos más presentes, a dialogar con ellos del modo en que me salga. Y agradezco que en forma inexorable, el derrotero del tiempo me haga pasar cada año por una esquina similar, pero temporal: la esquina en que Enero dobla en Febrero."
A raíz de los comentarios y reflexiones de Rodolfo, tan profundas y sentidas y sobre todo, tan reales, recuerdo que Paulo Coelho tiene también la teoría de los lugares que nos conectan con ese más allá....distinto....desconocido....y con seguridad, si todos nos pusiéramos a pensar sobre eso quizás cada uno encontraría "ese" lugar. Por otro lado y en cuanto a pensar que el cielo y la tierra están juntos, pero de un modo distintos, también Coelho es de la idea que cuando alguien muere simplemente cambia de vagón del mismo tren en el que todos vamos viajando, en tanto que por ahora nosotros permanecemos en el mismo. Alivia mucho pensar que alguna vez, todos nos volveremos a encontrar, al llegar a la estación terminal o al cambiar de vagón.
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