Todos ustedes, mis queridos nietos, han comenzado su "educación formal" en algún Jardín, maternal o ya de infantes, y han transcurrido allí algunos años antes de incorporarse al primer grado del primario, más o menos a los 6 años. En mi época nosotros nos quedábamos hasta esa edad en nuestras casas, o jugando con primos y vecinos, pero sin esa experiencia extraordinaria que es la de ir a un lugar a jugar, a compartir, a saber tener límites y a comprender que además de nosotros, en la vida hay otras personas con las cuales tenemos que compartir, desde chiquitos, porque así será luego nuestra vida.
Rodolfo Quinto fue así, mi primera experiencia con el mundo de los Jardincitos, y como vivíamos en la calle Libertad y Santa Fe, en el centro, concurría a uno que funcionaba en El Centavo, un pensionado para chicas del interior que está sobre la calle Juncal, y en el que funcionaba un Jardín en la planta baja. Me acuerdo que llevaba un delantal de cuadritos -como los de todos los Jardines- celestes y blancos, y que allí tuvo a su primer amiguito que vivía cerca de casa, del que no me puedo acordar el nombre.
El Centavo
También me acuerdo que a ese mismo Jardín concurría el hijo de Graciela Borges, una primera actríz en aquel tiempo, y de Juan Manuel Bordeu, un gran corredor de autos, pero el pibe no se hizo amigo de Rodolfo y por lo que sé, con los años también se hizo actor, pero nada que ver con su madre. Cuando nos mudamos a vivir a San Isidro empezó en otro Jardín, el Cardenal Copello, en Punta Chica, dirigido por unas monjas cuya Congregación era clienta de mi padre, y al que había concurrido Patricia de chica, al primario.
El Instituto Copello de Punta Chica
Allí también Rodolfo se hizo de un amigo, de apellido polaco, pero cuyo nombre tampoco me puedo acordar. Solo recuerdo que a ambos los llevaba un transporte al Jardín, que más que transporte era un Fiat
600 al que se subían todos muy apretados. En ese mismo Colegio comenzó después el primario, pero por aquel entonces yo prefería que fuese a un colegio solamente de varones, como había ido yo, y mantenía ese escrúpulo tonto de pensar que era mejor una educación separada por sexos.
Yo no comprendía la enorme importancia que tiene para varones y mujeres el ir creciendo juntos, como lo estarán en la vida, y no aislados como si pertenecieran a mundos diferentes. La educación debe ser semejante, para los dos sexos, y además ser recibida juntos, a la par, sin tapujos ni falsos pluritos, tal y como ha sido la que ustedes han recibido porque, gracias a Dios, todos aquellos prejuicios han sido superados.
Lo importante es crecer -para los hombres- sin ser machistas, que es lo que se termina siendo cuando solo se tiene contacto con varones y a las mujeres se las ve con desconfianza; que se sepa que los hombres y las mujeres somos complementarios, ni mejores ni peores por género, sino distintos, pero necesarios los unos para con las otras. Es muy importante que ustedes puedan tener amigos del otro sexo, además de los propios de cada género, porque en la vida somos mitad y mitad y unos no pueden vivir aislados de los otros
Mis hijos tuvieron la posibilidad de experimentar ambos sistemas, excepto Rodolfo que siempre fue a colegios de varones: el San Juan el Precursor en San Isidro y el Don Bosco en Neuquén, pero las chicas, - Magie, Mariana y Meli- que comenzaron en el San Mary of de Hills que solo era de chicas, en Neuquén fueron a colegios públicos, tanto en primario como en secundario, y todo estuvo bien
Sin embargo, cuando tuvieron que comenzar las clases, con delantal blanco, en un colegio nuevo y Magie lo hacía ya en 7o, debió serle muy pesado. ¡ Hoy no lo quiero ni pensar!! Un colegio nuevo, en un lugar nuevo y además compartiendo con varones debió haber sido un suplicio. Para Mariana, que era más chica, por su propia manera tímida de ser debió haber sido aun pero, pero la que estaba feliz con la nueva experiencia era Meli, que se amoldó mul bien a la situación y, como siempre fue muy coqueta y seductora, la idea de compartir el colegio con varones le parecía bárbara.
