viernes, 21 de noviembre de 2014

Casamientos.-


     Hace un tiempo, estando en una iglesia aguardando a que comenzara un casamiento, tal como supongo que le puede ocurrir a mucha gente, empecé a pensar en el mío, aquel 8 de abril de 1969, casi al terminar el verano y recién comenzado el otoño, en una época muy linda del año en que ya no hace tanto calor y aun no han comenzado los fríos.
      Los preparativos -como siempre ocurre- fueron intensos, y aun cuando en las dos familias ya tenían experiencia, para quienes se casan siempre es una novedad esa casi permanente necesidad de tener que compatibilizar intereses o gustos diferentes, como una especie de entrenamiento hacia lo que vendrá luego, al iniciarse la vida en común.
     Por aquellos años los novios no convivían antes del matrimonio formal, de modo que el comenzar a compartir hasta los detalles más íntimos, requería de un importante entrenamiento, en nuestro caso sin posibilidad alguna de arrepentimiento, aun cuando fuese muy comprensible. Hoy ustedes, mis queridos nietos, no tienen -si así lo desean- esos riesgos ya que siempre es una muy buena experiencia la de la convivencia previa que hoy por hoy, socialmente, no está mal vista.
     Lo que ocurre es que está el plurito religioso -hasta cierto punto- porque a decir verdad lo que aun reprocha la Iglesia -esperemos que no por mucho tiempo más- son las relaciones sexuales pre-matrimoniales, y esto es lo que muchas veces no se dice. Los novios, ya con mucha frecuencia y más cuando el noviazgo lleva unos años, mantienen relaciones, de modo que resulta sorprendente los reparos hacia una vida plena en común, prematrimonial, cuando no se cuestiona o en definitiva se aceptan esas relaciones sexuales entre los novios.
     Sería a mi entender mucho más sincero compartir las enormes ventajas que tiene para la estabilidad de la pareja la convivencia previa en común, tal como en nuestra familia lo hicieran Magie, Meli, Fran y Glo. A mí no solo no me espanta sino que lo apruebo totalmente y me hubiese gustado tener esa libertad de elegir, cuando me correspondía, pero sea eso no estaba socialmente admitido como posible, y nuestra convivencia comenzó recién una vez casados.
     En esto del puritanismo moral hay que tener mucho cuidado y, desde luego, no establecer reglas uniformes para todo el mundo; fíjense que cuando mis padres estaban de novio, a comienzos de los 40, estaba mal visto que saliesen solos ni siquiera a tomar un helado, en norma de conducta que nosotros no hubiésemos nunca aceptado vente años después. Sin embargo, en los 60 nosotros no podíamos salir a vacacionar solos -me refiero a los novios- y aun recuerdo el impacto que me produjo cuando Mariana, a fines de los 80 nos lo informó -ni siquiera nos pidió permiso- en una apertura de reglas de convivencia que comenzaba a abrirse paso, y que hoy parece algo bastante común, cuando la relación de la pareja de novios es estable y lleva algunos años.
     Tampoco se lo que les tocará vivir a ustedes, mis nietos, sobre todo aquellos que recién van asomando su cabeza por este mundo, de aquí a 20 ó 25 años, pero con seguridad que se les aceptarán conductas de vida que -quizás- para mis nietos mayores, los que rondan hoy entre los 15 y los 20, actualmente les están vedadas. Y me fui por las ramas !!
     En realidad quería hablarles de mi casamiento, que fue en la Catedral de San Isidro aun cuando hubiésemos preferido que se celebrara  en una pequeña capillita de un colegio de Punta Chica adonde solíamos ir a misa los domingos, pero la Iglesia no lo admitía y entiendo que aun ahora este tema sigue igual, siempre imponiendo normas que por lo general alejan a quienes se quieren acercar a ella. Vamos a ver que puede hacer el papa Francisco a ese respecto.....y si lo dejan!!
      Como por aquel entonces yo vivía aun con mis padres, en Bs.As., nos contratamos un remisse que nos llevó a los tres hasta San Isidro. Todavía -han pasado de entonces más de 45 años- recuerdo perfectamente lo que iba pensando en el trayecto, en todo lo que ese día se iniciaba, y en todos los hijos que vendrían para completar la familia, ya que siempre quise tener una familia grande, a diferencia de Patricia que no pensaba lo mismo, ni quería que estos llegaran pronto, con seguridad porque esta harta del cuidado de sus hermanos más chicos.
     Yo en cambio pensaba que eso le ocurría porque eran hermanos y no hijos, que era diferente, pero de cualquier manera no estaba dispuesto a transigir porque tenía como esa imperiosa necesidad de comenzar a tener hijos desde el vamos....y muchos. También pensaba ese día en ustedes, mis nietos, que llegarían con el tiempo y en las familias que cada uno de ustedes lograría formar con el tiempo y cuyos destinos dependían de lo que iba a ocurrir momentos más tarde. Me sentía muy importante!!