Magie y Mariana, entonces, se tuvieron que hacer a la fuerza a la novedad escolar. Por supuerte, enfrente de nuestra casa vivían dos chicas de la misma edad que cada una de ellas, muy buenas y de las que cada una se hizo amiga, y que como ya venían yendo a ese colegio entiendo que les habrán podido sacilitar un poco las cosas. Después, al empezar el secundario, las dos fueron a otro colegio público, el San Martín, que pensábamos que era lo mejor que les podíamos ofrecer, pero que en realidad no fue así porque ya no era tan buen colegio como lo había sido anteriormente.. Pero de allí cada una de ellas se pudo llevar algunas amigas que aun hoy, transcurridos veinte años, aun lo siguen siendo y lo serán por siempre.
El Colegio San Martín de Neuquén
Con Marcedes la experiencia fue distinta ya que el secundario lo hizo en un colegio nuevo, privado, que abrieron con mucha ilusión unos amigos nuestros, el Tierras del Sur, proyecto que lamentablemente con los años fracasó pero que por lo menos a Meli le dejó una enseñanza mejor que la del San Martín, y alguna amiga.
Rodolfo terminó en el Don Bosco adonde comenzó con muchas dificultades (¡ quince años ! ¡ las rebeldías propias de su edad y el traslado a vivir en otro sitio! con todo lo que ello implica), pero poco a poco se fue afirmando y el día en que se recibió nos dio la inmensa alegría de haber obtenido el premio al mayor esfuerzo, que para mí es el más importante. Es que, no se si está bien o no, pero el primer premio en estudios, si bien es muy importante, entiendo que no es tan trascendente como los que premian el esfuerzo, porque esto significa que los chicos se han podido superar, con su propio esfuerzo y lucha. Quizás mis hijos así lo han comprendido porque casi todos, en alguna u otra oportunidad, ya sea en inglés o en castellano, se han sacado el premio al mayor esfuerzo.
Primero fue Mariana, en Buenos Aires, en inglés; después fue ese de Rodolfo en Neuquén, y luego los cuatro más chicos -Mercedes, Rosario, Francisco y Gloria- se han sacado el premio al mayor esfuerzo en inglés, al terminar el último año del primario. En cuanto a Magie, siempre puso el mayor de los esfuerzos por superar todas las dificultades que la vida le puso por delante, y aunque nunca le dieron ese premio en el colegio, tiene uno más importante como es el de haber superado una terrible enfermedad con su propio esfuerzo y sus enormes ganas de vivir. Como podrán ver, queridos nietos míos, estoy muy orgulloso de sus papis y mamis.
Quedaría por contarles algo del Colegio Sunrise, al que fueron los más chicos, primero simplemente a estudiar inglés, por las tardes, y a cursar todos sus estudios cuando se transformó en un colegio con todas las de la ley, tanto en primario como en secundario. Estaba ubicado en una zona de chacras, en Cipolletti, y por ende en un ambiente natural muy agradable, y además, aspiraba a ser semejante a los colegios británicos, en los que además de una buena calidad en los estudios, se priorizan otras actividades más artísticas, y por algunos convenios con otros institutos educacionales, impartían para quienes lo quisieran un bachillerato internacional que les permitía seguir sus estudios en cualquier universidad del mundo.
Es cierto que este colegio, con los años, se ha tornado un tanto elitista, y al mismo concurren los hijos de muchos extranjeros que, vinculados al petroleo, hoy en día abundan por estas zonas. Pero no es ese el recuerdo que guardo de los años en que mis hijos concurrieron al mismo, cuando no era tan limitativo económicamente, sino que se mantenía como uno más de los colegios privados de la zona. Hoy, claro, no repetiría esa experiencia, pero creo que mis hijos guardan buenos recuerdos de su paso por "la chacra".
¿ Les cuento de mi propia experiencia con los colegios? Yo no fui de los que me tuve que esforzar porque, en realidad, me gustaba estudiar y ser un buen alumno, pero eso sí, detestaba sentirme oprimido por el régimen disciplinario estricto de los colegios y en conducta siempre fui bastante desastroso, sobre todo en el secundario. Lo que pasaba es que como era buen alumno me permitía todas las libertades sabiendo que en los colegios lo que más les importaba -al menos en mi época- era que fueras un buen alumno en cuanto a los estudios, y por eso me daba esos lujos anti-disciplinarios.
No sé porque razones pero me gustaba destacarme por ser como quien encabezaba pequeñas "revoluciones": contestarle a un profesor medio autoritario y soberbio, en medio de una clase; pegarle un fuerte pisotón a otro, también en medio de una clase cuando me había tratado mal, según mi criterio y me había puesto un límite con una cachetada; pincharle las cuatro ruedas de su camioneta a otro cuando -siempre a mi criterio- había sido injusto con alguno de nosotros; etc. etc.
Siempre he tratado de justificar esas barbaridades con la excusa de querer impartir justicia, pero como se trataba de quienes eran mucho más fuertes que yo, el remedio tenía que ser como desproporcionado y, como era buen alumno, me sentía con derecho a todo. ¡ Yo era el bueno! ¡ Era el Robin Hood!! -que siempre ha sido uno de mis personajes favoritos- el que teniéndolo todo, sin embargo lucha por los que eran maltratados.
Así fue que finalmente me terminaban echando de los colegios a los que asistía. En el segundo año del secundario me sentí con derecho a criticar todo lo malo que veía en mi colegio, el San Miguel, que quedaba enfrente de mi casa y al que concurría desde el segundo grado. Lo que en realidad mucho no se sabe -y yo no lo sabía por aquel entonces- es que mi rebeldía obedecía a la tremenda incoherencia que yo advertía que existía en un colegio de curas y la actitud dual de algunos de estos mismos curas que, siendo hombres grandes, se aprovechaban y abusaban de los pobres chicos. ¡ Eran unos pervertidos!! y yo, en el primario, se ve que no había podido digerir esa realidad tan espantosa.
el Colegio San Miguel
Pero cuando llegué al secundario y termine primer año, parece que logré superar mis temores y me tiré con todo en una composición que versaba sobre el tema "el colegio" y en la que les dije de todo, a todos, y terminé criticando hasta el color con el que habían pintado sus paredes -rosa pálido- que según les puse era propio de maricones y no de un colegio de hombres. ¡ Cuanto rencor encerrado tenía ese chico!!
De ahí pase a un colegio que era nuevo, vale decir que recién comenzaba como tal y al cual ya iban mis primos Rivarola, el Colegio Esquiú, por entonces solo de varones y que ahora es mixto. Allí me encontré con uno de los tipos más bárbaros que he conocido en toda mi vida, mi primo Horacio, "el Mono", junto a quien hice los últimos cuatro años del secundario mientras -al mismo tiempo- jugábamos juntos al rugby en el Sic.
La vida, óbviamente, después nos separó y siempre me ha quedado la sensación de no haber podido tener con él -de grandes- una relación más profunda....de no haberlo podido escuchar....de haber podido entenderlo. Pero un adolescente es un adolescente y, cuando madura, allí es cuando se aviva de lo que tuvo cerca y no lo supo aprovechar.
Pero volviendo al colegio, en este me sentí realmente como un rey. Estudiaba y me iba muy bien; siempre estuve entre el segundo y el tercer mejor promedio de la clase, y aunque yo quería ser el mejor, nunca lo logré, pero igual me sentía bueno y recompensado con las notas que recibía. Había alguno mejor! Pero las injusticias seguían sin gustarme y entonces ponía en práctica mi propia justicia. Dos veces le pidieron a papá que me sacara y las dos veces logré convencerlos de que a pesar de lo que había hecho, en el fondo tenía razones que justificaban mi proceder.
el Colegio Esquiú, en Belgrano
Pero todo tiene un límite y yo lo sobrepasé. Casi al concluir el quinto año nos fuimos a festejar con un almuerzo, adonde tomamos vino y luego nos fumamos unos cigarros y así, en ese estado calamitoso volvimos al colegio para asistir a las clases de la tarde. No nos querían dejar entrar y lo mejor hubiese sido que nos fuéramos a nuestras casas, pero insistimos.....porque la venganza tenía que ser con el colegio....y todo fue un escándalo porque actuamos como vándalos.
Yo me acuerdo que tomé un micrófono y les decía a las madres que llegaban con sus hijitos de primer y segundo grado, que se llevaran a sus hijos del colegio porque los iban a pudrir igual que nos habían podrido a nosotros; después nos encerramos en la clase, apagamos todas las luces y cuando entraron dos celadores les caímos encima y los empezamos a golpear y a tirarles de todo: borradores, cuadernos, tizas, lo que cayera en nuestras manos.