     ¿ Estuvo bien aquel comportamiento mío, en cierta forma, tan egoísta? Vamos a ver. Siempre he pensado que la posibilidad que nos da nuestro organismo de crear vida, no es solamente nuestra, y que la naturaleza se vale de esa potencialidad para la continuidad de la especie; es por ende algo natural que, desde luego y como todas las cosas, uno debe utilizar en forma responsable. Por ello es que yo pensaba que retrasar deliberadamente esa alternativa en el tiempo era postergarle a alguien la posibilidad de vivir....y así lo sigo pensando, aun cuando ahora, ya a los 70, piense que esa modalidad de sentir no debe ser impuesta a otro, y que sobre estas cosas es de las que hay que hablar -y escuchar- antes del casamiento, por ejemplo durante esa convivencia a la que nos veníamos refiriendo.
     Luego de la ceremonia religiosa nos fuimos a la fiesta, pero que no era como las de ahora, con mucha música, videos, bailes, disfraces, cotillón, etc. etc., que las hacen tan placenteras. No había música pero tampoco cena formal: simplemente se pasaban bocaditos y sandwiches; eso sí, se exponían todos los regalos en un cuarto especial; se bailaba el vals, la familia más íntima; y los novios se retiraban, eso era todo ! Como han cambiado las fiestas de los casamientos.
     La verdad es que hoy por hoy es una verdadera fiesta, sobre todo de los novios y sus amigos, pero es un despropósito los costos que esa fiesta y la cena consiguiente, demandan, Es cierto que aquellas convivencias previas, unido a que hoy las edades de los novios son mayores, hacen que estos ya cuenten con recursos suficientes y propios como para atender los gastos, sobre todo de sus amigos, dejándonos a los padres -en general porque también hay excepciones- hacernos cargo de los gastos que insume el resto de la familia y nuestros propios amigos, comunmente llamados "los viejos".
     Pero creo que habría que repensarlo todo esto un poquito; por ejemplo Sol, la mujer de Fran, que estuvieron casi un año con los preparativos, después que todo paso, en un rato, medió es como que pensó si se justificaba tanto desgaste y altísimo costo para que pasase tan rápido. Es cierto que quedan los recuerdos; los videos; las fotos; pero no sé.....me parece que hay muchos que ganan mucho dinero con todo esto, y no se si se justifica del todo. En fin, ya ustedes lo podrán resolver a su tiempo.
     Nosotros esa noche, alrededor de las 12 nos fuimos -vestidos de novios- a visitar a una tía abuela mía que estaba en la cama, ahí nos cambiamos, y nos fuimos a comer un pucherito a un restaurante de Congreso que nos gustaba mucho, y después a pasar la primera noche juntos en el hotel Plaza. Todo un lujo !!
      Transcurridos desde entonces algo más de 25 años, también en San Isidro y terminando el verano, se casaron Rodolfo Quinto y Lucía en la capilla de la iglesia del Don Bosco, sobre la calle Márquez a la altura del Hipódromo. Hasta allí llegamos en otro remisse, acompañando a Rodolfo tal como mis padres hicieran conmigo, y entonces mis pensamientos eran semejantes a los de aquella vez, con la diferencia de que muchos de aquellos sueños ya eran una realidad.
     Aquí si que hubo fiesta en grande, que fue en el Sic, con todos los chiches y una alegría por todas partes que se notaba; los novios -a diferencia de nosotros- fueron casi los últimos en irse, dejándonos un dejo de tristeza, porque en realidad eran las primeras partidas en las dos familias. Es cierto que por vivir en el interior, las rupturas de la familia chica se producen cuando los más grandes parten para estudiar hacia otro lado y, aunque regresen, ya no sol mismos pero cuando la partida en para comenzar con una nueva familia, el sentimiento de nostalgia es aun mayor
     Con el correr de los años, Magie nos regaló una fiesta de casamiento espectacular, a todo trapo y larguísima, porque comenzó al mediodía y terminó casi al amanecer del siguiente, aunque yo abandonara a la noche, en la segunda vuelta de un exquisito asado; Fran y Sol también tuvieron una gran fiesta y la de Meli y Titi fue en Trenque Lauquen, al aire libre y muy divertida; todavía faltan algunas, que con seguridad, sin llegan, se irán mezclando con las de ustedes, que medio medio ya se estan acercando, al menos los mayores.
Entonces volveremos a juntarnos, sea como sean los festejos, para sumar nuestra alegría y así poder participar -una vez más- del tiempo del amor.
     

     
      

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