Estábamos totalmente desorbitados ! Me acuerdo que empezamos a decir que nos entregaríamos solamente si venía y se encerraba con nosotros en la clase una joven maestra de inglés del primario que nos volvía locos porque estaba buenísima. ¡ Por suerte no logramos ese objetivo ....porque no se lo que hubiéramos hecho con ella !!! Finalmente, al ver que esa posibilidad no se nos daba, nos fuimos. Todavía pienso que los golpes que le pegamos a uno de los celadores fue porque veíamos que en los recreos se acercaba a esa "inalcanzable" maestra.
¿ Ven porqué decía más arriba que en los colegios de varones solos no se brinda una educación completa.? Es que uno crece teniendo necesidades para con el otro sexo de todo tipo, y por lo menos es muy bueno tener abierta esa posibilidad que es la de la libre comunicación de unos y otros. Cuando ese canal está cerrado la primera fantasía que se plantean los varones es con las maestras lindas y jovenes, que es lo único del otro sexo que tienen a su alcance. Es muy buena, entonces, una convivencia escolar con las chicas de la misma edad, y esto también vale para ellas.
Pero bueno, nos echaron, claro está, del Colegio Esquiú, a toda su primera promoción, y con ese se quedaron sin poder festejarlo cuando ya tenían todo preparado. Después vinieron algunas reuniones de padres, y al final resolvieron re-incorporar a todos menos tres: Gonzalo Tanoira -que con los años sería uno de los mejores jugadores de polo del país y del extranjero-, Nahuel García Iturralde, un gran tipo, médico, que con el correr de los años terminaría sus días suicidándose (poco después de haberlo encontrado en la Angostura, donde me pidió que lo llamase, y no lo hice, y todavía me arrepiento) y el tercero era yo.
A los tres, sin embargo, el Colegio nos dió la oportunidad de no perder el año, ofreciéndo darnos el pase para cualquier otro colegio, aunque faltaban 10 días para que se terminaran las clases. La propuesta era que pasaríamos con las materias promovidas aprobadas y las que no lo estaban, a rendir. A mí me venía muy bien porque tenía aprobadas todas menos Matemáticas, de modo que de pasar a otro colegio solo debía rendir esa. ¡ Pero mi orgullo fue mayor y resolví quedarme y rendir todas las materias, como alumno libre!!
Y así fue, me preparé las doce materias de quinto año y en cinco o seis días seguidos las rendí todas, en exámenes escritos y también orales, y las aprobé todas menos una -Matemáticas- que además me volvieron a bochar en marzo. Se ve que el profesor -que además era el Rector del Colegio- a su manera quería darme un escarmiento. Los demás profesores, en cambio, se acordaron del buen alumno y uno tras otro me fueron aprobando.
¿ Les cuento de mi propia experiencia con los colegios? Yo no fui de los que me tuve que esforzar porque, en realidad, me gustaba estudiar y ser un buen alumno, pero eso sí, detestaba sentirme oprimido por el régimen disciplinario estricto de los colegios y en conducta siempre fui bastante desastroso, sobre todo en el secundario. Lo que pasaba es que como era buen alumno me permitía todas las libertades sabiendo que en los colegios lo que más les importaba -al menos en mi época- era que fueras un buen alumno en cuanto a los estudios, y por eso me daba esos lujos anti-disciplinarios.
No sé porque razones pero me gustaba destacarme por ser como quien encabezaba pequeñas "revoluciones": contestarle a un profesor medio autoritario y soberbio, en medio de una clase; pegarle un fuerte pisotón a otro, también en medio de una clase cuando me había tratado mal, según mi criterio y me había puesto un límite con una cachetada; pincharle las cuatro ruedas de su camioneta a otro cuando -siempre a mi criterio- había sido injusto con alguno de nosotros; etc. etc.
Siempre he tratado de justificar esas barbaridades con la excusa de querer impartir justicia, pero como se trataba de quienes eran mucho más fuertes que yo, el remedio tenía que ser como desproporcionado y, como era buen alumno, me sentía con derecho a todo. ¡ Yo era el bueno! ¡ Era el Robin Hood!! -que siempre ha sido uno de mis personajes favoritos- el que teniéndolo todo, sin embargo lucha por los que eran maltratados.
Así fue que finalmente me terminaban echando de los colegios a los que asistía. En el segundo año del secundario me sentí con derecho a criticar todo lo malo que veía en mi colegio, el San Miguel, que quedaba enfrente de mi casa y al que concurría desde el segundo grado. Lo que en realidad mucho no se sabe -y yo no lo sabía por aquel entonces- es que mi rebeldía obedecía a la tremenda incoherencia que yo advertía que existía en un colegio de curas y la actitud dual de algunos de estos mismos curas que, siendo hombres grandes, se aprovechaban y abusaban de los pobres chicos. ¡ Eran unos pervertidos!! y yo, en el primario, se ve que no había podido digerir esa realidad tan espantosa.
el Colegio San Miguel
Pero cuando llegué al secundario y termine primer año, parece que logré superar mis temores y me tiré con todo en una composición que versaba sobre el tema "el colegio" y en la que les dije de todo, a todos, y terminé criticando hasta el color con el que habían pintado sus paredes -rosa pálido- que según les puse era propio de maricones y no de un colegio de hombres. ¡ Cuanto rencor encerrado tenía ese chico!!
De ahí pase a un colegio que era nuevo, vale decir que recién comenzaba como tal y al cual ya iban mis primos Rivarola, el Colegio Esquiú, por entonces solo de varones y que ahora es mixto. Allí me encontré con uno de los tipos más bárbaros que he conocido en toda mi vida, mi primo Horacio, "el Mono", junto a quien hice los últimos cuatro años del secundario mientras -al mismo tiempo- jugábamos juntos al rugby en el Sic.
La vida, óbviamente, después nos separó y siempre me ha quedado la sensación de no haber podido tener con él -de grandes- una relación más profunda....de no haberlo podido escuchar....de haber podido entenderlo. Pero un adolescente es un adolescente y, cuando madura, allí es cuando se aviva de lo que tuvo cerca y no lo supo aprovechar.
Pero volviendo al colegio, en este me sentí realmente como un rey. Estudiaba y me iba muy bien; siempre estuve entre el segundo y el tercer mejor promedio de la clase, y aunque yo quería ser el mejor, nunca lo logré, pero igual me sentía bueno y recompensado con las notas que recibía. Había alguno mejor! Pero las injusticias seguían sin gustarme y entonces ponía en práctica mi propia justicia. Dos veces le pidieron a papá que me sacara y las dos veces logré convencerlos de que a pesar de lo que había hecho, en el fondo tenía razones que justificaban mi proceder.
el Colegio Esquiú, en Belgrano
Pero todo tiene un límite y yo lo sobrepasé. Casi al concluir el quinto año nos fuimos a festejar con un almuerzo, adonde tomamos vino y luego nos fumamos unos cigarros y así, en ese estado calamitoso volvimos al colegio para asistir a las clases de la tarde. No nos querían dejar entrar y lo mejor hubiese sido que nos fuéramos a nuestras casas, pero insistimos.....porque la venganza tenía que ser con el colegio....y todo fue un escándalo porque actuamos como vándalos.
Yo me acuerdo que tomé un micrófono y les decía a las madres que llegaban con sus hijitos de primer y segundo grado, que se llevaran a sus hijos del colegio porque los iban a pudrir igual que nos habían podrido a nosotros; después nos encerramos en la clase, apagamos todas las luces y cuando entraron dos celadores les caímos encima y los empezamos a golpear y a tirarles de todo: borradores, cuadernos, tizas, lo que cayera en nuestras manos.
Estábamos totalmente desorbitados ! Me acuerdo que empezamos a decir que nos entregaríamos solamente si venía y se encerraba con nosotros en la clase una joven maestra de inglés del primario que nos volvía locos porque estaba buenísima. ¡ Por suerte no logramos ese objetivo ....porque no se lo que hubiéramos hecho con ella !!! Finalmente, al ver que esa posibilidad no se nos daba, nos fuimos. Todavía pienso que los golpes que le pegamos a uno de los celadores fue porque veíamos que en los recreos se acercaba a esa "inalcanzable" maestra.
¿ Ven porqué decía más arriba que en los colegios de varones solos no se brinda una educación completa.? Es que uno crece teniendo necesidades para con el otro sexo de todo tipo, y por lo menos es muy bueno tener abierta esa posibilidad que es la de la libre comunicación de unos y otros. Cuando ese canal está cerrado la primera fantasía que se plantean los varones es con las maestras lindas y jovenes, que es lo único del otro sexo que tienen a su alcance. Es muy buena, entonces, una convivencia escolar con las chicas de la misma edad, y esto también vale para ellas.
Pero bueno, nos echaron, claro está, del Colegio Esquiú, a toda su primera promoción, y con ese se quedaron sin poder festejarlo cuando ya tenían todo preparado. Después vinieron algunas reuniones de padres, y al final resolvieron re-incorporar a todos menos tres: Gonzalo Tanoira -que con los años sería uno de los mejores jugadores de polo del país y del extranjero-, Nahuel García Iturralde, un gran tipo, médico, que con el correr de los años terminaría sus días suicidándose (poco después de haberlo encontrado en la Angostura, donde me pidió que lo llamase, y no lo hice, y todavía me arrepiento) y el tercero era yo.
A los tres, sin embargo, el Colegio nos dió la oportunidad de no perder el año, ofreciéndo darnos el pase para cualquier otro colegio, aunque faltaban 10 días para que se terminaran las clases. La propuesta era que pasaríamos con las materias promovidas aprobadas y las que no lo estaban, a rendir. A mí me venía muy bien porque tenía aprobadas todas menos Matemáticas, de modo que de pasar a otro colegio solo debía rendir esa. ¡ Pero mi orgullo fue mayor y resolví quedarme y rendir todas las materias, como alumno libre!!
Y así fue, me preparé las doce materias de quinto año y en cinco o seis días seguidos las rendí todas, en exámenes escritos y también orales, y las aprobé todas menos una -Matemáticas- que además me volvieron a bochar en marzo. Se ve que el profesor -que además era el Rector del Colegio- a su manera quería darme un escarmiento. Los demás profesores, en cambio, se acordaron del buen alumno y uno tras otro me fueron aprobando.
La 1a. promoción del Col. Esquiú (1961).
Soy el 2do. de arriba a la izq.y Horacio a mi lado, hacia el centro
No sé si para mí fue bueno o malo ese desafío.....porque en realidad me sentí un héroe y, evidentemente, no lo era; sin embargo se los he querido contar que si bien entonces lo viví como una aventura, en realidad lo bueno es que las causas nobles se defiendan siempre con argumentos y acciones, armas y métodos buenas y justas, porque si no es así, pierden legitimidad. Es espectacular defender las buenas causas, luchar contra la injusticia,. defender al débil.....pero con armas nobles.....si no no sirve más que para acrecentar el orgullo egoista.
Si algún dí, con el tiempo, alguno de ustedes, mis queridos nietos, siente -porque se siente- que la injusticia -para con ustedes o con alguien más debil que ustedes- llega hasta sus entrañas y les hace hervir la sangre, hagan un esfuerzo inmenso y no se dejen manejar por sus pasiones, que intentarán aflorar con rabia y vehemencia, y usen su cabeza. El método no será tan impactante, ni les calmará la sed de inmediato, pero será más eficaz y menos orgulloso. Será realmente bueno, justo, solidario y, además, positivo.
Las formas, chicos, las buenas formas son tan importantes como una buena causa, y las malas maneras, las que sean, siempre dejan un regusto amargo en quien las emplea -porque no son buenas- y además, muchas veces solo alcanzan para calmar un ego apasionado y no para poner fin a las injusticias que provocan esas reacciones en nosotros.








Hola me gustaria saber de donde sacaste que Nahuel Garcia Iturralde se suicido...soy el 3er hijo de sus 5.
ResponderEliminarHola. Me gustaría saber qué es de la vida de uds. y de su madre Marisa. Soy el Dr. Francisco Alonso y trabajé con Nahuel muchos años en el viejo hospital de San Isidro. Como referencia done sangre para cuando nació su hermana. Además trabajé en la clínica Dussaut con quemados y su padre. Todavía me duele la muerte de su padre. Espero qué me escriban. Gracias
EliminarFrancisco tenes un mail de contacto?
EliminarHola No recuerdo quien fue el que me lo dijo Segursmente alguien vinculado al Colegio y he seguido toda la vida con una gran culpa por no haberlo buscado Lamento mi error y te pido disculpas pero en realidad me alegra mucho que así no hubiese sido su final Abrazo
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarRodolfo: estaría bueno que, por respeto, consideración y sensibilidad hacia quienes pueden leer esto (como puede ser su propia familia), edites o elimines lo que escribiste erróneamente.
ResponderEliminarSaludos